Augusto d'Halmar
| Nombre completo | Augusto Jorge Goeminne Thomson |
|---|---|
| Descripción | Escritor chileno |
| Fecha de nacimiento | 01-01-1880 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 27-01-1950 |
| Nacionalidad | Chile |
| Ocupaciones | poeta, diplomático, escritor, periodista |
| Idiomas | español |
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Augusto Jorge Goeminne Thomson, conocido artísticamente como Augusto d'Halmar, nació en la capital en la fecha del 23 de abril de 1882 y cerró su ciclo vital en Santiago el 27 de enero de 1950. Su trayectoria lo coloca entre los nombres fundamentales de la literatura chilena del siglo XX, distinguido por su enfoque naturalista y por haber cultivado una voz propia dentro del imaginismo. Entre sus logros figura el Premio Nacional de Literatura recibido en 1942, reconocimiento que selló una carrera compleja y profundamente diversa.
Augusto Jorge Goeminne Thomson, conocido artísticamente como Augusto d'Halmar, nació en la capital en la fecha del 23 de abril de 1882 y cerró su ciclo vital en Santiago el 27 de enero de 1950. Su trayectoria lo coloca entre los nombres fundamentales de la literatura chilena del siglo XX, distinguido por su enfoque naturalista y por haber cultivado una voz propia dentro del imaginismo. Entre sus logros figura el Premio Nacional de Literatura recibido en 1942, reconocimiento que selló una carrera compleja y profundamente diversa.
Biografía
Hijo de un navegante francés llamado Auguste Goeminne y de una madre chilena llamada Manuela Thomson Cross, su linaje materno reúne un cruce de herencias europeas: una abuela de origen sueco y otro de ascendencia escocesa, además de una conexión criolla que aporta la complejidad de su identidad. Su vida privada estuvo marcada por un ambiente de fragua familiar: criado por su abuela, Juana Cross Prieto de Thomson, tras la desaparición de la madre cuando él apenas rozaba la adolescencia; el padrastro quedó en el puerto de Valparaíso y, por diferencias sociales, mantuvo escaso contacto con el joven poeta. En un gesto que sintió como una negación de su origen, adoptó el apellido de su bisabuelo movido por una resentida antipatía hacia su padre.
Sus primeros años educativos transcurrieron en el Liceo Miguel Luis Amunátegui entre 1896 y 1898, para luego ingresar al Seminario de Los Ángeles Custodios, del que se apartó en 1899 para dedicarse enteramente a la escritura. Sus inicios periodísticos se gestaron en los diarios de la época, primero firmando notas en La Tarde y colaborando en La Ley; allí apareció su primera pieza literaria, titulada La Tía. En 1900 se integró a la redacción de la revista Luz y Sombra, proyecto cultural fundado por Arturo Melossi, y poco después emergió la fusión de revistas que dio paso a Instantáneas de Luz i sombra.
En 1901 Augusto d'Halmar creó la sección Los 21, una colección de estudios breves sobre artistas y escritores chilenos contemporáneos. Este corpus sería reunido mucho después en un volumen que condensa una parte esencial de su visión del arte. Más adelante, en 1948, volvió a impulsarlo en una edición que reunió veintiún ensayos biográficos y críticos sobre figuras destacadas de la literatura del siglo XIX, entre ellas autores de renombre internacional, lo que consolidó su reputación como analista y ensayista.
El año 1902 marcó la publicación de Juana Lucero, novela que luego sería reenumerada y reeditada con el título La Lucero; esa obra inauguró una pieza central de su narrativa centrada en el ambiente urbano y las tensiones morales de la época. En 1904, junto con Fernando Santiván y Julio Ortiz de Zárate, aportó Colonia Tolstoyana, un proyecto que reuniía a pintores, escritores y escultores nacionales en una atmósfera de colaboración artística. A partir de la década de 1905 su presencia editorial se expandió: participó en Zig-Zag, contribuyó a ampliar la circulación de cuentos y se consolidó como redactor de El Mercurio. En 1907 el ministro de exteriores, Federico Puga, lo nombró cónsul general en la India, un hito que marcaría la trayectoria diplomática de la época; tres años después fue designado cónsul en Puerto Eten, Perú, cargo que ejerció hasta 1915.
Más allá de la diplomacia, su figura pública fue alimentada por conferencias y por la difusión de su prosa. En Chile, sostuvo actividades académicas en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, organizadas por el Ateneo de Santiago, donde dio a conocer los originales de Gatita, un conjunto de relatos breves inspirados en una joven peruana y cargados de melancolía. Estas narraciones se difundieron progresivamente en revistas y, años más tarde, se consolidaron en una edición más amplia y en reediciones posteriores. Tras abandonar la carrera consular, emprendió un viaje que lo llevó a Francia, donde asumió el rol de corresponsal de guerra para periódicos argentinos y chilenos y se instaló en París, ciudad que sería escenario de uno de los capítulos más decisivos de su vida. Allí fue herido y recibió tratamiento prolongado; el reconocimiento del gobierno francés no tardó en llegar.
