Alicia Alonso
Información general
| Nombre completo | Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez del Hoyo |
|---|---|
| Nombre nativo | Alicia Alonso |
| Descripción | Bailarina de ballet profesional y coreógrafa cubana |
| Fecha de nacimiento | 21-12-1920 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 17-10-2019 |
| Nacionalidad | Cuba |
| Ocupaciones | coreógrafo, bailarín de ballet, empresario, maestro de ballet, bailarín, bailarina, profesor/a de ballet |
| Idiomas | inglés, español |
| Esposas | Fernando Alonso |
Alicia Martínez del Hoyo nació en La Habana el 21 de diciembre de 1920 y dejó de existir en la misma ciudad el 17 de octubre de 2019, dejando tras de sí una huella indeleble en el mundo de la danza. Reconocida popularmente como Alicia Alonso, su trayectoria abarcó la ejecución, la creación y la dirección de una visión del ballet que trascendió fronteras y generaciones. Su nombre quedó asociado a una estela de interpretaciones memorables, a la vez que se consagró como una de las figuras más influyentes del ballet en Iberoamérica. Su vida fue una historia de superación artística y de compromiso con la enseñanza de una técnica y un lenguaje que hoy se estudian en academias de todo el mundo.
Biografía
Primeros años
La infancia y formación inicial de la artista se enmarca en una familia de origen español, con Antonio Martínez Arredondo y Ernestina del Hoyo y Lugo como padres, y la mayor de cuatro hermanos que compartían el gusto por las artes. Su hermana mayor, Blanca María Martínez del Hoyo, conocida en casa como «Cuca», fue también una de las primeras en cruzar el umbral del ballet junto a ella, marcando desde muy pronto una senda común en el mundo de la danza. En casa, la joven Alicia encontró en el baile no solo una afición, sino una vía para desarrollar disciplina y creatividad, valores que la acompañarían a lo largo de toda su vida. La velocidad con la que asimiló las técnicas de movimiento y la determinación para sostener una exigencia física notable la distinguen desde sus primeros años, cuando apenas tenía diez años de edad, y ya mostraba una intuición espacial que luego sería la base de su enorme control escénico.
A los nueve años inició sus estudios de ballet en la Sociedad Pro-Arte Musical, una institución habanera fortalecida por iniciativas privadas de la mecenas María Teresa García Montes. En ese marco recibió instrucción con Nikolai Yavorsky, y ejerció sus primeras apariciones en territorio cubano bajo el nombre Alicia Martínez. Cuando llegó la década de los treinta, la joven ya integraba un circuito de aprendizaje que la llevó a conocer nuevas corrientes y docentes, consolidando su estilo a partir de una mezcla entre técnica clásica y una sensibilidad propia de la escuela cubana emergente. Su debut solista, ocurrido el 29 de diciembre de 1931 en el antiguo Auditorium de La Habana, fue un hito: interpretó el vals de La bella durmiente del bosque, marcando el paso de una promesa a una figura con identidad propia en la escena local. En ese periodo, la combinación de talento y perseverancia la convirtió en una de las jóvenes más destacadas de la ciudad, lista para ampliar horizontes más allá de las fronteras.
El matrimonio con Fernando Alonso se produjo cuando tenía apenas quince años, y el vínculo llevó consigo un cambio de apellido que sería central para su trayectoria internacional. Fue en Estados Unidos donde consolidó una segunda etapa de formación y crecimiento artístico: migró a la gran urbe para estudiar con maestros de renombre y se instaló temporalmente bajo el apellido Alonso, un paso que fortaleció su identidad artística para las décadas siguientes. En ese periodo, su compromiso con la danza dejó de ser un aprendizaje para convertirse en una profesión con proyección internacional.
La llegada a Nueva York supuso una inmersión en una escena vibrante donde el entrenamiento se hizo más riguroso. Allí trabajó con Anatole Vilzak y Ludmilla Shollar en la escuela del American Ballet Theatre y, posteriormente, bajo la guía de Vera Volkova en Londres. Esta fase fue decisiva para su técnica y su vocabulario escénico, que luego llevaría a sus posteriores logros. En esa etapa inicial de su vida profesional, Alicia tomó contacto con los escenarios de Broadway mediante musicales como Great Lady y Stars in Your Eyes, experiencias que le ofrecieron una visión amplia de la teatralidad del movimiento. Entre 1939 y 1940, se desempeñó como solista en el American Ballet Theatre, afianzando un estatus que la impulsaría a niveles aún mayores de reconocimiento.
