Alfonso Hernández Catá
| Nombre completo | Alfonso Hernández Catá |
|---|---|
| Nombre nativo | Alfonso Hernández Catá |
| Descripción | Periodista, escritor, dramaturgo y diplomático hispanocubano |
| Fecha de nacimiento | 24-06-1885 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 08-11-1940 |
| Nacionalidad | España, Cuba |
| Ocupaciones | periodista, diplomático, escritor, dramaturgo |
| Idiomas | español |
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Alfonso Hernández-Catá nació en Aldeadávila de la Ribera, en la provincia de Salamanca, y vivió gran parte de su vida entre España y Cuba. Periodista, novelista, dramaturgo y diplomático, su trayectoria abarcó la crítica social, el ensayo y la escena teatral, y lo sitúa entre las figuras más sobresalientes de la primera generación republicana cubana. Su identidad híbrida y su proyección internacional hicieron de él un puente entre literaturas y culturas en un periodo convulso de la historia hispanoamericana.
Alfonso Hernández-Catá nació en Aldeadávila de la Ribera, en la provincia de Salamanca, y vivió gran parte de su vida entre España y Cuba. Periodista, novelista, dramaturgo y diplomático, su trayectoria abarcó la crítica social, el ensayo y la escena teatral, y lo sitúa entre las figuras más sobresalientes de la primera generación republicana cubana. Su identidad híbrida y su proyección internacional hicieron de él un puente entre literaturas y culturas en un periodo convulso de la historia hispanoamericana.
Biografía
Procedía de una familia con fuertes convicciones patrióticas y ambiciones políticas. Su padre, Ildefonso Hernández Lastras, ejercía como teniente coronel en el ejército de España y estuvo destinado en Santiago de Cuba; su nombre quedó asociado a una generación que vivió la brutalidad de la prisión y la represión. Su madre, Emelinda Catá Jardines, era cubana y pertenecía a un entorno oriental de la Isla con un marcado sentimiento antimperialista. La unión de Ildefonso y Emelinda se contrajo en Guantánamo poco después de que el padre fuera ejecutado en 1874 por su participación en la Guerra de los Diez Años. Su tío materno, Álvaro Catá Jardines, desarrolló una carrera periodística en diversas cabeceras y tomó parte activa en la lucha por la independencia; su trayectoria dejó huellas en la esfera política y cultural de la época. En aquel marco familiar, Alfonso vino al mundo el 24 de junio de 1885 y, a los pocos meses, regresó con su familia a Santiago de Cuba, donde recibió su formación inicial.
En los años de su infancia el joven Alfonso transitó por las aulas del Colegio de don Juan Portuondo y del Instituto de Segunda Enseñanza, experiencias que cimentaron su vocación literaria. Fue testigo, a los diez años, del fallecimiento de José Martí, un acontecimiento que dejó una marca indeleble en su sensibilidad política y estética. La vida de su padre, ejecutado en 1893, marcó un vacío que alimentó su inquietud por participar en la vida social de su país.
Para contener esos impulsos, su madre envió a Alfonso a Toledo, en 1899, al Colegio de Huérfanos de Militares, un recurso que le ofrecía amparo pero también la posibilidad de alejarse de un entorno turbulento. Dos años después, ingresó en 1901, con dieciséis años, en la academia militar de Madrid, pero pronto abandonó la disciplina para iniciar una bohemia literaria que le permitió explorar su talento. Durante ese periodo resumió su vida en una frase que él mismo recordó: el amor a la libertad y la desmedida indisciplina fueron su mejor aprendizaje.
En la capital española combinó oficios modestos con estudio autodidacta: trabajó como aprendiz carpintero, afianzó su conocimiento de idiomas y ejerció como traductor. Se interesó por la psicología y la historia, dos campos que alimentaron su mirada crítica hacia la realidad social de su tiempo. En 1905 regresó a Cuba y se instaló en La Habana, donde comenzó a ganarse la vida como lector de tabaquería, una experiencia que le abrió las puertas a una vida literaria más amplia. En 1907 obtuvo la nacionalidad cubana tras la publicación de su primer libro, Cuentos apasionados, cuyo éxito le dio un nuevo impulso a su carrera.
Contrajo matrimonio con Mercedes Galt, con quien procreó cinco hijos. Su desempeño periodístico se consolidó en diarios como Diario de la Marina y La Discusión, y colaboró con otros cabeceras y revistas de la isla; ejerció labores directivas en algunas de ellas y cultivó un estilo de escritura crítico y cosmopolita, que encontraba inspiración en temas sensuales y decadentes. Catá defendía una lectura de la crisis del mundo hispánico basada en la apatía y la exclusión, condiciones que percibía como el reverso de una misericordia fingida.
