Alicia Yánez Cossío
| Nombre completo | Alicia Yánez Cossío |
|---|---|
| Descripción | Poeta y escritora ecuatoriana |
| Fecha de nacimiento | 10-09-1928 |
| Lugar de nacimiento | |
| Nacionalidad | Ecuador |
| Ocupaciones | periodista, poeta, escritor, escritor de cuentos |
| Géneros | poesía |
| Idiomas | español |
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Alicia Yánez Cossío nació en la capital ecuatoriana, Quito, el 10 de septiembre de 1928, y se consolidó como una de las voces más destacadas de la literatura de su país. Su labor abarcó la escritura, el periodismo y la crónica cultural, y su obra se distingue por el protagonismo femenino, la búsqueda de identidad y una mirada crítica hacia la sociedad. Su legado literario es amplio, diverso y profundo, con obras que atraviesan generaciones y continúan inspirando a lectores de distintos ámbitos.
Alicia Yánez Cossío nació en la capital ecuatoriana, Quito, el 10 de septiembre de 1928, y se consolidó como una de las voces más destacadas de la literatura de su país. Su labor abarcó la escritura, el periodismo y la crónica cultural, y su obra se distingue por el protagonismo femenino, la búsqueda de identidad y una mirada crítica hacia la sociedad. Su legado literario es amplio, diverso y profundo, con obras que atraviesan generaciones y continúan inspirando a lectores de distintos ámbitos.
Biografía
Juventud
Hija de un ingeniero, Alfonso Yánez Proaño, y de Clemencia Cossío Larrea, Alicia ocupó el segundo lugar en una familia numerosa de diez hermanos. A los seis años ingresó al Colegio de los Sagrados Corazones de Santo Domingo, institución en la que casi abandona sus estudios por su marcada aversión hacia la aritmética. A pesar de esa dificultad, desde pequeña se dejó entrever su vocación literaria y su firme deseo de dedicarse a la escritura. Culminó la enseñanza primaria y obtuvo su bachillerato en 1951, marcando el inicio de una trayectoria que sería decisiva para su vida.
Desde la infancia su imaginación dio muestras de la fascinación por los relatos y por las imágenes que alimentan la palabra escrita. No conoció a sus abuelos, pero los mencionaba con frecuencia como personajes de viajes y anécdotas que alimentaban su mundo interior. Sus allegados recuerdan que, de pequeña, prefería la lectura a las muñecas, y que aquello anticipaba la presencia de una escritora en ciernes que más tarde hallaría su voz propia en la literatura ecuatoriana.
La primera experiencia editorial de su vida llegó con Luciolas, un poemario de 58 páginas que fue publicado en 1949. Su madre fue quien reunió varios de sus poemas, elaborando un volumen que expresaba el duelo por haber dejado la escuela y que, a la vez, anunciaba el talento que ya se vislumbraba en la joven autora.
En su trayectoria escolar continuaron los logros: en 1950 obtuvo un premio de ensayo sobre Isabel la Católica, lo que le permitió recibir una beca del Instituto de Cultura Hispánica para estudiar periodismo en Madrid durante dos años. En aquella etapa, durante su estancia en Europa, conoció al intelectual cubano Luis Campos Martínez, con quien más tarde se reencontraría en la capital española y con quien contrajo matrimonio. Tras completar los estudios, la pareja se trasladó a Cuba.
En Cuba residió entre 1956 y 1961, un periodo que coincidió con el proceso revolucionario cubano y que ella describiría como una lucha por la dignidad de un pueblo. Durante esa etapa nacieron sus cuatro hijos y escribió el poemario De la sangre y el tiempo, publicado en 1964, donde aborda temas como la fragilidad humana, la denuncia de las injusticias, la maternidad y la solidaridad con los oprimidos. Las vivencias cubanas quedarían luego recogidas en su obra Retratos cubanos, publicada en 1998, una colección de 18 cuentos que da cuenta de esas experiencias.
