Vida Icónica VIDAICÓNICA

David Schwimmer

Nombre completo David Lawrence Schwimmer
Descripción Actor estadounidense
Fecha de nacimiento 02-11-1966
Lugar de nacimiento
Nacionalidad Estados Unidos
Ocupaciones actor de televisión, actor de cine, director de cine, productor de cine, actor de voz, actor de teatro, comediante, actor, productor, realizador
Idiomas inglés
EsposasZoë Buckman
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David Lawrence Schwimmer nació en la gran manzana y, desde joven, demostró una curiosidad por las tablas y la interpretación que lo llevaría a recorrer escenarios variados, desde escenarios escolares hasta grandes escenarios internacionales. Su biografía es un recorrido que se entrelaza entre el aprendizaje formal, la formación teatral independiente y una serie de proyectos que lo fueron catapultando hacia un estatus de referencia en la cultura popular. En este relato, se reconstruyen sus hitos más relevantes con una mirada fiel a los hechos y una prosa completamente renovada.

David Schwimmer — Imagen principal
Firma de David Schwimmer

David Lawrence Schwimmer nació en la gran manzana y, desde joven, demostró una curiosidad por las tablas y la interpretación que lo llevaría a recorrer escenarios variados, desde escenarios escolares hasta grandes escenarios internacionales. Su biografía es un recorrido que se entrelaza entre el aprendizaje formal, la formación teatral independiente y una serie de proyectos que lo fueron catapultando hacia un estatus de referencia en la cultura popular. En este relato, se reconstruyen sus hitos más relevantes con una mirada fiel a los hechos y una prosa completamente renovada.

Primeros años y formación

En Flushing, un vecindario de Queens, nació un niño llamado Schwimmer el 2 de noviembre de 1966, hijo de dos abogados judíos que supieron combinar la vida profesional con la crianza de dos hijos. Su hermana mayor, Ellie, completó la familia. La infancia transcurrió en un entorno que luego trasladó al joven a Long Island, donde la vida familiar permaneció activa hasta que él cumplió dos años. A partir de esa mudanza, su trayectoria comenzó a tomar forma en California, un territorio donde empezaron sus primeros acercamientos a la actuación, con una sensibilidad especial hacia los escenarios escolares y las producciones de la escuela secundaria de Beverly Hills.

Ya en la adolescencia, apareció en su horizonte un interés por la dramaturgia clásica y la riqueza del lenguaje. En 1984, tomó contacto con un taller sobre Shakespeare impartido por el reconocido actor Ian McKellen, experiencia que dejó una impresión profunda y movilizó su vocación. Días después, participó en festivales regionales de Shakespeare en los que obtuvo los dos primeros galardones de su trayectoria, destacándose por su entrega en el escenario y su curiosidad por explorar nuevos códigos escénicos.

La trayectoria de su madre, exitosa abogada que defendió a figuras públicas de alto perfil, influyó en su decisión de cruzar a Beverly Hills para continuar sus estudios. Allí completó la etapa escolar en la Beverly Hills High School, un periodo que no estuvo exento de desafíos. Schwimmer se ha descrito como un joven que vivía una desconexión cultural en ese entorno, sintiendo que su visión y valores no encajaban plenamente con el ambiente que lo rodeaba. A la vez, sus notas en Ciencias y Matemáticas apuntaban a un posible camino profesional en la medicina, una posibilidad que contrastaba con su creciente atracción por la interpretación.

La chispa artística, sin embargo, terminó por imponerse: una clase de drama encendió su interés por el escenario y un taller de actuación lo llevó a Chicago para vivir una experiencia que describiría como iluminadora y estimulante. En esa etapa, decidió integrarse a una fraternidad universitaria centrada en las artes y, tras completar el bachillerato, fundó junto a otros artistas la Lookingglass Theatre Company, demostrando desde temprano su capacidad de liderar proyectos culturales y de negocio culturalmente ambiciosos. Después de ese periodo formativo, regresó a Los Ángeles para dar inicio a una nueva fase como actor profesional.