En 1909 inició su trayectoria diplomática como cónsul de segunda clase en Le Havre y, dos años después, en Birmingham. Su presencia en España se consolidó a partir de 1913, cuando fue nombrado cónsul en Santander; ese mismo año colaboró con Alberto Insúa para estrenar su drama romántico en tres actos El amor tardío. En Madrid, también ejerció como cónsul de Cuba en Alicante y, al año siguiente, llevó a escena sus obras con la participación de Margarita Xirgú, una figura clave del teatro de la época. En 1915 consolidó su alianza creativa con Insúa con la comedia Cabecita loca y publicó Los frutos ácidos, una colección de relatos que mostraba su voz crítica y su interés por las sombras de la modernidad.
Apuesta por la cultura y la diplomacia llevó a Hernández-Catá a ocupar puestos más elevados: en 1918 llegó a Madrid como cónsul de primera clase y, al año siguiente, publicó Zoología pintoresca y estrenó dos comedias dramáticas, El bandido y Nunca es tarde, ambas en colaboración con Insúa. También estrenó en solitario su obra La casa deshecha, protagonizada por Margarita Xirgu. En paralelo, marcó su trayectoria como novelista y cuentista con la colección Los siete pecados (1920) y con un conjunto de novelas cortas y relatos de diferentes tramas que exploraban la psicología de personajes borderline y cuestiones morales de la época.
Sus crónicas y su prosa periodística se abrieron paso entre julio y octubre de 1921, cuando publicó Crónicas de Hernández Catá, textos que comentaban la lucha de Marruecos por su independencia y que, debido a su postura favorable a la emancipación, provocaron que el gobierno español solicitase su expulsión de Madrid. Fue relevado como cónsul de primera clase en 1925 y reubicado temporalmente en Le Havre. En 1921 también vio la luz la novela El placer de sufrir y la segunda comedia en solitario, La última flecha. Durante ese año edición y ensayo se entrelazaron con la novela El drama de la señorita Occidente, que retrataba un cruce de culturas en Filipinas y el choque de prejuicios raciales.
La producción literaria de Hernández-Catá continuó en 1921 con varias novelas y colecciones, entre ellas Estrellas errantes, La patria azul, El nieto de Hamlet y La voluntad de Dios. Su versatilidad permitió que sus relatos se difundieran en diferentes idiomas, gracias a traducciones que se extendieron a varias lenguas europeas. En 1927 publicó Piedras preciosas y al año siguiente apareció El ángel de Sodoma, una novela que provocó debate por su tratamiento de la homosexualidad masculina, con prologo de Gregorio Marañón y epílogo de Jiménez de Asúa. Ese mismo año llevó a escena Martierra, una zarzuela en tres actos con libreto suyo y música de Jacinto Guerrero, estrenada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.
La década de los años treinta consolidó su figura como ensayista y dramaturgo. En 1929 publicó su ensayo Mitología de Martí y estrenó La noche clara, su última gran obra teatral. En 1930 apoyó a la Asociación de Estudiantes de Derecho frente a la dictadura de Gerardo Machado, y en 1931 publicó Escala, su único volumen de poesía, junto con Manicomio, un libro de relatos que se hizo célebre por sus peculiares ilustraciones de Arturo Souto Feijoo y su tono que desbordaba la lógica mediante imágenes muy sugerentes. En ese mismo año apareció la novela El drama de la señorita Occidente y otros textos que reiteraban su interés por explorar el extrañamiento social y la psicología de personajes complejos.
En el ámbito diplomático fue encargado de negocios en la Legación de Cuba en Lisboa hasta 1933. Durante la llamada era de Machado, ocupó cargos que combinaban la política exterior con la gestión cultural, y al derrocarse el dictador, fue nombrado embajador de Cuba en Madrid, aunque renunció a la responsabilidad apenas unos meses después. En 1935 asumió la embajada en Panamá y, desde España, Alejandro Casona estrenó en Valencia una comedia, El misterio de María Celeste, basada en un cuento suyo titulado María Celeste, que apareció en la antología Cuentos del mar. En 1937 obtuvo la representación de Cuba en Chile con rango de Ministro y se integró a una tertulia literaria en Santiago, donde entablaría amistades con destacadas figuras de la cultura de la época. Ya en 1938 fue designado embajador en Brasil y, trágicamente, falleció en un accidente de avión en Río de Janeiro el 8 de noviembre de 1940, cuando el aparato se dirigía a São Paulo. Su amigo Stefan Zweig, que en aquel momento residía en Brasil, dejó constancia de su admiración por Hernández-Catá.
