Augusto Ferrán
| Nombre completo | Augusto Ferrán |
|---|---|
| Descripción | Poeta español |
| Fecha de nacimiento | 07-07-1835 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 02-04-1880 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | escritor, poeta |
| Géneros | poesía |
| Idiomas | español |
Ayúdanos a mejorar VidaIcónica escribiéndonos desde la página de contacto.
Augusto Ferrán y Forniés irrumpió en la escena literaria española como una voz distintiva del posromanticismo. Nacido en Madrid el 27 de julio de 1835, su trayectoria estuvo marcada por un aprendizaje cosmopolita, por una curiosidad insaciable y por una poética que buscó cercanías con el habla cotidiana sin renunciar a la sensibilidad lírica. Su vida, entre viajes, traducciones y proyectos editoriales, dejó una huella que anticipó rutas poéticas posteriores y acercó lo germano a lo popular español.
Augusto Ferrán y Forniés irrumpió en la escena literaria española como una voz distintiva del posromanticismo. Nacido en Madrid el 27 de julio de 1835, su trayectoria estuvo marcada por un aprendizaje cosmopolita, por una curiosidad insaciable y por una poética que buscó cercanías con el habla cotidiana sin renunciar a la sensibilidad lírica. Su vida, entre viajes, traducciones y proyectos editoriales, dejó una huella que anticipó rutas poéticas posteriores y acercó lo germano a lo popular español.
Biografía
Nacido en una familia acomodada, su padre, Adriano, era un barcelonés con inclinaciones hacia la pintura, y su madre, Rosa, provenía de Pallaruelo, en la provincia de Huesca. En Madrid, el taller de molduras doradas de la familia componía la actividad principal; sin embargo, cuando Adriano emprendió una marcha hacia La Habana en busca de mejores perspectivas, Augusto inició sus estudios en el Instituto del Noviciado, dando paso a una formación posterior enriquecida por experiencias internacionales.
La educación del joven poeta se amplió a través de una intensa etapa de aprendizaje en Alemania, con paradas en Múnich, Estrasburgo y Heidelberg, y trayectos que incluyeron también París. En aquel itinerario tuvo contacto directo con la poesía de Heinrich Heine y con las melodías que interpretaban Schubert, Mendelssohn y Schumann. En ese marco, aparecieron também los hábitos que la época asociaba a la bohemia y a la propia vida de estudiante, marcados por la embriaguez y la búsqueda de inspiración en la cultura germana.
La muerte de su madre en 1859 fue un punto de inflexión: regresó a Madrid, donde emergió como impulsor de proyectos editoriales orientados a traer lo germano al público español. En esa ruptura temporal, fundó la revista El Sábado con el objetivo de difundir la lírica alemana, iniciativa que, de carácter breve, le permitió entablar amistad con el periodista y literato Julio Nombela. A partir de esa relación, nació otra publicación efímera, Las Artes y las Letras, que consolidó redes y acercamientos entre tradiciones y generaciones.
El viaje a París y la ruina de aquella etapa llevó a que, en 1860, acompañara a Nombela hacia la capital francesa; las estrecheces económicas y una derroche que superó sus recursos lo devolvieron a Madrid, donde Nombela presentó a su círculo al joven poeta Gustavo Adolfo Bécquer, con quien pronto congenió. A fines de 1861, El Museo Universal publicó su traducción e imitaciones de Heine, y en el Almanaque de 1863 aparecieron algunos de sus cantos. En ese periodo ingresó como redactor en El Semanario Popular, que funcionó como plataforma para difundir la poesía germánica y la estética que la abrazaba en España.
La soledad y la poesía popular emergieron temprano en su tarea creadora: en 1861 vio la luz La soledad, libro que alternaba cantos recogidos de la lírica tradicional con composiciones originales. En la primera parte recogía coplas populares, y en la segunda, textos nuevos que imitaban el tono y la inspiración de aquella tradición. Sus temas centrales resonaban en la búsqueda de refugio interior ante un mundo áspero, la crítica a la brecha entre pobres y ricos, la inexorable marcha del tiempo, la angustia existencial y el amor. Este volumen recibió la elogiosa firma de Gustavo Adolfo Bécquer, cuyo prólogo se añadió en ediciones posteriores, afianzando la recepción crítica de su obra.
