Björn Borg
| Nombre completo | Björn Borg |
|---|---|
| Descripción | Tenista sueco |
| Fecha de nacimiento | 06-06-1956 |
| Lugar de nacimiento | |
| Nacionalidad | Suecia |
| Ocupaciones | tenista, tenista |
| Idiomas | sueco |
| Parejas | Jannike Björling, Helena Anliot |
| Esposas | Mariana Simionescu, Loredana Bertè |
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Björn Borg emergió como una fuerza imponente sobre las canchas, un atleta que transformó no solo su disciplina sino la forma de mirar el tenis en el planeta. Su fulgurante trayectoria, breve pero inmensa, lo convirtió en un emblema de la cultura deportiva y en una referencia de estilo tanto dentro como fuera de la pista. Esta narración reinterpreta sus años y logros con palabras nuevas, manteniendo la veracidad de los hechos y la riqueza de su legado.
Björn Borg emergió como una fuerza imponente sobre las canchas, un atleta que transformó no solo su disciplina sino la forma de mirar el tenis en el planeta. Su fulgurante trayectoria, breve pero inmensa, lo convirtió en un emblema de la cultura deportiva y en una referencia de estilo tanto dentro como fuera de la pista. Esta narración reinterpreta sus años y logros con palabras nuevas, manteniendo la veracidad de los hechos y la riqueza de su legado.
Biografía y carrera tenística
Orígenes, formación y las primeras influencias
Surgido en una ciudad cercana a Estocolmo, Borg pasó los primeros años de su vida en un entorno donde el hielo y el aire nórdico marcaban la rutina de los jóvenes. En su localidad, el hockey sobre hielo era la actividad dominante para los chicos; sin embargo, un desencadenante afianzó su destino en otro deporte. Su padre, aficionado al tenis de mesa, ganó una competición y entre las posibilidades apareció la idea de entregarle una raqueta de tenis como premio. A los 8 años, aquel regalo encendió una pasión que lo acompañaría de por vida y lo empujó a buscar la perfección en la pista. La decisión de abrazar el tenis cambió para siempre su camino personal y profesional.
Rod Laver sirvió como su primera gran fuente de inspiración. La concentración y la precisión que observaba en el astro australiano le encendieron una curiosidad por imitar esos gestos en cada partido. En las primeras etapas, el control emocional fue un desafío: sus nervios y su competitividad desbordada le traían sanciones en la cancha. Aun así, aquel tropiezo inicial dejó una marca que impulsó su posterior desarrollo disciplinado y respetuoso con las reglas del juego. Su mentor cercano fue Lennart Bergelin, un extenista y capitán de Copa Davis que acompañó su carrera y contribuyó a forjar un temple sereno y una mentalidad de trabajo sostenido, incluso cuando las presiones externas amenazaban con quebrantar su compostura.
Debut en la Davis llegó temprano: en 1972, con apenas 15 años, se convirtió en el representante más joven de su país en la Copa Davis. En aquella serie mostró destellos de talento y una determinación que sorprendió a la escena, venciendo un partido en cinco sets ante Onny Parun. Aunque también disputó y perdió dobles, aquel año dejó claro que estaba destinado a transformar el panorama de su país en la competencia por equipos. Este debut marcó el inicio de una relación duradera con la competición por equipos que acompañaría toda su carrera.
Ascenso y consolidación en el circuito profesional
En 1974 Borg dio un salto decisivo cuando logró su primer título importante en tierra batida parisina, coronándose campeón de Roland Garros tras vencer al español Manuel Orantes. Aquel triunfo, obtenido a una edad temprana, consolidó su estatus de “nuevo astro” y mostró que su juego de fondo era capaz de vencer a rivales de gran experiencia en un escenario de alto voltaje. Poco después, se agrandaron sus victorias en otras superficies y torneos, consolidando un perfil que combinaría potencia, colocación y una ejecución táctica poco común en su época.
En 1975, Borg reafirmó su capacidad para pelear títulos en escenarios de dureza y lucha. Defendió con firmeza su título en Roland Garros, sumando una nueva ronda de victorias que consolidó su presencia en la élite. En ese año, además, amplió su palmarés con otros galardones y alcanzó avances significativos en Wimbledon y el Masters, sorprendiendo a la crítica con su consistencia. Su interpretación en la pista combinaba una capacidad de lectura de juego y una seguridad en la ejecución que pocos podían igualar.
