Antonio de Zamora
| Nombre completo | Antonio de Zamora |
|---|---|
| Descripción | Dramaturgo español |
| Fecha de nacimiento | 01-11-1660 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 07-12-1727 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | dramaturgo, escritor, poeta |
| Idiomas | español |
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Antonio de Zamora, nacido en Madrid el 1 de noviembre de 1660 y fallecido en Ocaña el 7 de diciembre de 1727, fue un dramaturgo español que emergió en el último tramo del siglo XVII y cuyas piezas, tras décadas de olvido, han sido revalorizadas por la crítica reciente. Su trayectoria combina servicio a la Corona, labor administrativa y una obra teatral que dialoga con el Barroco y con un incipiente gusto popular. En estas líneas se entrelazan su formación, sus títulos y sus compañías, así como el legado que dejó en el teatro de su tiempo.
Antonio de Zamora, nacido en Madrid el 1 de noviembre de 1660 y fallecido en Ocaña el 7 de diciembre de 1727, fue un dramaturgo español que emergió en el último tramo del siglo XVII y cuyas piezas, tras décadas de olvido, han sido revalorizadas por la crítica reciente. Su trayectoria combina servicio a la Corona, labor administrativa y una obra teatral que dialoga con el Barroco y con un incipiente gusto popular. En estas líneas se entrelazan su formación, sus títulos y sus compañías, así como el legado que dejó en el teatro de su tiempo.
Biografía
Procedía de una familia de nobleza menuda que había caído en cierta desdicha social; su padre, Manuel de Zamora Hita, y su madre, Ana María de Cuterillo Gallo, eran oriundos de la capital. En medio de una asamblea de catorce hermanos, Antonio encontró medios para acceder a la educación formal y siguió sus estudios en instituciones jesuitas de Madrid, primero en el Colegio Imperial y más tarde en el Colegio Mayor de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá de Henares, una etapa decisiva para aspirar a un cargo en la administración real. En aquel periodo comenzó a escribir versos para academias y tertulias, lo que le abrió el camino hacia la dramaturgia.
En 1684 ingresó como meritorio en el Consejo de Indias, marcando el inicio de una carrera ligada a las funciones de gobierno y a la cultura de la corte. Sus primeros años de trabajo le permitieron cultivar amistades entre dramaturgos y músicos, y esa red de contactos fue decisiva para su eventual consolidación como autor oficial de la realeza. A partir de entonces combinó sus encargos administrativos con la creación poética y teatral, uniendo la versificación de academias con la dramaturgia que ya mostraba signos de madurez.
Durante los carnavales de 1687 presentó la que hoy se conserva como su primera pieza dramática conservada, una comedia de figurón titulada Don Domingo de don Blas, o no hay mal que por bien no venga. La obra, cargada de humor y de una crítica social velada, fue objeto de un mitin escénico en el marco de una academia donde Zamora mostraba su dominio de la escena y de la sátira. A partir de este estreno inicial, su nombre empezó a asociarse con una dramaturgia que traía el barroco a un terreno más accesible para el público.
Ya en 1689 ejercía como oficial de la Secretaría de Indias en la sección de Nueva España. En esa época entabló una sólida amistad con el compositor Francisco Bances Candamo, con quien mantuvo una relación laboral y afectiva que fortaleció su posición en la corte. En 1694, además de su labor diplomática y cultural, fue nombrado poeta oficial de la Corte, tomaría el relevo de Bances Candamo en esa función y continuaría con la tradición de compaginar la creación poética con las tareas administrativas.
El Ayuntamiento de Madrid le encomendó también la gestación de inscripciones para el catafalco dedicado al rey, y compuso la obra Fúnebre numerosa descripción de estas Exequias, un largo poema en verso que homenajeaba a la coronación y la memoria del monarca. En ese marco ceremonial, Zamora dejó constancia de su habilidad para el verso ceremonial y para la composición de piezas que acompañaran las exequias reales, consolidando su reputación como autor capaz de navegar entre lo poético y lo político.
Con el tiempo fue llamado a escribir para las ceremonias de mayor relieve, como las honras del príncipe heredero de Francia, Luis de Borbón, padre de Felipe V. En 1711, para ese acontecimiento dinástico, redactó nuevos textos de tipo jeroglífico que se integraron al conjunto con el que la corte celebraba las alianzas entre casas reales y su proyección en la escena pública. Este encargo muestra su cercanía a las altas esferas de poder y su capacidad para adaptar su estilo a momentos de trascendencia histórica.
