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Alberto Enríquez Gallo

Nombre completo Alberto Enríquez Gallo
Descripción Presidente de la República del Ecuador (1937 - 1938)
Fecha de nacimiento 24-07-1894
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 13-07-1962
Nacionalidad Ecuador
Ocupaciones político
Idiomas español
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Gil Alberto Enríquez Gallo nació en la hacienda Pachuzala, también llamada Pachusala, ubicada en la parroquia Tanicuchí, cerca de Latacunga, en la provincia de Cotopaxi, el 24 de julio de 1894. Su infancia transcurrió en un entorno familiar de arraigo latacungueño y su vida adulta estaría marcada por el servicio militar, la actividad política y una corriente de reformas de gran impacto en la historia ecuatoriana. Su trayectoria, llena de episodios convulsionados y compromisos institucionales, lo sitúa como una figura decisiva de su época, discutida y analizada por crónicas y estudios.

Alberto Enríquez Gallo — Imagen principal

Gil Alberto Enríquez Gallo nació en la hacienda Pachuzala, también llamada Pachusala, ubicada en la parroquia Tanicuchí, cerca de Latacunga, en la provincia de Cotopaxi, el 24 de julio de 1894. Su infancia transcurrió en un entorno familiar de arraigo latacungueño y su vida adulta estaría marcada por el servicio militar, la actividad política y una corriente de reformas de gran impacto en la historia ecuatoriana. Su trayectoria, llena de episodios convulsionados y compromisos institucionales, lo sitúa como una figura decisiva de su época, discutida y analizada por crónicas y estudios.

Biografía

Familia y orígenes. Proveniente de una familia de larga presencia en Latacunga, fue hijo de Luis Cornelio Enríquez Gallo y de Carmen Gallo Almeida. Su linaje incluyó a un hermano destacado por su labor filantrópica, Alejandro Gallo Almeida, quien legó una considerable suma a la Universidad Central de Quito para crear una escuela destinada a mayordomos de hacienda, una iniciativa que encontró apoyo en el rector Pablo Arturo Suárez a partir de 1933. Por otra parte, su padre, el sacerdote jesuita Gallo Almeida, dejó constancia literaria acompañada de fotografías que aportan valor documental a la memoria cultural del país. Todas estas referencias sitúan a la familia Enríquez dentro de la comunidad latacungueña.

Formación

Primeros estudios y senderos educativos. Fue el tercer hijo de una familia de cinco hermanos y cursó la educación primaria en la escuela de Hermanos Cristianos de su ciudad natal, donde empezó a delinearse su vocación por la organización y el tiempo histórico que lo rodeaba.

Un episodio clave de juventud. En 1900, cuando apenas era un niño en la escuela, presenció el paso de las tropas liberales que se dirigían a enfrentar al gobernante Lizardo García. En ese instante, un encuentro posterior con sus pares en un lugar cercano a El Tambo de Cuilche dejó impresiones que él recordaría como lecciones de valor cívico. Su regreso al hogar coincidió con una experiencia improvisada junto a otros muchachos, la cual fue objeto de crítica por parte de un mando, pero que terminó convirtiéndose en un gesto de reconocimiento por parte de Eloy Alfaro, quien le dejó una moneda de oro y pronunció palabras que él atesora como promesa de su trayectoria futura. Aun cuando la memoria de ese encuentro es ambigua en ciertos detalles, marcó la intensidad de su interés por la vida pública y la defensa de ideas liberales.

Trayectoria secundaria y primeros pasos militares. Posteriormente pasó a completar la secundaria en el Colegio Vicente León, y en 1910, con apenas 15 años, se presentó como voluntario ante el Batallón Cotopaxi durante el conflicto con Perú. Aunque las autoridades lo descolgaron por su juventud, insistió en su deseo de servir y terminó enrolándose como tambor en el Batallón Pichincha, logrando posteriormente ser licenciados como cabo. Su regreso a la vida escolar fue posible gracias a la intervención familiar, que lo condujo al Instituto Nacional Mejía y luego al Colegio Mejía, donde culminó sus estudios de manera satisfactoria.

Vida militar

Inicios y consolidación del servicio. En diciembre de 1911, con el estallido de la revolución dirigida por Pedro J. Montero, abandonó temporalmente las aulas para incorporarse al ejército en defensa de la administración en manos de Leonidas Plaza Gutiérrez y Julio Andrade. Sus primeras acciones lo llevaron a Huigra, donde participó en operaciones contra las fuerzas de Flavio Alfaro.

