Antonio de Ulloa
| Nombre completo | Antonio de Ulloa |
|---|---|
| Nombre nativo | Antonio de Ulloa |
| Descripción | Naturalista, militar y escritor español |
| Fecha de nacimiento | 12-01-1716 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 05-07-1795 |
| Nacionalidad | Reino de España (1700-1873) |
| Ocupaciones | naturalista, escritor, militar, astrónomo |
| Grupos | Royal Society, Real Academia de las Ciencias de Suecia, Academia Prusiana de las Ciencias, Orden de Santiago, Academia de Ciencias de Francia |
| Idiomas | español |
| Hermanos | Martín de Ulloa y de la Torre-Guiral |
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Antonio de Ulloa y de la Torre-Guiral nació en Sevilla el 12 de enero de 1716 y falleció en la Isla de León el 5 de julio de 1795. Su vida fue un crisol de vineyardas: naturalista, militar y escritor que entrelazó la defensa y la administración con la curiosidad científica. Su labor dejó huella en la geografía, la mineralogía y la cartografía, y su nombre quedó asociado a investigaciones sobre el platino y a campañas navales de gran alcance en el Atlántico y el Pacífico. Su trayectoria combinó servicio imperial, viajes largos y una intensa producción intelectual que aún se estudia en las universidades y archivos iberoamericanos.
Antonio de Ulloa y de la Torre-Guiral nació en Sevilla el 12 de enero de 1716 y falleció en la Isla de León el 5 de julio de 1795. Su vida fue un crisol de vineyardas: naturalista, militar y escritor que entrelazó la defensa y la administración con la curiosidad científica. Su labor dejó huella en la geografía, la mineralogía y la cartografía, y su nombre quedó asociado a investigaciones sobre el platino y a campañas navales de gran alcance en el Atlántico y el Pacífico. Su trayectoria combinó servicio imperial, viajes largos y una intensa producción intelectual que aún se estudia en las universidades y archivos iberoamericanos.
Familia
El linaje Ulloa procede de la comarca de Toro, en la provincia de Zamora, y se asentó en Sevilla hacia finales del siglo XV. En la década de 1560, Esteban de Ulloa obtuvo el cargo de caballero veinticuatro, lo que convirtió a él y a sus descendientes en regidores de la ciudad andaluza. Con el paso de los años, la familia consolidó una presencia notable en la vida mercantil y académica de la época. Bernardo de Ulloa, un notable economista defensor del libre comercio, gestionó operaciones industriales vinculadas a fábricas de jabón y ejerció como caballero veinticuatro desde 1705, además de gozar de la gracia de gentilhombre de boca por apoyar al monarca Felipe V en el cabildo local.
En 1713 Bernardo contrajo matrimonio en la parroquia de San Miguel con Josefa de la Torre Guiral, de origen acomodado en Palomares del Río, y la pareja engendró diez hijos. Su primogénito, Martín de Ulloa, nació en 1714 y brilló en la vida académica y administrativa de la España de la Ilustración, ocupando cargos como académico de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia Española, y destacando en la gobernación de La Habana y en la Audiencia de Sevilla. Su hijo mayor heredó un prestigio que la familia convirtió en una senda de servicio público y ciencia. El segundo de los vástagos fue el almirante Antonio de Ulloa, figura central de la biografía que nos ocupa. Otros hijos siguieron trayectorias diversas, desde el clero hasta el ejército y la ingeniería, cada uno introduciendo a su modo aportes a la vida colonial y militar de la Monarquía Hispánica.
La casa familiar cultivó una piedad profunda: varios de los hijos ingresaron en órdenes religiosas o siguieron carreras que combinaron la devoción con la disciplina militar. Dos de ellos se integraron en el Cuerpo de Infantería del Ejército, otro tomó el camino de la Marina, y otros optaron por la vida monástica o por vocaciones técnicas. Asimismo, una hija se unió a una comunidad religiosa femenina y otra a un convento de clausura; la vida cotidiana de la familia se vertebró en torno a la fe, la educación y la cultura ilustrada.