La obra de Hernández-Catá se inscribe en el realismo con toques naturalistas, sin perder una sensibilidad modernista que agregaba un sabor ornamentado y sinestésico a sus descripciones. Sus personajes suelen mostrar trazos patológicos o inusuales, en línea con una mirada que no rehúye lo grotesco ni lo dramático. Entre sus títulos destacan Pelayo González (1909), Los frutos ácidos (1915), que reúne las novelas cortas “Los muertos”, “El laberinto” y “La piel”; El bebedor de lágrimas (1926) y La voluntad de Dios (1930). El Diccionario de la literatura cubana señala que su obra fue traducida a múltiples idiomas, lo que testimonia su alcance internacional. Tras su muerte, se instituyó el Premio Hernández Catá, nacido para reconocer la trayectoria de autores de renombre en el ámbito hispano, y su figura se conserva como uno de los nombres centrales de la literatura cubana y su proyección mundial.
Adquirió, además, una relevancia internacional que le valió reconocimiento más allá de sus fronteras. Sus contemporáneos lo inscribieron entre los escritores que supieron unir realismo y una sensibilidad estética que ya era característica de la modernidad hispanoamericana. Su relación con Stefan Zweig, quien también vivía exiliado en Brasil, dejó constancia de la estima que su figura despertaba en sus colegas europeos, y su legado dio lugar a antologías y estudios que, aún hoy, permiten entender un periodo de intensos intercambios culturales entre Cuba, España y el resto de América Latina.
Obras
Relatos
- Cuentos, La Habana: Instituto de Literatura y Lingüística, 1966
- Cuentos pasionales (1907)
- La distancia (El Cuento Semanal, 1910; con ilustraciones de Castelao)
- Los siete pecados (1918)
- Los frutos ácidos (1919)
- Zoología pintoresca (1919)
- La casa de las fieras (1919)
- Libro de amor (1924)
- Piedras preciosas (1927)
- Manicomio (1931)
- Cuatro libras de felicidad (1933)
- Un cementerio en las Antillas (1933), denuncia de la dictadura de Gerardo Machado
Novelas
- Pelayo González. Algunas de sus ideas. Algunos de sus hechos. Su muerte (1909)
- Novela erótica (1909)
- La juventud de Aurelio Zaldívar (1912)
- El placer de sufrir (1921)
- Estrellas errantes (1921)
- La patria azul (1921)
- El nieto de Hamlet (1921)
- Una mala mujer (1922)
- La muerte nueva (1922)
- El corazón (1923)
- El bebedor de lágrimas (1927)
- El ángel de Sodoma (1928)
- La voluntad de Dios (1930)
Lírica
- Escala (1931)
Teatro
- La mujer desnuda
- El drama de la señorita Occidente
- La casa deshecha
- La última flecha (1921)
- Martierra, zarzuela con música de Jacinto Guerrero (1928)
- La noche clara (1929)
- Con Alberto Insúa: Cabecita loca
- Con Alberto Insúa: El amor tardío (1913)
- Con Alberto Insúa: En familia (1914)
- Con Alberto Insúa: La culpa ajena
- Con Alberto Insúa: Nunca es tarde
- Con Alberto Insúa: El bandido
- Con Eduardo Marquina: Don Luis Mejía
- Con Alejandro Casona: El misterio de María Celeste
Ensayo
- Mitología de Martí (1929)
- Crónicas de Hernández Catá (1921)
Epistolario
Hernández Catá mantuvo un amplio caudal de cartas con figuras como Mariano Aramburu, Jesús Castellanos, José Antonio Ramos, Max Henríquez Ureña y José María Chacón y Calvo, entre otros. Su correspondencia revela un carácter sociable y una red de contactos que cruzaba continentes y generaciones, enriqueciendo su visión como cosmopolita de la cultura iberoamericana.
Antologías posteriores
- El alma de los muertos. Cuentos, bestiario, haikus, semblanzas, Fundación Banco Santander, 2021.
- La hermana cruel, Libros de la ballena, 2022.
En síntesis, la vida de Alfonso Hernández-Catá puede leerse como un itinerario que fusiona la incursión diplomática con la energía creadora de la narrativa y el teatro. Su obra permanece como testimonio de una época en la que la identidad cultural cubana y sus vínculos con España y otros países de América buscaban una voz propia frente a las mareas político-sociales que rememoraban el siglo XX. Su memoria colectiva, además, se ve enriquecida por la Historia, las historias y las cartas que dejó como legado.