Años de aprendizaje y ascenso. El 11 de enero de 1912 sostuvo una acción crítica en la que, junto a tres reclutas, se mantuvo firme ante la observación de un puente, demostrando su temple en circunstancias de alto riesgo. Tras la campaña, recibió el ascenso a sargento primero y continuó su formación en la Escuela de Aplicación para Militares Inferiores, bajo la supervisión del coronel Luis Cabrera, hasta completar el curso y obtener el grado de subteniente. Su periplo lo llevó a Esmeraldas, donde participó en operaciones contra Carlos Concha Torres, fortaleciendo su reputación como oficial capaz y versátil.

Entre campañas y distinciones. En 1915 ascendió a teniente y llegó a ser reconocido por sus habilidades ecuestres, destacándose como uno de los jinetes de mayor destreza del país. En 1917 ocupó funciones de inspector de alcoholes en Angamarca y, al año siguiente, ingresó al escuadrón Cazadores de los Ríos, destacándose en certámenes hípicos y combatiendo el abigeato en la costa. En 1918 contrajo matrimonio con Piedad Portilla Castro; el enlace terminó en divorcio años después, con sucesión de descendencia.

Etapas de servicio y conflictos regionales. En los años siguientes, Enríquez asumió la inspectoría de la parroquia El Corazón en Cotopaxi y volvió al Batallón Imbabura. En 1922, fue trasladado a Guayaquil, y el 15 del mes, recibió la orden de patrullar la ciudad ante disturbios laborales. Allí protagonizó una acción en la que, tras un altercado con obreros, resultó herido de una clavícula mientras trataba de contener disturbios y dispersar a la multitud, acción que dejó consternación entre las fuerzas y que antecedió a una fase de violencia generalizada en la zona. Los hechos dejaron un saldo de múltiples víctimas y sembraron controversia en torno a la represión.

Período de consolidación profesional. En 1924 ingresó en un curso de caballería organizado por una misión italiana y fue destinado al grupo de caballería n.° 1, también conocido temporalmente como Escolta y luego como Yaguachi. Este periodo fortaleció su posición dentro de la estructura militar y abrió puertas para futuros mandos.

La "revolución juliana"

Ascenso y condiciones del poder. En julio de 1925 se incorporó a la revolución que derrocó al presidente Gonzalo S. Córdova. La Junta Militar de Gobierno Provisional le otorgó el rango de Mayor de Caballería y se convirtió en miembro de la Liga Militar asentada en el cuartel del Regimiento Bolívar, en Quito, consolidando su influencia dentro de las fuerzas armadas.

Otros levantamientos

Nuevas campañas y ascensos. En 1927 participó en la represión de la rebelión del general Francisco Gómez de la Torre en el norte del país, asumiendo riesgos considerables por actuar cerca de la posición de los sublevados. En 1930 recibió el grado de teniente coronel y, como segundo jefe del Escuadrón Yaguachi, enfrentó otra intentona contra Isidro Ayora, a quien ya sabía ganarse para su causa. En 1931 fue designado jefe del Regimiento de la Hacienda Remonta, en Cayambe, y luego lideró el Regimiento de Caballería Yaguachi como Primer Comandante.

La Guerra de los Cuatro Días. A finales de agosto de 1932, ante la presión de dirigentes de la Compactación Obrera, Enríquez se negó a apoyar su postura y ordenó a su escuadrón resistir. El 2 de septiembre acompañó a la delegación diplomática a la hacienda Ramos Enríquez, cerca de Quito, para discutir un posible armisticio. Estas acciones consolidaron su reputación como figura decisiva dentro de las fuerzas armadas en momentos de polarización.

Mayor participación política

Influencia en el poder y el gobierno. En el marco del régimen de Alberto Guerrero Martínez, Enríquez pasó a figurar entre los pilares de la autoridad militar, controlando el orden en las elecciones de 1933, cuando Juan de Dios Martínez Mera resultó vencedor en un proceso ampliamente cuestionado. Colaboró con ministros de Defensa y ejerció influencia junto a Enrique Barriga, su antiguo comandante, durante las gestiones gubernamentales.

