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Belisario Betancur

Nombre completo Belisario Betancur
Nombre nativo Belisario Betancur
Descripción 34.º presidente de la República de Colombia
Fecha de nacimiento 04-02-1923
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 07-12-2018
Nacionalidad Colombia, España
Ocupaciones diplomático, abogado, periodista, político, escritor
Grupos Academia Europea de Ciencias y Artes, Academia Mexicana de la Lengua, Academia Pontificia de Ciencias Sociales, Academia Norteamericana de la Lengua Española, Club de Roma
Idiomas español
EsposasRosa Helena Álvarez Yepes
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Belisario Antonio Betancur Cuartas nació en Amagá, Antioquia, el 4 de febrero de 1923, y cerró su ciclo vital el 7 de diciembre de 2018 en Bogotá. Su trayectoria abarcó campos tan diversos como el derecho, la docencia, la literatura y la diplomacia, para desembocar, finalmente, en la primera magistratura de Colombia entre 1982 y 1986. Fue una figura central del Partido Conservador, cuyo liderazgo y discurso le granjearon una notoriedad mediática que trascendió generaciones. Su identidad pública quedó asociada a la idea de un gobernante capaz de consolidar una visión nacional, a la vez que enfrentaba complejas problemáticas internas y desafíos regionales.

Belisario Betancur — Imagen principal

Belisario Antonio Betancur Cuartas nació en Amagá, Antioquia, el 4 de febrero de 1923, y cerró su ciclo vital el 7 de diciembre de 2018 en Bogotá. Su trayectoria abarcó campos tan diversos como el derecho, la docencia, la literatura y la diplomacia, para desembocar, finalmente, en la primera magistratura de Colombia entre 1982 y 1986. Fue una figura central del Partido Conservador, cuyo liderazgo y discurso le granjearon una notoriedad mediática que trascendió generaciones. Su identidad pública quedó asociada a la idea de un gobernante capaz de consolidar una visión nacional, a la vez que enfrentaba complejas problemáticas internas y desafíos regionales.

Biografía

Desde sus orígenes, la vida de Betancur estuvo marcada por la modestia de una familia con muchos hermanos y una historia de trabajo artesanal que dibujó una ética de esfuerzo constante. En su juventud recibió una educación que, pese a las limitaciones, fue nutrida por el afán de superación y la curiosidad intelectual. En su primer tramo formativo, sus pasos lo condujeron por instituciones religiosas y educativas que le otorgaron las bases para una carrera que unificaría el rigor jurídico con una sensibilidad humanista.

Durante su juventud, un camino de estudio y aprendizaje lo llevó a Medellín, donde completó sus estudios en la Universidad Pontificia Bolivariana y dio sus primeros pasos como profesional del derecho, acercándose, al mismo tiempo, a la actividad pública a través del Ministerio de Educación durante el periodo de un gobierno en transición que percibía la necesidad de reformar ciertos cimientos institucionales. En esa época ya mostraba una vocación integradora, que buscaría combinar la teoría jurídica con una visión amplia de la política y la sociedad.

En su formación académica, Betancur consolidó un currículo que incluía, además del derecho, estudios en economía, con una tesis centrada en el entendimiento del orden público económico. Posteriormente recibió reconocimientos académicos de alto nivel a nivel internacional, coronando su trayectoria con doctorados honoris causa en humanidades concedidos por universidades de Estados Unidos y otras tradiciones académicas de renombre. Este bagaje le permitió afrontar con amplitud los temas de la vida pública y de la cultura, sin renunciar a la rigurosidad que marcaba su carácter intelectual.

Trabajo legislativo

Desde muy joven, Betancur abrazó una lectura anticomunista y, al mismo tiempo, una defensa de las tradiciones nacionales que lo acercó a los criterios conservadores. Su vínculo con líderes y corrientes de esa área política terminó por convertirlo en una figura relevante dentro de su partido, a la vez que mantenía una notable capacidad de adaptar sus posturas ante las demandas de la realidad social que atravesaba el país. En la década de los años cuarenta, ingresó al cuerpo legislativo como diputado por Antioquia y, posteriormente, ocupó un escaño en la Cámara de Representantes por Bogotá, consolidando una trayectoria que combinaría el periodismo y la labor parlamentaria.