Biografía
El inicio de Ulloa transcurrió en Sevilla: nació en la primera década del siglo XVIII y fue bautizado en la parroquia de San Vicente pocos días después. Su educación inicial transcurrió bajo la tutela de maestros particulares que le brindaron una formación sólida para la época. Uno de sus primeros maestros fue un fraile profesor del Colegios de Santo Tomás, que impartía fundamentos de derecho y, al mismo tiempo, ciencia matemática y astronómica. Estas enseñanzas tempranas sentaron las bases para su latera trayectoria en la marina y la investigación.
Con la creación de la Armada Real por mandato de la Corona en 1714, se abrió un camino para la profesionalización de los oficiales. En ese marco, la Real Compañía de Guardiamarinas se constituyó en Cádiz en 1717 para proveer de oficiales a la nueva estructura naval. Las condiciones de ingreso exigían ser hidalgo o hijo de capitán y, además, la edad entre catorce y dieciséis años, así como buena salud. En la práctica, las plazas eran escasas y la competencia, elevada. La apuesta familiar de buscar la educación naval para Ulloa pasó por distintas etapas, desde la vida en la ciudad natal hasta el intento de ingresar a la academia en el extranjero o en el Caribe, siempre buscando la forma de permitirle formar parte de la Armada.
Durante los años de juventud, Ulloa conoció de cerca la logística y la cartografía naval que serían claves en su carrera. Aunque en 1730 intentó ingresar a la academia de guardiamarinas con catorce años, no consiguió acceso en aquel momento; se comentó que su salud podría haber influido o que la documentación de hidalguía no estaba aún disponible. En lugar de desistir, su familia procuró que ganara experiencia práctica en la Flota de Tierra Firme, como forma de acercarlo a la vida marítima y mejorar su estado físico. Con el tiempo, estas decisiones resultaron decisivas para su formación y sus futuras misiones.
En la ruta de su formación se sucedieron guardias, travesías y aprendizajes. El joven Ulloa se embarcó en el galeón San Luis para incorporar conocimientos que lo capacitaran para el ejercicio de la corsografía y la navegación de altura. En los siguientes años, recibió instrucciones prácticas que, en la práctica, consolidaron su vocación marina y científica. A lo largo de los meses y las campañas siguientes, su preparación se orientó hacia la articulación entre la ciencia y el servicio imperial, una línea que caracterizaría toda su carrera.
Campaña de Nápoles
La trama formativa de Ulloa se enriqueció cuando, en el curso de la década de 1730, el ministro José Patiño organizó una escuadra para operar frente a Italia. La expedición reunía una flotilla de combate y un conjunto de buques mercantes, con la finalidad de intervenir en el punto estratégico del Mediterráneo. En ese marco, Ulloa integró una de las naves bajo el mando de oficiales de mayor rango y participó en la coordinación de movimientos entre diferentes unidades. Esta etapa fortaleció su experiencia en maniobras combinadas y en la planificación de operaciones navales de gran envergadura.
Durante esa campaña se consolidó la cooperación entre marinos de distintas regiones peninsulares y gallegas. El esfuerzo conjunto implicó la entrada en combate y la ejecución de tácticas que luego influyeron en las prácticas españolas en el Atlántico y en el mar Mediterráneo. Ulloa observó de primera mano la necesidad de una inteligencia estratégica y de una logística que sustentara las acciones bélicas, además de la vigilancia de rutas comerciales y la protección de convoyes.
La expedición geodésica
En 1733 se gestó una controversia en la Academia de Ciencias de Francia entre quienes defendían la idea de una tierra achatada en los polos y quienes sostenían la teoría contraria. A partir de ese debate, surgió la posibilidad de iniciar mediciones geodésicas en América para esclarecer la forma de la Tierra. A petición del poder francés, se evaluó la participación de españoles en una empresa que buscaba trazar la figura terrestre mediante observaciones y mapas. El plan recibió aprobación real en 1734 y condujo a la selección de dos jóvenes guardiamarinas españoles para integrarse a una misión conjunta con científicos franceses.