Proyección hacia la jefatura y las reformas. Durante 1934 aportó al desarrollo del poder encabezado por Abelardo Montalvo y, posteriormente, al gobierno de José María Velasco Ibarra. Aunque el ascenso de Velasco a la Presidencia fue seguido por movimientos para limitar su autoridad, Enríquez participó en las negociaciones que promovieron una transición, y facilitó la designación de Antonio Pons Campuzano como ministro de Defensa, con el general Manuel Cepeda al frente de la cartera.

Constitución de alianzas y estrategia institucional. Los oficiales de alto mando trabajaron para demostrar que la ascensión de Pons era un compromiso transitorio, con miras a evitar el vacío de poder. Se buscó un equilibrio entre conservadores, liberales y socialistas, de modo que las próximas elecciones fueran competitivas y moderadas. Este intento de forjar un marco político más estable fue acompañado por la idea de abrir un proceso constituyente que garantizara la representación suficiente para evitar maniobras de mayor alcance.

Ascenso a la Jefatura Suprema. En septiembre de 1935, tras la dimisión de Pons, la balanza se inclinó a favor de Federico Páez, quien recibió la confianza para presidir el país en un periodo de transición. Páez entregó la espada de General de la República y nombró a Enríquez como ministro de Defensa en reconocimiento a su trayectoria. Durante este periodo, Enríquez aseguró una dirección prudente y negociadora, destacando por su habilidad para mantener el control sin perder el horizonte de la cooperación entre las partes políticas.

Dictadura y salida a la convivencia democrática. En los años siguientes, los militares buscaron restablecer un marco democrático razonable. Enríquez condujo la transición al convocar una Asamblea Nacional Constituyente y, al construir un orden constitucional, promovió leyes orientadas a la justicia laboral, la organización sindical y la protección social. En este esfuerzo, estableció un conjunto de normas que regularon las relaciones laborales y dieron rostro a políticas sociales de fondo.

Gestión de la legalidad y reformas sociales. Durante su tiempo al frente del mando, impulsó una serie de avances como la institucionalización de cooperativas, la organización de comunidades, la regulación del trabajo y la seguridad social, además de normativas sobre petróleo y seguridad ciudadana. En algunas crónicas se resalta que estas medidas otorgaron al país un perfil de estabilidad social durante décadas, aunque también se cuestionó el impacto de estas políticas sobre la inversión extranjera y la dinámica económica.

Consolidación de una pedagogía institucional. En el marco de su administración, se creó la Escuela Militar de Carabineros y se impulsaron leyes de educación y de protección de trabajadores jóvenes, con un énfasis en la autonomía universitaria y la elevación del estatus del magisterio. En paralelo, se formó un cuerpo legislativo orientado a moderar las tensiones entre los poderes y a garantizar un proceso electoral más acotado por reglas claras.

Retiro y legado humano. Al concluir su periodo de mando, Enríquez optó por retirarse de la vida pública y militar con una sentencia de honor, esperando dejar atrás la confrontación para que el país avanzara con un pulso institucional más estable. Se retiró a su hacienda Siberia, en Saquisilí, y, pese a aceptar invitaciones a efectuar viajes, prefirió vivir con una discreción que contrasta con la intensidad de su época.

Reconocimientos y controversias. En el relato histórico, su figura aparece asociada a una mezcla de reformas sociales, disciplina militar y episodios de represión que han fomentado debates sobre su responsabilidad y su papel en la historia nacional. Sus contemporáneos le adjudicaron virtudes de moderación y capacidad para tender puentes entre fuerzas políticas, aunque también se discutió su responsabilidad en episodios de violencia estatal.

Últimos años y fallecimiento. En 1940 viajó a Estados Unidos por motivos de salud y, en 1943, residió temporalmente en Bogotá para tratamientos y asuntos de familia. Tras la intendeda revolución de 1944 fue degradado, recuperó el grado de General en 1947 y regresó a Ecuador en 1947, recibiendo honras en Latacunga. Su vida terminó en Quito, donde falleció el 13 de julio de 1962, tras una larga dolencia que le llevó a solicitud de tratamiento médico en el Hospital Militar. Sus restos descansan en la cripta de la iglesia de la Paz.