Entre sus esfuerzos en el Congreso se destaca una voluntad de avanzar reformas agrarias y una posición que, aunque firmemente conservadora, mostró rasgos de apertura y un interés por la equidad y la modernización de las estructuras políticas. Fue, de hecho, el único diputado que respaldó públicamente a Laureano Gómez en un momento de crisis institucional, una decisión que reflejaba su compromiso con la legitimidad institucional frente a la complejidad de la crisis social que marcó la historia reciente de Colombia. Sus meses en Medellín, durante el periodo de emergencias políticas, lo vieron balancear tareas de representante y de periodista, con un estilo que combinaba erudición y lectura crítica de la realidad.

En las condiciones inmediatamente posteriores al Bogotazo, Betancur regresó a la capital y participó de la vida periodística a través de publicaciones influyentes, además de colaborar en revistas y diarios que defendían una lectura conservadora de la historia y del desarrollo político. Su actividad pública, entonces, fue una mezcla de trabajo de laboratorio intelectual y de acción en las esferas de la opinión pública, lo que fortaleció su perfil como un estratega político capaz de articular ideas y encuentros entre distintos actores.

Dictadura de Rojas y Frente Nacional

Entre 1953 y 1957, Betancur formó parte de la Asamblea Nacional Constituyente convocada por Gustavo Rojas Pinilla, un periodo de intensos cambios constitucionales que dejó a la luz las tensiones que atravesaban el país. En ese contexto, su postura política lo llevó a defender la legitimidad de un liderazgo que, a juicio de muchos, debía consolidarse a través de instrumentos que posibilitaran la reconciliación, pese a que también se vio enfrentado a medidas de represión por parte de las autoridades. Su trayectoria durante esos años se entrelazó con la labor del semanario La Unidad y la revista Prometeo, que se levantaron como plataformas para sostener un pensamiento crítico frente a la realidad política de la época.

Con la caída de Rojas, se forjó el Frente Nacional, un acuerdo de alternancia que marcó una nueva fase institucional y que Betancur, ya consolidado como líder conservador, abordó desde una posición estratégica. En ese periodo logró convertirse en senador y, de manera breve, asumió responsabilidades ministeriales en educación y, más tarde, en trabajo y seguridad social, primero en gobiernos conservadores que buscaban equilibrar fuerzas entre las distintas identidades políticas del país. Su experiencia en el Congreso, además de su labor académica, lo consolidó como una referencia dentro de la docena de figuras que planteaban una lectura crítica pero constructiva de la democracia colombiana.

Durante este tramo, Betancur mantuvo una actividad crítica hacia el régimen que emergía tras la crisis y, al mismo tiempo, promovió una visión que buscaba institucionalizar reformas que permitieran consolidar un marco de convivencia, aunque su perfil político también se apreciaba con rasgos de una defensa de la tradición y de un orden considerado necesario para la estabilidad del país.

En su periodo de actividad no gubernamental, Betancur desempeñó roles clave fuera de la administración, como la función académica y directiva en distintas universidades, donde ejerció la tarea de construir puentes entre la jurisprudencia y la sociología del derecho. En ese tiempo, su influencia ensanchó las fronteras entre la academia y la política, permitiéndole concebir una visión de la sociedad colombiana que abarcaba tanto la economía como la cultura, la educación y las estructuras institucionales.

En esa misma línea, para la década de 1960, Betancur se acercó a Carlos Lleras Restrepo y a otros actores con el objetivo de sostener una red de apoyo que estuviera dispuesta a mirar hacia adelante. Entre sus movimientos figura la promoción de una candidatura que unificara distintas corrientes para la construcción de una alternativa nacional que superara las fracturas que habían marcado la historia reciente del país. En ese marco, impulsó iniciativas que pretendían conectar el mundo de las ideas con las demandas de la gente común, sin renunciar a la identidad conservadora que definía su alcance político.