La búsqueda educativa continuó con una decisión fundamental: sus padres insistieron en que completara la educación universitaria para evitar depender por completo de la suerte en la carrera artística. Con ese espíritu, Schwimmer se trasladó a Chicago para estudiar en la Northwestern University, donde ya había participado de un curso de verano en su juventud. Allí se especializó en teatro y se integró a una fraternidad de artes. Tras la obtención de su título en teatro y lenguaje en 1988, marcó el inicio de una etapa de replanteamiento personal y profesional que lo hizo regresar a la ciudad de Los Ángeles para intentar consolidar su carrera en el cine y la televisión.

Carrera temprana

Durante los años siguientes, Schwimmer inició una andadura en la pantalla que combinaba oportunidades diversas, salpicadas de pequeños papeles y experiencias teatrales. En 1989 hizo su debut televisivo con un telefilme, y poco después participó en producciones de renombre en la pantalla chica. En esa época, su trayectoria osciló entre la esperanza y los momentos de incertidumbre, a la vez que consolidaba una red de contactos que más tarde sería clave para su salto a proyectos de mayor proyección. En esa primera etapa, sus apariciones se extendieron a series como L.A. Law y The Wonder Years, y en 1993 dio su primer paso en el cine con una película de esa década.

Entre 1993 y 1994, su presencia frente a la cámara se fue fortaleciendo con roles que iban preparando el terreno para un reconocimiento más amplio. Apareció en una película y sumó una participación destacada en una serie donde su interpretación de un abogado que se transforma en vigilante dejó una marca, además de experimentar un intento breve en otras producciones de la época. Su primer papel estable en una serie lo obtuvo interpretando al hijo liberal de un conductor de un talk show conservador, un rol que le permitió desplegar una mezcla de timidez, humor y matices que anticipaban su capacidad para sostener personajes de mayor complejidad.

Con el paso del tiempo, su presencia en la industria comenzó a consolidarse de forma más sólida gracias a estas experiencias mixtas, que reforzaron su versatilidad frente a la cámara y apoyaron su decisión de afianzar su carrera en un medio que requería disciplina, constancia y una mirada crítica hacia las propuestas artísticas que enfrentaba.

Éxito y consolidación con Friends

El gran salto llegó en 1994 con una interpretación que cambiaría para siempre el curso de su carrera: el personaje de Ross Geller en la aclamada comedia de situación de NBC, Friends. En la historia, Schwimmer dio vida a un paleontólogo con una personalidad especialmente romántica y dedicada a su trabajo, un rol que, pese a haber sido rechazado en un inicio, terminó siendo uno de los ejes de la dinámica del grupo de amigos que habita en Manhattan. Este proyecto se convirtió en un fenómeno cultural y le abrió las puertas a un reconocimiento internacional sin precedentes.

El equipo creativo y el primer equipo de producción habían soñado con que ese personaje encajara en un formato que permitiera a cada miembro brillar, y Schwimmer demostró una capacidad innata para equilibrar humor, ternura y un toque de torpeza que resultó icónico para la audiencia. En la primera emisión, el programa conectó con millones de espectadores y el enfoque de Ross Geller en la serie consolidó la química entre el elenco y la audiencia estadounidense.

A una escala crítica, Friends recibió elogios por el planteamiento de sus protagonistas, con reseñas que destacaban la agudeza cómica y la dinamización de las escenas grupales. Schwimmer recibió una nominación al Emmy por Mejor actor de reparto en una serie de comedia en reconocimiento a su desempeño. Paralelamente, el show se convirtió en un laboratorio de alto rendimiento para la carrera del actor, que aprovechó la plataforma para explorar un abanico más amplio de emociones y enfoques interpretativos.

El éxito en televisión se amplió más allá de la pantalla: su presencia en las salas de cine también comenzó a incluir proyectos que, si bien no alcanzaron el mismo grado de consenso, fortalecieron su perfil de intérprete versátil. En esa etapa temprana, sus elecciones cinematográficas mostraron una intención de diversificar su trayectoria y buscar papeles que le permitieran experimentar con distintos registros actorales.

Incursiones en cine y proyectos destacados

La década de los noventa le brindó a Schwimmer la oportunidad de dirigir su mirada hacia proyectos cinematográficos que, aunque no siempre lograron un éxito rotundo, reforzaron su reputación como intérprete capaz de asumir roles complejos. Su experiencia en The Pallbearer le permitió trabajar en compañía de colegas consolidados y explorar un tipo de humor más sutil y matizado. En ese período también participó en thrillers y dramas que le ofrecían la posibilidad de explorar dinámicas de pareja y tensiones emocionales con una mirada particular.