Vida Post Jefatura de Estado

Resonancias del paso por el poder. De su gobierno se le atribuyó un periodo de paz social y de progreso legal que dejó un legado de reformas en educación, empleo, servicios públicos y organizacionales. En asamblea, sus contemporáneos reconocieron su gestión como un intento de devolver la normalidad institucional y de frenar la violencia política que había caracterizado la década. Aunque hubo críticas sobre su liderazgo, se valoró el esfuerzo por devolver la estabilidad.

Retiro y memoria. Retirado a su casa de Siberia, en la hacienda de Saquisilí, se mantuvo desvinculado por largos años de la acción política directa, pero eventualmente viajó al exterior por motivos de salud y para atender asuntos personales. En el transcurso de los años posteriores, vivió momentos de mayor exposición pública y, con la consolidación de otros regímenes, su figura fue objeto de debate entre quienes valoraban su capacidad de ordenar la vida política y aquellos que cuestionaban el carácter de su mando.

Últimos años y relaciones públicas. En 1956 fue elegido senador por Cotopaxi y ejerció su cargo durante cuatro años, hasta que partió hacia Estados Unidos por tratamiento médico en 1960. Regresó a Ecuador con la salud debilitada y falleció en Quito el 13 de julio de 1962, a los 67 años. Sus afanes políticos y su influencia en la configuración institucional dejaron una marca que se discutió en generaciones posteriores.

Descendencia y vínculos familiares. En su primer matrimonio contrajo la unión con Piedad Portilla Castro, de la que nacieron dos hijos: María de Lourdes Enríquez Portilla y Alberto Enríquez Portilla, quienes continuaron el legado familiar en diversas ramas de la sociedad. En su segundo matrimonio, con Mariana Calderón Álava, procreó distintos descendientes que se mantuvieron vinculados a distintas regiones del país, con una prole que incluyó varios hijos y nietos, que conservaron la memoria de su padre y abuelo en círculos familiares y institucionales.

Libros y biografías

Aportes literarios y referencias biográficas. Entre las publicaciones que han recogido la vida de Enríquez Gallo, destaca una semblanza póstuma escrita por Carlos Villasís Endara, que aporta un retrato detallado de su figura en los años de mayor protagonismo político y militar. Estas obras han servido para ordenar la interpretación de un periodo complejo y han contribuido a las discusiones sobre su legado en la historia nacional.

Matrimonios y descendencia

Primera unión y hijos. Con Piedad Portilla Castro procreó dos hijos que continuaron la línea familiar y ampliaron la genealogía Enríquez Portilla.

  • María de Lourdes Enríquez Portilla, casada con Humberto Zapatier Enríquez; sus descendientes son Ana Lucía, Elena, Elsa Piedad, Luis Humberto y Eugenia Zapatier Enríquez.
  • Alberto Enríquez Portilla, casado con Olga Cevallos Tobar; tienen como hijos a Eduardo, Margarita, Patricia, Fernanda, Lourdes, Alberto y Andrés Enríquez Cevallos.

Segunda unión y descendencia. En su segundo matrimonio con Mariana Calderón Álava nacieron varios hijos que ampliaron la genealogía familiar en distintas regiones del país.

  • Ricardo Enríquez Calderón, casado con Magdalena Montes de Oca; sus vástagos son Gil, José y Juan Enríquez Montes de Oca.
  • Iván Enríquez Calderón.
  • Elba Enríquez Calderón.
  • Gustavo Enríquez Calderón, casado con Sonia Oreamuno; sus hijas son Sonia, Katya y Silvia Enríquez Oreamuno.
  • Norma Enríquez Calderón, casada con Rodrigo Racines; hijos: María Sol e Iván Alberto Racines Enríquez.
  • Mariana Enríquez Calderón, casada con Alberto De Howitt; hijos: Guadalupe, Fernando, Juan Carlos y David De Howitt Enríquez.

Notas finales. La vida de Enríquez Gallo abarca múltiples dimensiones —militar, administrativa y política— y su figura continúa generando interpretaciones distintas sobre el papel de las Fuerzas Armadas en la construcción de la democracia ecuatoriana durante las décadas de 1930 y 1940. Su legado, entendido a través de reformas sociales, laborales y educativas, se mantiene como un referente para comprender las tensiones entre orden institucional y expansión de derechos en la historia reciente del país.

Imágenes de Alberto Enríquez Gallo

Vídeo sobre Alberto Enríquez Gallo