1976 fue un año de consolidación definitiva. Borg conquistó su primer título en Wimbledon, un logro que se convirtió en el hito que comenzó a definir el dominio de la década. Su victoria en la hierba londinense, basada en un saque potente y una volea precisa, dejó en claro que podía adaptar su juego a superficies muy distintas y mantener una versión del tenis que parecía imbatible. En esa temporada, su presencia en Roland Garros ya era un aval de su eclecticismo técnico y su capacidad para prosperar bajo presión. Aquel año también dejó su primera gran final en el Abierto de Estados Unidos, además de mostrar su talento para pelear cada punto con una intensidad que parecía no agotarse.
Los años siguientes consolidaron un récord que pocos han igualado. En 1977 Borg sumó 12 títulos y fue capaz de triunfar en Wimbledon con una regularidad novedosa, mientras mantenía su presencia en Roland Garros y otras pruebas importantes. En 1978, su hazaña quedó grabada como una de las más recordadas en la historia: completó el llamado “Channel Slam” al ganar Roland Garros y Wimbledon en años consecutivos, y sin ceder un set en cada torneo de la serie de victorias, un logro que evidenciaba una supremacía física y mental sin precedentes. La superba capacidad para cambiar de ritmo, colocar la bola con liftado y sostener un ritmo de juego intenso sobre superficies distintas marcó un nuevo estándar para el tenis moderno. La épica final de Wimbledon 1980 con John McEnroe en la década siguiente quedó grabada como una de las batallas más intensas, aunque esa semifinal de esa temporada mostró la fortaleza de su defensa y su capacidad para remontar ante rivales de alto calibre.
La década de los ochenta consolidó a Borg como el estandarte de un tenis que se movía hacia una combinación entre potencia y estrategia. Entre 1978 y 1980, ganó tres veces consecutivas Roland Garros y Wimbledon, una marca que parecía inalcanzable por las condiciones de esa era, marcada por superficies muy distintas y calendarios ajustados. En esos años, su rendimiento fue tan sólido que logró situarse entre los máximos referentes del ranking, manteniéndose en posiciones de primer nivel y acumular victorias que aún son citadas como ejemplos de excelencia táctica y física. La rivalidad con figuras como Connors, McEnroe y Vilas atrajo una atención mediática que transformó el tenis en un fenómeno global, con un impacto que se extendió mucho más allá de las canchas.
La retirada llegó de forma abrupta y sorprendió a muchos: en 1982, a la edad de 26 años, Borg decidió retirarse en plena madurez deportiva, dejando su huella en una carrera de apenas nueve años de actividad profesional. Aunque sus apariciones no eran continuas en los años siguientes, su presencia siguió resonando en exhibiciones y encuentros de caridad, y años más tarde su influencia atravesó generaciones, convirtiéndose en un referente de estilo, manejo de la presión y profesionalismo en el mundo del deporte.
En su conjunto, la trayectoria ofrece un total de 11 títulos de Grand Slam entre Roland Garros y Wimbledon y una cantidad significativa de victorias en Masters y torneos importantes que, sumados, revelan un dominio prolongado durante la década de 1970 y principios de los ochenta. Su dominio no solo se midió en trofeos, sino también en la capacidad de redefinir la relación entre el deporte y la publicidad, creando un modelo de patrocinio y presencia mediática que influenció a futuras generaciones de atletas.
Estilo de juego y preparación física
El estilo de Borg se articulaba desde una base sólida en el fondo de la pista, con golpes profundos y liftados que imponían un tempo imparable. Su saque, reforzado con ajustes sutiles en la mecánica de pie, le permitía imponer una salida rápida y una colocación que desbordaba a rivales fatigados por intercambios largos. Su revés a dos manos, ejecutado con un swing amplio, fue una de las señas más distintivas de su juego, combinando potencia y altura de bote en una línea de golpe que pocos lograron emular de manera consistente.