Entre las cintas que formaron parte de su repertorio en esa fase se cuentan títulos que mostraban su interés por personajes con matices ambiguos y por historias que combinaban humor y drama en proporciones distintas. En general, estas colaboraciones le permitieron probar su capacidad para sostener la presencia en pantalla incluso cuando el material no era abiertamente tradicional o comercial. En este punto, la crítica ofreció opiniones mixtas, pero consolidó su posición como una figura en ascenso dentro del cine estadounidense.

Además, Schwimmer participó en proyectos en los que compartió cartel con figuras de renombre y en los que su interpretación fue apreciada por ciertos analistas especializados, que destacaron su talento para entregar interpretaciones que resonaban con audiencias diversas. A lo largo de este tramo, su decisión de aceptar ciertos papeles estuvo guiada por un deseo de evitar la encasillación y buscar oportunidades que le permitieran ampliar su espectro dramático y cómico al mismo tiempo.

Proyectos emblemáticos fuera de la televisión

En paralelo a su trabajo en la pantalla chica, Schwimmer incursionó en propuestas cinematográficas de diverso alcance. En 1996, protagonizó The Pallbearer, su primer papel estelar en una película de cine, y la crítica debatió su ejecución a partir de criterios de humor y romanticismo juvenil. Mientras algunos críticos valoraron su capacidad para sostener la narración y su encanto en la composición del personaje, otros sostuvieron que la película se apoyaba en una estructura que imitaba modelos previos, sin exploraciones radicales propias. Aun así, la experiencia fue tomada como una señal de su potencial para afrontar proyectos de mayor envergadura en el futuro. En ese periodo, sus siguientes trabajos mostraron su voluntad de asumir roles variados y de evitar la repetición de un único molde interpretativo.

Entre esas entregas, se mezclaron títulos de comedia romántica y thrillers con un tono más oscuro, lo que le permitió a Schwimmer exhibir su capacidad para transitar entre humor accesible y pasajes de tensión emocional. En la mayoría de estos proyectos, surgió la evaluación de la crítica de que, si bien algunos filmes no alcanzaron la altura de consagración prevista, el intérprete se mantenía como una figura capaz de sostener la atención del espectador mediante matices y una presencia distintiva en pantalla.

Otro punto relevante fue su entrada a producciones de alto perfil que sumaron dimensión a su carrera. En este periodo, su exploración de roles no solo se limitó al romance o al drama, sino que también abarcó personajes secundarios que permitían mostrar su versatilidad y capacidad para sostener momentos de comedia corporal y verbal con un estilo propio. Aunque algunas reseñas no fueron unánimes, la credibilidad de Schwimmer como actor polifacético se fortaleció con cada proyecto.

Del escenario a la gran pantalla: giro hacia la dirección y el teatro

Con el paso de los años, Schwimmer amplió su radio de acción hacia la dirección cinematográfica y el trabajo en el escenario. Su primera incursión como director en un largometraje lo llevó a Run Fatboy Run, una comedia británica que se estrenó en 2007 y que giraba en torno a un protagonista que se inscribe en una maratón para transformar su vida y sorprender a su familia. El proyecto ofreció a Schwimmer la posibilidad de interpretar, dirigir y contar una historia con una atmósfera que combinaba humor, tensión emocional y una relación afectiva entrañable entre padre e hijo. En palabras del propio director, la película reunía varios planos narrativos en una sola propuesta, con un enfoque en el crecimiento personal y las dinámicas humanas que transcurren en una carrera contra el tiempo.

La recepción crítica de Run Fatboy Run fue diversa: algunos diarios destacaron la capacidad del director para manejar un material de humor con su propio sello, mientras que otros la calificaron con reservas. Aun así, la película recibió reconocimiento por su visión y por la forma en que Schwimmer supo equilibrar los diferentes elementos narrativos. El debut en la dirección fue seguido por trabajos en teatro y otras producciones audiovisuales que reforzaron su interés por explorar nuevos ámbitos de la creación artística, no limitándose a un solo formato.

