Alphonse de Lamartine
Información general
| Nombre completo | Alphonse Marie Louis de Prat de Lamartine |
|---|---|
| Nombre nativo | Alphonse de Lamartine |
| Descripción | Literato y político francés (1790-1869) |
| Fecha de nacimiento | 21-10-1790 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 28-02-1869 |
| Nacionalidad | Francia |
| Ocupaciones | político, poeta, diplomático, escritor, historiador, autobiógrafo, ministro de relaciones exteriores, prosista |
| Géneros | poesía |
| Grupos | Academia Francesa, Académie de Mâcon |
| Idiomas | francés |
| Esposas | Elisa de Lamartine |
Alphonse Marie Louis Prat de Lamartine, nacido en Mâcon el 21 de octubre de 1790 y fallecido en París el 28 de febrero de 1869, fue una de las voces centrales del alma literaria y política de Francia durante el siglo XIX. A train de vida que abarcó la creación literaria, la investigación histórica y una intensa actividad pública, su trayectoria cruzó el romanticismo con la participación directa en los aconteceres republicanos y las transformaciones sociales de su tiempo, dejando una huella que fue objeto de admiración y controversia por generaciones.
Biografía
Procedía de una familia de cierta distinción militar y provincial: su padre, Pierre de Lamartine, era un caballero de Prat y capitán de caballería, mientras que su madre, Alix des Roys, traía consigo la estirpe de un alto funcionario del Ducado de Orleans. El propio poeta relató los veinticinco primeros años de su vida en memorias que, si bien no siempre disuadieron la voluntad de recordar, sí mostraron un ambiente impregnado de religión, disciplina y un deseo de comprender el mundo que lo rodeaba. En aquel periodo inicial, la educación recibió fuertes impulsos religiosos a cargo del pastor Dumont en Bussières, y la formación se vivió entre la ruralidad de Milly y la borgoñesa quietud, donde la naturaleza y la intimidad familiar moldearon su sensibilidad. Estos años serían decisivos para su posterior modo de escribir, que uniría la fe, la duda y la admiración por la naturaleza en un marco estético y moral que buscaría reconciliar lo humano con lo trascendente.
Con el paso del tiempo, su trayectoria educativa lo llevó a frecuentar el internado de Belley, y las lecturas clásicas de Chateaubriand, Virgilio y Horacio plantaron en su mente las semillas de un humanismo que luego convertiría en una verdadera vocación literaria. Aunque durante su juventud llegó a abrazar la deísmo y, en ocasiones, el vegetarianismo, su trayectoria espiritual conviviría con una actitud crítica hacia la dogmática religiosa. En fechas tempranas figuró incluso entre los nombres que la Iglesia habría considerado para ciertos impulsos doctrinales, lo que más tarde se convertiría en motivo de reflexión para su obra posterior. Su biografía también recoge una etapa de tensiones personales y afectivas que influyeron en su escritura, como la relación con Julie Charles y las consecuencias de su desaparición prematura, que impulsaron poemas de un tono íntimo y a la vez social. Estas experiencias amorosas y pérdidas marcarían de forma duradera su visión de la vida y del destino humano.
Ya en los años siguientes, Lamartine atravesó la experiencia de la vida militar de la pequeña nobleza y comenzó a viajar, una costumbre que ampliaría su mirada y enriquecería su capacidad para describir el mundo. En momentos de crisis existencial, se encontró buscando curación en las aguas termales de Aix-les-Bains, en Saboya, un episodio que coincidió con una crisis personal y le permitió abrazar nuevas perspectivas sobre la vida y la poesía. En ese periodo surgieron nuevas figuras en su entorno afectivo, y la figura de Mary Ann Elisa Birch entró en su vida como compañera de destino, al margen de las circunstancias políticas de la época. Esta doble experiencia —amorosa y comunitaria— fue un motor para su siguiente gran etapa: la vida pública y la diplomacia. La llamada de la política comenzó a hacerse oír cuando su defensa de la Restauración le abrió paso hacia una carrera diplomática, permitiéndole ocupar cargos en embajadas y consolidar su perfil de hombre capaz de combinar la palabra con la acción institucional.