La derecha liftada, igual de notable, se convirtió en una unión de fuerza y control que le dio profundidad a sus golpes y le permitió mantener un ritmo de peloteo sostenido contra sacadores superiores. En esa época, su revés a dos manos no era habitual en el circuito, y Borg lo convirtió en un arma fiable, en parte gracias a su entrenamiento y a la dirección técnica de sus entrenadores, que nunca intentaron cambiar su firma técnica ante la resistencia de su propio estilo. Este conjunto de habilidades le permitió construir un juego de base equilibrado, capaz de desplegarse con velocidad y precisión en la transición a la red cuando la situación lo exigía.
La construcción de su equipo fue otra de las claves: Borg favoreció la contratación de un asesor continuo desde etapas tempranas, y su relación con Lennart Bergelin se convirtió en un pilar de su mentalidad y su constancia. La mecánica de su cuerpo, su flexibilidad y su capacidad de lectura de juego se refinaron a través de años de entrenamientos que combinaban trabajo físico intenso con sesiones técnicas centradas en el control del tiro y la variación de efectos. Su equipo de raquetas era singular: piezas diseñadas en una fábrica de Donnay, con un peso notable y una tensión de encordado que superaba lo habitual, pensadas para sostener su estilo agresivo y la respuesta de la bola ante su swing largo. Este conjunto de herramientas le dio una identidad única en una era en la que los materiales y las técnicas evolucionaban rápidamente.
La velocidad de piernas y la resistencia fueron otros rasgos determinantes. Borg podía moverse con una anticipación casi infinita y mantener movimientos explosivos durante partidos que se prolongaban en cinco sets. Su disciplina física, combinada con una rutina de entrenamiento que superaba las cinco horas diarias de práctica técnica y una preparación física rigurosa, le permitía sostener la intensidad del juego sin mostrar signos de fatiga. Su cuerpo, en excelente estado, respondía con una consistencia que desbalanceaba a rivales que intentaban sostener el ritmo durante largos intercambios de gran exigencia.
La marca personal de Borg, más allá de la pista, era un símbolo de precisión, frialdad y control. Su apodo de “El hombre de hielo” describía no solo su compostura ante los retos, sino también su capacidad para volver a la acción con serenidad tras situaciones adversas. Esa imagen, junto con su estilo característico, convirtió su figura en un referente estético y deportivo de su tiempo, marcando tendencias en vestimenta, patrocinio y presentaciones públicas que trascendieron el deporte.
La Copa Davis y el juego en equipo
La Copa Davis ocupó un lugar central en la carrera de Borg. Debutó en 1972 y, a lo largo de los años, acumuló una racha notable de victorias que llegó a dejar una marca de invicto en series de individual en varias temporadas. Su capacidad para rendir en confrontaciones decisivas contribuyó a que Suecia se situara en un plano de liderazgo en la competición por naciones. En 1975, Borg lideró a su país hacia la conquista de la copa, un logro histórico que cambió la narrativa del tenis escandinavo y abrió la puerta a un ciclo de éxitos para futuras generaciones de jugadores Suecia. Su racha personal de victorias en individuales se convirtió en un récord que resiste el paso del tiempo y que simboliza su capacidad de superar la presión en escenarios de alta relevancia.
Su cohesión con el equipo fue alimentada por la presencia de un jugador que era también un líder dentro y fuera de la pista. A lo largo de su trayectoria, Borg demostró que el rendimiento individual podía convivir con la fortaleza colectiva, y que los triunfos en copa requerían de un equilibrio entre talento, disciplina y un espíritu de lucha compartido. En las ligas y rondas decisivas, su rendimiento individual se entrelazó con el impulso de un conjunto que aspiraba a alcanzar las finales y, eventualmente, a alzarse con el trofeo de plata más importante de la competición por equipos.
Reconocimientos, legado y la visión del tenis moderno
Borg y el tenis moderno se entrecruzaron de forma inseparable. Con su presencia en las canchas, el deporte viró hacia un modelo más global, en el que el marketing, la televisión y el patrocinio formaban parte integral de la carrera de un atleta. Su figura convirtió el tenis en un espectáculo de masas y dio lugar a una nueva era en la que la figura del deportista como marca personal dejó de ser una excepción para convertirse en una constante. Su influencia trasciende las victorias y se extiende a la forma en que el tenis se percibe, se promociona y se negocia en el circuito internacional.