Jorge Juan y Antonio de Ulloa fueron elegidos como representantes hispanos; a Ulloa se le otorgó el rango de teniente de navío. Junto a destacadas figuras francesas y un equipo botánico de renombre, la expedición recorrió rutas desde Cádiz hasta las costas americanas, reuniéndose con científicos y técnicos extranjeros que aportarían a la empresa de medir y cartografiar. Este viaje marcó un hito en la historia de la geodesia y de la cooperación científica intranacional.
El periplo dio lugar a una serie de observaciones astronómicas, mediciones de longitudes y esfuerzos por compartir saberes entre naciones. A su regreso, Ulloa y sus colegas difundieron las conclusiones de la expedición y, a través de publicaciones conjuntas, contribuyeron a la difusión de materiales sobre la Tierra, la navegación y la cartografía en varias lenguas. Este periodo consolidó la reputación de Ulloa como figura clave en la intersección de la ciencia y la estrategia naval.
Misión por Europa
Con el apoyo de figuras administrativas como el marqués de la Ensenada, se trazó un itinerario de aprendizaje y observación que llevó a Ulloa a recorrer numerosas ciudades europeas para estudiar avances navales y técnicas de ingeniería. En París y otras capitales se aproximó al funcionamiento de instituciones científicas y a las instalaciones de observación que podían enriquecer el conocimiento de España sobre navegación, mapas y arsenales. La estancia permitió revisar bibliografía, intercambiar ideas con científicos destacados y planificar futuros proyectos para el desarrollo de la Armada española.
Durante su permanencia en diversas ciudades, Ulloa quiso entender mejor la organización de academias, bibliotecas y laboratorios, y se dedicó a estudiar métodos de observación, instrumentos y procedimientos que pudieran ser traducidos a los contextos ibéricos. En ese periodo también trabajó para evitar la difusión de ciertos mapas sensibles y para asegurar que las publicaciones sobre Quito, Esmeraldas y otros territorios se gestionaran con discreción cuando fue necesario.
En la ruta europea se cruzaron reuniones, visitas a talleres de construcción naval y encuentros con autoridades científicas de renombre. Ulloa aprovechó estos intercambios para adelantar contactos que facilitaran la llegada de libros y planos útiles para España, y para consolidar una red de apoyo que financiara y respaldara las misiones de formación de oficiales y técnicos en América.
Canal de Castilla
Desde París, Ulloa impulsó una iniciativa ambiciosa para conectar ciertos ríos y facilitar la navegación entre los reinos de Castilla y León. El plan, elaborado con rigor por el ingeniero Carlos Lemaur, se fue desplegando entre informes, visitas técnicas y estudios de campo que permitieron clarificar la viabilidad de la obra. El proyecto general, conocido como los Canales de Navegación y de Regadío para esos territorios, recibió la aprobación de los gobernantes y fue detalladamente analizado por el propio Ulloa y su equipo. El Ramal de Campos fue la primera sección que se concluyó, marcando un hito en la ingeniería hidráulica de la época.
Con el tiempo, el cansancio político y las sucesivas crisis forzaron cambios en la dirección de la empresa. Ulloa desistió de continuar como director técnico y cedió el timón para que otros siguieran adelante con el plan, manteniendo, no obstante, su interés en la modernización de las infraestructuras y en la mejora de las técnicas de extracción de agua y de navegación.
Real Casa de la Geografía y Gabinete de Historia Natural
En 1752 Ulloa planteó la creación de una institución dedicada a la geografía, la mineralogía y la historia natural en Madrid, concebida como un centro de recopilación de datos, muestras y mapas de los territorios españoles. La idea tuvo aceptación y dio la base para una estructura que, con el tiempo, reuniría colecciones de minerales, instrumentos y obras sobre las colonias. Bajo su dirección, se articuló un equipo de investigación que incluía a su asistente y a marinos especialistas, y se planificó un laboratorio para estudiar metales como el platino y otros minerales traídos de América. La institución se convirtió en precursor de lo que más tarde sería el Real Jardín Botánico de Madrid y, en general, de las infraestructuras museísticas y de investigación de la Monarquía.
