Agustín de Foxá
| Nombre completo | Agustín de Foxá y Torroba |
|---|---|
| Descripción | Periodista y diplomático español |
| Fecha de nacimiento | 28-02-1906 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 30-06-1959 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | periodista, diplomático, escritor, poeta |
| Géneros | poesía |
| Grupos | Real Academia Española |
| Idiomas | español |
| Hermanos | Jaime de Foxá, Ignacio de Foxá y Torroba |
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Agustín de Foxá Torroba, nacido en Madrid el 28 de febrero de 1906 y fallecido en la misma ciudad el 30 de junio de 1959, fue un escritor, periodista y diplomático español cuyas trayectorias cruzaron la cultura y la política de su tiempo. Políticamente cercano al falangismo en las décadas de los treinta y cuarenta, su prosa y su verso destacaron por un ingenio afilado y una mirada implacable. Sostuvo, además, títulos nobiliarios como conde de Foxá y marqués de Armendáriz, señales de su origen aristocrático y de una presencia marcada en los círculos de poder y de la cultura.
Agustín de Foxá Torroba, nacido en Madrid el 28 de febrero de 1906 y fallecido en la misma ciudad el 30 de junio de 1959, fue un escritor, periodista y diplomático español cuyas trayectorias cruzaron la cultura y la política de su tiempo. Políticamente cercano al falangismo en las décadas de los treinta y cuarenta, su prosa y su verso destacaron por un ingenio afilado y una mirada implacable. Sostuvo, además, títulos nobiliarios como conde de Foxá y marqués de Armendáriz, señales de su origen aristocrático y de una presencia marcada en los círculos de poder y de la cultura.
Biografía
Procedente de una familia de estirpe nobiliaria, Foxá fue hijo de Narciso de Foxá y Rodríguez de Arellano, III Marqués de Armendáriz, y de María de las Candelas Torroba y Goicoechea. Tuvo tres hermanos: Margarita, Jaime (III conde de Rocamartí) e Ignacio. Nació en el grandioso recinto familiar ubicado en la calle de Atocha, en una jornada litúrgicamente señalada para la vida española, y desde joven mostró una inclinación hacia la poesía que luego cristalizaría en sus primeras publicaciones.
Completó sus estudios de Derecho en su ciudad natal y forjó amistades y vínculos con figuras destacadas del ambiente intelectual de la época. Entre sus contemporáneos se contaron Ramón Gómez de la Serna, Edgar Neville y María Zambrano; además participó de forma temprana en la escena editorial de vanguardia, colaborando con la revista La Gaceta Literaria, un hervidero de ideas de la Generación del 27 y de las vanguardias.
En los años treinta, Foxá dio un salto profesional al ingresar en la carrera diplomática y, simultáneamente, mantuvo una fecunda actividad periodística. Colaboró en publicaciones notables y prestó servicios en ciudades como Sofía y Bucarest; aportó su pluma a revistas como Héroe y Mundial y se vinculó estrechamente a círculos falangistas, especialmente a través de las tertulias del ambiente de La Ballena Alegre, donde convivían escritores adscritos a esa ideología. Un momento clave de su relación con el movimiento fue su cercanía inicial a José Antonio Primo de Rivera, de quien afirmó que su influencia fue decisiva para madurar su mente ante la tentación de las tertulias derrotistas, hasta que su visión críticamente evolucionó con el tiempo, reconociendo la deriva de la Falange.
Su primer libro, La niña del caracol (1933), fue editado con prólogo de Manuel Altolaguirre y dedicaciones a Ramón Gómez de la Serna, María Zambrano y Antonio Marichalar. En su juventud, este volumen mezcló rasgos del modernismo con cargas de las vanguardias y la impronta de la Generación del 27. Antes de la Guerra Civil publicó apenas un segundo título, El toro, la muerte y el agua (1936), que apareció en una imprenta de Madrid con un prólogo de Manuel Machado. Casó con María Larrañaga y de Seras, una mujer de notable distinción; la relación terminó marcada por la infidelidad de su esposa, que él describió con mordaz humor y resignación. Tuvieron una única hija, María de las Nieves (Blanca) de Foxá y Larrañaga, que heredó el título de IV condesa de Foxá y V marquesa de Armendariz, señora de Tejada.