Embajador en España y segunda candidatura presidencial (1975-1978)

En su trayectoria, Betancur exploró, en un periodo de maduración institucional, otras rutas para influir en la vida pública. En 1974 fundó la Asociación Nacional de Instituciones Financieras, y desde esa plataforma se adentró en el mundo de la economía y la administración de recursos, cimentando una experiencia que enriquecería su laterales como político y gestor. Ese mismo año, respaldó la aspiración de Álvaro Gómez Hurtado, hijo de Laureano Gómez, en un intento por presentar una alternativa dentro de la derecha frente a la dinámica de la época.

En 1975 asumió la tarea de servir como embajador de Colombia en España, una posición que consolidó su proyección internacional y facilitó la interacción entre Colombia y el entorno europeo en una etapa en la que la política iberoamericana exigía una voz que equilibrara las aspiraciones regionales con las responsabilidades globales. Durante su consulado en Madrid, se gestó la recepción de importantes visitas estatales, como la del rey, un hecho que subrayó la relevancia de la relación bilateral en ámbitos culturales y diplomáticos.

Para las elecciones de 1978, Betancur apareció nuevamente como candidato, esta vez con el respaldo de su sector dentro del Conservador y de otros actores que, con visión pragmática, buscaban una figura capaz de unir al país. En una contienda particularmente reñida, fue superado por Julio César Turbay, un resultado que dejó a Betancur en la posición de una alternativa que aguardaba nuevas oportunidades para consolidar su proyecto nacional.

En ese ciclo político, Betancur mantuvo un foco en la construcción de un liderazgo que supiera amalgamar distintas tradiciones políticas, al tiempo que promovía la idea de un movimiento que trascendiera las tensiones históricas de los partidos, con la esperanza de convertirlo en una fuerza capaz de guiar al país hacia un proyecto de desarrollo y reconciliación social.

Tercera candidatura presidencial (1982)

En 1982, Betancur insistió en su aspiración a la presidencia dentro del marco de su propio movimiento nacional, que recibió el respaldo de la ANAPO y de otras corrientes dispuestas a explorar una vía de acuerdo que pudiera superar la lógica bipartidista. En esa campaña, logró consolidar una de las victorias más contundentes de la historia electoral colombiana, superando al exmandatario Alfonso López Michelsen y desbordando en votos a un rival de peso institucional. Su figura emergió como la de un estatista que proponía una agenda de pacificación y orden, con la promesa de “movimiento nacional” para guiar la nación hacia una etapa de estabilidad y crecimiento.

Con una votación cercana a tres millones de sufragios, Betancur se instaló en la primera magistratura con el mandato explícito de buscar la paz y la reconciliación, al tiempo que enfrentaba la complejidad de un país atravesado por insurgencias armadas y un intenso fenómeno de violencia ligada al narcotráfico. Su gobierno se planteó como un intento de pacificar la nación mediante un proceso de negociación con varios grupos armados, a la vez que enfrentaba el desafío de sostener la economía y las instituciones democráticas ante una coyuntura de alta tensión social.

Presidencia (1982-1986)

Seguridad y conflicto armado interno

Durante su mandato, la organización del Ejército Nacional se remodeló en cuatro grandes divisiones, con una distribución que buscaba optimizar la respuesta de las fuerzas a las dinámicas de conflicto en distintas regiones. Se impulsó un marco legal que permitía, en ciertos contextos, avanzar en la reconciliación de actores armados con amnistías condicionadas y procesos de diálogo. En ese periodo se dio inicio a una estrategia de negociación que contemplaba a las FARC-EP, al Movimiento 19 de abril y al EPL, aunque las condiciones en el terreno generaron continuos tropiezos y retrocesos en las conversaciones.

