Alí Chumacero
| Nombre completo | Alí Chumacero |
|---|---|
| Descripción | Poeta mexicano |
| Fecha de nacimiento | 09-07-1917 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 22-10-2010 |
| Nacionalidad | México |
| Ocupaciones | poeta, escritor, crítico literario |
| Grupos | Academia Mexicana de la Lengua |
| Idiomas | español |
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Antonio Eustolio Mohamed Ally Chumacero Lora, conocido como Alí Chumacero, nació el 9 de julio de 1918 en el Barrio de la Ch de Acaponeta, Nayarit, y partió de este mundo el 22 de octubre de 2010 en la misma región. Su vida, marcada por la pobreza inicial y un deseo implacable de leer y escribir, se desplegó entre la creación poética, la crítica y la labor editorial, situándolo como una figura central de la cultura mexicana del siglo XX.
Antonio Eustolio Mohamed Ally Chumacero Lora, conocido como Alí Chumacero, nació el 9 de julio de 1918 en el Barrio de la Ch de Acaponeta, Nayarit, y partió de este mundo el 22 de octubre de 2010 en la misma región. Su vida, marcada por la pobreza inicial y un deseo implacable de leer y escribir, se desplegó entre la creación poética, la crítica y la labor editorial, situándolo como una figura central de la cultura mexicana del siglo XX.
Biografía
Alí Chumacero fue el tercero de seis hijos de Mohamed Alí Chumacero y María Lora, nacido en un entorno que conjugaba tradición y necesidad. A los seis años su familia se mudó a Guadalajara, donde el joven completó sus estudios de primaria y secundaria en el Colegio Manuel López Cotilla y, más adelante, ingresó a la Escuela Preparatoria de Jalisco. En esas aulas se cruzaron experiencias y tensiones, ya que, según su familia, fue expulsado de la preparatoria por motivos políticos que hoy se reconstruyen como parte de su biografía.
En junio de 1937 se trasladó a la Ciudad de México con la aspiración de estudiar en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a la Facultad de Filosofía y Letras. Ante la falta de documentos y de trámites previos, ingresó como oyente y vivió en una vecindad cercana al barrio de Tepito, donde halló refugio entre las lecturas de los autores de los Contemporáneos en la Biblioteca del Congreso de la Unión.
Las carencias materiales convivían con una inmensa riqueza cultural: compartía habitación con varias personas y dormía en el suelo, pero halló en la lectura de escritores como Salvador Novo, Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia y Gilberto Owen un horizonte que ampliarían su imaginación y su voz poética.
En la universidad entabló contacto con el filósofo José Gaos, quien se convertiría en su maestro. Con la aparición de Tierra Nueva, Chumacero empezó a relacionarse con otros nombres de la poesía mexicana; fue cercano a Octavio Paz, y su relación con los Contemporáneos le permitió cultivar amistades, entre ellas la de Gilberto Owen, que dejó huella en su trayectoria.
Quienes lo conocieron destacaron su carácter afable, su habilidad para dialogar y su cercanía humana. En sus propias palabras, entendía la seriedad como una presencia que podría impedir la creatividad, y afirmaba que la vida del escritor pasa por momentos de sosiego para escribir. Se describía, además, como un “obrero de las letras”, cuyo oficio esencial era la corrección y la diagramación, más que la mera producción de versos.
En el terreno personal, contrajo matrimonio con Lourdes de Chumacero y procreó cinco hijos. Su salud, quebrantada por ataques de neumonía, terminó por llevarlo a la muerte a los 92 años, dejando tras de sí un caudal de trabajos que siguieron inspirando a generaciones.
Trayectoria profesional
Revista Tierra Nueva
Ya como joven universitario, Alí Chumacero escribió sus primeros poemas en 1936, textos que permanecerían inéditos durante un tiempo. A los 19 años impulsó la creación de la revista Tierra Nueva con el apoyo de Mario de la Cueva, quien ocupaba la secretaría general de la universidad. Fue codirector desde el primer número, publicado entre 1940 y 1942, junto a José Luis Martínez, Leopoldo Zea y Jorge González Durán.
La publicación buscaba un equilibrio entre la espontaneidad de la modernidad y la rigurosidad académica propia de la crítica literaria, proponiendo una línea de trabajo que integraba innovación y reflexión. El 15 de abril de 1938 apareció su primer poema publicado, “Poema de amorosa raíz”, en el primer número de Tierra Nueva, antecedente importante en la trayectoria de su voz poética y en la historia misma de la revista.
Poesía
La obra poética de Chumacero se mantiene relativamente breve: tres libros que suman menos de doscientas páginas. Tras la aparición de Palabras en Reposo (1966), no volvió a publicar un volumen de poesía, un hecho que ha llevado a comparaciones con Juan Rulfo, quien también optó por unudenose de producción poética en su época.
Editor, crítico y académico
En 1942 recibió la invitación de Octavio G. Barreda para colaborar en Letras de México y, posteriormente, en El Hijo Pródigo. Fue fundador y redactor entre 1949 y 1951 de México en la cultura, suplemento del periódico Novedades. En 1952 obtuvo una beca en El Colegio de México y otra en el Centro Mexicano de Escritores, fortaleciendo su vínculo con la investigación y la edición.