En el terreno escénico, Schwimmer continuó activando su presencia en el escenario londinense con Some Girl(s), una obra de teatro que reunió a un elenco destacado y que recibió evaluaciones que, en líneas generales, reconocieron su interpretación como una presencia sobria y capaz de sostener un tono juvenil y a la vez contenido. Este periodo también marcó su incursión en Broadway con The Caine Mutiny Court-Martial, una obra de dos actos de Herman Wouk en la que encarnó al teniente Barney Greenwald, con dirección de Jerry Zaks. Su paso por este título quedó registrado como una marca adicional de su versatilidad y su predilección por el lenguaje teatral clásico.

Además, su labor como director se extendió a proyectos experimentales en el ámbito televisivo y cinematográfico. En ese marco, participó en la realización de episodios para proyectos derivados y para otras producciones que permitían al equipo creativo explorar diversos enfoques técnicos y narrativos. Sus comentarios sobre el proceso creativo señalan un interés por fomentar la energía y la sincronización cómica entre el elenco, al tiempo que se aceptaba la responsabilidad de guiar la dirección de escenas clave con un sello personal.

Trayectoria teatral y presencia en la crítica

La década siguiente continuó con una presencia notable en el teatro de Nueva York y la escena británica, así como con apariciones en producciones televisivas que reforzaron su perfil multidisciplinario. En escenarios, su interpretación en obras de renombre recibió elogios por parte de críticos que destacaron su capacidad para transmitir emociones con sinceridad y por la forma en que su presencia escénica lograba conectar con el público. En conjunto, estas experiencias teatralizadas aportaron una dimensión distinta a su carrera, gracias a la combinación de habilidad interpretativa y disciplina detrás de la dirección y la puesta en escena.

Entre las reseñas, algunos comentaristas resaltaron la combinación de una presencia agradable y una técnica sólida, que le permitía atravesar diferentes estilos y temperaturas dramáticas. Otros destacaron la capacidad de Schwimmer para improvisar y modular el ritmo de sus diálogos, manteniendo la atención del espectador y aportando capas de significado a los personajes que interpretaba en cada texto. En conjunto, la crítica reconoció una evolución constante, que lo llevó a consolidar una identidad teatral propia dentro de un repertorio diverso.

Vuelta a la pantalla grande y otros proyectos

En el terreno cinematográfico, Schwimmer siguió alternando proyectos que iban desde comedias ligeras hasta dramas con una carga emocional más sostenida. En 2005 protagonizó Duane Hopwood, un drama independiente que giraba en torno a un hombre que, tras un divorcio, intenta reconstruir su vida mientras lucha contra su adicción al alcohol. La recepción fue diversa, pero muchos críticos coincidieron en que la interpretación del actor marcó un avance significativo en su carrera, destacando una capacidad para encarnar la fragilidad y la determinación de un personaje en proceso de cambio. esa película fue el punto de partida para ampliar su presencia en festivales y eventos especializados, con proyecciones que lo acercaron a públicos más exigentes y a una crítica más detallada sobre su capacidad interpretativa y su madurez en la dirección de escenas y construcción de personajes.

En paralelo, Schwimmer participó en animación digital para el mercado audiovisual, prestando su voz a Melman, la jirafa hipocondríaca de la saga Madagascar. Esta incursión en el cosmos de la animación ofreció a su interpretación un registro innovador y una proyección comercial considerable, que se consolidó al año siguiente con Madagascar 2: Escape de África. Aunque la crítica variaba, la recaudación y el rendimiento de la película a nivel internacional subrayaron su atractivo para audiencias familiares y fans de la saga, al tiempo que reforzaban su perfil como figura capaz de asumir roles en el terreno de la comedia animada y la comedia de avances tecnológicos en el cine de masas.

La labor en Madagascar fue complementada por nuevas experiencias en la dirección y la producción de contenido para televisión y cine. Entre sus colaboraciones, figura la participación en proyectos como Little Britain USA, una versión estadounidense de una serie británica que él mismo ayudó a traducir al formato local, mostrando su interés por el humor satírico y su capacidad para gestionar equipos de trabajo en producciones de gran envergadura. En este periodo, sus declaraciones públicas reflejaban una actitud de aprendizaje continuo y una curiosidad profesional orientada a explorar nuevos horizontes dentro de la industria del entretenimiento.