En la esfera teatral, Zamora se convirtió en un renovador de la tradición barroca, dedicado principalmente a rehacer obras del periodo anterior, especialmente de Pedro Calderón de la Barca, a las que supo dar una cadencia interior y una retórica fiel a la escuela calderoniana. Su labor consistió en refundir y actualizar textos previos para adaptarlos a las exigencias de su tiempo, conservando la dignidad de la métrica y el pulso dramático sin perder la claridad del argumento. Esta labor de “refundición” le ganó la consideración de intérprete experto del barroco español, capaz de extraer de Calderón lo que seguía teniendo actualidad para el público de su siglo.
Durante la Guerra de Sucesión se inclinó abiertamente por los Borbones, lo que le obligó a ocultarse en ciertos momentos ante las autoridades prohabsburgo. Su entrega a Felipe V se manifestó en una celebración teatral que combinaba la dramaturgia con la pompa real, y que sirvió para reforzar el felipismo en la corte madrileña. En esas celebraciones, su creación escénica adoptó un tono festivo y de reconocimiento a la nueva dinastía, sin dejar de lado la hondura de su crítica social cuando el argumento lo requería.
Entre las obras que sellaron su prestigio se cuenta el auto sacramental El pleito matrimonial del cuerpo y el alma (1701), concebido para celebrar la llegada de Felipe V y que toma distancia de la tradición barroca anterior para abrazar un marco simbólico más claro para el público de la época. escribió un romance heroico, Epinicio métrico, Prosphonema numeroso, que acompañó esa efeméride con un tono épico y laudatorio. En el terreno de la zarzuela, compuso Todo lo vence el amor, puesta en escena en el Coliseo del Buen Retiro y acompañada por la música de Antonio de Literes, que expandía su interés por las escenas musicales y el diálogo entre texto y música.
La obra Angélica y Medoro, descrita como drama musical, se presentó para otro episodio de la vida cortesana y consolidó su reputación como libretista capaz de entrelazar mito y emoción en una estructura escénica cohesionada. En 1722 llevó a las imprentas una colección de sus piezas bajo el título Comedias nuevas, un hito que agrupaba lo más destacado de su teatro. En esos textos se percibe su adhesión a la tradición calderoniana, a la vez que se vislumbra la anticipación de un lenguaje que se acercaba al gusto popular emergente y a la vía que luego tomaría Ramón de la Cruz.
Como dramaturgo, Zamora cultivó una variedad de géneros: comedias religiosas y de santos, piezas históricas y, sobre todo, comedias de figurón. Entre sus títulos más recordados figuran Judas Iscariote, El lucero de Madrid y divino labrador san Isidro, La honda de David, y las comedias de entresuelo que expusieron con humor la vida cotidiana de la gente y las costumbres de la ciudad. Su capacidad para dibujar imágenes de un Madrid que vibra entre solemnidad y juego lo sitúa entre los autores que conectaron el barroco con un público más amplio y curioso.
Sus comedias históricas abordan hechos y figuras del pasado, como Cada uno es linaje aparte o La doncella de Orleans, así como episodios de Tarifa o Tebas, siempre con un ojo puesto en la sátira social y en la defensa de una intriga bien construida. En el terreno del humor, destacan las comedia de figurón y, entre ellas, El hechizado por fuerza (1698), una de sus obras más famosas, donde el personaje Don Claudio sirve de espejo de una clase poderosa, cuya mezcla de vicios y pretensiones genera una red de engaños y enredos que desencadena la acción. La pieza se convirtió en un referente de su tiempo y estuvo en escena durante años, incluso inspirando la interpretación de Goya hacia fines del siglo XVIII.
La crítica ha subrayado su dominio de la sátira social y su modo claro de presentar la escena, heredero de la tradición barroca pero ya con una sensibilidad que anticipa una teatralidad más populista. En esa línea, su obra No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague y Convidado de piedra aborda la leyenda de Don Juan con un tono menos críptico que otros enfoques de la leyenda, marcando una transición hacia una dramaturgia más popular que se sostuvo en las fiestas de difuntos durante años antes de ceder el espacio a las voces posteriores de Zorrilla. Este rasgo de su producción se asocia con un deseo de acercar la escena a lo cotidiano, sin perder la precisión del artificio teatral que caracteriza al Barroco tardío.