Entre 1962 y 1971 trabajó con Fernando Benítez en el suplemento La cultura en México de la revista Siempre!, desplegando una labor que combinaba crítica y divulgación cultural. En 1964 fue admitido en la Academia Mexicana de la Lengua, y por su trayectoria quedó reconocido como miembro honorario del Seminario de Cultura Mexicana.
Su labor como editor fue central para Fondo de Cultura Económica, la editorial que difundió la literatura y el ensayo en México y más allá. Durante décadas desempeñó roles de relevancia, y se comenta que participó en la revisión de obras fundamentales, incluido Pedro Páramo de Juan Rulfo. Aunque él lo negó con énfasis haber cambiado el sentido de la novela, la anécdota persiste en el imaginario editoral.
Entre 1940 y 1970 redactó crítica de manera constante, y su acervo crítico fue recopilado en Los momentos críticos (1987), volumen que agrupa ensayos y reseñas de su trayectoria intelectual y estética.
Homenajes
La trayectoria de Alí Chumacero fue distinguida con importantes galardones: el Premio Xavier Villaurrutia (1980) abrió una senda de reconocimiento, seguido por el Premio Internacional Alfonso Reyes (1986) y el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura (1987).
Entre otras distinciones destacan el Premio Estatal de Literatura Amado Nervo (1993), el Premio Ignacio Cumplido de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (1996), la Medalla Belisario Domínguez del Senado (1996), el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde (1999) y el Premio Jaime Sabines - Gatien Laponite (2003).
En 2008 recibió un homenaje en el Palacio de Bellas Artes con la presencia de destacados intelectuales como Dolores Castro, Emmanuel Carballo, Carlos Montemayor y Eduardo Lizalde. A nivel regional, Tepic y Acaponeta organizaron actividades que celebraron su legado y su influencia en la cultura de Nayarit y de México.
En 2018, el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura organizó un homenaje llamado Miro nacer la tempestad. Cien años de Alí Chumacero, conmemorando su centenario. El ayuntamiento de Acaponeta declaró ese año como el Año del Centenario de Alí Chumacero, sumando iniciativas culturales que reforzaron la memoria del poeta.
Obra
Poesía
- Páramo de sueños (1944)
- Imágenes desterradas (1948)
- Palabras en reposo (1966)
Edición
- Poesía en movimiento: México 1915-1966 (1966)
Crítica
- Los momentos críticos: ensayos y reseñas (1987)
Estilo, temas e influencias
En sus primeros años en Ciudad de México se acercó a los Contemporáneos, y su poesía recibió el impulso de esa memoria colectiva. Sus lecturas iniciales incluyeron a Enrique González Martínez y a los poetas de la Generación del 27, especialmente Federico García Lorca y Rafael Alberti, junto a otros españoles como Luis Cernuda y Juan Ramón Jiménez. Sus influencias en español se nutrían de Xavier Villaurrutia, José Gorostiza, Vicente Huidobro y Vicente Aleixandre, mientras que en lenguas foráneas halló resonancias en Paul Valéry, Saint-John Perse, Paul Claudel, Rilke y T. S. Eliot. La Biblia también dejó huella en su escritura. Su formación estuvo marcada por colaboraciones con Octavio G. Barreda en El Hijo Pródigo y Letras de México, que resultaron decisivas para su desarrollo literario.
Un rasgo central de su escritura es la influencia de Villaurrutia, que se tradujo en un vocabulario cuidado y en una preocupación por el silencio, la soledad y la muerte, temas que retornan con constancia. Otros investigadores han visto ecos de los Contemporáneos, y ciertos vínculos temáticos con Ramón López Velarde en torno al erotismo y a lo sacro. En un trabajo de 2018, Jorge Asbun Bojalil propone que el amor constituye el eje de su obra, lectura que ha generado debates entre los estudiosos.
Para Hugo Gutiérrez Vega, su poesía no es meramente plástica: posee una profundidad que la distingue. Sus textos, en general, son abstractos y eluden lo confesional sin ser fríos; alternan momentos de exaltación con un dramatismo contenido. Vicente Quirarte destaca que, pese a su rigor, Chumacero nunca fue solemne y que se tomaba su tiempo para lograr una forma pulida, a veces tardando meses en completar un poema que, al final, exhibe una perfección formal notable.
Las lecturas de Contemporáneos y los ecos de la Generación del 27 conviven con un énfasis en la dualidad entre lo sensorial y lo metafísico. Investigadores contemporáneos señalan afinidades temáticas con la poesía de Elías Nandino y de Ramón López Velarde, especialmente en lo erótico y lo religioso. En una lectura reciente, Jorge Asbun Bojalil propone que el amor ocupa el corazón de su universo poético, lo que ha impulsado nuevas aproximaciones a su obra.
Hugo Gutiérrez Vega subrayó que la poesía de Chumacero no se reduce a lo visible o superficially plástico; su densidad invita a una lectura profunda, donde lo abstracto convive con momentos de arrebato. En ese marco, Vicente Quirarte enfatiza el cuidado con que el poeta pule cada verso y la paciencia que aplica para lograr una versión final de gran precisión formal, sin perder la emoción que habita sus temas centrales: la muerte, el sueño, la verdad, la identidad, el erotismo y el tiempo.
Reconocimientos
- Premio Xavier Villaurrutia (1980).
- Premio Internacional Alfonso Reyes (1986).
- Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura (