Antonio Guevara Noroña
| Nombre completo | Antonio Guevara Noroña |
|---|---|
| Descripción | Obispo católico y escritor español |
| Fecha de nacimiento | 01-01-1480 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 30-11-1543 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | escritor, historiador, sacerdote católico, obispo católico |
| Idiomas | español |
| Hermanos | Fernando de Guevara |
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Antonio de Guevara Noroña nació aproximadamente en 1480 en Treceño y dejó de existir el 3 de abril de 1545 en Mondoñedo. Su existencia estuvo marcada por una doble vocación: la clerical y la intelectual, dentro de la orden de los Hermanos Menores de la Regular Observancia. Su obra y su presencia en la corte del Renacimiento lo convirtieron en una figura de gran popularidad, cuyas publicaciones se diseminaron por Europa y alimentaron el debate humanista durante siglos.
Antonio de Guevara Noroña nació aproximadamente en 1480 en Treceño y dejó de existir el 3 de abril de 1545 en Mondoñedo. Su existencia estuvo marcada por una doble vocación: la clerical y la intelectual, dentro de la orden de los Hermanos Menores de la Regular Observancia. Su obra y su presencia en la corte del Renacimiento lo convirtieron en una figura de gran popularidad, cuyas publicaciones se diseminaron por Europa y alimentaron el debate humanista durante siglos.
Biografía
Hijo de Juan Beltrán de Guevara, señor de Escalante, y de Mencía de Bedoya, Guevara Noroña procedía de una estirpe señorial cuyos orígenes se entrecruzaban con la nobleza de Guevara y Oñate; en su linaje paterno destacaron también la abuela y la madre, quienes habrían seguido credos judeoconversos. Siendo el menor de sus hermanos, la trayectoria natural parecía encaminarlo hacia la vida religiosa, aunque la vida cortesana y el ambiente de la corte le ofrecieron un aprendizaje particular. Según su propio relato, quedó “criado, criado y viviente” entre vicios y tentaciones, lo que no impidió que eligiera una senda de estudio y servicio espiritual. Fue primo del embajador Diego de Guevara, un vínculo que lo conectó con círculos de poder y diplomacia.
Se dice que, en la juventud, conservó la versión de haber ocupado un cargo de paje junto al príncipe Don Juan y, tras la desaparición del heredero, al servicio de Isabel la Católica; sin embargo, la verificación documental es discutible. Lo que sí es cierto es que se integró a la Orden de San Francisco, ingresando con rapidez a cargos de relevancia dentro de la jerarquía eclesiástica. En 1518 recibió la dignidad de guardián de los conventos de Arévalo y Soria, y su influencia se consolidó cuando, en 1520, fue designado definidor provincial de su provincia.
El 30 de noviembre de 1520 llevaba provisiones imperiales a Villabrágima para ayudar a resolver la Insurrección de los Comuneros, aunque la experiencia resultó frustrationante: abandonó aquella reunión “mal tratado y peor servido”. A partir de entonces se integró de lleno a la Corte del emperador Carlos I durante la época de la Guerra de las Comunidades de Castilla y, en reconocimiento a su fidelidad, recibió en 1521 el cargo de predicador real. Su cercanía al monarca lo llevó a acompañarlo en su viaje a Inglaterra en 1522 y a participar del capítulo general de su orden en Burgos en 1523. En los años posteriores recorrió varias ciudades de la Corona de Castilla junto al soberano.
En Valencia, el 10 de mayo de 1525, integró una comisión destinada a la conversión de los moriscos de ese reino, y participó en las operaciones contra los moriscos de la Sierra de Espadán, resultando herido antes de la capitulación del 19 de septiembre de 1526. El 7 de diciembre de ese año intervino en Granada en la redacción de un edicto dirigido contra los moriscos. A comienzos de 1527 Carlos V lo nombró cronista oficial y, al mes de junio, se trasladó a Valladolid para participar en una junta de 24 teólogos que debía examinar las obras de Erasmo de Rotterdam. Su papel en la Corte del Emperador fue decisivo y su vínculo con los asuntos teológicos y políticos de la época dejó una huella notable.
En el marco del Consejo del Emperador, Guevara habría escrito discursos de gran importancia: uno, para las Cortes de Monzón en respuesta a Francisco I de Francia, y otro, en Roma, ante Paulo III, con motivo de la coronación imperial. Sus gestos oratorios, aun con el peso de la experiencia cortesana, muestran a un hombre que conjugó fervor religioso y ambición intelectual, buscando siempre ampliar el radio de acción de su palabra y de sus ideas.
Episcopado
Obispo de Guadix
El 7 de enero de 1528 se le designó como obispo de Guadix, aunque la luz verde para trasladarse a esa sede no llegó hasta 1529, momento en el que aún continuó acompañando al Emperador en la campaña de Túnez entre 1535 y 1536. En ese año volvió a Roma para la coronación del emperador y visitó Nápoles, afianzando su estatura de consejero cercano a la corte. desempeñó labores de predicación en el funeral de la Emperatriz en Toledo durante 1538, dejando constancia de su habilidad para combinar el magisterio religioso con la oratoria ritual.
Su paso por Guadix fue breve en términos de residencia, pues la corte lo requería para otros menesteres; sin embargo, su vínculo con la institución episcopal dejó una impronta de servicio diligente y de gestión religiosa bajo el marco de las responsabilidades de la Corona.
Obispo de Mondoñedo
En 1537 recibió la investidura como obispo de Mondoñedo, pero la corte continuó reclamando su presencia para atender diversos menesteres, quizá más ligados a la supervisión editorial de sus propias obras que a las tareas pastorales. En este periodo escribió su Menosprecio de Corte y Alabanza de Aldea, un texto que no solo influyó en España sino que fue traducido a múltiples lenguas europeas: francés, inglés, italiano y alemán. En 1541, el 3 de mayo, promovió las Constituciones Sinodales, que resultaron decisivas para la historia eclesiástica de la diócesis mindoniense.
La figura de Guevara en este tramo muestra la tensión entre la vida de cada día en la corte y las obligaciones de un obispo. Sus escritos reflejan esa dinámica: una persona que buscó la autonomía intelectual del mundo humano y, al mismo tiempo, la concordia entre la Angela y la secularidad, con una mirada que buscaba educar a través de la crítica y la ironía.
Fallecimiento
Falleció en la propia diócesis de Mondoñedo el 3 de mayo de 1545, y fue sepultado en la catedral, dejando tras de sí una estela de obras y de ideas que seguirían alimentando el debate del Renacimiento hispano. Su partida dejó un hueco en la corte y en la Iglesia local, pero su legado continuó circulando entre lectores y clérigos como una voz que sintetizó erudición, humor y un impulso pedagógico.
Evaluación histórica
La trayectoria franciscana de Guevara contrasta con su frenética vida en los círculos de poder: su deseo de notoriedad y su afán por mostrar una erudición amplia a veces se aproximan a una actitud de dispendio intelectual, acompañada de errores en las citas y en la verificación de fuentes. Numerosos humanistas, entre ellos Pedro de Rúa, Antonio Agustín y Melchor Cano, señalaron que su bibliografía no siempre respondía a la rigurosidad exigible, llegando a acusarlo de difundir citas sin autenticar o incluso de adulterarlas. Aun así, esta combinación de curiosidad, ingenio y a veces desbordada exuberancia lo sitúa como una figura plenamente renacentista, cuyo eco ha trascendido como precursor del ensayo moderno.
La aportación a la prosa ensayística reside, principalmente, en sus Epístolas familiares, una colección de cartas en prosa que abordan temas variados y que, en su momento, se dirigían a diversos cortesanos y religiosos. Su finalidad era, a la vez, deleitar y enseñar, proponiendo temas de índole ética, social y política en un tono accesible para una clientela amplia. Este rasgo lo distingue dentro del panorama de su tiempo: una escritura que une entretenimiento con enseñanza y que invita a la reflexión sin abandonar la imaginación verbal que caracteriza al Renacimiento.
La influencia política de Guevara se percibe en su sentencia sobre los límites de la expansión imperial; defendía la necesidad de ceñirse a las tierras heredadas, una visión que contrasta con otros proyectos expansionistas y que refleja una postura moderada frente al poder. En su obra Relox de príncipes o Libro áureo del emperador Marco Aurelio circulan pasajes que fusionan la figura del emperador con la de un modelo de conducta para la corte, entrelazando consideraciones políticas con lecciones morales y literarias. Este libro ha sido visto como una fuente de influencia en la literatura breve y en los primeros ensayos políticos.
El estilo y la recepción de Guevara muestran un uso reiterado del recurso retórico y una tendencia hacia la prosa que algunos críticos han llamado ambigua o recargada. Su preferencia por la gracia y la agilidad verbal, junto con una visión didáctica de la vida cortesana, hizo que fuera objeto de debates entre sus contemporáneos y entre generaciones posteriores. Aun cuando la crítica se mostró severa respecto a la exactitud de sus citaciones, su legado se afirma en la historia de la prosa ensayo y en la comprensión de la relación entre literatura, religión y poder en el Renacimiento español.
Obras
- Libro áureo de Marco Aurelio (Sevilla, 1528).
- Reloj de Príncipes (Valladolid, 1529).
- Menosprecio de corte y alabanza de aldea (Valladolid, 1539).
- Epístolas familiares (Valladolid, 1539 y 1541).
- Una década de Césares; es a saber: Las vidas de diez emperadores romanos que imperaron en los tiempos del buen Marco Aurelio (Valladolid, 1539).
- Arte del Marear y de los inventores de ella: con muchos avisos para los que navegan en ellas (Valladolid, 1539).
- Aviso de privados y doctrina de cortesanos (Valladolid, 1539).
- Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos (Valladolid, 1542).
- Monte Calvario, primera y segunda parte.