Además del drama, Zamora incursionó en temas costumbristas y fantásticos, y su comedia de magia El mágico de Salerno obtuvo aceptación en su momento, ampliando su abanico temático hacia lo extraordinario y lo maravilloso. En la zarzuela fue un traductor de mitología en clave escénica, prefiriendo, en esas obras musicales, la atmósfera de los mitos para sostener la acción y el sentimiento del relato. Su trayectoria demuestra que entendió la escena como un espacio de síntesis entre lo ceremonial, lo lírico y lo cómico, capaz de sostenerse por sí sola y, a la vez, de dialogar con las audiencias de la corte y de la ciudad.
La edición de sus obras fue un hito posterior que consolidó su legado. En 1722 apareció la edición de Comedias nuevas, organizada para mostrar las piezas tal como se representaron en escenarios reales como el Coliseo del Buen Retiro y otros teatros reales de Madrid. Entre sus contenidos destacaban Todo lo vence el amor, Mazariegos y Monsalves, Los gurruminos, El hechizado por fuerza, Judas Iscariote, Las bofetadas, y otros títulos que atestiguan la amplitud de su repertorio. En 1744 se consolidó una serie de volúmenes con la continuación de esas colecciones y la inclusión de piezas como El demonio de la duda o La doncella de Orleans, fortaleciendo la imagen de Zamora como Autor de Comedias Nuevas y como puente entre el teatro del XVII y la comedia popular que emergía en el XVIII. Paralelamente, se preparó un segundo tomo en ese mismo año que recogía dramas como El hechizado por fuerza y otros títulos que analizaban la vida cotidiana y las pasiones humanas con un tono claro, directo y, a ratos, satírico.
Otra colección, Ameno jardín de comedias (1734), agrupó piezas destacadas que llevaban por título temas como Amor es quinto elemento, Con bellezas no hay venganzas y Con música y por amor, entre otros. Aquí Zamora mostró su destreza para construir escenas que alternaban la ternura, la ironía y la reflexión moral, siempre con un pulso rítmico que facilitaba la representación y el recuerdo. Un tercer volumen, Comedias..., t. I y t. II, aparecidos entre 1744 y 1744, recogió piezas como Todo lo vence el Amor, Viento es la dicha de amor, Duendes son alcahuetes y No hay deuda que no se pague, entre otros muchos títulos que muestran la amplitud de su teatralidad y la diversidad de sus enfoques.
Ediciones
- Comedias nuevas, con los mismos sainetes que se representaron en el Coliseo del Buen Retiro y en el Palacio Real de Madrid, 1722. Contiene: Todo lo vence el amor, Mazariegos y Monsalves, Los gurruminos, Los pares y nones, El hechizado por fuerza, El jarro, La Perinola, El Custodio de la Hungría, el pleito de la dueña y el rodrigón, Los toques de guerra, La doncella de Orleans, Los apodos, La gitanilla, Áspides hay basiliscos, El barquillero, El baratillo, Judas Iscariote, Las bofetadas, El cometa, Siempre hay que envidiar amando, Las gurruminas y El bobo de Coria.
- Comedias..., t. I, Madrid, 1744. Contiene Todo lo vence el Amor, Mazariegos y Monsalves, El hechizado por fuerza, La doncella de Orleans, Áspides hay basiliscos, Judas Iscariote, Por oír misa y dar cebada, nunca se perdió jornada y Siempre hay que envidiar amando.
- Ameno jardín de comedias, Madrid, 1734, contiene: Amor es quinto elemento, Con bellezas no hay venganzas, Con música y por amor, Desprecios vengan desprecios, Don Bruno de Calahorra, o el indiano perseguido, Matarse por no morirse, Muerte en amor es ausencia, La defensa de Tarifa y Blasón de los Guzmanes, La destrucción de Tebas, Vengar con el fuego el fuego y el fuego de Meleagro y Los esdrújulos.
- Comedias..., t. II, Madrid, 1744, contiene: Amar es saber vencer, y el arte contra el poder, Viento es la dicha de amor, Duendes son alcahuetes, y el Foleto, El lucero de Madrid, y divino labrador: san Isidro, No hay deuda que no se pague, y convidado de piedra, Cada uno es linaje aparte, Ser fino y no parecerlo.