Earl Hines
| Nombre completo | Earl Hines |
|---|---|
| Descripción | Músico y pianista de jazz |
| Fecha de nacimiento | 28-12-1903 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 22-04-1983 |
| Nacionalidad | Estados Unidos |
| Ocupaciones | pianista, líder de banda, músico de jazz, compositor |
| Géneros | jazz |
| Grupos | Earl Hines and His Orchestra |
| Idiomas | inglés |
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Earl Hines fue una figura crucial en la historia del piano jazzístico, cuyo recorrido abarcó desde las escenas emergentes de Pittsburgh hasta los grandes escenarios internacionales. Nacido en la periferia de la urbe industrial de Duquesne, su vida estuvo marcada por una evolución constante del instrumento, un dominio del lenguaje armónico y una influencia que trascendió generaciones. Aunque los archivos señalan posibles años de nacimiento cercanos, su legado quedó grabado en cada nota, en cada banda y en cada colaboración a lo largo de décadas de actividad incesante.
Earl Hines fue una figura crucial en la historia del piano jazzístico, cuyo recorrido abarcó desde las escenas emergentes de Pittsburgh hasta los grandes escenarios internacionales. Nacido en la periferia de la urbe industrial de Duquesne, su vida estuvo marcada por una evolución constante del instrumento, un dominio del lenguaje armónico y una influencia que trascendió generaciones. Aunque los archivos señalan posibles años de nacimiento cercanos, su legado quedó grabado en cada nota, en cada banda y en cada colaboración a lo largo de décadas de actividad incesante.
Biografía
Primeros años
Hines nació en las afueras de Pittsburgh, en una familia donde la música ya flotaba en el aire: su padre tocaba la corneta en una orquesta y su madrastra ejercía el órgano en una iglesia. Aunque al principio probó con la corneta, el sonido lejano y excesivamente atacado para sus oídos lo llevó a abrazar el piano como instrumento principal. Recibió enseñanza clásica para fortalecer técnica, al tiempo que cultivaba un oído formado en la música popular, capaz de retener con asombrosa precisión las melodías escuchadas en teatros y salones. Afirmaba, con cierto tono de leyenda, que ya estaba tocando antes de que se acuñara la palabra jazz.
Con 17 años, dejó el hogar para hallar oportunidades musicales junto a Lois Deppe, un saxofonista barítono que actuaba en el Leader House de Pittsburgh. Su primera incursión discográfica llegaría poco después: cuatro grabaciones para Gennett Records en 1923, registradas con la orquesta de Deppe. Solo dos de esos sencillos vieron la luz comercial, y entre ellos quedaba constancia de un solo de Hines en la pieza titulada Congaine. Más tarde, en un mes, volvieron a grabar espirituales y temas populares, y ese aprendizaje inicial cimentó su confianza para cruzar hacia Chicago, la entonces capital del jazz.
La mudanza a Chicago en 1925 marcó un hito: la ciudad se convirtió en un polo de innovación donde convivían jóvenes talentos y veteranos del swing. Allí compartió escenario con la banda de Carroll Dickerson e incluso viajó con esa agrupación. En un encuentro fortuito, conoció a Louis Armstrong en un club de Chicago; la química entre ambos era evidente, y Hines se ganó un lugar destacado en las sesiones que Armstrong coordinaba. Con Armstron g, Hines demostró una técnica sutil y una destreza para las octavas que se oían incluso en pianos sin amplificación.
Armstrong quedó fascinado por el enfoque vanguardista de Hines, y pronto el pianista fue invitado a la banda de Dickerson que acompañaba al trompetista. En 1927, Hines ya dirigía la agrupación de Armstrong y, posteriormente, Armstrong reconfiguró su banda para grabaciones en Okeh Records, incorporando a Hines como pianista principal. En este período nacieron grabaciones que hoy se consideran pilares del jazz, resultado de una fusión entre el lenguaje tradicional y una mirada rompedora hacia la armonía moderna.
Fue con este dúo creativo cuando la escena del Sunset Café y de las grabaciones de Armstrong se consolidó como una de las cumbres de la época. Las colaboraciones entre Armstrong y Hines dejaron una estela que influyó en muchas generaciones venideras, y el talento de Hines quedó registrado en discos que la crítica ha señalado como fundamentales para entender la transición entre estilos.