Voz, cine y obras en escena: continuidad de la creatividad

En el terreno teatral neoyorquino, Schwimmer se estrenó en Off-Broadway con Fault Lines, una experiencia que amplió su radio de acción y le permitió enfrentar desafíos escénicos de una magnitud distinta a la del cine o la televisión. A partir de esa experiencia, su presencia volvió a la gran manzana para participar en nuevas propuestas que combinaban la densidad dramática con un enfoque más ligero para el público. La crítica de la época recogió una mirada compleja sobre su desempeño detrás de la cámara y frente a los micrófonos, destacando su capacidad de mantener la energía de un elenco y la cohesión de un proyecto que requería un fuerte compromiso de dirección y actuación.

Otra de las ventanas abiertas durante esa fase fue su participación en la producción de Our Town, una obra clásica de Thornton Wilder en la que interpretó a George Gibbs en una puesta en escena de Lookingglass Theatre. Este proyecto revalidó su talento para trasladar personajes icónicos a formatos teatrales contemporáneos y para trabajar en equipos que valoran la precisión y la respiración interna de cada escena. Las reseñas destacaron la capacidad de Schwimmer para dotar de humanidad a un personaje central y para sostener una interpretación que kombinaba la nostalgia con una mirada moderna hacia la vida cotidiana de la comunidad que representa la obra.

A mediados de la década, su presencia en la televisión siguió en aumento con cameos y colaboraciones en series emblemáticas. En particular, una aparición en un episodio de Entourage le permitió interpretar una versión ficcional de sí mismo, sumando un matiz autocrítico y humorístico a su imagen pública. Este periodo consolidó la idea de Schwimmer como un artista que no teme a jugar con la propia identidad frente a las cámaras, añadiendo capas de interpretación que enriquecen su persona pública y su corpus profesional.

En la esfera de la dirección y la narrativa contemporánea

Ya en el nuevo milenio, Schwimmer consolidó su segunda incursión como director con una nueva película, Trust, estrenada en 2010, un drama centrado en la experiencia de una familia ante la amenaza de un depredador sexual en el mundo virtual. El elenco incluyó a Clive Owen y Catherine Keener, y la película buscó profundizar en las complejas dinámicas entre padre e hijos, así como en la responsabilidad de los adultos ante los riesgos de la red. Este proyecto constituyó un paso importante en su trayectoria como realizador, al subrayar su interés por abordar temas de interés social con un enfoque íntimo y humano.

El año 2011 marcó su regreso a la televisión estadounidense desde un ángulo distinto: apareció en Come Fly with Me, una serie británica adaptada para un formato de comedia predominante en la televisión internacional, donde participó junto con figuras como Matt Lucas y David Walliams. Paralelamente, continuó su trabajo de doblaje para Madagascar en Madagascar 3: Europe’s Most Wanted, lo que evidenció su compromiso con la saga y su capacidad de compartir escena con un elenco de voces reconocido mundialmente. En 2013, una aparición en The Iceman le permitió adentrarse en un registro de drama criminal y actuar junto a Michael Shannon, reforzando su versatilidad para integrarse a proyectos de carácter histórico y ficcional con distintos enfoques narrativos.

En 2014, Schwimmer fue anunciado como protagonista de la serie Irreversible, un nuevo proyecto televisivo que ampliaba su abanico de personajes y estilos. Dos años después, en 2016, dio vida a Robert Kardashian en la primera temporada de American Crime Story, una interpretación que le valió una nominación al Emmy por su desempeño. A comienzos de 2016, se unió al elenco de Feed the Beast, una serie criminal con trazos de thriller, que contó con una trayectoria de diez episodios antes de su cancelación en agosto de ese mismo año. Más tarde, en noviembre de 2016, se anunció su participación en una nueva experiencia de formato audible para la que puso su voz en un podcast de Gimlet Media, Homecoming, que se estrenó ese mes y amplió su presencia en plataformas distintas a la pantalla.

La exploración de la dimensión social y ética continuó en 2017, cuando participó en una labor de adaptación de material audiovisual de Signal Avin para un público estadounidense, un proyecto que promovía la defensa contra el abuso sexual en el entorno laboral. Ese mismo año, se sumó a nuevos proyectos de narración y actuación que reforzaron su versatilidad como creador y colaborador en equipos interdisciplinarios. En 2020, asumió el papel principal en Intelligence, una serie británica de comedia que mostró su faceta de intérprete capaz de encarnar distintos tonos con gracia y precisión. Paralelamente, participó en la producción de CBeebies Bedtime Stories, y fue designado como rostro de una institución bancaria británica, lo que evidenció su quehacer diversificado y su capacidad para colaborar con marcas y medios de gran presencia internacional.