Entre 1825 y 1828 ejerció funciones como agregado a la secretaría de la embajada francesa en Nápoles y, después, como secretario en Florencia, una trayectoria que le permitió comprender las complejidades de las relaciones internacionales y de la vida cortesana europea. En 1829 fue admitido en la Academia Francesa, un hito que consolidó su posición como figura destacada de la cultura nacional. Tres años después, emprendió viajes a Grecia y al Líbano, experiencias que, en consonancia con el ánimo romántico de la época, lo acercaron a los conflictos y las aspiraciones de los pueblos orientales. Posteriormente, imitó a Chateaubriand al peregrinar al Santo Sepulcro en Jerusalén para profundizar su fe, un periplo que coincidió con la muerte de su hija Julia y dio lugar a obras y escenas poéticas que se convertirían en parte de su itinerario literario. En ese mismo periodo, el viaje al Oriente y el encuentro con la creatividad de Victor Hugo lo llevaron a posicionarse como uno de los defensores de la lucha de los serbios frente al Imperio otomano. En las filas del poder, fue diputado en 1833 y 1839, y en 1834 participó en la fundación de la Sociedad Francesa para la Abolición de la Esclavitud, compromisos que combinaban su ideario democrático con su activismo humanitario. Estas iniciativas plasmaban un liberalismo que buscaba la dignidad de todos los seres humanos y una Europa más solidaria.
La buena marcha de su vida pública se vio, sin embargo, enturbiada por problemas económicos que lo llevaron a perseguir soluciones editoriales que le permitieran mantener su estatus intelectual y, a la vez, afrontar deudas acumuladas. En consecuencia, se lanzó a la redacción de la monumental Historia de los girondinos, publicada en 1847 en ocho volúmenes y vendida con enorme éxito, aun cuando su valor histórico no alcanzó la precisión que otros historiadores habrían exigido. Este logro editorial, junto a una breve gobernanza durante la Revolución de 1848, fue el preludio de un papel decisivo: la designación como ministro de Asuntos Exteriores y, posteriormente, la función de presidente de un gobierno interino en la recién proclamada Segunda República, desde el 24 de febrero hasta el 11 de mayo de 1848. Este tramo político lo convirtió en una figura central de la transición entre el ancien régime, la revolución y la república naciente, poniendo de relieve su vocación de ciudadano comprometido con el destino de su nación.
Durante su tiempo en la Segunda República, Lamartine promovió varias reformas profundas que apuntaban a un cambio sustantivo en la estructura social. La abolición de la esclavitud, decretada el 27 de abril de 1848, y la supresión de la pena de muerte, junto con la expansión de la libertad de prensa y de reunión, el reconocimiento del derecho al trabajo y programas de formación laboral, constituyeron el eje de un programa que él defendía como cimiento de una democracia más humana. Aunque su idealismo y su amor por la libertad coincidían con aspiraciones democráticas amplias, a menudo chocaban con la prudencia de sectores conservadores y con una parte de su propia coalición, que consideraba que su visión no podía sostenerse sin un marco de propiedad que él mismo no tenía intención de cuestionar por completo. En ese sentido, su facción con François Arago promovió una orientación moderada que, a la postre, provocó el alejamiento de algunos de sus seguidores. Tras fracasar en las elecciones presidenciales de 1848, Lamartine se retiró de la vida pública y volvió a la literatura, río de palabras que había sido su refugio y su arma a la vez. Este abandono de la política, sin embargo, no significó la retirada de su influencia; su nombre siguió resonando en los salones de la intelectualidad de la época. En esa fase su figura adquirió un aura de santidad laica para muchos y de contradicción para quienes le exigían mayor coherencia pragmática.