Entre 1982 y 1983 se discutió la posibilidad de abrir un canal de negociaciones con estos grupos, y se realizaron encuentros de alto nivel que incluyeron acercamientos en ciudades extranjeras y la gestión de contactos directos entre autoridades y líderes insurgentes. En el plano interno, se dio un debilitamiento de la curva de violencia gracias a medidas de seguridad, a la vez que se registraban episodios de confrontación entre distintas fuerzas del Estado y actores de la delincuencia y el narcotráfico. Estas dinámicas marcaron de manera significativa la historia del país, generando un debate público sobre los costos y beneficios de la vía negociada para la resolución de conflictos.

En el transcurso de la década, la administración combinó esfuerzos de pacificación con una intensificación de las operaciones de las Fuerzas Armadas frente a la presencia insurgente. Las ofensivas militares, coordinadas con políticas de seguridad social y reformas institucionales, buscaron equilibrar la necesidad de lograr acuerdos con la presión de una realidad violenta que afectaba a gran parte del territorio nacional y que dejó cicatrices profundas en la vida de numerosos colombianos. La complejidad de este periodo se acentuó por la aparición de nuevas dinámicas criminales ligadas al narcotráfico y por la previsión de que la violencia no sería fácilmente contenida.

En el marco de las negociaciones, se destacaron encuentros históricos, la retórica de apertura y la necesidad de superar la desconfianza entre las partes. El desarrollo de la seguridad pasó por la gestión de crisis que iban desde atentados hasta capturas de líderes y batallas que, a su vez, condicionaron el ritmo de las conversaciones y el alcance de los acuerdos que se buscaban. El resultado fue un proceso que dejó lecciones sobre la complejidad de pactar con grupos armados y la necesidad de clarificar responsabilidades y mecanismos de verificación.

La ley y la acción gubernamental también se movieron entre actores que buscaban la verdad y la rendición de cuentas en un marco de conflictos complejos. En ese sentido, destacó la labor de la comisión de diálogo, que trabajó para entender las condiciones de los acuerdos y las dificultades que surgían en el intento de consolidar un marco de paz sostenible. Así mismo, se abordaron temas de seguridad institucional, el fortalecimiento de las instituciones jurídicas y el diseño de estrategias que pudieran sostener el proceso de desarme y reinserción de actores armados en la vida civil.

Entre las noticias de la época, la continuidad de las acciones de la fuerza pública, la gestión de los programas de defensa de derechos humanos y la consolidación de un marco de gobernanza que buscaba la paz, coexistieron con una intensa presión internacional para evitar la escalada de violencia. En ese contexto, las decisiones tomadas buscaron equilibrar la necesidad de seguridad con la aspiración de construir un estado de derecho que protegiera a los ciudadanos y promoviera el desarrollo social y económico, incluso ante críticas y desafíos difíciles de sortear.

Uno de los momentos más significativos de la etapa fue la intensificación de la lucha contra el narcotráfico y la criminalidad organizada, incluida la implementación de medidas legales para endurecer la confrontación con el crimen y la economía ilícita. Se promovió un marco regulatorio que pretendía regular la actividad económica vinculada al tráfico de estupefacientes, con un énfasis especial en la extradición a Estados Unidos y en la coordinación con autoridades internacionales para desmantelar redes criminales transnacionales. Estas decisiones formaron parte de un paquete de políticas orientadas a debilitar las estructuras del narcoestado que amenazaba la estabilidad de la nación.

La década también estuvo marcada por episodios de violencia política que culminaron en un episodio histórico y trágico: la toma del Palacio de Justicia. Este asalto, que involucró a integrantes de un grupo armado, dejó un saldo de numerosas víctimas y mostró la fragilidad de la estructura estatal ante eventos que desbordaron las capacidades de respuesta de las instituciones. La respuesta gubernamental fue contundente y la memoria histórica de aquella jornada perdura como una advertencia sobre los límites y las responsabilidades de la acción del Estado frente a la insurgencia y al terrorismo.