En años posteriores, el Real Gabinete de Historia Natural continuó ampliando su colección y su labor editorial, sirviendo como un polo de difusión científica para España y sus dominios. La trayectoria institucional de Ulloa en este ámbito fue clave para posicionar a la Corona entre las naciones ilustradas que promovían el conocimiento experimental y la publicación de resultados.
Otras labores
La vida pública de Ulloa coincidió con momentos de tensión minera y de reorganización administrativa. En Almadén, un incendio devastó las minas de mercurio, lo que obligó a buscar proveedores lejanos para mantener la industria minera. Ulloa asumió la responsabilidad de optimizar la producción y de asegurar el suministro, reforzando la gestión y la logística de la industria. Este periodo mostró su capacidad para coordinar recursos y resolver crisis industriales de gran magnitud.
Desde la década de 1750, Ulloa estuvo vinculado a la Real Junta General de Comercio y a otros foros estratégicos que reunían a funcionarios y empresarios para debatir políticas económicas y de navegación. Sus aportes en estas materias contribuyeron a sentar las bases de una economía marítima más estructurada y a la consolidación de una red de apoyo institucional para las campañas atlánticas y americanas.
Cargos en la Compañía de Guardiamarinas
La trayectoria de Ulloa en la formación profesional de la juventud naval se cruzó con la de Jorge Juan, quien ocupaba posiciones de liderazgo dentro de la Compañía de Guardiamarinas. Ambos construyeron una cooperación mutua que consolidó las bases de una generación de oficiales que combinaron conocimientos prácticos y teóricos. En ese marco, Ulloa recibió la designación de alférez y, poco después, fue ascendido a teniente dentro de la institución, consolidando su posición como un líder emergente de la marina española.
La simbiosis entre Ulloa y Juan apuntaló las capacidades de la guardiamarina y se fortaleció con años de servicio conjunto, incluyendo campañas y misiones que exigían coordinación entre distintas dependencias de la Armada. Este periodo de su carrera dejó huellas en la gestión de recursos humanos, la disciplina y la formación de técnicos capaces de intervenir en la defensa y en la exploración científica de ultramar.
Comenador de Ocaña de la Orden de Santiago
En el verano de 1757 recibió la dignidad de caballero de la Orden de Santiago y se le asignó la encomienda de Ocaña. Más tarde, en una ceremonia de 1761, se le investió como comendador de la misma encomienda, tras completar las formalidades exigidas por la casa de la Orden. Estas distinciones reflejan el reconocimiento de su trayectoria y de su capacidad para compaginar la vida militar con la labor intelectual y administrativa.
Un historiador ha señalado que, a veces, las fuentes señalan encomiendas fuera de la línea principal de la Orden, pero no todas las atribuciones son compatibles con las reglas de adhesión, por lo que algunas notas deben interpretarse con precaución. Aun así, la figura de Ulloa quedó consolidada por estas distinciones, que se sumaron a otros roles honoríficos y a su participación en proyectos científicos y técnicos de gran alcance.
Gobernador y superintendente de minas en Huancavelica
En agosto de 1757 recibió la designación de gobernador de Huancavelica, en el virreinato del Perú, y de responsable de las minas de mercurio de la región. Para evitar viajes largos, se acordó que tomara posesión en Cádiz, antes de dirigirse a su destino definitivo. Desde ese momento, Ulloa se ocupó de organizar la administración de las minas, de supervisar su calidad y de gestionar recursos para su operación, enfrentando la complejidad de un territorio recién incorporado y las tensiones propias de una administración colonial.
Su llegada a Huancavelica marcó un capítulo de implementación de técnicas mineras y de optimización de la producción de azogue, frente a desafíos técnicos y a la necesidad de adaptar prácticas antiquísimas a métodos más modernos. Acompañaron su labor un conjunto de técnicos y oficiales que, bajo su mando, buscaron mejorar la seguridad de las minas, la calidad del mineral extraído y la eficiencia de la labor minera en toda la cuenca.
En 1764, tras un periodo de tensiones y disputas, Ulloa presentó su renuncia, que fue aceptada, y se dispuso su traslado temporal a La Habana para rendir cuentas ante autoridades de la Corona. El proceso de salida fue complejo y estuvo cargado de reclamaciones y acuerdos que, finalmente, permitieron su retorno a las rutas marinas del Atlántico y a su familia.
