Vida Icónica VIDAICÓNICA

Amanda Labarca

Nombre completo Amanda Crispina del Carmen Pinto Sepúlveda
Nombre nativo Amanda Labarca Hubertson
Descripción Diplomática y pedagoga chilena
Fecha de nacimiento 05-12-1886
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 02-01-1975
Nacionalidad Chile
Ocupaciones diplomático, político, profesor, escritor, pedagogo, activista por los derechos de las mujeres, suffragette
Grupos Consejo Nacional de Mujeres de Chile, Comité Nacional pro Derechos de la Mujer, Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales
Idiomas español
EsposasGuillermo Labarca Huberston
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Amanda Crispina del Carmen Pinto Sepúlveda, conocida en el ámbito público como Amanda Labarca, nació en la capital chilena y se convirtió en una de las figuras más destacadas de la educación, la escritura y el activismo femenino en su país y más allá. Su trayectoria estuvo marcada por un compromiso constante con la mejora de las condiciones de las mujeres latinoamericanas y por el impulso del sufragio femenino en Chile, así como por su labor educativa y su aporte a la vida política del país. Su voz y su obra mantienen vigencia en las disputas por la igualdad y la enseñanza de calidad.

Amanda Labarca — Imagen principal

Amanda Crispina del Carmen Pinto Sepúlveda, conocida en el ámbito público como Amanda Labarca, nació en la capital chilena y se convirtió en una de las figuras más destacadas de la educación, la escritura y el activismo femenino en su país y más allá. Su trayectoria estuvo marcada por un compromiso constante con la mejora de las condiciones de las mujeres latinoamericanas y por el impulso del sufragio femenino en Chile, así como por su labor educativa y su aporte a la vida política del país. Su voz y su obra mantienen vigencia en las disputas por la igualdad y la enseñanza de calidad.

Biografía

Nacida en Santiago, la protagonista del relato nació en una familia de origen profesional y comerciante; sus progenitores fueron el abogado Onofre Pinto Pérez de Arce y su esposa Sabina Sepúlveda, quienes le proporcionaron un entorno interesado por el estudio y la integridad personal. En sus primeros años recibió formación en una escuela primaria situada en la calle San Isidro y luego ingresó al Liceo Americano, institución pionera en Chile para la educación de mujeres gracias al pensamiento de Isabel Le Brun. Este periodo fue decisivo para que Labarca forjase una vocación intelectual centrada en la literatura y las humanidades, a la vez que cultivaba un profundo interés por la educación que la conduciría a una vida profesional amplia y vanguardista.

A los dieciséis años, en 1902, superó las pruebas para obtener el grado de Bachiller en Humanidades, iniciando así una carrera académica que combinaría la enseñanza con la reflexión crítica sobre la educación. En ese tiempo, ejerció como profesora de escuela primaria en el Santiago College y, además, cumplió funciones de secretaria de la dirección. Fue en aquel entorno donde conoció a Guillermo Labarca Huberston, quien se convertiría en su esposo y con quien compartiría un proyecto vital: estudiar y transformar la educación chilena. Juntos ingresaron al Instituto Pedagógico para formarse en Castellano (ella) y en Historia y Geografía (él), culminando en diciembre de 1905 con su titulación de Profesora de Estado con mención en Castellano, obtenida en el propio Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.

En 1906 asumió la subdirección de la Escuela Normal n.º 3, y al año siguiente apareció su primera publicación, Impresiones de juventud, una colección de breves estudios sobre la generación española de la generación de 1898. Esta incursión en la escritura marcó el inicio de una trayectoria que entrecruzaba la labor educativa con el pensamiento crítico sobre la condición femenina y la cultura chilena. A partir de entonces, Labarca consolidó su vocación de docencia y de divulgación con una mirada abierta a las realidades sociales que atravesaban a las mujeres.

En 1910 emprendió un largo itinerario académico que la llevó a los Estados Unidos para continuar sus estudios en la Universidad de Columbia, gracias a una beca obtenida en 1911, que le permitió viajar junto a su esposo, quien también halló una oportunidad similar. Posteriormente, en 1912, amplió su formación en Francia, en la Universidad de La Sorbona, centrando su atención en la educación escolar y en las prácticas pedagógicas. En estas estancias, absorbió las corrientes feministas europeas y entendió que la educación era una herramienta esencial para que la mujer adquiriera conciencia histórica y social de su propio papel. En ese periodo, a través de tertulias y encuentros culturales, promovió la idea de que la educación era un instrumento de emancipación y autogestión.

De regreso a Chile, Labarca fortaleció su aporte al campo educativo y social mediante la organización de espacios de reflexión para mujeres. Así nació el Círculo Femenino de Estudios en 1919, que derivó de las iniciativas intelectuales que surgieron en el Palacio Urmeneta, y que se convirtió en un semillero de pensamiento crítico y de acción colectiva entre mujeres. Fue allí donde Labarca consolidó su liderazgo en la producción de conocimiento femenino y en la creación de redes de apoyo y formación para las mujeres.