En los rankings y la memoria histórica, Borg ocupa un lugar destacado entre los grandes de todos los tiempos. Su éxito sostenido, especialmente en Wimbledon y Roland Garros, lo sitúa entre los más destacados de la Era Abierta, y su capacidad de mantener un rendimiento superior durante años, a pesar de la juventud de sus rivales, define un periodo que sigue siendo una referencia para las nuevas generaciones. Su presencia, además, fue decisiva para que figuras como Rafael Nadal, Roger Federer y otros contemporáneos sean vistos como herederos de un modelo de juego que él ayudó a instaurar.
Head to Head con los grandes rivales de la época
- Contra Connors: ventaja del sueco en enfrentamientos directos, con un número que ejemplifica su capacidad de responder a uno de sus adversarios más temidos.
- Contra Vilas: elevado rendimiento de Borg frente a uno de los sacadores más duros de la historia, con una serie de victorias que marcó su dominio en la superficie de tierra.
- Contra Gerulaitis: un registro perfecto para Borg, reflejo de su seguridad mental ante rivales jóvenes y combativos.
- Contra Nastase: enfrentamientos reñidos que mostraron la combinación de talento y experiencia que Borg empleaba para neutralizar al acento europeo del juego.
- Contra McEnroe: una rivalidad legendaria, con encuentros que definieron una era y que evidenciaron la capacidad de Borg para sobrevivir a ataques diversos y blijftos tensos.
- Contra Ashe: duelos que combinaron estilo y estrategia; la pelea entre generaciones dejó huellas en la memoria de los aficionados.
- Contra Lendl: batallas que destacaron la perseverancia y la adaptabilidad de Borg ante una era que evolucionaba hacia un poder de golpeo más compacto.
- Contra Laver: encuentros que conectaron generaciones, con el veterano australiano en el espejo de un joven que ya dejaba huella en la historia.
Estilo de juego
La impronta de Borg se define por su juego de fondo que conjugaba seguridad, profundidad y un golpe liftado que, en su época, parecía innovador. Su capacidad para mover a los oponentes y forzar intercambios largos era el pilar de su estrategia, y el uso de un backhand a dos manos, ejecutado con un swing amplio y un liftado pronunciado, marcó un camino que muchos jugadores han seguido posteriormente. Su derecha liftada, al igual que su revés, llevaba la bola a alturas que complicaban la lectura de los rivales y les exigía respuestas dinámicas y preparadas.
Una mecánica singular caracterizó su forma de golpear: aunque no fue el primero en ejecutar un revés doble, sí fue quien demostró que ese golpe podía convertirse en una herramienta eficaz para crear ángulos y generar presión constante sobre la pista. Su técnica no respondió a un modelo estándar de la época, sino a una interpretación personal que le permitió mantener control incluso ante los golpes más potentes de sus rivales. Con raquetas de madera pesadas y una tensión de encordado que superaba lo habitual, Borg conseguía una precisión notable y una respuesta que superaba con frecuencia la expectativa de quien enfrentaba su ritmo de juego.
La gestión de la raqueta y la física fue un capítulo clave: los instrumentos estaban diseñados a medida para él en una fábrica de Donnay, con dos series anuales de piezas reforzadas para resistir la exigencia de su estilo. La dedicación a la herramienta de trabajo, hasta el punto de que un artesano acompañaba a Borg a torneos para ajustar pequeños detalles, muestra cuánto valoraba su equipo y cuánto confiaba en su perfeccionamiento técnico. Este rasgo de autoverificación y control extremo del material dejó una impronta que se extendió al mundo del tenis como un estándar de cuidado profesional.
La velocidad y la movilidad definían otra cara de su juego: su capacidad para anticipar la pelota, su agilidad en los movimientos y una condición física de élite le permitían disputar cada punto con una intensidad que desbordaba a muchos de sus oponentes. Su entrenamiento diario, que rondaba las cinco horas, se complementaba con una disciplina física que buscaba sostener el rendimiento a lo largo de encuentros agotadores, a veces de cinco sets. Esta combinación de habilidad técnica, fortaleza física y control mental convirtió su estilo en un modelo para generaciones futuras.
La personalidad en la pista era tan distintiva como su técnica. Su serenidad, la mirada fija y la capacidad de permanecer concentrado sin importar el devenir de los puntos le valieron apodos que reflejaban su composición interior. En los años de mayor exposición pública, esa imagen de frialdad contenida se convirtió en símbolo de un juego que mezclaba precisión con una actitud imperturbable. Por encima de todo, Borg mostró que el éxito podía lograrse a través de un equilibrio entre fuerza física, estrategia y una mentalidad inquebrantable.
