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Antonio de Capmany

Nombre completo Antonio de Capmany
Nombre nativo Antoni de Capmany de Montpalau i de Surís
Descripción Militar, historiador, escritor y político español
Fecha de nacimiento 24-11-1742
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 14-11-1813
Nacionalidad España
Ocupaciones historiador, filólogo, político, economista, romanista
Grupos Real Academia de la Historia
Idiomas catalán, español
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Antonio Capmany Surís y de Montpalau nació en Barcelona el 24 de noviembre de 1742 y dejó de existir en Cádiz el 14 de noviembre de 1813. Su trayectoria se deslizó entre lo militar y lo intelectual: fue militar, filósofo, historiador, economista y político español, con una participación destacada en las Cortes de Cádiz. Su vida combinó el servicio a la nación y un gusto profundo por la investigación histórica y la defensa de la cultura, que dejó una huella notable en la España de su época.

Antonio de Capmany — Imagen principal

Antonio Capmany Surís y de Montpalau nació en Barcelona el 24 de noviembre de 1742 y dejó de existir en Cádiz el 14 de noviembre de 1813. Su trayectoria se deslizó entre lo militar y lo intelectual: fue militar, filósofo, historiador, economista y político español, con una participación destacada en las Cortes de Cádiz. Su vida combinó el servicio a la nación y un gusto profundo por la investigación histórica y la defensa de la cultura, que dejó una huella notable en la España de su época.

Biografía

Desde joven, Capmany cultivó el pensamiento crítico mediante el estudio de la Lógica y las Humanidades en el Colegio Episcopal de Barcelona. A los 18 años se alistó en el ejército y se integró al Regimiento de Dragones de Mérida, para desempeñarse luego como subteniente de las tropas ligeras de Cataluña. Participó activamente en la campaña contra Portugal en 1762, y tras abandonar las armas en 1770 regresó a la vida civil para dedicarse de lleno a la historia y la literatura, afianzando una vocación que marcaría su trayectoria.

En ese periodo se asoció con Pablo de Olavide en un ambicioso programa ilustrado orientado a atraer población centroeuropea y repoblar la Sierra Morena. Ese mismo año dio a conocer su magna obra Historia del comercio y las artes de la antigua Barcelona, un compendio que entrelazaba datos históricos y análisis de la realidad urbana. Simultáneamente, asumió la tarea de reorganizar el Archivo del Real Patrimonio de Cataluña, una labor que buscaba ordenar las memorias institucionales y facilitar su consulta por parte de investigadores y administradores.

La carrera académica del insigne pensador dio un giro notable cuando ingresó en la Real Academia de la Historia en 1776 y, desde 1790, ocupó la plaza de secretario perpetuo. En ese periodo emergieron controversias con figuras como Gaspar Melchor de Jovellanos y Pedro Rodríguez de Campomanes, a las que respondió defendiendo la relevancia de los gremios como motor productivo y social frente a las corrientes que proponían su supresión para acelerar la modernización.

Como estudioso de la lengua española, Capmany dejó un registro sólido a través de obras que exploraron la filología y la retórica. Entre sus publicaciones destacan Discursos analíticos sobre la formación y perfección de las lenguas, Filosofía de la elocuencia y Teatro histórico-crítico de la elocuencia castellana, trabajos que muestran su empeño por entender el lenguaje en clave histórica. En un plano polémico, sostuvo la idea de que la lengua catalana tenía una presencia limitada en la República de las Letras, opinión que generó debate entre sus contemporáneos y críticos de su tiempo.

Durante los gobiernos de Manuel Godoy mantuvo una actitud relativamente apartada de la vida oficial, fiándolo todo a un conservadurismo que valoraba las tradiciones como defensa frente a las influencias procedentes de Francia. En 1808, cuando estalló la Guerra de la Independencia, publicó Centinela contra franceses y, refugiado en Cádiz, dirigió la Gazeta de la Regencia de España e Indias, tomando el mando informativo de la resistencia frente a la ocupación napoleónica.