Entre 1915 y 1919, Labarca publicó su segunda obra, Tierras extrañas, y a la vez enfrentó las resistencias de los círculos masculinos que dominaban el ámbito académico. A pesar de ello, recibió un reconocimiento institucional: el Presidente de la República, Juan Luis Sanfuentes, la designó directora del Liceo de Niñas N.º 5, otorgándole un cargo de alta responsabilidad en la gestión educativa. Este periodo evidenció su capacidad para combinar la producción intelectual con cargos directivos y con una agenda de defensa de la educación como derecho social.

En 1915, cuando aún era estudiante, organizó el Círculo de Lectura, inspirado en iniciativas similares de Estados Unidos. Este proyecto tenía como finalidad acercar la educación y la cultura a las mujeres, independientemente de su clase social, con la aspiración de que el conocimiento fuera un bien común y accesible. De ese círculo nació, en 1919, el Consejo Nacional de Mujeres de Chile, una respuesta organizada a la necesidad de coordinar esfuerzos entre distintas asociaciones feministas y de servicio social. Labarca participó activamente junto a Celinda Reyes y otras destacadas activistas en la construcción de esa coalición que buscaba ampliar derechos y ampliar la ciudadanía femenina.

En 1918 regresó a Estados Unidos mediante una comisión gubernamental que la envió de nuevo al otro lado del océano, desde donde emergió su obra Las escuelas secundarias en los Estados Unidos (1918). Regresó a Chile para desarrollar la cátedra de Sicología Pedagógica en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, y en 1919 publicó La educación Secundaria, consolidando su autoridad teórica en pedagogía. Ese mismo año asumió la cátedra en el Instituto Pedagógico y se vinculó de manera creciente a la formación de docentes y a la investigación educativa. Su labor docente se extendió durante la década siguiente, cuando el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo suspendió temporalmente sus actividades, periodo que labraría con resiliencia más adelante.

Entre 1927 y 1931, Labarca ocupó la dirección de la Dirección General de Educación Secundaria del Ministerio de Educación, desempeñando un papel clave en la articulación de políticas para la enseñanza secundaria. Durante ese tramo, impulsó las Escuelas de temporada de la Universidad de Chile, una iniciativa que ha perdurado en el tiempo y que se ha convertido en una de las señas de la tradición educativa chilena. En el ámbito de la producción intelectual, publicó La Historia de la Enseñanza en Chile (actualizado en 1944) y La evolución de la Segunda Enseñanza, y, en Bases para una Política Educacional, dejó asentada una visión de la educación al servicio de las condiciones reales de la población. Paralelamente, llevó a cabo conferencias y cursos en diversos países de América, extendiendo su influencia pedagógica más allá de las fronteras nacionales.

En 1921, Labarca inició colaboraciones periodísticas con El Mercurio, un medio de gran alcance en Chile, que le permitió difundir sus ideas pedagógicas y su visión sobre la educación y los derechos de la mujer. En 1922 recibió el cargo de Profesora Extraordinaria de Psicología en la Facultad de Filosofía, Humanidades y Educación, lo que la convirtió en una de las primeras mujeres en ocupar una cátedra universitaria en Chile. Poco después, se le asignó una cátedra de filosofía en la misma casa de estudios, convirtiéndose en la primera mujer chilena y latinoamericana en detentar semejante responsabilidad académica.

En el terreno político, Labarca se afilió al Partido Radical y, en 1922, presentó un proyecto orientado a ampliar los derechos civiles, políticos y jurídicos de las mujeres dentro del Código Civil, una lucha que mantuvo a lo largo de su trayectoria y que se integró a la estrategia por la igualdad de género dentro del marco legal chileno. En 1925 logró la aprobación de una Ley, conocida como Ley Maza, que fortalecía la posición de la madre dentro de la patria potestad, permitía a la mujer atestar ante la ley y autorizaba a la mujer casada a administrar los frutos de su trabajo. Este hito legal fue un referente en la trayectoria de la emancipación femenina en Chile.

En 1932 dio un paso clave en la formación de futuras generaciones de docentes al proponer la creación del Liceo Experimental Manuel de Salas, institución destinada a la capacitación de docentes y a la experimentación pedagógica. Dos años más tarde, recibió la designación como presidenta del Comité ejecutivo de la Comisión Chilena de Cooperación Intelectual, un rol que la situó en la vanguardia de las redes culturales y científicas entre Chile y el resto de la región. fue una de las fundadoras del Comité Nacional pro Derechos de la Mujer, creado en 1933 junto a Elena Caffarena y otras destacadas activistas, que buscaba consolidar una agrupación amplia y representativa para promover reformas igualitarias.