En medio de este escenario, la administración Betancur impulsó una política de investigación y verdad que, más tarde, sería objeto de revisión por parte de la sociedad y de instancias institucionales. La historia daría cuenta de que ciertos atentados, masacres y actos de violencia coexistieron con esfuerzos para abrir canales de diálogo y de reconciliación, incluso cuando la rendición de cuentas y la memoria de las víctimas provocaron debates intensos y prolongados. En ese marco, la seguridad y la política de paz convivieron con tensiones, críticas y un análisis continuo de los costos humanos de la guerra.

Un hecho que marcó de forma indeleble la memoria histórica fue la erupción del Nevado del Ruiz en 1985, cuyo efecto devastador dejó miles de víctimas y exigió un replanteamiento profundo de la gestión de desastres y de las respuestas gubernamentales ante emergencias. En esa tragedia, las preguntas sobre la responsabilidad y la prevención resonaron en el debate público y en una evaluación crítica de las decisiones tomadas o no tomadas para evitar la magnitud de la catástrofe. El legado de esa experiencia se convirtió en una referencia para futuras políticas de gestión de riesgos y de atención a las poblaciones afectadas.

En el plano internacional, hubo momentos de reconocimiento y de apoyo a la labor institucional colombiana. En julio de 1986, poco antes de ceder la presidencia, Betancur recibió la visita del Papa en una gira por varias ciudades, símbolo de una relación entre el Estado y la Iglesia que buscaba promover valores de convivencia y desarrollo humano. Este episodio subrayó la dimensión cultural y religiosa que algunas autoridades, entre ellas Betancur, consideraban fundamental para la cohesión social y la construcción de una nación más solidaria.

En el ámbito económico, se impulsó una revisión de las estructuras fiscales y de los instrumentos de política tributaria. Entre las medidas adoptadas, se destacaron reformas fiscales que buscaban ampliar la base impositiva y ajustar los gravámenes para diferentes sectores de la economía, con el objetivo de sostener el gasto público y financiar programas de desarrollo que ayudaran a enfrentar brechas de pobreza y desigualdad. Este componente estuvo estrechamente ligado a un esfuerzo de modernización que pretendía impulsar la competitividad y la inclusión social a través de una economía más regulada y equitativa.

En el terreno cultural, la gestión de Betancur dejó una huella destacada: la Academia sueca concedió el Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez durante su mandato, un hecho que convirtió a Colombia en un referente cultural mundial y que fue recibido con júbilo por amplios sectores de la sociedad. En el ámbito deportivo, Colombia rechazó la organización de la Copa Mundial de Fútbol de 1986, priorizando la inversión de esos recursos en proyectos para el desarrollo y la infraestructura nacional. Esta decisión, que tuvo resonancia internacional, se interpretó como un acto de responsabilidad ante las condiciones económicas y sociales del país, y dejó una marca en la historia deportiva y política del país.

Relaciones exteriores

Aunque la vida internacional de Colombia estaba marcada por complejas dinámicas regionales, la visita papal de 1986 representó un momento de apertura y de resonancia simbólica para la reconciliación, el diálogo y la promoción de valores compartidos. Este episodio se inscribió en un marco de relaciones exteriores que buscaba fortalecer la identidad y la proyección internacional del país, al mismo tiempo que se mantenían las tensiones propias de un periodo de gran controversia y de intensas discusiones sobre la violencia y la economía ilegal que afectaban a la región.

En el terreno económico y financiero, se mantuvo el esfuerzo por adaptar la legislación y la práctica de gobernanza a un entorno cambiante, con un énfasis especial en la regulación de la actividad económica, la lucha contra la informalidad y la promoción de reformas que facilitaran la inversión y el crecimiento. El propio Betancur, con su formación académica y su experiencia política, se convirtió en un puente entre las viejas tradiciones y las nuevas exigencias de un país que intentaba abrirse a un mundo globalizado sin perder su singular identidad.