Aunque defendía la unidad de España, Capmany veía con pragmatismo las dinámicas económicas: consideraba que la castellana era la columna estable de una nación, pero reconocía que la burguesía catalana aportaba un motor dinamic y creativo para la economía. En un intento por influir en esos sectores, buscó acercarse a círculos burgueses catalanes y participar de la vida económica de la región con una mirada integradora entre tradición y modernidad.

Su figura fue objeto de ataques por parte de Juan Pablo Forner, Antonio Alcalá Galiano y el conde de Toreno, a los que respondió con firmeza, calificándolos de vanidosos y de patriotas fingidos. En el debate público dejó clara su postura a favor de la continuidad institucional y la defensa de una tradición que encauzara las transformaciones políticas de su tiempo, aun cuando la crítica le exigiera mayores concesiones a la modernidad.

Capmany fue elegido diputado por el Principado de Cataluña para las Cortes de Cádiz, desempeñándose como liberal moderado y formando parte de comisiones decisivas para la configuración del marco constitucional. Junto a Agustín Argüelles y Jaime Creus Martí, integró una junta especial de inspección para aprobar el proyecto constitucional y se impulsó la creación de un Diario de Sesiones. Además integró la comisión de once diputados para la libertad de imprenta y la comisión de doce para definir el reglamento interno de las Cortes. Fue él quien impulsó la idea de colocar una lápida conmemorativa en la plaza principal de cada localidad para celebrar la promulgación de la Constitución.

En 1811 propuso declarar el 2 de mayo como fiesta nacional para honrar a los caídos y para recordar el inicio de la libertad. Defendió la libertad de imprenta y, junto a dos colegas catalanes, José de Espiga y Utgés, se situó entre los pocos catalanes que votaron la abolition de la Inquisición durante las Cortes de Cádiz, un hito en la modernización del sistema judicial de la época.

Volvió a servir como diputado suplente por Cataluña en las Cortes Ordinarias de 1813, pero una epidemia truncó su vida en Cádiz ese mismo año. Sus cenizas regresaron a Barcelona en 1857, y su retrato fue colocado en la Galería de Catalanes Ilustres en 1871; sin embargo, como recordó el novelista Joan Perucho, el destino de sus restos permanece envuelto en incertidumbre y sin localización definitiva.

La obra de Capmany es amplia y heterogénea, abarcando desde estudios filológicos hasta memorias históricas sobre Barcelona y Madrid. Su escritura dejó una impronta de curiosidad interdisciplinaria que, a la postre, enriqueció la memoria colectiva de la época y abrió rutas para la investigación en campos tan diversos como la economía, la historia y la lengua.

Obras

Entre sus publicaciones destaca una trayectoria diversa que abarca desde la lingüística hasta una historia social de Barcelona y Madrid. A continuación se citan títulos representativos:

  • Memòries de la indústria i comerç de Barcelona al segle XVIII.
  • Discursos analíticos sobre la formación y perfección de las lenguas (1776)
  • Filosofía de la elocuencia (1777)
  • Discurso económico-político en defensa del trabajo mecánico de los menestrales y de la influencia de sus gremios en las costumbres populares, conservación de las artes y honra de los artesanos (1778)
  • Memorias históricas sobre la marina, comercio, y artes de la antigua ciudad de Barcelona (4 vols 1779-1792)
  • Código de las costumbres marítimas de Barcelona (1783). Donde reproduce el Libro del Consulado del Mar de Barcelona.
  • Teatro histórico-critico de la elocuencia Española (1786)
  • Ordenanzas de las armadas navales de la Corona de Aragón (1787)
  • Cuestiones críticas sobre varios puntos de historia económica, política, y militar (1807)
  • Centinela contra franceses (1808)
  • Origen histórico y etimológico de las Calles de Madrid (edición póstuma en 1863)
  • Apología de las fiestas públicas de toros (edición póstuma en 1815)

Imágenes de Antonio de Capmany