En los años siguientes, su presencia en documentales y producciones de divulgación continuó, entre ellas una aparición en Jews Don’t Count, un documental que abordó aspectos del antisemitismo en Estados Unidos y Reino Unido, y donde Schwimmer aportó su visión como persona judía que ha forjado su propia identidad en el espacio público. El documental atrajo atención por su enfoque analítico y su reflexión personal sobre la identidad y la pertenencia, aspectos que el actor ha mostrado comprender con profundidad a lo largo de su trayectoria. En la actualidad, su participación en Goosebumps, la serie de terror, añade una nueva capa a su repertorio, demostrando que su interés por los formatos de género y de suspense continúa siendo parte de su curiosidad artística.

Vida personal y compromiso social

Entre las relaciones que han marcado su vida, Schwimmer ha compartido historias con varias figuras públicas y artistas, destacando la diversidad de su círculo afectivo y profesional. En distintos momentos, se le ha relacionado con abogadas, cantantes y actrices, y ha llevado una vida personal que ha mantenido su presencia mediática en un plano marcado por la comunicación abierta y la reflexión sobre el rol de las figuras públicas en la sociedad. En el plano familiar, el actor ha establecido vínculos que han influido tanto en su vida personal como en su compromiso con temas sociales y culturales, manteniendo una presencia constante en la esfera de la filantropía y el activismo cívico.

Entre sus áreas de interés público, Schwimmer ha mostrado su activismo en contra del racismo y del abuso infantil, así como su defensa de los derechos de las mujeres. En la década reciente, ha ejercido una labor de apoyo en causas sociales vinculadas a la protección de víctimas de violencia y en iniciativas para la mejora de los servicios de atención a estas personas. ha trabajado como director del Rape Treatment Center en Santa Mónica, centrando su atención en la atención y el acompañamiento de víctimas de violación y de menores, en un marco de profesionalidad y compromiso con la salud mental y el bienestar de las personas afectadas.

Asimismo, ha participado en campañas para la regulación de sustancias y drogas, promoviendo iniciativas que buscan endurecer las normativas para la prevención y la persecución de conductas que faciliten la explotación o el abuso. En cuanto a su patrimonio, se ha mencionado la posesión de viviendas en distintas ciudades como Los Ángeles, Chicago y Nueva York, lo que refleja la amplitud de su presencia geográfica y su capacidad de navegar entre mercados culturales y financieros diversos. Su vida personal, igual que su trayectoria profesional, se ha caracterizado por la búsqueda de equilibrio, aprendizaje continuo y una implicación constante en causas que trascienden el entretenimiento.

Filmografía, premios y reconocimientos

La trayectoria de Schwimmer se despliega en dos grandes ejes: cine y televisión, con una presencia destacada en el escenario teatral, que se ha traducido en una filmografía variada y en una serie de participaciones que han dejado huella en diferentes generaciones de audiencias. A lo largo de su carrera, ha sido reconocido con nominaciones y galardones que reflejan su capacidad para transitar entre géneros y formatos, y su compromiso con proyectos que exploran la condición humana desde múltiples ángulos. Su trayectoria notable como actor y director se complementa con su labor filantrópica y su participación en iniciativas culturales que buscan ampliar el acceso a la cultura y la educación.

Notas finales

La biografía de Schwimmer es un testimonio de una carrera que ha sabido reinventarse una y otra vez. Desde su inicio en la escena escolar hasta su consolidación como figura influyente en televisión, cine y teatro, su historia refleja la constancia, la curiosidad y la voluntad de abrazar proyectos desafiantes. Su legado, además de las obras que lo consagraron, incluye su labor en la defensa de derechos y bienestar, así como su compromiso con la formación de audiencias a través de distintas plataformas y formatos. En cada etapa, la persona detrás del personaje ha dejado claro que la creatividad y la responsabilidad social pueden caminar juntas en un recorrido artístico que no se detiene.

Imágenes de David Schwimmer