En 1940 publicó La Educación Decadente y, cinco años después, Desvelos del Alma, obras que afianzaron su perfil de pensadora crítica sobre la educación y la condición de la mujer. En 1946 recibió una designación de gran relevancia: representante de Chile ante las Naciones Unidas, con la responsabilidad de dirigir la sección Estatus de la Mujer entre 1947 y 1949. Ya viuda, volvió a Chile para retomar su labor académica y su tarea de activismo, que no cesó hasta el final de sus días.

En 1946 asumió el cargo de embajadora, designada por el gobierno de Gabriel González Videla, como representante ante las Naciones Unidas y jefa de la sección Estatus de la Mujer. Paralelamente, desarrolló su faceta de crítica literaria y ensayista, con especial atención al papel de la mujer en la sociedad. Dirigió el periódico Acción Femenina, diario vinculado al Círculo de Lectura, y este medio tuvo una participación destacada en la lucha por el voto femenino y en la denuncia de prácticas de cohecho electoral. Gracias a su labor, en 1944 fue electa presidenta de la Federación Chilena de Instituciones Femeninas, primera mujer en liderar una organización que aglutinaba cerca de 200 instituciones de diversa orientación política y social.

Labarca promovió las Escuelas de temporada de la Universidad de Chile y permaneció al frente de ese programa hasta 1944, fomentando experiencias pedagógicas que se mantuvieron vigentes. Viajó y dio cursos y seminarios en países del continente, fortaleciendo una red regional de conocimiento y cooperación educativa. En 1964 fue reconocida como Miembro Académico de la Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile, y en 1969 recibió el ingreso en la Academia de Ciencias Políticas, Sociales y Morales del Instituto de Chile. Sus últimos años estuvieron dedicados a la escritura de estudios sobre educación y género, a la difusión de artículos en El Mercurio y a la continuación de sus tertulias, que reunían a intelectuales de toda Latinoamérica. Su muerte, ocurrida en Santiago el 2 de enero de 1975, cerró un capítulo luminoso de la historia educativa y feminista chilena.

El legado de Labarca se mantiene vivo en la recopilación de publicaciones que favorecen los derechos de la mujer y en las investigaciones sobre educación. Su obra abarcó la crítica literaria y la escritura de ensayos, además de su labor como dirigente y orientadora política. Muchos autores ubican su pensamiento dentro de las corrientes del feminismo liberal, junto a figuras como Vera Zouroff, Elvira Santa Cruz Ossa y Delie Rouge, entre otros, que compartían la aspiración de ampliar la ciudadanía femenina a través de reformas institucionales y culturales. Su influencia trascendió la Universidad de Chile y dejó una impronta en la narrativa educativa de la región.

Homenajes

En 1976, la Universidad de Chile instituyó la Condecoración al Mérito Amanda Labarca, destinada a reconocer a una mujer universitaria que haya dejado una huella significativa en el ámbito académico y social. Este premio, que se entrega cada año, rinde homenaje a su legado como promotora de la educación y los derechos de las mujeres.

También, la Universidad de Chile concedió a su nombre la residencia estudiantil Amanda Labarca, un espacio que acoge a más de treinta estudiantes de distintas regiones cada año, fortaleciendo la idea de educación como experiencia compartida y diversidad como valor.

En Vitacura, una liceo municipal lleva su nombre, como reconocimiento a su labor pedagógica y su impacto en la educación chilena.

Asimismo, una calle peatonal en la comuna de Santiago recibió su nombre en su memoria tras un cambio de denominación en 2016, pasando a llamarse Calle Profesora Amanda Labarca, en reconocimiento a su compromiso con la educación y los derechos de las mujeres.

Obras o libros

  • Impresiones de juventud (1907)
  • Actividades femeninas en Estados Unidos (1914)
  • En tierras extrañas (1914)
  • Las escuelas secundarias en los Estados Unidos (1918)
  • La lámpara maravillosa (1921)
  • Lecciones de Filosofía (1923)
  • Nuevas orientaciones de la enseñanza
  • Adónde va la mujer (1934)
  • Bases para una política educacional (1944)
  • Desvelos en el alba (1945)
  • Feminismo contemporáneo (1948)
  • Historia de la enseñanza en Chile (1948) – Corrección, primera edición realizada en las Publicaciones de la Universidad de Chile, 1939.

Otras obras incluyen títulos como Meditaciones breves, Perspectiva de Chile y Cuentos a mi señor, que reflejan su preocupación por la educación y por las dinámicas culturales de su tiempo. Su bibliografía, sostenida por la experiencia académica y el compromiso cívico, constituye una referencia para quienes estudian la historia de la educación y la lucha por los derechos de la mujer en América Latina.

Imágenes de Amanda Labarca