Una limitación visual que planteó un reto constante en su carrera fue un defecto en un ojo que apareció a los diecinueve años. La vulnerabilidad resultante fue atendida mediante una cirugía de desprendimiento de retina y, pese a la pérdida de visión periférica, consiguió regresar progresivamente a la danza. A lo largo de los años, sus colaboradores masculinos se convirtieron en aliados imprescindibles: conocía a fondo cada paso, cada gesto, y sabía colocar a su alrededor a quienes podían ayudarla a sortear ese obstáculo. En su metodología, la iluminación del escenario y la ubicación de sus compañeros en el eje de la acción se volvieron herramientas fundamentales para su interpretación. En ese sentido, la capacidad de adaptación y la relación de confianza con sus partners constituyeron un rasgo distintivo de su manera de trabajar.
En el American Ballet Theatre
La fundación del American Ballet Theatre marcó un antes y un después en la carrera de Alicia, pues participó como una de las figuras iniciales de la compañía que nació a mediados de la década de 1940. En 1943, ya consolidada como una de las bailarinas más destacadas, dio un salto definitivo cuando asumió con presencia notable el papel principal en Giselle, ante la ausencia de Alicia Markova, quien no pudo presentarse. Este momento elevó su notoriedad a nivel mundial y la consolidó como un referente de la danza clásica. A partir de entonces, Alonso se convirtió en una intérprete emblemática del repertorio de la compañía, vinculando su nombre a un conjunto de figuras que definieron una era de la danza estadounidense.
Sus aportaciones interpretativas incluyeron roles principales en obras como Undertow de Anthony Tudor y Theme and Variations de George Balanchine, piezas en las que demostró un dominio técnico y una sensibilidad psíquica que la situaron entre las intérpretes más destacadas de su tiempo. la contingencia de una enfermedad en Nora Kaye permitió que Alonso, por méritos propios, se desempeñara como prima ballerina en Fall River Legend, la coreografía de Agnes De Mille estrenada en 1948. En el escenario, su asociación con Michel Fokine, Balanchine, Léonide Massine, Bronislava Nijinska, Tudor, Jerome Robbins y Agnes de Mille le permitió celebrar un intercambio artístico de enorme riqueza. En esa misma época, su vínculo artístico con Ígor Yushkévich dio lugar a innovaciones en la interpretación de los ballets rusos en Montecarlo durante 1955, un compromiso que marcó su proyección internacional.
Una pareja de acción destacada fue la formada con Ígor Yushkévich, que funcionó como una de las asociaciones más sólidas en su carrera, permitiéndole consolidar un estilo de danza que combinaba dulzura y precisión. A lo largo de los años, otros compañeros significaron también capítulos importantes en su historia escénica, pero la unión con Yushkévich se considera una de las más influyentes en su evolución. En mirrors de ese periodo, la bailarina llevó su arte a escenarios de prestigio, lo que propició una presencia constante en las carteleras de Europa y Norteamérica.
Artista consagrada
Una renombrada figura de la escena internacional fue reconociendo, a partir de mediados de los años cincuenta, su estatus como estrella invitada de renombre en las compañías que aportaron prestigio a su trayectoria. Entre 1955 y 1959 participó como figura principal en las programaciones de los Ballets Russes de Montecarlo, recibiendo elogios por su interpretación y su carisma escénico. En ese periodo, se convirtió en la primera bailarina occidental en pisar el escenario del immense Bolshói y del Teatro Mariinski, y audazmente se presentó ante el público de Moscú y Leningrado en 1957 y 1958, respectivamente. Este diálogo con el polo clásico ruso fortaleció su influencia y elevó el perfil de la danza cubana en el panorama global. A lo largo de las décadas siguientes, siguió girando por Europa y Asia, y aceptó invitaciones de compañías tan destacadas como el Ballet de la Ópera de París, el Ballet Real Danés y otras grandes casas del ballet.
Sus versiones escénicas de Giselle, del Grand pas de quatre y de La bella durmiente del bosque para la Ópera de París fueron aclamadas, y su interpretación de Giselle también resonó en la Ópera de Viena y en teatros de Nápoles; mientras tanto, La fille mal gardée encontró lugar en la programación de la compañía francesa, y La bella durmiente se llevó a escenarios de Praga y de Milán, entre otros. Estas realizaciones consolidaron su estatura como creadora y ejecutante, capaces de adaptar el repertorio clásico a un lenguaje marcado por su propio sello interpretativo.
Ballet Nacional de Cuba
La huella de Alicia Alonso en Cuba quedó sellada al frente de la ya famosa Compañía de Ballet Alicia Alonso, que en 1955 adoptó la denominación Ballet de Cuba y que, tras un cierre momentáneo por motivos económicos en 1956, regresó a Cuba en 1959 con la mirada puesta en estructurar una institución nacional. En ese retorno, el liderazgo de Alonso fue decisivo para la fundación del Ballet Nacional de Cuba, un proyecto que combinó dirección artística, coreografía y docencia, estableciendo así una escuela y un repertorio que hoy se citan como cimientos de la danza cubana. En su rol de directora y creadora, cultivó una generación de bailarines que se formaron bajo una visión rigurosa y ambiciosa, orientada a elevar el nivel técnico y la identidad cultural de la compañía. Asimismo, su labor pedagógica convirtió la enseñanza en un pilar de la institución, asegurando una continuidad que trascendió su propia participación como intérprete.