El estallido de la Guerra Civil sorprendió a Foxá en Madrid, cuando acababa de recibir un homenaje tras ser destinadoo al Consulado de España en Bombay. Su condición de aristócrata y su proximidad al falangismo lo dejaron en riesgo de fusilamiento, una experiencia que él mismo relató a su hermano con un lenguaje cargado de dramatismo. En lugar de sucumbir, se refugió en Bucarest como Secretario de Embajada para la Representación de la República y, tras un periodo de juego ambiguo, se unió al bando sublevado. Desempeñó cargos en el Servicio Exterior de Falange y participó activamente en la propaganda de ese movimiento.
Foxá colaboró en publicaciones falangistas como Jerarquía y Vértice y, más adelante, dirigió Legiones y Falanges, una publicación bilingüe. Su labor diplomática también le llevó a Roma, desde donde fue expulsado en 1940 bajo cargos de espionaje, si bien la versión común sugiere que el motivo real implicó un duelo que tuvo con el conde Ciano y, tras ello, su traslado a Helsinki. En 1942 visitó el frente de Leningrado acompañado por Curzio Malaparte, y entre 1947 y 1950 residió en Buenos Aires, donde profundizó en el conocimiento de la realidad española y la escena internacional. Dio conferencias por América Latina, encontrando en ocasiones la oposición de exiliados republicanos y obtuvo, en 1948, el Premio Mariano de Cavia.
Entre 1949 y 1950 formó parte de la llamada "misión poética" junto a Antonio de Zubiaurre, Luis Rosales y Leopoldo Panero, viajando por países iberoamericanos en un periodo previo a la normalización de las relaciones entre esos países y el régimen franquista. En 1950 fue destinado a la Embajada de España en La Habana y regresó a España en 1955, año en que fue elegido miembro de la Real Academia Española, ocupando la vacante de su antecesor Agustín González de Amezúa. Su último destino diplomático fue Manila, desde el que regresó a España afectado por la cirrosis hepática derivada de su alcoholismo. En el descenso vital que siguió a su enfermedad, comentó, ya en camino de casa, una frase pintoresca para el guionista José Vicente Puente: “Ya ves. Llega el último de Filipinas”. Murió en Madrid el 30 de junio de 1959, sin haber pronunciado su discurso de ingreso, pero dejando escritas algunas composiciones de su último periodo creativo.
Con todo, la figura de Foxá permanece ligada a una personalidad que supo combinar el brillo de una conversación erudita con una ambición de servicio público que lo llevó por escenarios tan distantes como Helsinki, Leningrado, Buenos Aires o Manila, y que dejó una obra abundante que abarca poesía, prosa, teatro y ensayo, así como una ligazón compleja con la historia de su siglo.
Obra
La producción de Foxá abarca múltiples géneros y, en cada uno de ellos, mostró una maestría para la paradoja y la metáfora, además de una capacidad oratoria que deslumbraba a su audiencia. Su prosa, influida por las huellas de Valle-Inclán, sólo reforzó su sello estilístico, en una trayectoria que no rehuyó experimentar con la ciencia ficción; entre sus relatos más celebrados de esa cuerda figuran historias como Viaje a los efímeros y Hans y los insectos, considerados entre los más logrados acercamientos españoles al terreno de la especulación literaria.
En poesía, Foxá desarrolló una estética que transita entre el modernismo tardío y una corriente neopopularista, y a lo largo de su carrera publicó obras y antologías que consolidaron su voz de poeta selecto. Entre sus títulos más remarcables figuran La niña del caracol (1933), El toro, la muerte y el agua (1936), El almendro y la espada (1940), Poemas a Italia, la Antología poética 1933–1948 y El gallo y la muerte (1949). También destacó por la vivacidad de su sátira, cristalizada en piezas como el soneto dedicado a Celia Gámez y por una facilidad para la broma mordaz que exhibía en sus entrevistas y recitales.
Entre sus creaciones escénicas se contaron piezas teatrales escritas en verso, como Cui-Ping-Sing (1940), El beso a la bella durmiente y Baile en capitanía (1944), que recrean amores frustrados en el marco de conflictos políticos de la época. cultivó la prosa teatral en obras como Gente que pasa, galardonada por la Real Academia Española, que atestigua su reconocimiento también en el terreno del teatro.