La genealogía de su poesía se inscribe entre el precedente de Antonio de Trueba y su Libro de los cantares (1852), y la colaboración con Eulogio Florentino Sanz —también traductor de Heine— y, por supuesto, Bécquer. Junto a estas figuras, Ferrán promovió una poesía de raíz popular pero con amplitud de referencias europeas, asimilando el legado de Heine y su propio eco posromántico. En esa senda se sumaron también voces como Terencio Thos y Codina, Rosalía de Castro, Ventura Ruiz Aguilera, Arístides Pongilioni y Villa, Melchor de Palau y José Puig y Pérez, cuyo impulso culminó en lo que luego se llamó Neopopularismo, preludio de la Generación del 27.
Durante la primera mitad de la década de 1860 pasó parte del tiempo en el Monasterio de Veruela, lugar que ya había visitado con anterioridad. También residió en Alcoy, donde se hizo cargo del Diario de Alcoy durante 1865-1866, y luego volvió a Madrid, quizá para colaborar en La Ilustración de Madrid, que en 1868 contaba ya con la dirección de Bécquer. Tras la desaparición de este poeta, Ferrán participó en la edición póstuma de sus Obras (1871), labor que compartió con Ramón Rodríguez Correa y Narciso Campillo. Ese mismo año apareció su segundo libro de cantares, La pereza, que recoge el material anterior con algunas supresiones y con una mayor amplitud métrica y temática, incorporando también soleás, seguidillas y otras formas populares. En él, la diversidad formal no abandona la impronta de lo popular, y el registro se mantiene íntimo y sugerido.
El autor consiguió elogios de Juan Ramón Jiménez, quien valoró especialmente un poema de La pereza y, en varias ocasiones, intentó citarlo. Este rasgo señala la influencia mutua entre Ferrán y los jóvenes poetas de aquella transición. En ese marco de contactos y coincidencias, el propio Jiménez reconocía la vigencia de la voz popular que Ferrán aportaba a la poesía española, una huella que más tarde sería como un puente hacia las generaciones siguientes del siglo XX.
Chile y el final de una vida breve (1872-1873) marcó una nueva etapa: Ferrán emigró junto a su amigo chileno Guillermo Matta para dedicarse al comercio de libros y, tras su retorno, contrajo matrimonio en 1874. Poco después, el 13 de enero de 1878, el alcoholismo lo condujo a ser ingresado en el Hospital del Doctor Esquerdo de Madrid, donde falleció el 2 de abril de 1880, a los 44 años de edad. Su muerte dejó un vacío en la escena de la poesía popular y en el intento de constitutionalizar una voz que desconcertaba a los conservadores y seducía a quienes buscaban un lenguaje más directo y humano.
La contribución lírica de Ferrán supuso una ruptura con el tono declamatorio que había predominado hasta entonces, apuntalando una forma de expresión más cercana al registro oral. Esta vía sería posteriormente perseguida por autores como Bécquer, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, quienes continuarían explorando la síntesis entre tradición popular y experimentación estética. En la prosa también mostró versatilidad: realizó traducciones del alemán y escribió estéticas leyendas que nutrieron su imaginario narrativo.
En el terreno de la prosa, Ferrán llevó a cabo versiones de Heine y aportó varias leyendas para acercar la mitografía alemana a un público hispano. Sus traducciones aparecieron en revistas como El Museo Universal (1861), El Eco del País (1865) y La Ilustración Española y Americana (1873). En sus trabajos mezcla estructuras métricas de heptasílabos y endecasílabos, estilo que se acercaba al de Bécquer. También tradujo el famoso prólogo de Heine para la edición de Don Quijote.
Entre las leyendas más destacadas de su prosa merece mencionarse Una inspiración alemana, que se ocupa de las pasiones amorosas frustradas del poeta que se refugia en la memoria y contempla el suicidio; El puñal, que presenta la gestación mítica del Monasterio de Veruela; y La fuente de Montal, donde un crimen se revela gracias a una fuente milagrosa. Estas piezas se inscriben en una tradición que entrelazó lo popular con lo simbólico, y que anticipó ciertos trazos del neorromanticismo español.
Obras
Poesía
- La soledad (1861)
- La pereza (1871)
Prosa
- Una inspiración alemana, en Revista de España, (marzo de 1872)
- El puñal, leyenda publicada en El Museo Universal (1863)
- La fuente de Montal (1866)