Blas de Laserna
| Nombre completo | Blas de Laserna |
|---|---|
| Descripción | Compositor español |
| Fecha de nacimiento | 04-02-1751 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 08-08-1816 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | compositor, director de orquesta |
| Géneros | ópera, zarzuela |
| Idiomas | español |
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Blas de Laserna Nieva emergió en la zona de Corella, en Navarra, en una época de transformaciones culturales y sociales que favorecerían las artes escénicas. Su llegada al mundo ocurrió en 1751 y su partida, años después, sucedió en Madrid en 1816. Su nombre quedó ligado a una trayectoria que fusionó el clasicismo español con rasgos del gusto madrileño, dejando una herencia de gran peso en la tonadilla y la escena musical de su tiempo.
Blas de Laserna Nieva emergió en la zona de Corella, en Navarra, en una época de transformaciones culturales y sociales que favorecerían las artes escénicas. Su llegada al mundo ocurrió en 1751 y su partida, años después, sucedió en Madrid en 1816. Su nombre quedó ligado a una trayectoria que fusionó el clasicismo español con rasgos del gusto madrileño, dejando una herencia de gran peso en la tonadilla y la escena musical de su tiempo.
Biografía
Nacido en Corella, Blas de Laserna fue el menor de los hijos de José Laserna y Usón y de Benita Nieva, integrantes de una familia de artesanos que encontró nuevas oportunidades gracias al florecimiento económico de la localidad en la primera mitad del siglo XVIII. Sus primeros años transcurrieron bajo la presión de las estrecheces, y la pérdida de su padre en 1766 agravó la situación, ya que dejó deudas heredadas. Tras la partición de la herencia en 1768, el joven Blas y su madre abandonaron su entorno para buscar un camino en Madrid, donde se abrirían las puertas de su futura carrera musical.
Llegada a la capital fue una etapa de carencia y esfuerzo constante. Entre 1769 y 1771 trabajó como profesor particular de música, actividad que le permitió cultivarse y establecer lazos con la aristocracia madrileña, además de obtener encargos modestos en capillas de la urbe. En 1772 recibió un respaldo decisivo gracias a dos figuras influyentes: Joaquín Antonio Osorio e Irozco Manrique de Lara, marqueses de Mortara, con quienes inició una colaboración que lo introdujo al ambiente teatral de finales del siglo XVIII. A su lado, el autor Luciano Francisco Comella y el compositor Pablo Esteve le abrieron las puertas del teatro público, donde Laserna empezó a hacer letras para tonadillas y a componer la música que acompañaba a melólogos como Inés de Castro, Hércules y Deyanira, o Los amantes de Teruel, entre otros. Su estética se centraba en la exploración de la vida interior de los personajes, buscando reflejar sus estados emocionales mediante una música que dialogaba con los gestos y las palabras. A través de Vicente Adán conoció a María Teresa, hermana de este último, con quien contrajo matrimonio en una ceremonia de 1773, realizada en secreto para no perder la manutención de Mortara. En 1775 aparecen sus primeras obras en solitario, El cuento del ratón y La sevillana, y ese mismo año pasa a trabajar como músico de Eusebio Rivera, ocupándose de la enseñanza de cantantes y de dirigir ensayos por un salario de nueve reales; más tarde intentó dimitir en 1777, aunque su renuncia fue desestimada.
Consolidación de su obra vino con una serie de luchas y consolidaciones en los años siguientes. En 1784 se producía la apertura de concursos por parte del Ayuntamiento de Madrid para conmemorar hechos históricos, tras la firma de la paz con Gran Bretaña. Allí se galardonaron obras como Las bodas de Camacho, de Esteve, y Los Menestrales, de Candido María Trigueros, en las que Laserna participó aportando melodía. En ese periodo surgió una generación de cantantes que sostenían el teatro madrileño, entre los que destacaron intérpretes como Polonia Rochel, Joaquín Arteaga y Tadeo Palomino, permitiendo a Laserna explorar repertorios más desafiantes desde el punto de vista técnico y vocal. Aprovechando estas circunstancias, el compositor comenzó a trazar una escuela pública de canto de tonadillas para ambos sexos alrededor de 1790, con el fin de proveer de intérpretes para actuaciones municipales y garantizar un cauce estable para su oficio.