En su conjunto, Foxá fue también un personaje de gran personalidad pública, capaz de definirse a sí mismo como un observador que podía reconciliar los extremos de su tiempo: desde la diplomacia de una dictadura hasta la vida de las ciudades y sus gentes. Su producción no se limita a la narrativa o al verso: su voz, afilada y dinámica, dejó huella en la crítica y en la memoria cultural de su época.
Madrid, de Corte a checa
La novela que marcó un punto de inflexión en la recepción popular de Foxá fue Madrid, de Corte a checa, publicada en Salamanca en 1938 y reeditada en la misma década con una versión ampliada. La obra nació en el fragor de la Guerra Civil, durante 1936–1937, y se gestó principalmente en las tertulias del café Novelty de Salamanca. La narración arranca desde un episodio tumultuoso en el Ateneo de Madrid, justo antes de las elecciones municipales de 1931, y concluye en la huida de su protagonista, José Félix, junto a su amada Pilar, del Madrid devastado por la guerra.
Foxá asume una vocación de continuidad histórica al emular, desde su propio ángulo narrativo, la tradición de los Episodios Nacionales de Galdós, aun cuando el proyecto inicial se iría desdibujando ante las circunstancias del momento. En su primera parte, titulada Flores de Lis, el eje central es la caída de la monarquía ante la coyuntura electoral de 1931, descrita con una sensibilidad que mezcla lirismo y una mirada crítica.
La segunda parte, Himno de Riego, sitúa el inicio de la Segunda República y el eco de expectativas que conviven con la incertidumbre. En este tramo, el propio Foxá se dibuja entre los intelectuales falangistas que acompañan su proceso autobiográfico, como Rafael Sánchez Mazas, Dionisio Ridruejo y José Antonio Primo de Rivera, entre otros. Es aquí donde aparece la mencionada escena alrededor del himno falangista Cara al Sol, que sirve de columna vertebral a la obra y de prueba de la relación del autor con los ideales de aquel periodo.
La tercera sección, Hoz y martillo, transcurre entre 1936 y 1937, y despliega las peripecias de distintos personajes en la capital durante la Segunda República. La novela ofrece retratos de personalidades políticas y culturales como Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda, Federico García Lorca, Ernesto Giménez Caballero y Ramón Gómez de la Serna, junto con alusiones a la cinematografía de Luis Buñuel y a la pintura de Manuel Ángeles Ortiz. En su desarrollo, el libro se enriquece con continuidades póstumas que se materializarían después: la continuación Misión en Bucarest y otras narraciones (Madrid, Prensa Española, 1965) y la publicación de las Obras completas de Foxá, llevada a cabo por Prensa Española entre 1963 y 1964. La novela también concede lugar a un Virrey de la ironía que, desde el marco de la sátira, describe el ambiente de las veladas y celebraciones de la élite madrileña.
Autores contemporáneos y críticos han discutido pasajes de la novela con atención. Entre ellos, Antony Beevor indica que ciertos apartados presentan una visión áspera y a veces desconcertante del Madrid urbano y de sus manifestantes, cargada de una crítica mordaz que, en su interpretación, se inscribe dentro de la estética de un aristocratismo y dandismo muy marcados entre José Antonio y sus allegados, incluido el ritual de las cenas en un local emblemático de la vida intelectual y política de la época. Aun así, la novela permanece como un testimonio valioso de la experimentación literaria de Foxá y de su capacidad para entrelazar lo personal con lo histórico en tiempos convulsos.
Agustín de Foxá en la Literatura
La presencia de Foxá en la literatura contemporánea se deja ver en obras de otros autores que lo incluyen como personaje o como referente. En Kaputt y en El Volga nace en Europa, de Curzio Malaparte, se entrelazan pasajes que lo mencionan o lo situan en el marco de su actividad diplomática durante su estancia en Finlandia. Este vínculo señala la influencia de Foxá en la percepción de la crítica internacional sobre la España de su tiempo. En la novela de Ignacio del Valle, Cuando giran los muertos, la figura de Foxá sirve de inspiración para el personaje principal, subrayando su huella en la creación de otros narradores y en la recepción de su figura dentro de la ficción posterior.