En el plano de la cultura y la sociedad, su gobierno dejó una impronta de apertura intelectual que se manifestó en el apoyo a las artes, la literatura y la reflexión crítica sobre el desarrollo humano. La figura de Betancur, en ese periodo, se vinculó a una visión que pretendía convertir a Colombia en un interlocutor activo de la cultura universal, sin renunciar a su tradición y a su vocación de país en desarrollo que buscaba un camino propio hacia la modernidad.

Economía y finanzas

En el marco de la política tributaria, se implementaron medidas orientadas a ampliar la base impositiva para actividades manufactureras, importaciones y consumo, con una estructura que diferenciaba entre distintos sectores y que pretendía sostener el gasto social y la inversión pública. Estas decisiones formaron parte de una estrategia de modernización fiscal que buscaba garantizar la estabilidad económica y financiar proyectos de desarrollo, educación y salud para una población cada vez más exigente en términos de derechos y oportunidades.

Cultura y deportes

En el terreno cultural, la asunción del Nobel para Gabriel García Márquez fue un hito que simbolizó la llegada de Colombia a un escenario cultural global con mayor voz y dignidad. En cuanto al deporte, el país decidió renunciar a la sede de la Copa Mundial de Fútbol de 1986, un acto que los analistas interpretaron como una priorización de recursos para el desarrollo nacional y la planificación de inversiones estratégicas que pudieran generar un impacto social más directo y sostenible.

Postpresidencia

Tras finalizar su mandato, Betancur se retiró de la vida política para volcarse de lleno a la academia, la escritura y la divulgación de ideas sobre educación y desarrollo social. Su quehacer intelectual lo llevó a escribir sobre la situación política de Colombia, a impartir clases y seminarios en diversas instituciones y a colaborar en revistas y periódicos que buscaban estimular el pensamiento cívico y la reflexión democrática. Su vocación humana, una constante en toda su carrera, se mantuvo como eje de su obra y de sus conferencias.

Junto a estas labores, fundó editoriales y consolidó una producción bibliográfica amplia que abarcó la educación, la economía, la sociología del desarrollo y la crítica política. Su obra, que combinó ensayo, crónica y poesía, se convirtió en un archivo viviente de las tensiones y aspiraciones de Colombia durante décadas, así como en un recurso para estudiantes, investigadores y lectores interesados en comprender un país en proceso de transformación.

En el ámbito internacional, Betancur se integró a instituciones académicas y culturales de prestigio, participó en foros de pensamiento y se convirtió en miembro de distintas academias y organismos que reconocían su trayectoria. Su participación en iniciativas internacionales de justicia, paz y educación consolidó su figura como una voz influyente que cruzó fronteras para promover la reflexión sobre el desarrollo humano y la democracia.

Entre sus aportes se cuentan libros y ensayos que exploran temas como la educación, la economía política y la sociología de la transformación social. No faltan obras poéticas y notas en prosa que revelan su sensibilidad estética y su consonancia con un ideal de humanismo cristiano que guiaba su visión de la vida pública. Su producción literaria y académica consolidó una imagen de intelectual comprometido con la dignidad humana y con la construcción de una sociedad más justa y equitativa.

Betancur también mantuvo vínculos con organismos internacionales y centros de estudio que avalaban su labor como defensor de la verdad, la justicia y la paz. Su presencia en la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, su membresía en el Club de Madrid y su participación en comisiones de verdad le otorgaron un horizonte global a su actividad cívica, sin perder la conexión con las realidades locales y regionales de Colombia.

En el terreno de la verdad histórica y la memoria, su participación en la Comisión de la Verdad de El Salvador, designada por Naciones Unidas, fue un testimonio de su capacidad de escuchar, entender y aportar una visión informada sobre procesos de reconciliación y construcción de paz en contextos de conflicto prolongado. Su rol como presidente de la comisión durante un periodo de trabajo intenso demostró su capacidad para asumir responsabilidades en escenarios complejos y para orientar la elaboración de informes que pretendían dejar lecciones para futuras generaciones.