Principales partenaires
Durante su carrera, Alonso compartió escenario con muchas figuras masculinas, alternando con dos o tres de ellas a lo largo de cada temporada para sostener una presencia escénica constante y versátil. Sin embargo, cuatro nombres se destacan por la afinidad artística, la complicidad interpretativa y la capacidad de sostener con ella un nivel técnico excepcional. En primer lugar, Igor Youskevitch acompañó sus décadas de actividad durante 11 años, entre 1948 y 1959, proporcionando una base de confianza y una lectura compartida del movimiento. En segundo término, Azari Plisetsky trabajó con ella a lo largo de nueve años, entre 1963 y 1972, consolidando un dúo que combinó vigor y refinamiento. Después se situó Jorge Esquivel, con 16 años de colaboración (1970-1986), una alianza que aportó una dimensión coral al repertorio. Finalmente, Orlando Salgado compartió con ella 24 años, desde 1971 hasta 1995, configurando una asociación de larga duración y profundo entendimiento simbólico sobre el escenario.
Fallecimiento
La muerte de Alicia Alonso se produjo en el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ) ubicado en La Habana a las 11 de la mañana del jueves 17 de octubre de 2019, cuando la artista contaba 98 años de vida. Su partida dejó un vacío en la escena de la danza cubana e internacional, pero también un legado que siguió inspirando a generaciones de bailarines, coreógrafos y methodologistas. Su pérdida fue recibida con homenajes en distintos escenarios y universidades, donde se destacó la importancia de su obra y su influencia en la formación de nuevas generaciones de intérpretes.
Coreografías
- 9 de abril de 1950: se estrena Ensayo sinfónico, una coreografía creada por ella misma que, al año siguiente, forma parte del repertorio del Ballet Theatre y empieza a tejer su presencia como creadora de piezas emblemáticas.
- 2 de enero de 1951: se presenta Lydia, ballet en el que Alonso asume el papel central y deja constancia de su capacidad para diseñar y encarnar personajes complejos desde la primera ejecución.
- 1952: concibe La fille mal gardée para el Ballet Nacional de Cuba, una de las pocas creaciones propias que integran un repertorio clásico con un acento cubano propio.
- 1972: monta su versión coreográfica de Giselle, una revisión que conserva la pureza del texto original y, a la vez, introduce su visión personal de la heroína y su mundo.
- 1973: realiza una versión coreográfica del Grand pas de quatre para la Ópera de París, destacándose por la fusión de tradición y audacia interpretativa.
- 15 de mayo de 1974: en La Habana se estrena la versión coreográfica completa de La bella durmiente del bosque, con música de Chaikovski y coreografía de Alonso; ese mismo año, la Ópera de París incorpora la obra a su repertorio, ampliando así su alcance internacional.
- 21 de mayo de 1978: Alonso, el compositor Luigi Nono y el artista Jesús Soto unen esfuerzos para el estreno de Génesis, una obra que conjuga música contemporánea y diseño plástico en un ballet que dialoga con la modernidad.
- 1980: crea y ejecuta Misión Korad, ballet inspirado en La ciudad muerta de Korad, un poemario de ciencia ficción de Oscar Hurtado que transforma en danza una visión futurista y literaria.
- 8 de noviembre de 1988: genera y protagoniza Dido abandonada, rescate de una obra dieciochesca sobre la que se apoya la música de Gasparo Angiolini; este título fue premiado por la Crítica en el Festival de Edimburgo de 1991.
- 9 de julio de 1995: para conmemorar el centenario del natalicio de Ernesto Lecuona, se presenta una Gala íntegramente dedicada a coreografías con su música, montadas por Alonso y Alberto Méndez en el Gran Teatro de La Habana.
- 1998: se estrenan Tula, ballet creado por Alonso que toma como eje la vida y obra de la poeta Gertrudis Gómez de Avellaneda; y una nueva versión de Cascanueces, concebida en coproducción con La Fenice de Venecia y otras instituciones. Estas obras se presentan dentro del XVI Festival Internacional de Ballet de La Habana.
- 23 de julio de 2003: en la Nave de Sagunto, durante la II Bienal de Valencia, se estrena Shakespeare y sus máscaras, conocido también como Romeo y Julieta, con coreografía de Alonso y música de Gounod.
- 3 de noviembre de 2006: nace Cuadros en una exposición, ballet inspirado por una constelación de artistas cubanos, con coreografía de Alonso y música de Modest Mussorgski.