En 1792 Laserna obtuvo la plaza de compositor de la compañía de Manuel Martínez, sustituyendo a Esteve, quien se jubilaba. Dividió su tiempo entre la dirección de dos compañías, la de Martínez y la de Eusebio Rivera, y esa doble responsabilidad contribuyó a mejorar la situación económica de su familia. No obstante, la estabilidad fue efímera: en 1797 fue reemplazado por Pablo del Moral, que retornó a la compañía de Martínez tras una larga ausencia por enfermedad. En estos años compuso y estrenó algunas de sus obras más recordadas: La abuela y la nieta (1792), Ino y Nífile (1797), y obras de carácter sacro como Jerusalén destruida por Nabucodonosor y El Sedecías, ambas estrenadas en 1805. Su quehacer abarcó también trabajos de ópera ligera y comedias musicales que combinaban el humor con la crítica social de la época.
Últimos años de vida estuvieron marcados por cambios familiares y económicos. En 1795 falleció su primera esposa, María Teresa Adán, y Laserna contrajo matrimonio con María Pulpillo, una cantante y actriz nacida en 1763 que había sido alumna suya en la academia en Madrid. Esta segunda unión quebrantó la estabilidad del hogar, porque se vio afectada la pensión dejada por la primera esposa. No fue sino hasta principios del siglo XIX que Laserna recibió una nueva asignación de doce mil reales anuales, con lo que pudo dedicarse por completo a la composición durante ese periodo; sin embargo, la coyuntura bélica de la época, con las guerras de coalición y, más tarde, la invasión napoleónica, redujo considerablemente la actividad cultural en Madrid y obligó al maestro a retomar el trabajo de profesor particular y de copista musical. Al terminar la contienda, Laserna ya estaba jubilado en la capital y vivió allí hasta su muerte, ocurrida al mediodía del 8 de agosto de 1816, a la edad de 65 años. Su sepelio se llevó a cabo en el cementerio exterior de la Puerta de Toledo.
Legado
Blas de Laserna se convirtió en una de las plumas más fecundas del escenario teatral madrileño y español de finales del siglo XVIII, a la vez que representó una fase de esplendor para Navarra en las artes escénicas. Su nombre se asocia principalmente a la tonadilla, un género que acompañó la vida musical de la corte y de la ciudad, extendiéndose durante la era de Carlos IV como una especie de intermezzo local al estilo italiano. A lo largo de su trayectoria, se estima que produjo una cantidad notable de tonadillas, y su influencia se dejó sentir en el crecimiento de este formato en los teatros de Madrid. La huella de Laserna también ha trascendido hasta las calles de Pamplona, donde la memoria del compositor se manifiesta, entre otras referencias, en la calle Blas de Laserna, situada en el barrio de la Milagrosa. En la actualidad, la tonadilla escénica de su tiempo se ha convertido en foco de investigación pionera para estudiar la evolución de las artes escénicas mundanas durante los siglos XIX y XX, un tema que han abordado revistas especializadas como Quodlibet en colaboración con la Universidad de Alcalá de Henares para entender la matriz creativa de compositores españoles de finales del XVIII y principios del XIX.
Obras destacadas de Laserna incluyen títulos que han llegado a la memoria de la afición y de la historia musical: Inés de Castro, Hércules y Deyanira, Los amantes de Teruel, Idomeneo y Amelia, El Sedecías (Jerusalén destruida por Nabucodonosor), Ino y Nífile, La abuela y la nieta, El perseguido, La gitanilla por amor, El premio de la constancia, Fígaro (zarzuela-ópera), El sistema de los preocupados, La España antigua, La España moderna, El sochantre y su hija y La crítica del teatro. Estas obras atestiguan una escritura escénica que conjugaba musicalidad y drama, buscando siempre un lenguaje accesible para el público y, al mismo tiempo, una profundidad expresiva para los personajes.
Matrimonio e hijos
Del matrimonio con María Teresa Adán nacieron cuatro hijos: Micaela de Laserna y Adán (1774-1841), Eugenio de Laserna y Adán (1775-desconocido), Juan Paulino de Laserna y Adán (1781-desconocido) y María Faustina de Laserna y Adán (1786-desconocido). Cada uno siguió, a su modo, las resonancias del mundo musical que había heredado de su padre.
Posteriormente contrajo segundas nupcias con María Pulpillo (1763-1809), destacada actriz y cantante que había sido alumna suya. Este segundo enlace no dejó descendencia, y la situación familiar se vio afectada por la pérdida de la pertenencia económica que dejó María Teresa en su testamento. Aun así, Laserna logró compensar parcialmente aquellas carencias a través de una nueva asignación que le permitiría, en años posteriores, orientarse exclusivamente a la creación musical hasta su retiro definitivo.