De regreso a Ecuador, las limitaciones económicas obligaron a Alicia y a su esposo a vender libros puerta a puerta. Aunque su compañero logró destacarse en ese ámbito, ella apenas consiguió vender un ejemplar. Esas circunstancias se convertirían en material para su novela Yo vendo unos ojos negros (1979), una narración que sitúa a un grupo de mujeres en la venta a domicilio de cosméticos y que, además, incorpora una visión crítica sobre el papel de las mujeres en el marco de una sociedad de consumo.
En la docencia, su carrera profesional también avanzaba: en 1969 ingresó como profesora al Colegio La Providencia de Quito y, al año siguiente, se trasladó al Colegio Santo Domingo de Guzmán, compatibilizando la enseñanza con la escritura.
Auge literario
A principios de la década de 1970, Yánez decidió enviar al Premio Nacional de Novela su manuscrito Bruna, soroche y los tíos bajo un seudónimo masculino. El certamen, organizado por el diario El Universo, otorgó el primer premio a la obra, lo que marcó un antes y un después en su vida creativa y consolidó su decisión de dedicarse plenamente a la escritura profesional.
Conciliar vida personal y literaria fue un reto constante: la fama creciente coincidía con responsabilidades domésticas y de crianza, y el éxito de Alicia causaba molestias en su cónyuge, quien también era escritor. En busca de silencio para trabajar, la autora empezó a redactar en la noche o en las primeras horas de la mañana. Incluso convirtió un armario de su casa en una sala de escritura, forrándolo con corcho para amortiguar el sonido de la máquina de escribir y evitar interrupciones.
En 1975 dio a la luz El beso y otras fricciones, una colección de cuentos de ciencia ficción en la que reflexiona sobre el porvenir, el lugar del hombre en ese porvenir y la necesidad de volver a convivir con la naturaleza. Uno de los relatos de esa obra fue luego ampliado para dar forma a la novela infantil Los tríkitraques (2002), que narra la llegada a la Tierra de una diminuta especie extraterrestre que busca colaborar con la humanidad.
La controversia que rodeó a Bruna, soroche y los tíos fue notable: varios escritores hombres cuestionaron su autoría y llegaron a insinuar plagios de obras célebres como Cien años de soledad. Esas críticas impulsaron un giro en su trayectoria: su segunda novela, publicada en 1979 bajo el título Yo vendo unos ojos negros, adopta un enfoque feminista y denuncia la manipulación de las mujeres por la industria de la belleza. La obra fue posteriormente adaptada a la televisión en 2004 con la versión homónima, producida por la empresa televisiva del país.
En 1984 se integró al Grupo América, y en 1989 publicó La casa del sano placer, novela que presenta a una multitud que defiende los derechos de las mujeres y que subraya la lucha por la igualdad en la sociedad.
El 11 de abril de 1991 ingresó como Miembro Correspondiente de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, con un discurso titulado La forma de fomentar el hábito de la lectura. Dos años después fue distinguida como académica de número en la misma institución, ocupando la silla N.
Su incorporación como Académica de Número tuvo lugar en la ciudad de Quito el 4 de agosto de 1994, consolidando su posición en la élite académica y literaria del país.
En 1995 recibió el Premio Joaquín Gallegos Lara por El Cristo feo, junto con el Premio Indigo Coté Femmes de París por la misma obra, reconocimiento que situó a la autora entre las narradoras más destacadas de la región. Este periodo también fortaleció su presencia internacional y su autonomía creativa.
Después de la publicación de El Cristo feo, inició una serie de novelas históricas. La primera de ellas, Aprendiendo a morir (1997), explora la vida de Mariana de Jesús y su entorno en el Quito del siglo XVII. A continuación vino Y amarle pude (2000), que narra la biografía de la poeta Dolores Veintimilla y el rechazo que enfrentó por ser una mujer intelectual en una sociedad profundamente religiosa. En 2001 apareció Sé que vienen a matarme, basada en la figura de Gabriel García Moreno y en los hechos que lo convirtieron en una de las figuras más controvertidas de la historia ecuatoriana. La novela fue llevada al cine en 2007 por la cadena televisiva del país, con dirección de Carl West.