La etapa siguiente lo llevó a través de América y Europa: en 1917 partió hacia Buenos Aires y, al terminar la contienda mundial en 1919, se trasladó a España, país que lo recibió hasta 1934. En ese periodo combinó tareas de traducción, periodismo y conferencias, alternando la labor literaria con viajes y encuentros culturales que ampliaron su perspectiva del mundo. Entre esas publicaciones aparece Nirvana (Viajes al extremo Oriente), escrito entre 1918 y 1924, junto a Mi otro yo, ambas obras de viajes que narran encuentros con Zahír, un joven egipcio que conoció en uno de sus desplazamientos y que se convirtió en un personaje clave de su itinerario vital. Zahír lo acompañó en diversas travesías, desde el mar Rojo hasta el océano Índico, e incluso acompañó al pintor Rafael Valdés durante un periodo de su vida; la relación con Zahír también dio pie a experiencias compartidas en Calcuta, donde el autor fue atendido ante una enfermedad grave. En esas etapas viajó, además, a Turquía, Grecia, Italia y Francia, afianzando su red de contactos culturales y su reputación internacional.
En el ámbito de la creación española, d'Halmar produjo La sombra del humo en el espejo y Pasión y muerte del Cura Deusto (1924), novela organizada en tres partes: Albus, Rubrus y Violaceus. Esta obra, concebida durante su estancia en España en 1920, fue reconocida por su estructura vanguardista y por un retrato minucioso de personajes y pasiones, lo que la ha conducido a ser definida como una novela de corte psicológic o, en palabras de la crítica, una obra de gran precisión formal. Años después, regresaría a su país natal, instalándose de nuevo en Chile para comenzar una nueva fase de su vida y de su obra.
Con el regreso definitivo a Chile en 1934, fijó su residencia en Valparaíso y, entre 1940 y 1941, participó activamente en la creación del Museo Municipal de Bellas Artes de esa ciudad, que dirigió hasta 1945. Posteriormente se trasladó a Santiago para desempeñarse como funcionario de la Biblioteca Nacional. Su reentrada en el medio literario chileno recibió numerosos reconocimientos y testimonios de estima por parte de la comunidad intelectual. En 1942 obtuvo el Premio Nacional de Literatura, un galardón que ratificó su influencia y su capacidad de síntesis entre tradición y modernidad. Entre sus últimos volúmenes destacan Mar y Palabras para canciones, obras que continúan la línea de la poesía en prosa y la contemplación de la vida desde una mirada amplia y sensorial. Su vida terminó en la casa de Sylvia Thayer, amiga de toda la vida, a quien dejó un epitafio que él mismo escribió: No vi nada, sino el mundo; nada me pasó, sino la vida.
La figura de d'Halmar se asocia a la generación que dio forma al imaginismo chileno, un movimiento que propuso una alternativa al criollismo literario dominante y buscó nuevos horizontes de lenguaje y representación. En el ámbito más amplio, su prestigio traspasó fronteras y su nombre ocupó un lugar destacado entre los círculos culturales europeos. Aunque las obras completas se publicaron entre 1934 y 1935, gran parte de su producción no se agotó en esa recopilación: artículos, crónicas y relatos aparecieron en Chile, España y Argentina a lo largo de toda su vida, abarcando temas políticos, literarios, teatrales y de crítica cultural. Sus posturas llevaron de la redención a la simpatía por corrientes comunistas, sin perder una impronta aristocrática y una oportunidad constante de explorar lo esotérico como una de las capas que alimentan sus ficciones.
El legado de Augusto d'Halmar se hizo presente en la memoria colectiva chilena de diversas formas. En Ñuñoa, la comuna honra su nombre con un liceo y una plaza situados en la calle Armando Carrera; en Peñaflor existe también un Colegio Augusto d'Halmar; y en Antofagasta se recuerda su memoria a través de una calle que lleva su firma. Estas huellas señalan la dimensión de su influencia más allá de la página impresa, convirtiéndolo en referencia para generaciones de lectores y estudiosos de la literatura chilena.
Obras
- Juana Lucero, novela publicada en 1902; en 1934 se reedita con el título La Lucero.
- Vía crucis (1906).
- Al caer la tarde, obra teatral (1907).
- La lámpara en el molino (1914), novela.
- Los Alucinados (1917), novela.
- La Gatita (1917), novela corta.
- La sombra del humo en el espejo (1918), novela.
- Nirvana (1918), relato de viaje.
- Cuatro evangélicos en uno, edición de lujo (1922).
- Vía Crucis, edición ilustrada (1923).
- Pasión y muerte del cura Deusto (1924).
- Mi otro yo. La doble vida en la India (1924), novela corta.
- La Mancha de Don Quijote (1934).
- Capitanes sin barco, tres novelas (1934).
- Catita y otras narraciones, cuentos (1935).
- Amor, cara y cruz, novela y cuentos (1935).
- Lo que no se ha dicho sobre la actual revolución española (1936), poesía.
- Rubén Darío y los americanos en París (1941), ensayo.
- Palabras para canciones (1942), poesía.
- Mar, novela poemática (1945).
- Carlos V en Yuste y Castilla (1945).
- Cristián y yo, cuentos (1946).
- Los 21, ensayo (1948).
- Cursos de oratoria (1949).
- Recuerdos olvidados (1975), memorias publicadas póstumamente.