Copa Davis y tenis de equipo
La Davis fue una plataforma de exhibición para la magnitud de Borg como jugador integral. Debutó con apenas 15 años y dejó claro que su talento tenía una proyección distinta a la de sus pares. Su racha de victorias en individuales en la competición, combinada con un rendimiento constante en las series de equipo, convirtió a Suecia en un contendiente serio en cada edición. En 1975, Borg llevó a Suecia a su primera gran conquista de la historia de la copa, un hito que fomentó el surgimiento de una generación de tenistas que convertiría al país en una potencia de la disciplina durante la década de los 80.
El impacto en Suecia fue profundo. Tras la retirada de Borg, surgió una generación de jugadores de gran calidad, entre ellos Mats Wilander y Stefan Edberg, que sostuvieron el éxito del país en la competición durante años. En ese contexto, Borg se convirtió en esa figura que no solo brillaba individualmente, sino que además elevaba el rendimiento de todo un equipo y marcaba el camino para quienes le seguirían. Su legado en la Davis se recuerda como el inicio de una etapa dorada para el tenis sueco, que se prolongó a lo largo de la década de los 80.
Vida pública, reconocimiento y legado
La notoriedad de Borg fuera de la pista fue una de las piezas clave de su historia. Su presencia en los medios, su estilo global y su capacidad de convertir cada aparición en un evento ejemplificaron la transformación de los deportistas en marcas de alto impacto. Su boda en 1980 con la tenista Mariana Simionescu fue un momento que acaparó la atención de la sociedad y de la industria, consolidando su estatus de icono social. A lo largo de su carrera, su figura fue objeto de una atención que se extendió más allá del ámbito deportivo y se convirtió en un fenómeno cultural.
El apoyo publicitario y la gestión de su imagen fueron pioneros en su época. Borg se convirtió en una de las primeras grandes figuras que operaban a través de una agencia de representación y de un conjunto de contratos que le permitieron obtener ingresos significativos más allá de las premiaciones deportivas. Su alianza con marcas y su presencia en campañas publicitarias ayudaron a colocar al tenis en un nivel de exposición mediática y comercial sin precedentes, lo que, a su vez, sirvió de ejemplo para las futuras generaciones de atletas que buscaron consolidar una carrera sostenible más allá de la competición.
Reconocimientos y distinciones no tardaron en llegar. Fue introducido al Salón de la Fama del Tenis Internacional y recibió la aceptación de una audiencia global que lo reconocía como un referente del deporte. Algunas publicaciones especializadas lo situaron entre los mejores de la historia, y asociaciones deportivas lo destacaron como un pionero que dio forma a la visión moderna del tenis. Su impacto en el deporte quedó ilustrado por la cantidad de veces que su nombre apareció en listas y rankings, así como por la influencia que su historia ejerció en la forma en que se valora la grandeza en el tenis.
Relaciones personales completan el retrato de una vida marcada por el contraste entre la fama y la intimidad. Sus matrimonios y las conexiones con distintas personalidades públicas configuraron una biografía que, más allá de la cancha, mostró la complejidad de una celebridad que buscó equilibrio entre la vida personal y las exigencias de la fama. Su hijo Leo Borg, fruto de una de esas uniones, comenzó a caminar hacia una carrera tenística que claramente recibe la mirada de un padre que entiende la presión de la mirada pública, pero que se mantiene al margen para permitir que la nueva generación forje su propio camino.
Después de la retirada y el legado posterior
La despedida oficial se produjo de manera sorprendente para el mundo del deporte. En 1982, Borg anunció su retirada de la competencia profesional, argumentando que el equilibrio entre los torneos y la exigencia física había llegado a un punto en el que prefería priorizar otros aspectos de su vida. Aunque dejó la competición de alto nivel, siguió apareciendo en exhibiciones y en eventos promocionales, manteniendo así su presencia pública y su influencia en el tenis contemporáneo.