Los años que siguieron vieron a Hines experimentar con formaciones cada vez más ambiciosas, y su nombre empezó a asociarse a una visión pianística que desbordaba las convenciones de la época. En ese sentido, su paso por Chicago y sus primeros encuentros con Armstrong sentaron las bases de un modo de tocar que, para muchos, fue la chispa que encendió la revolución de la música negra en Estados Unidos.
Comienzos de su carrera
La escapada musical de Hines hacia la madurez profesional se produjo cuando abandona el seno familiar para buscar trabajo y reconocimiento. En la década de los años veinte, dejó claro que su camino pasaba por la experimentación y la creación de un repertorio propio. Sus primeras grabaciones con la orquesta de Deppe en 1923 lo situaron frente a un micrófono que, sin amplificación moderna, exigía una articulación precisa y una presencia escénica imponente. Este inicio fue el preludio de una ruta de grabaciones que se extendería durante años.
Chicago le abrió puertas gracias a la convergencia de figuras que harían historia, y pronto Hines se movía entre clubes y salas de registro. Su paso por la capital del jazz le permitió conocer y colaborar con músicos de renombre, y su iniciativa pianística atrajo a Armstrong, Jimmie Noone y otros grandes nombres. Su primera década en la escena fue un doing de aprendizaje, ensayo y consolidación de una voz pianística capaz de sostener grandes formaciones orquestales y de liderar con energía una banda que respondía con claridad a las demandas rítmicas y melódicas del público.
La asociación con Noone en Apex, un club after-hours, lo llevó a grabar en 1928 una tanda de piezas junto a Jimmie Noone y, en colaboración con Armstrong, un total de 38 temas grabados en distintas sesiones. También registró su primera tanda importante de solos para QRS y Okeh, con un repertorio mayoritariamente propio y marcado por una técnica de mano izquierda firme y un fraseo fluido que se convertiría en sello de su estilo.
En ese periodo, Hines convivía con personas que serían clave en su vida personal y profesional. Su relación con Kathryn Perry, con la que grabó y convivió, dejó una huella en su obra y en su forma de entender la música como un proyecto compartido. Los años finales de esa primera fase de su carrera estuvieron marcados por matrimonios, cambios y una acumulación de experiencias que alimentaron su creatividad y su capacidad de respuesta ante la escena cambiante del jazz.
Años de Chicago
La fecha decisiva fue el 28 de diciembre de 1928, cuando Hines llevó su gran banda al Grand Terrace Café de Chicago para presentar una propuesta audaz: una orquesta de gran formato que podía sostener un programa triple y de alto volumen sonoro. En los años siguientes, la orquesta de Hines se convirtió en una referencia de la ciudad durante la Gran Depresión y la era de la Prohibición, un periodo de gran demanda de entretenimiento y de resistencia creativa. Su grupo llegó a contar con un plantel que llegaba a treinta intérpretes y ofrecía escenarios nocturnos de varias tandas cada noche.
Relación con Capone y la escena de la noche hizo de Hines una figura central en el tejido musical de la ciudad, y su piano ocupó un lugar icónico en el entorno de la Gran Avenida de la época. A fin de cuentas, la banda de Hines se convirtió en una especie de orquesta ambulante que recorría el país en giras y que tenía a Chicago como puerto seguro y como escenario de referencia para cada entrega. En esa época, su música viajó más allá de las fronteras del club y se difundió a través de micrófonos abiertos que permitían que el público de distintos husos horarios sintiera la potencia de su sonido.
Entre los músicos que pasaron por su banda figuran figuras que, años después, serían pilares del bebop y del jazz moderno, como Nat King Cole, Jay McShann, Dizzy Gillespie, Charlie Parker y otros nombres que se citan como herederos de la tradición de Hines. En esa comunidad sonora, Parker encontró en Hines antecedentes para su propio desarrollo, y la figura de Hines como músico y líder dejó una influencia que se percibe en las grabaciones que vendrían después.
La estructura de la orquesta —con entre 15 y 28 músicos en el escenario, con secciones de cuerdas y, a veces, con corno francés— era una propuesta audaz para la época. Hines permitía, en determinadas presentaciones, que otros pianistas se sentaran a tocar, lo que facilitaba que él pudiera dirigir la unidad. Entre los acompañantes más destacados de ese periodo estuvieron Cliff Smalls, Teddy Wilson y Nat King Cole, entre otros, aunque Smalls ocupó un lugar preferente por su intimidad con el líder y su capacidad para seguir la dirección orquestal.
