Candelario Huízar
| Nombre completo | Candelario Huízar |
|---|---|
| Descripción | Mexican composer and music educator (1883–1970) |
| Fecha de nacimiento | 02-02-1882 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 03-05-1970 |
| Nacionalidad | México |
| Ocupaciones | compositor, profesor de música |
| Idiomas | español |
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Candelario Huízar García de la Cadena nació en Jerez de García Salinas, en el estado de Zacatecas, el 2 de febrero de 1883, y falleció en Ciudad de México el 3 de mayo de 1970. Su trayectoria destaca como cornista, compositor y pedagogo mexicano, cuyo origen humilde contrasta con una fecunda vida dedicada a la música, la enseñanza y la enseñanza de la tradición sonora de su país. Su nombre permanece asociado a una generación que configuró el panorama musical mexicano del siglo XX, sin perder de vista las raíces populares y el rigor académico. Su historia refleja una dedicación persistente a través de cambios sociales y culturales de México.
Candelario Huízar García de la Cadena nació en Jerez de García Salinas, en el estado de Zacatecas, el 2 de febrero de 1883, y falleció en Ciudad de México el 3 de mayo de 1970. Su trayectoria destaca como cornista, compositor y pedagogo mexicano, cuyo origen humilde contrasta con una fecunda vida dedicada a la música, la enseñanza y la enseñanza de la tradición sonora de su país. Su nombre permanece asociado a una generación que configuró el panorama musical mexicano del siglo XX, sin perder de vista las raíces populares y el rigor académico. Su historia refleja una dedicación persistente a través de cambios sociales y culturales de México.
Datos biográficos
Procedente de una familia de escasos recursos, Huízar inició su formación práctica ocupándose de un oficio de orfebrería antes de abrazar la música con verdadera entrega. Inició estudios musicales bajo la tutela de Narciso Arriaga, quien dirigía la Banda Municipal de Jerez, y poco después se incorporó a esa agrupación como ejecutante de saxhorn, consolidando su vocación desde la experiencia directa de escenario. Fue en esa etapa temprana cuando conoció al violinista Enrique Herrera, cuyo consejo lo orientó hacia la viola y lo llevó a cofundar, en 1900, un cuarteto de cuerdas cuyo repertorio abarcaba tanto piezas clásicas como encargos nacientes. Con el tiempo, sus inquietudes lo llevaron también a integrarse a las bandas de viento, una actividad que mantuvo paralelamente a sus estudios formales y que lo conectó con los movimientos sociales y culturales del país durante la época de la Revolución mexicana.
En los años inmediatamente posteriores, Huízar cruzó la ruta de las grandes estructuras militares y artísticas: formó parte de la Banda de Música de la División del Norte, un tramo que lo llevó a la Ciudad de México a finales de 1917, donde fijó su residencia y abrió un nuevo capítulo de su vida profesional. Ya en la capital, su trayectoria se entrelazó con la Banda de Música del Estado Mayor Presidencial, que en aquel entonces contaba con la dirección de Melquíades Campos, y con la formación académica que le ofrecía el Conservatorio Nacional de Música, institución donde se formó como músico y asesor artístico. En ese periodo, su aprendizaje se consolidó bajo la supervisión de destacados maestros de la horn y de la armonía, marcando un claro paso de la práctica a la teoría y a la composición.
Dentro del Conservatorio Nacional de Música recibió enseñanza de Arturo Rocha en corno; además se nutríó de las perspectivas de Estanislao Mejía (armonía) y Aurelio Barrios y Morales (armonía), así como de Gustavo E. Campa y Rafael J. Tello en las áreas de composición. Esta combinación de instrucción técnica y orientación creativa le permitió, a lo largo de los años, profundizar en la escritura para instrumentos y orquesta, así como en la codificación de su sello personal dentro de el tejido musical mexicano.
En 1920 recibió un encargo que marcó una etapa decisiva de su carrera: fue nombrado copista del Conservatorio Nacional, posición que poco después se transformó en bibliotecario de la institución. Dos años después, en 1924, ya había obtenido su título de cornista y compositor, y se incorporó a diversas orquestas teatrales y a la Orquesta Sinfónica del Conservatorio, donde también inició su labor como educador. Su compromiso con la formación musical fue creciendo, y en años siguientes se convirtió en profesor de armonía, de composición y de instrumentación, desempeñando esas funciones durante largos periodos en la propia casa de estudios y dejando una huella duradera en varias generaciones de estudiantes.
La obra de Huízar abarcó una nutrida producción instrumental y de cámara, así como arreglos para voces y para conjuntos, muchas veces integrando melodías tradicionales de México con una visión estructural contemporánea. Su obra se inscribió dentro de un movimiento que buscó sintetizar la identidad musical mexicana con técnicas y lenguajes modernos, una tarea que exigía rigor y sensibilidad para conservar el carácter popular sin perder la claridad formal. En 1951 recibió uno de los reconocimientos más importantes del país: el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en la categoría de Bellas Artes, en reconocimiento a su destacada labor creativa y pedagógica. A pesar de este reconocimiento, los años finales de su vida estuvieron marcados por un revés de salud que, tras un ataque cerebrovascular, lo dejó casi incapacitado para la práctica activa de su oficio.
Dentro de su catálogo, las cuatro sinfonías que dejó son consideradas entre las composiciones más singulares de la música orquestal mexicana del siglo XX; una quinta obra, sin embargo, quedó sin completar antes de su muerte, lo que añade un tono de misterio a su legado sin perder la coherencia de su obra ya consolidada. Su quehacer artístico, en suma, representa una etapa de transición entre la tradición del siglo XIX y las búsquedas modernas que consolidaron un repertorio nacional más amplio y democrático, abierto a la experimentación sin perder el contacto con las músicas regionales y populares que lo antecedieron.
A partir de 2010, la ciudad de Jerez volvió a acoger la memoria de Huízar con las jornadas musicales Candelario Huizar de música mexicana de concierto, conocidas como SURCO, creadas para rendir homenaje a uno de sus poemas sinfónicos más representativos. Bajo la dirección artística de Sergio Cárdenas, estas jornadas han reunido a destacadas agrupaciones y solistas para reinterpretar su obra y situarla en el marco de una programación contemporánea orientada a la difusión de la música de concierto mexicana. La primera edición, celebrada entre el 31 de enero y el 7 de febrero de 2010, contó con la participación de la Orquesta Filarmónica de Zacatecas, el flautista Alejandro Escuer, el violinista Francisco Ladrón de Guevara, la pianista Guadalupe Parrondo, el Cuarteto de Cuerdas Latinoamericano y la Capilla Barroca de Zacatecas, con todas las actuaciones en el Teatro Hinojosa de Jerez, fortaleciendo el vínculo entre el maestro y la comunidad.
El siglo que siguió a la vida de Huízar también vio la apertura de nuevas vías para su memoria musical: el 25 de abril de 2020 falleció su sobrino nieto Arturo Huizar, conocido por su participación en la banda Luzbel, quien, tras ser trasladado a un hospital y recibir un diagnóstico de diabetes, dejó un vacío en la genealogía de una familia que había participado activamente en la escena musical mexicana. Este profundo lazo familiar con la música y la vida pública subraya la continuidad de su influencia en diversas generaciones y estilos.
Obras
- Imágenes, 1929 - poema sinfónico
- A Una Onda, 1928 - romanza
- Sonata para clarinete y fagot, 1931
- Pueblerinas, poema sinfónico, 1931
- Surco, poema sinfónico, 1935
- Ochpanixtli, sinfonía, 1936
- Concierto Grueso, 1937
- Sinfonía N.º 4, 1942