Con la ciudadanía española reconocida en 2012, Betancur consolidó una identidad doble que le permitió mantener vínculos con Europa sin perder la pertenencia a su país. Su trayectoria, por tanto, se caracterizó por un equilibrio entre el compromiso con Colombia y la apertura a experiencias y reconocimientos internacionales que enriquecieron su visión del mundo y su legado estratégico en materia de educación, desarrollo y convivencia cívica.

Deceso

Belisario Betancur falleció a la edad de 95 años en una clínica de Bogotá, dejando tras de sí un legado complejo y polisémico que ha sido objeto de numerosos análisis. Su muerte, confirmada por la institución médica, fue precedida por un episodio de confusión en las redes sociales, que adelantó de forma errónea una noticia que luego fue aclarada por las autoridades. Su deceso cerró un capítulo extenso de la historia política y cultural de Colombia, marcado por la búsqueda de la paz y la dignidad humana.

Familia

Betancur fue hijo de Rosendo Betancur León y Ana Otilia Cuartas, y creció rodeado de una numerosa parentela que enfrentó las adversidades de la vida rural con una actitud de esperanza y tenacidad. En ese entorno aprendió valores de esfuerzo, responsabilidad y solidaridad que marcaron toda su trayectoria. Casó en 1945 con Rosa Helena Álvarez, quien falleció en 1998, y con ella procreó tres hijos: Beatriz, Diego y María Clara. Cada uno de ellos siguió su propio camino profesional, integrado a las esferas de la salud, la ingeniería y el derecho, respectivamente, y llevando en la memoria familiar la influencia de su padre como referente de ética y compromiso.

Obras

  • Base para un gobierno nacional, Colombia cara a cara (1961).
  • El cruce de todos los caminos (1963).
  • El viajero sobre la tierra (1963).
  • El rostro anhelante: imagen del cambio social en Colombia (1966).
  • A pesar de la pobreza (1967).
  • Desde el alma del abedul (1968).
  • Ante la universidad (1969, en coautoría con Álvaro Gómez Hurtado y Hernán Jaramillo Campo).
  • De la miseria a la esperanza (1970).
  • La ayuda externa (1970).
  • ¡Despierta Colombia! (1970).
  • Populismo (1970).
  • Antioquia en busca de sí misma (1973).
  • Desde otro punto de vista (1975).
  • La otra Colombia: la política y los partidos políticos en un proceso de desarrollo (1975).
  • Dinero, precios, salarios (1975).
  • Antioquia, la nueva epopeya (1986).
  • Hacia la civilización del amor: documentos pontificios sobre la doctrina social católica (1987).
  • El homo sapiens se extravió en América Latina (Teoría de la subversión y de la paz) (1990).
  • Declaración de amor: del modo de ser del antioqueño (1994).
  • El tren y sus gentes: los ferrocarriles en Colombia (1995).
  • La pasión de gobernar (1997, en coautoría).
  • Conflicto y contexto: resolución alternativa de conflictos y contexto social (1997).
  • Poemas del caminante (2005).

Premios

  • En 1983 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional por su vocación de servicio a la cultura y al entendimiento entre pueblos, reconocimiento a su constante esfuerzo por sostener valores democráticos y de paz.
  • En 2007 obtuvo de manera unánime el XXI Premio Internacional Menéndez Pelayo, en reconocimiento a su defensa de causas nobles, especialmente de la educación y la paz.
  • Fue miembro de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, del Club de Madrid y de varias academias nacionales e internacionales; en 2011 fue nombrado miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua.
  • Recibió doctorados honoris causa de Georgetown, de la Universidad Estatal de Colorado y de la Universidad Politécnica de Valencia; en 2009 obtuvo otro reconocimiento por la Universidad Nacional de Trujillo (Perú).

Imágenes de Belisario Betancur