Cada verano, la banda emprendía giras por el Sur del país, convirtiéndose en una de las primeras big bands negras en atravesar ese tramo geográfico con consistencia. El relato de esos viajes señala una logística compleja y una disciplina que permitía a la agrupación mantenerse unida y productiva a lo largo de rutas largas y desafiantes. El objetivo era mantener un ritmo de presentaciones que respondiera a las demandas del público y a la necesidad de nuevas oportunidades para la música en vivo.
La influencia de Hines se extendía a otras grandes figuras del jazz y dejó claro que la ética de su organización era tan importante como la destreza técnica de sus músicos. Sus cambios de personal y la manera de gestionar la banda mostraron a futuros líderes de orquesta una forma de liderar que combinaba autoridad musical y apertura hacia la experimentación.
El nacimiento del bebop
La etapa de transición entre swing y bebop quedó marcada por una serie de cambios en la escena de la época, en la que Hines desempeñó un rol clave como mentor y catalizador de ideas que desbordaron las convenciones rítmicas. El cierre repentino del Grand Terrace en 1940 dejó a Hines con la necesidad de reinventarse y reorganizar la gira de su big band, que siguió viajando a lo largo del país a pesar de las adversidades. En ese periodo, su labor como director y solista se complementó con nuevas propuestas técnicas que alimentaron el surgimiento de una nueva generación de improvisadores.
Con la retirada de algunos de sus músicos para alistarse en las fuerzas armadas durante la Segunda Guerra Mundial, Hines se encontró ante el reto de mantener activa la agrupación con una plantilla que incluyera jóvenes fuerzas musicales femeninas y la incorporación de secciones de cuerdas y vientos. Aun así, la distancia entre su modo de tocar y las nuevas corrientes del bebop era cada vez menor, y su influencia en la manera de entender la improvisación quedó patente en las rondas de jam sessions que, entre bastidores, se convertían en semilleros del nuevo lenguaje.
Las voces modernas que irrumpieron en su conjunto —representadas por Parker, Gillespie y otros nombres que aparecieron como figuras de transición— encontraron en Hines un marco de referencia para forjar su propio camino. En esa relación, las pistas de pista, los arreglos y el denominado “bop” naciente comenzaron a entrelazarse con una tradición previa, y el piano de Hines fue descrito por críticos y colegas como un motor de creatividad que alimentó nuevas ideas sin perder la esencia del swing.
La década de los cuarenta trajo consigo cambios decisivos para varios músicos de la época, y Hines no fue la excepción. En 1946, un grave accidente de coche dejó secuelas en su salud que afectaron su visión, pero su espíritu inquebrantable lo impulsó a seguir dirigiendo y creando, aun cuando la vida exigía un esfuerzo adicional para mantener la actividad artística. A pesar de las pérdidas, su perseverancia fortaleció su presencia en las giras y las grabaciones que continuaron registrando su voz como líder y pianista.
Durante aquellos años de posguerra, la industria del disco vivía un giro de mercado que presagiaba el cierre de la era de las big bands. Hines, sin embargo, siguió dando muestras de su capacidad de adaptación, explorando proyectos de estudio y colaboraciones que mantuvieron su nombre en los títulos de notas críticas y en las listas de los grandes festivales y clubes del país. En esa época, la música de Hines dejó de ser solo acompañamiento para convertirse en una presencia autónoma, capaz de sostener un sonido propio incluso en formatos más reducidos.
Redescubrimiento
La década de 1950 abrió un nuevo capítulo para Hines y para toda una generación que miraba hacia atrás para reencontrar las raíces de una innovación que había cambiado la música popular. En 1948, volvió a trabajar con Louis Armstrong en un formato de banda más reducido, Louis Armstrong y sus All-Stars, y un año después Armstrong alcanzaría un hito en la cultura popular al convertirse en el primer músico de jazz en protagonizar la portada de Time. Estas circunstancias colocaron a Hines en un tablero de contrasts y reconocimientos que, si bien relegaron su rol de líder principal, fortalecieron su estatura como artista fundamental del género.
Con el paso del tiempo, Hines retomó la iniciativa y formó su propio combo, sumando una alineación más contemporánea que la de sus años de mayor lucha, e integró talentos como Bennie Green, Art Blakey y Etta Jones, entre otros. En 1954 realizó una gira nacional con los Harlem Globetrotters, una prueba de que su música tenía una respiración amplia que podía cruzar fronteras y captar públicos diversos. Pero la vida de la música, en esa fase, también llevó a Hines a replantearse la vida personal y profesional, y hacia finales de la década decidió fijar su residencia en Oakland, California, buscando un entorno más tranquilo para criar a sus hijas y contemplar la retirada próxima o, al menos, una dedicación reducida a la profesión.