- 4 de noviembre de 2006: Desnuda luz del amor, obra con música de Ernest Chausson creada para la destacada bailarina Carla Fracci, que se integró a su repertorio para explorar nuevos tonos de expresión.
Premios y reconocimientos
A lo largo de más de medio siglo de actividad en el ballet, Alicia Alonso recibió un conjunto de distinciones de alto vuelo, con un total de numerosas condecoraciones relativas tanto a su país como al mundo. Su carrera fue premiada de forma reiterada por instituciones culturales, artísticas y académicas, y su nombre se convirtió en sinónimo de excelencia, compromiso y liderazgo en la danza. A continuación se presenta una síntesis de los hitos más sonados que trazaron esa trayectoria.
- 1973: la Universidad de La Habana le confiere el título de doctor honoris causa en Arte, reconociendo su aportación a la cultura y a la educación artística en Cuba.
- 1981: el Consejo de Estado de la República de Cuba otorga la Orden Félix Varela en Primera Gradría, la más alta distinción nacional para la cultura, en reconocimiento a su trayectoria y a la labor del Ballet Nacional de Cuba como institución.
- 1998: la Universidad Politécnica de Valencia le concede un doctorado honoris causa; además, en ese año recibe el Premio Nacional de Danza, otorgado por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas del Ministerio de Cultura y la UNEAC.
- 1998: se le otorgan la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de España y la Orden de las Artes y las Letras en grado de Comendadora, otorgadas por el gobierno de Francia.
- 1998: la condición de Héroe del Trabajo de la República de Cuba, así como la Orden Lázzaro Peña de Primer Grado para ella y el Ballet Nacional de Cuba, por parte del Consejo de Estado cubano.
- 1999: la UNESCO le concede la Medalla Picasso por su aporte al desarrollo y difusión de la danza en Cuba y en el mundo.
- 2000: escapa a la lista de reconocimientos con la Orden José Martí, otorgada por el Consejo de Estado de Cuba.
- 2000: el Premio Benois de la Danse llega a su palmarés, recibido en Stuttgart, de la Asociación Internacional de la Danza.
- 2001: el Premio Extremadura a la Creación 2001 la reconoce por su trayectoria artística iberoamericana, otorgado por la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura.
- 2001: es mencionada entre dos mil intelectuales de probada eminencia por el Centro Biográfico Internacional de Cambridge, Reino Unido.
- 2002: París le confiere el título de Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO; además, ese año recibe la Medalla Vaslav Nijinski otorgada por el Comité de la Medalla Nijinsky, y el Ministerio de Cultura de Polonia, junto con la Asociación Internacional de Amigos de Vaslav Nijinski, de París.
- 2002: la Universidad de Guadalajara, México, le entrega un grado de doctorado honoris causa en Artes.
- 2003: durante la gira del Ballet Nacional de Cuba por Italia y España recibe la Medalla de la ciudad de Perugia y el Premio Isabel Ferrer otorgado por la Generalitat Valenciana, España.
- 2003: en París le rinden un homenaje mundial por el Día Internacional de la Danza, otorgado por la UNESCO, y recibe la Legión de Honor en su grado Oficial por el gobierno francés.
- 2005: es proclamada “Madre de la Danza Latinoamericana” en Quito, Ecuador, durante el III Festival Internacional de Danza y Encuentro Mujeres en la Danza.
- 2005: obtiene el Premio Irene Lidova a toda una carrera, en una Gala de Honor celebrada en Cannes, Francia.
- 2006: el Ballet Nacional de Cuba junto a Alonso recibe el Premio de Honor Cubadisco 2006, otorgado por la Feria Cubadisco.
- 2008: la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, una distinción del gobierno español, completa un conjunto de reconocimientos que consolidan su estatus internacional.
- 2009: recibe la Medalla y Diploma de Reconocimiento Maestro de generaciones, otorgado por la organización juvenil del Partido Comunista.
- 2010: el Ministerio de Cultura declara ese año como “El Año de Alicia Alonso”, con motivo del 90 aniversario de su natalicio; la conmemoración se extiende a homenajes y distinciones a nivel nacional e internacional.
- 2011: la Gala Viva Alicia, organizada por el Teatro del Ballet Bolshói en Moscú, honra a Alonso en su 90 cumpleaños y recibe un Diploma de Reconocimiento del Ministerio de Cultura de la Federación Rusa.
- 2011: España inaugura el Paseo Alicia Alonso en el municipio de Rivas-Vaciamadrid, en la Comunidad de Madrid, como reconocimiento a su aporte cultural.
- 2015: el Gran Teatro de La Habana lleva su nombre, como testimonio público de la impronta que dejó en la escena cultural cubana.