En Cuba
La llegada a La Habana en 1765 supuso un nuevo escenario para Ulloa, marcado por la melancolía y por el reto de reorientar su vida ante un entorno caribeño. Sin embargo, la cercanía con otros militares y con familias que habían llegado para reforzar las defensas locales facilitó su recuperación y le permitió estrechar lazos de amistad con destacadas familias militares. En el plano intelectual, aprovechó la estancia para redactar un tratado sobre la organización de Correos entre España y el virreinato peruano, proponiendo rutas y sistemas para optimizar la distribución de la información.
Durante su permanencia ampliada en La Habana, Ulloa también estudió y comentó sobre rutas postales que podrían conectarse con Montevideo, Buenos Aires y otros puertos del Atlántico sur. Estas ideas, junto con los informes sobre puertos y puentes marítimos, formaron parte de un corpus de trabajo que trató de armonizar la conectividad entre los virreinatos y las plazas europeas, con una mirada puesta en la eficiencia de la comunicación imperial.
Gobernador de Luisiana
Concluida la etapa cubana, la Corona menudiana asignó a Ulloa un nuevo encargo: gobernar Luisiana, territorio adquirido como fruto de acuerdos entre Francia y España tras la Guerra de los Siete Años. En 1766 recibió la noticia de su nombramiento y, tras un periodo de recuperación física, se trasladó al territorio para ejercer la gobernación y supervisar un ambicioso programa de saneamiento y desarrollo. El primer paso fue garantizar la llegada de mano de obra cubana para trabajos de saneamiento y de infraestructura, además de establecer un presupuesto para pagar a esos trabajadores.
El marco institucional de Luisiana exigía mantener un órgano superior distinto del Consejo de Indias, con un régimen propio que regulaba el comercio y la administración de puertos. Aunque la ciudad de Nueva Orleans resultaba el centro de operaciones, el control de los flujos comerciales generó conflictos entre comerciantes locales y autoridades españolas, que conocían la fragilidad de un territorio recién incorporado y las tensiones entre intereses europeos en un marco de colonialismo. Ulloa defendió la facultad de gestionar internamente ciertos asuntos para evitar conflictos institucionales, al tiempo que insistía en mantener acuerdos comerciales directos con Francia y Gran Bretaña, siempre dentro de la legalidad y de las normas de circulación de la época.
La convivencia en Luisiana no estuvo exenta de tensiones. Los habitantes, en particular, reclamaron mayor autonomía y reevaluaron la transferencia de soberanía entre Francia y España. La dinámica social y política llevó a que el propio Ulloa se viera obligado a defender medidas que parecían favorables a la Corona y, al mismo tiempo, sensibles a las demandas de los residentes. En un periodo de crisis, el gobernador intentó equilibrar los intereses de la metrópoli con las necesidades y aspiraciones de una población que buscaba una identidad propia dentro del imperio.
De nuevo en Cádiz y Sevilla
A fines de la década de 1760, Ulloa regresó a la península y se instaló en Cádiz junto a su esposa. En este periodo volvió a ejercitar funciones de mando y administración, y recibió el ascenso a jefe de escuadra en reconocimiento a sus servicios y a su prolongada dedicación a la marina y a la ciencia. Entre sus tareas se contaban la dirección de obras y la supervisión de proyectos de defensa, así como la participación en debates sobre estrategias navales y políticas marítimas de la Corona.
La producción intelectual de Ulloa se aceleró durante estos años: compiló y publicó obras sobre la Marina y las costumbres de distintas regiones, además de conservar memorias que describían el estado de San Fernando y otras ciudades. Sus escritos se difundieron en distintos formatos y, después, serían recopilados en editoriales y archivos que permitieron a las generaciones siguientes asimilar sus ideas sobre navegación, meteorología y geografía.
Con la Flota de Nueva España
En 1776 fue nombrado comandante de la Flota de Nueva España, y, por entonces, atendía a la supervisión de las naves Dragón y España, asegurando su estado y su adecuada dotación. La Flota de Nueva España dejó Cádiz en mayo de ese año con un plan de rutas que buscaba optimizar el comercio y la defensa de las rutas marítimas de ultramar. El cambio de modelo, de la flota a navíos sueltos, marcó una transición importante en la estrategia naval de la Corona para las colonias americanas.
