Benjamín Palencia
| Nombre completo | Benjamín Palencia Pérez |
|---|---|
| Descripción | Pintor español |
| Fecha de nacimiento | 07-07-1894 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 06-01-1980 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | pintor |
| Grupos | Real Academia de Bellas Artes de San Fernando |
| Idiomas | español |
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Benjamín Palencia Pérez nació en Barrax, un pequeño municipio de la provincia de Albacete, el 7 de julio de 1894, y emprendió desde muy joven un camino artístico que marcaría la renovación de la pintura española. Falleció en Madrid el 16 de enero de 1980, dejando tras de sí una trayectoria que combinó la hospitalidad de la tradición pictórica con las búsquedas audaces de la vanguardia. Su huella como creador e impulsor de movimientos colectivos convirtió su figura en un referente imprescindible para entender el paisaje y la poética de la España del siglo XX.
Benjamín Palencia Pérez nació en Barrax, un pequeño municipio de la provincia de Albacete, el 7 de julio de 1894, y emprendió desde muy joven un camino artístico que marcaría la renovación de la pintura española. Falleció en Madrid el 16 de enero de 1980, dejando tras de sí una trayectoria que combinó la hospitalidad de la tradición pictórica con las búsquedas audaces de la vanguardia. Su huella como creador e impulsor de movimientos colectivos convirtió su figura en un referente imprescindible para entender el paisaje y la poética de la España del siglo XX.
Biografía
Ingresó en el mundo en una familia modesta, siendo el noveno de once hermanos, y su padre, al parecer, desempeñaba un oficio ligado al oficio artesano. A los quince años, en busca de nuevas oportunidades, se trasladó con sus progenitores a Madrid, ciudad que acabaría definiendo su porvenir. En la capital conoció a Rafael Gómez Egóñez, un ingeniero de caminos adinerado y culto que actuaría como tutor y protector durante años, facilitándole contacto con círculos de formación y desarrollo artístico. Allí comenzó a estudiar con Elías Tormo y, dentro de los grandes museos, realizócopias de maestros como Velázquez y El Greco en el Prado, experiencias que cimentaron su mirada hacia la pintura de la maestría clásica mientras respiraba las nuevas tendencias.
En 1917 participó en una exposición para jóvenes artistas, y un visitante de relieve, Juan Ramón Jiménez, mostró interés por su trabajo; ese encuentro abrió puertas a colaboraciones posteriores entre ambos. En ese periodo, Palencia frecuentó la Residencia de Estudiantes, rincón donde entablaría cercanías con Francisco Bores y Salvador Dalí, y donde junto a ellos participó en la Academia Libre, impulsada por Julio Moisés, compartiendo espacios y fretenamientos con otros jóvenes creadores.
La formación de Palencia se fortaleció en un ambiente que combinaba la práctica con la reflexión intelectual; entre pinceles y talleres, fue marcando tempranamente su vocación por una pintura que conjugaría lo sensible de la naturaleza con un lenguaje renovador, capaz de dialogar con las corrientes de la época sin renunciar a una identidad singular.
Creación de la Escuela de Vallecas
Con el escultor Alberto Sánchez, también participante de la exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos celebrada en el retiro madrileño, emprendió hacia 1929 un proyecto colectivo que se convertiría en la primera Escuela de Vallecas. Este esfuerzo agrupó a artistas que buscaban un impulso común, uniendo saberes y técnicas en una propuesta que pretendía abrir un camino propio dentro de la vanguardia española. El plantel y la intención de aquel momento sentaron las bases de un movimiento que trascendería su tiempo y que Palencia definió como un laboratorio de ideas donde la pintura dialogaba con la realidad cotidiana y con la experiencia del paisaje castellano.
En 1925 Palencia atravesó brevemente la escena parisina, compartiendo estudio con Pancho Cossio y estrechando lazos con otros creadores del círculo de Bores, como José Mari Uzelai y Manuel Ángeles Ortiz. A su regreso, pasó temporadas en Alicante y Altea, y en 1928 presentó su obra en el Palacio de Bibliotecas y Museos de Madrid, con el beneplácito y respaldo de Rafael Alberti y José Bergamín, que le abrieron puertas para seguir mostrando su lenguaje. Dos años después repitió la experiencia en ese mismo recinto, y en 1932 comenzó a colaborar con La Barraca de Federico García Lorca, realizando la escenografía y los figurines para la puesta en escena de La vida es sueño, de Calderón.
En 1932 presentó su tercera exposición en el Palacio de Bibliotecas y Museos; al año siguiente, una muestra en la galería parisina de Pierre Loeb atrajo la atención de Braque y Picasso, lo que habría de facilitar que Palencia se acercara al laberinto del surrealismo francés a través de figuras como André Breton, Louis Aragon y Benjamin Péret. En 1933 participó con el Grupo de Arte Constructivo, y ese mismo año colaboró en una exposición organizada por el Ateneo de Madrid; en 1934, Bergamín publicó sus reflexiones sobre la pintura italiana en la revista Cruz y Raya, consolidando su presencia en el debate artístico de la época.