Intentos de regreso se registraron en años posteriores, especialmente en 1991 en el Open de Montecarlo, cuando el interés por su retorno fue enorme. Aquel intento encontró un obstáculo claro: las condiciones de juego y la ausencia de ritmo competitivo tras años de inactividad. Aun así, su paso por el circuito de exhibición en años siguientes mostró que su figura seguía elevando la curiosidad de aficionados y medios por igual, consolidando su estatus como un personaje icónico dentro de la historia del deporte blanco.
Vida profesional y empresarial han continuado entrelazándose a lo largo de los años. La marca que lleva su nombre y las iniciativas que giran en torno a ropa y artículos para el deporte han mostrado una fortaleza sostenida, facilitando que su influencia siga presente en distintos mercados y campañas. Más allá de los negocios, su figura se mantiene como símbolo de una era en la que el tenis dejó de ser solo una competencia para convertirse en una plataforma de impacto cultural y económico a escala global.
Reconocimiento público y honores
El reconocimiento de la comunidad deportiva ha llegado en múltiples frentes. Junto a rivales históricos, Borg es visto como uno de los motores que llevó al tenis a un estatus de —si se quiere— estrellato comparable al de otros grandes del espectáculo. Su presencia en Wimbledon y en otras pruebas de primer nivel se convirtió en un hito de la década, y su influencia trascendió al ámbito deportivo para convertirse en un referente cultural para varias generaciones. Su vida y su legado han sido objeto de análisis y discusión en publicaciones y documentales que exploran la historia del tenis moderno.
Legado en la memoria de su país es excepcional. En su nación, Borg es recordado como uno de sus personajes más célebres a nivel mundial, junto con figuras del deporte y la cultura que marcaron esa década. Su figura se ha convertido en un símbolo de excelencia, disciplina y cuidado del deporte, y su presencia ha sido conmemorada con estatuas y distinciones que reafirman su papel en la historia del tenis y de la sociedad sueca en el siglo XX.
El lugar en la historia se asienta entre los cinco grandes de la Era Abierta, junto a nombres que suelen mencionarse en el mismo top: Laver, Federer, Nadal y Djokovic; y en otros recuentos aparece acompañado de Sampras y otros grandes que dejaron huella en la competición. Aunque las valoraciones pueden variar según el enfoque, la contribución de Borg a la forma en que se interpreta y se celebra el tenis es innegable, y su influencia en la popularización y la profesionalización del deporte es un hecho ampliamente reconocido.
Impresión cultural de su figura se extiende al cine y a la cultura popular: la película Borg vs McEnroe, estrenada en 2017, retrata con dramatización la rivalidad entre Borg y su contemporáneo estadounidense, destacando la personalidad y el contexto de aquella final de Wimbledon de 1980. En el filme, su vida y su forma de entender el tenis se presentan como un espejo de un periodo de cambios y transformaciones que definieron la era y la estética de un deporte que estaba en pleno crecimiento.
Vida privada y líneas de continuidad familiar
Un capítulo significativo en su vida privada fue su matrimonio con Mariana Simionescu en la capital de Rumania, una unión que comenzó en los años setenta y que cristalizó en 1980, en una ceremonia que reunió atención mediática y expectativa social. Su historia personal avanzó con altibajos y cambios de pareja que, finalmente, irían dibujando un mapa familiar que sigue influyendo en su legado deportivo a través de su hijo Leo Borg, quien continúa explorando su propia trayectoria en el mundo del tenis.
En términos de logros, Borg dejó para la historia un conjunto de festividades deportivas que nadie ha podido igualar en su época. El conteo de títulos, de finales disputadas y de records vigentes se entrelaza con una capacidad de lectura de juego que cambió el golf de las reacciones en la pista. Su capacidad de imponerse en torneos clave de la Era Abierta, su dominio en superficies contrastantes y su influencia en la popularización del tenis lo sitúan en la conversación de los grandes nombres que toda recopilación histórica sostiene como piezas centrales del desarrollo del deporte en el siglo XX.
Consecutivas distinciones y su trayectoria como embajador turístico de su país subrayan el papel que Borg ha desempeñado fuera de las canchas. Su figura continúa evocando un periodo de cambio en el que la figura del atleta profesional pasó a ocupar un lugar central en la economía y la cultura, con una presencia mediática que aún hoy es estudiada por historiadores y aficionados. Su historia, en suma, es la de un deportista que, con un juego veloz y preciso, transformó la experiencia del tenis y dejó una marca indeleble en la memoria de los amantes del deporte.