La rigurosa labor de Ulloa en este periodo consistió en coordinar la instalación de una matrícula de mar en la península y en América, una medida destinada a dotar a las tropas de un sistema de reclutamiento y movilización más eficiente. La innovación tuvo resultados prácticos, y en 1777 se extendió a Veracruz y San Blas, consolidando un método útil para la defensa y el desarrollo de las embarcaciones y sus tripulaciones.
Guerra contra Gran Bretaña
En el marco de la contienda entre España y Gran Bretaña, Ulloa volvió a la acción naval al frente de una escuadra que partió desde Cádiz para unirse a fuerzas francesas y dirigirse hacia las islas Sisargas para un esfuerzo conjunto. Se desempeñó como segundo al mando de la flota aliada y, en un momento clave, recibió la orden de separarse de la columna principal para cubrir el flanco occidental de las Azores y proteger a los barcos españoles de ataques. La misión exigió maniobrar entre fuerzas británicas y francesas, mantener la cohesión de la flota y responder con rapidez a incidentes en ruta.
Durante una serie de encuentros, Ulloa y sus hombres lograron mantener la iniciativa en el mar y, a pesar de encontronazos y temporales, continuaron la marcha hacia el Atlántico. En un momento de la campaña, una tormenta dispersó las unidades y provocó la separación entre buques, con consecuencias estratégicas para las operaciones aliadas. Aun así, Ulloa logró recomponer la zona y mantener la integridad de la fuerza de combate, recuperando posiciones y asegurando el objetivo general de la misión.
En una coyuntura posterior, una otra tempestad obligó a reorganizar la escuadra, y la nave Santa Mónica fue llevada por el destino a un puerto distinto, mientras que la fragata Santa Inés quedó fuera de la acción ante una captura enemiga. El resto del grupo evitó mayores daños y logró continuar la navegación. La campaña encontró un nuevo rumbo cuando Ulloa, junto a sus compañeros, retornó hacia la península para informar de las pérdidas y de las victorias parciales.
El viaje siguió con nuevas incidencias: otra tormenta separó buques y obligó a buscar rutas alternativas. A pesar de las adversidades, la expedición consiguió regresar a Cádiz y, poco después, Ulloa recibió el reconocimiento de sus superiores por su capacidad para mantener la disciplina, la disciplina y la cohesión de la flota ante condiciones extremas. Posteriormente, fue llamado a Madrid para presentarse ante las autoridades sobre el desarrollo de la campaña.
Puesta en cuestión
La actuación de Ulloa durante la misión de los Azores dio lugar a un proceso de revisión formal, que incluyó comisiones y juntas de departamento. En un periodo de tensiones y evaluaciones, fue sometido a un consejo de guerra para valorar su conducta. La acusación recayó sobre temas como la demora en atacar a los británicos, la pérdida de una unidad y la captura de una nave que escapó.
El proceso culminó con la absolución de Ulloa y de su compañero, y, poco tiempo después, el caso pasó al Consejo Supremo de Guerra para una revisión adicional. En febrero de 1782, el alto órgano confirmó la inocencia de los dos marinos. Este episodio quedó como una mancha superada en una carrera dedicada a la ciencia, la defensa y la gestión de recursos. En ese contexto, Ulloa escribió una memoria para defender su honor y documentar con rigor los hechos, un texto que hoy forma parte del archivo histórico de la Universidad de Sevilla.
Últimos años
Con el paso de los años, Ulloa centró su actividad en labores administrativas dentro del Departamento Marítimo, con la Isla de León como base de operaciones desde 1769 y con la residencia de los generales de la Armada como referencia en 1789. En 1785 inició la redacción de una memoria destinada a orientar a sus hijos y a las nuevas generaciones de oficiales, una obra de carácter didáctico y moral. Entre 1788 y 1789 ejerció brevemente como capitán general de la Armada, cargo que se reconfiguró a raíz de cambios en la estructura colonial y administrativa.