Segunda Escuela de Vallecas
Durante la Guerra Civil, Palencia se refugió en su estudio madrileño y dedicó su actividad a la pintura de paisajes, abandonando de manera progresiva la experimentación más radical. Tras el conflicto, convocó durante tres años a antiguos seguidores y a alumnos de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, junto con figuras como Álvaro Delgado Ramos, Carlos Pascual de Lara, Gregorio del Olmo, Enrique Núñez Castelo y Francisco San José, entre otros. Este proyecto recibió el nombre de El Convivio, que con el tiempo fue conocido como la Segunda Escuela de Vallecas, precursora de la Escuela de Madrid y piedra angular de la renovación pictórica de la capital. A través de ese encuentro de voces y miradas, Palencia consolidó un círculo de creación que reforzaba la idea de una escuela conectada con la vida de la ciudad y con las problemáticas de su tiempo.
Últimos años
La necesidad de silencio y de un entorno íntimo llevó a Palencia a pasar, a partir de 1941, los veranos en Villafranca de la Sierra, una localidad de la provincia de Ávila donde construyó, sobre una ladera frente a las eras, un refugio que sería su taller y su refugio. En 1953 levantó allí un chalet diseñado por su amigo Luis Felipe Vivanco; al año siguiente falleció su querido tío Rafael, quien dejó en su testamento la certeza de que el pintor heredaría sus bienes. Con la desaparición de su guía, Serafín asumió ese papel hasta su muerte en 1969, y a partir de entonces fue su hermana, Salomé Palencia, quien se encargó de su cuidado. A partir de 1942, los veranos en Villafranca se combinaron con estancias en Altea, donde el artista pasaba las estaciones cálidas desde aquella primera visita de 1927. Más tarde, en 1977, dejó el piso de Altea y trasladó su estudio de invierno a Polop de la Marina.
En 1974 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y, cuatro años después, recibió la incorporación en la Real Academia Catalana de San Jordi. En 1978, durante la inauguración del Museo de Albacete, la Reina Sofía le comunicó la concesión de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, reconocimiento que, un año después, se consolidó con la donación de gran números de obras al Museo Español de Arte Contemporáneo. Palencia falleció en Madrid en 1980, a los 85 años, dejando un legado contundente: se había contado con cerca de 600 óleos y 10 000 dibujos entre su acervo testamentario.
Evolución estilística
Desde sus comienzos, Palencia quedó fascinado por un surrealismo que jugaba con formas zoomórficas y vegetales, pero conservó en la memoria ciertas huellas del cubismo que más tarde le ayudarían a estructurar los paisajes con una lectura sobria y sintética. En 1932 se sumó al colectivo Constructivo, y tras la Guerra Civil adoptó un realismo austero que decía mucho de la sensibilidad castellana y que, con el tiempo, derivó hacia un fauvismo ibérico que lo volvió cercano a Eugenio d’Ors y a su llamada Academia Breve. Esta trayectoria muestra una constante: la búsqueda de un lenguaje propio que dialoga con las corrientes europeas sin perder la memoria de la tierra y su paisaje.
Otros premios, distinciones y homenajes
- 1943: obtiene la Primera Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes.
- 1956: es nombrado hijo predilecto de Barrax, su pueblo natal.
- 1958: se le concede la Gran Cruz del Mérito Civil.
- 1961: recibe la Medalla de Oro de la provincia de Albacete.
- 1963: es declarado hijo predilecto de Albacete.
- 1970: obtiene la Medalla de Oro de la provincia de Ávila.
- 1978: recibe la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.
- 2012: se concede la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha, en reconocimiento a su legado.
Hoy, la ciudad de Madrid y otras urbes españolas conservan calles que llevan su nombre, y en Albacete una plaza central rinde homenaje a su figura como parte de una memoria que se extiende por varias comunidades. Este reconocimiento institucional acompaña a la valoración de su labor como defensor de una renovación que, sin perder su raíz, supo dialogar con el mundo.
Obra escrita publicada
- Benjamín Palencia. 24 reproducciones y palabras preliminares, colección de Los nuevos artistas españoles, Madrid, 1932.
- Sueño del torero, Galería Clan, Madrid, 1948.
- Mi concepto y experiencia de la pintura (discurso leído tras su ingreso en la Real Academia de San Fernando), Real Academia de San Fernando, Madrid, 1974.
- Benjamín Palencia y la pintura de su tiempo en Albacete (1909-1978), catálogo de exposición, Museo de Albacete, 2015; Instituto de Estudios Albacetense, 2014.
Repercusión internacional
Las crónicas de la época registran momentos destacables en los que su obra cruzó fronteras de forma notable. Se cuenta que un importante pintor europeo, interesado en adquirir un cuadro suyo en París en 1933, recibió como regalo una pieza del artista; también se ha documentado un episodio en Filadelfia a principios de los años sesenta, cuando una colección privada compró una obra que Palencia había vendido; y, para completar, se sabe que una invitación a exponer llegó desde Roma, invitación que la princesa Paravicini le lanzó en 1965 para presentar su trabajo en un palacio de la ciudad eterna. Estas anécdotas subrayan la resonancia internacional de un pintor cuyo lenguaje encontró eco fuera de su país y de su época.