Años posteriores
Su labor infantil recibió otro reconocimiento destacado cuando Los triquitraques obtuvo, en 2002, el premio Darío Guevara otorgado por el municipio de Quito. En ese mismo año, el presidente de Chile, Ricardo Lagos Escobar, le entregó la condecoración Gabriela Mistral por su trayectoria. En 2004 publicó Concierto de sombras, una autobiografía novelada que hace hincapié en los hechos de su infancia que la llevaron hacia la actividad literaria. Esa misma temporada, la revista Hogar la nombró Mujer ecuatoriana del año en la categoría cultura.
Entre 2004 y 2008 continuó con nuevas obras que ampliaron su mirada histórica y cultural. En 2006 apareció Esclavos de Chatham, una obra que reconstruye la historia de la opresión y la eventual rebelión en la isla de San Cristóbal contra el tirano Manuel J. Cobos a comienzos del siglo XX. Dos años después vio la luz Memorias de la pivihuarmi Cuxirimay Ocllo, centrada en la princesa inca Cuxirimay Ocllo, desde una perspectiva biográfica y literaria que entrelaza mito y memoria.
El reconocimiento supremo llegó el 8 de agosto de 2008, cuando el presidente Rafael Correa le otorgó el Premio Eugenio Espejo, la distinción cultural más importante del país, en reconocimiento a sus aportes a las artes literarias y a la cultura nacional.
En la actualidad la escritora comparte su vida entre la casa de su hijo y su nieta, en la comunidad rural de Píntag, situada en las afueras de Quito, donde continúa vinculada a su entorno y a la obra que la ha convertido en símbolo de la literatura mujer ecuatoriana.
Obras
Novelas
- Bruna, soroche y los tíos (1973)
- Yo vendo unos ojos negros (1979)
- Más allá de las islas (1980)
- La cofradía del mullo del vestido de la Virgen Pipona (1985)
- La casa del sano placer (1989)
- El Cristo feo (1995)
- Aprendiendo a morir (1997)
- Y amarle pude (2000)
- Sé que vienen a matarme (2001)
- Concierto de sombras (2004)
- Esclavos de Chatham (2006)
- Memorias de la pivihuarmi Cuxirimay Ocllo (2008)
Poesía
- Luciolas (1949)
- De la sangre y el tiempo (1964)
- Plebeya mínima (1974)
Cuentos
- El beso y otras fricciones (1975)
- Retratos cubanos (1998)
Literatura infantil
- El viaje de la abuela (1997)
- Pocapena (1997)
- La canoa de la abuela (2000)
- Los triquitraques (2002)
- ¡No más! (2004)
Teatro
- Hacia el Quito de ayer (1951)
Reconocimientos
- Concurso Nacional de Novela - Cincuentenario del Diario El Universo de Guayaquil (1971).
- Premio Nacional Ismael Pérez Pazmiño (1972).
- Condecoración de Primera Clase al Mérito Cultural, otorgada por la Subsecretaría de Cultura (1990).
- Primer Premio Joaquín Gallegos Lara por El Cristo feo (1995).
- Primer Premio Darío Guevara Mayorga por el cuento El viaje de la abuela (1995).
- Premio Indigo Coté Femmes de París por El Cristo feo (1996).
- Condecoración Gabriela Mistral, impuesta por Ricardo Lagos Escobar en 2002.
- En 2002 el Consejo Provincial de Pichincha creó el Premio de Literatura Infantil Alicia Yánez Cossío.
- Primer Premio Darío Guevara Mayorga por Los triquitraques (2002).
- La revista Hogar la nombró Mujer del Año en la categoría cultura (2004).
- Premio Eugenio Espejo (2008).
Concurso de literatura infantil Alicia Yánez Cossío
En 2002 el Gobierno de la Provincia de Pichincha y su Patronato Provincial rindieron homenaje a la autora al crear un concurso de literatura infantil que lleva su nombre. Este certamen se propone incentivar que cada cantón de la provincia aporte a la creación, investigación y fortalecimiento de la identidad cultural regional, promoviendo la expresión literaria entre niños y jóvenes.