En el debate público, los críticos no perdonaron a Lamartine. Autores como Tocqueville y Bastiat fueron severos al cuestionar su enfoque económico y político, mientras que su valor literario fue apreciado por algunos y criticado por otros. Sus contemporáneos lo evocaron como un poeta de una musicalidad que parecía convocar al ánimo y a la naturaleza, incluso si a la hora de la prosa histórica su rigor no siempre estuvo a la altura de su ambición. Aun así, su legado literario se convirtió en un puente entre la experiencia íntima y la obligación cívica, entre la emoción del verso y la responsabilidad de la escritura histórica. Fue en ese cruce donde Lamartine consolidó una identidad que aún hoy se estudia por su originalidad y su ambición de unir arte y política.
La vida de Lanmartine concluyó en la pobreza, una suerte común para muchos escritores de su tiempo, el 28 de febrero de 1869 en París. A partir de esa fecha, el recuerdo de su trayectoria fue interpretado como una síntesis de lo que significó el primer romanticismo francés en su forma más vital, y como una influencia constante para generaciones que vendrían después, desde Verlaine hasta los simbolistas, quienes hallaron en su obra un camino para entender el misticismo de la experiencia humana y la posibilidad de una literatura que dialoga con la realidad social. Su desaparición dejó un vacío difícil de llenar, pero también una herencia que siguió inspirando a quienes buscaban en la poesía y en la historia una forma de comprender la condición humana.
Obras
Poesía lírica
- Les Méditations poétiques (1820)
- Les Nouvelles Méditations (1823)
- Harmonies poétiques et religieuses (1830)
- Recueillements poétiques (1839)
- Poesii — traducciones de su obra en la primera edición de los poemas de Verónica Micle (1887)
Poesía épica y religiosa
- La mort de Socrate (1823)
- Jocelyn (1836)
- La chute d'un ange (1838)
Piezas teatrales
- Médée (escrita en 1813, publicada en 1873)
- Saül (escrita en 1819, publicada en 1861)
- < Toussaint Louverture
- Jeanne d’Arc (Juana de Arco)
Recuerdos y novelas
- Saül (1818)
- Raphaël (1849)
- Confidences (1849)
- Nouvelles confidences (1851)
- Geneviève, histoire d'une servante (1851)
- Le tailleur de pierre de Saint-Point (1851)
- Graziella (1852)
- Les visions (1853)
- La Vigne et la Maison (1857)
Historia y literatura
- Sur la politique rationnelle (1831)
- Impressions, souvenirs, pensées et paysages pendant un voyage en Orient, 1832-1833, ou Notes d'un voyageur (1835)
- Histoire des Girondins (1847), 8 vol.
- L'Histoire de la révolution de 1848 (1849)
- Nouveau voyage en Orient (1850)
- Histoire de la Restauration (1851), 8 vol.
- Histoire de la Turquie (1854)
- Histoire de la Russie (1855)
- Cours familier de littérature (1856)
Biografías
- Le Civilisateur, Histoire de l'humanité par les grands hommes, 1852-1854, 3 vol.
- I, 1852: « Jeanne d'Arc », « Homère », « Bernard Palissy », « Christophe Colomb », « Cicéron », « Gutemberg »
- II, 1853: « Héloïse », « Fénelon », « Socrate », « Nelson », « Rustem », « Jacquard », « Cromwell »
- III, 1854: « Cromwell » (tercera parte), « Guillaume Tell », « Bossuet », « Milton », « Antar », « Madame de Sévigné »
Escritos autobiográficos
- Trois Mois au pouvoir (1848)
- Mémoires inédits (1870)
Órdenes y distinciones
Órdenes
- 19 de abril de 1825: Caballero de la Legión de Honor.
- Comendador de la Orden de San José.
- Comendador de la Sagrada Imperial Orden Constantiniana de San Jorge.
Distinciones
- 5 de noviembre de 1829: Miembro de la Academia Francesa.