El 1 de febrero de 1794, Francisco Javier Everardo-Tilly fue nombrado capitán general de la Armada, si bien, por una indisposición, Ulloa asumió ese cometido temporalmente. En 1795 dejó constancia de sus ideas y experiencias en una obra de conversaciones con sus hijos, centrada en la vida marina y en las prácticas de navegación, que se convirtió en un testimonio útil para las nuevas generaciones. Ese mismo año, el autor falleció de pulmonía el 5 de julio.
En torno a su sepultura se tejió una cuestión de lugar definitivo: se acordó enterrarlo en una iglesia castrense de la isla, aunque los hallazgos posteriores señalaron que la lápida podría no conservar restos. Las autoridades decidieron colocar una placa conmemorativa en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando para asegurar que su memoria perdurara entre las generaciones futuras.
Matrimonio y descendencia
En 1766 contrajo matrimonio con Francisca Remírez de Laredo y Encalada, perteneciente a una familia noble vinculada al Condado de San Javier y a la Casa Laredo. Su primer hijo, Josefa María, nació en Nueva Orleans, y la segunda, María de las Mercedes, en La Habana. En 1769 la familia se trasladó a Cádiz, consolidando un domicilio permanente en la metrópoli. Sus hijos se llamaron Josefa María, María de las Mercedes, Bernardo, Buenaventura, Antonio y Francisco Javier, entre otros. Entre la descendencia se destacó Francisco Javier Ulloa, que llegaría a ocupar cargos relevantes en la Armada y participaría en la historia naval de España. Otros hijos continuaron la estela de la vocación militar y de servicio público, y algunos fueron figuras destacadas en la defensa y la diplomacia de la Corona.
- Josefa María
- María de las Mercedes
- Bernardo
- Buenaventura
- Antonio
- Francisco Javier Ulloa
- Martín José
- José María
- María del Carmen Concepción
La línea familiar dejó una herencia cultural y profesional significativa, con miembros que se destacaron en la marina, la administración colonial y las artes. En los archivos históricos quedan constancias de su influencia en las estructuras de poder, en la educación naval, en la edición de obras geográficas y en la manera en que se pensaba la relación entre Europa y América durante el siglo XVIII.
Su biblioteca personal
La colección de Ulloa atravesó diversas etapas de dispersión y conservación familiar, con una parte que permaneció hasta mediados del siglo XX y otra que encontró su lugar en bibliotecas académicas. Una porción de sus volúmenes terminó en el Convento de San Acacio y, con el tiempo, ingresó al legado de la Universidad de Sevilla. La biblioteca que se conserva en la actualidad contiene obras de gran valor para la historia de la ciencia y de la navegación, entre las que se cuentan textos clásicos y modernos de distintas jurisdicciones y épocas.
Entre los volúmenes conservados figuran títulos clásicos de historia natural, astronomía, geografía y filosofía de la técnica, así como colecciones que hoy se estudian como fuentes históricas para comprender las aportaciones de Ulloa al saber científico y a la cultura marítima hispana. La herencia bibliográfica de Ulloa continúa siendo objeto de estudio en las bibliotecas de España y de América, donde se reconocen su curiosidad intelectual y su labor como disseminador de conocimiento.
Homenajes
En 2013 la Universidad de Sevilla inauguró el Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación, al que se dio el nombre de Antonio de Ulloa, con un conjunto de aulas y una biblioteca de aproximadamente sesenta mil volúmenes de física, química y biología. Este centro se convirtió en un símbolo de la fecundidad de su legado y de la continuidad entre su curiosidad científica y la actividad académica contemporánea.
En 2016 Correos de España emitió un sello conmemorativo en honor a la figura de Ulloa, destacando su papel en la historia de la ciencia y la exploración, y subrayando su contribución a la memoria colectiva del país. Este reconocimiento reciente refuerza la importancia histórica de su vida y de sus logros en el ámbito marítimo y científico.
En la ficción
- El nombre de Ulloa aparece de manera destacada en un videojuego de acción y aventuras que incorpora figuras históricas como parte de su desarrollo narrativo.