La década de los sesenta trajo, sin embargo, una segunda ola de reconocimiento. Gracias a la gestión y el empeño de su amigo Stanley Dance, un ciclo de recitales en el Little Theatre de Nueva York marcó un giro decisivo: se trataba de los primeros recitales de piano en mucho tiempo para Hines, con una respuesta entusiasta de la crítica y el público. El New York Times y Down Beat, entre otros, lo señalaron como un referente de excelencia en la escena pianística de la época. Este nuevo impulso abrió una ventana que permitiría a Hines regresar a la vanguardia del jazz internacional.
El periodo de redistribución de su carrera incluyó apariciones en televisión y una serie de homenajes que consolidaron la idea de que era un maestro de referencia para generaciones de improvisadores. En particular, su presencia en programas de Johnny Carson y Mike Douglas amplió su alcance y afirmó su estatus como figura icónica del jazz. A partir de ese momento, Hines continuó grabando con múltiples socios musicales y mantuvo una agenda de actuaciones que superó décadas, consolidando un sello personal en cada proyecto.
La década de los setenta trajo una actividad de grabación prácticamente incesante: solista, dúos y colaboraciones con artistas de diversas generaciones. Su labor fue reconocida por publicaciones especializadas, que lo destacaron como uno de los pianistas más influyentes de su tiempo, y su nombre ocupó marcas de prestigio en la prensa musical internacional. En ese periodo, su repertorio abarcó desde interpretaciones solemnes hasta duos de gran dinamismo, con una energía que parecía contradecir la edad y que siguió alimentando su vínculo con el público y la crítica.
Entre los hitos de sus últimos años, se destaca la realización de conciertos emblemáticos alrededor del mundo y una presencia constante en festivales y escenarios de gran prestigio. Su forma de tocar, descrita por críticos y colegas como una exploración constante, llevó a que se le reconociera como un pianista capaz de “hablar” a través del instrumento, de comunicarse con el oyente mediante un lenguaje que conjuga técnica, imaginación y una notable sensibilidad rítmica.
Últimos años
El siglo de la grabación parece haber sido un escenario natural para Hines: a partir de 1964, la cantidad de grabaciones creció de forma exponencial, con más de 100 LPs producidos a lo largo de su periodo de mayor actividad. Sus sesiones solistas, consideradas por muchos como la esencia de su arte —“una orquesta en sí mismo”— revelaron una libertad interpretativa que desbordaba las expectativas de una época. En ese tramo, mantuvo colaboraciones con figuras de la talla de Ella Fitzgerald, Dizzy Gillespie, Stan Getz y Duke Ellington, entre otros, y su presencia en el estudio se convirtió en una garantía de calidad y de originalidad.
Sus giras por Europa, Sudamérica, Asia y Oceanía consolidaron la idea de que su música tenía una resonancia universal. En la Unión Soviética, una gira respaldada por el Departamento de Estado llevó a que, entre conciertos agotados, el Kremlin cancelara algunos recitales por considerarlos “peligrosos” para la seguridad del régimen, un episodio que subraya la magnitud de su repercusión cultural en aquella década de tensiones geopolíticas. En ese periodo, Hines siguió mostrando una curiosidad constante y una voluntad de experimentar con formaciones y repertorios que desafiaban las convenciones establecidas para la guitarra y el piano en el jazz.
En el terreno humano, siguió adelante con su vida familiar y enfrentó los inevitables avatares de la edad. Su último concierto tuvo lugar en la costa oeste, en San Francisco, y, según su voluntad, su Steinway fue subastado para apoyar a jóvenes músicos necesitados. Su recuerdo quedó ligado a una imagen de generosidad y dedicación, con una visión de la música que trasciende el éxito material y celebra la transmisión de un saber hacer que no se agota nunca.
Fue enterrado en un cementerio de Oakland, dejando tras de sí una huella indeleble en el corazón del jazz y en las múltiples generaciones que aprendieron de su forma de tocar, de su disciplina y de su capacidad para reinventarse una y otra vez en el escenario y en el estudio.
Discografía seleccionada
Los años 30, jazz clásico y la era del swing
- Louis Armstrong & Earl Hines: inc. “Weather Bird”, “Muggles”, “Tight Like This”, “West End Blues” — registrado para Columbia en 1928
- Jimmie Noone & Earl Hines: At the Apex Club — Decca, Volumen 1, 1928
- Earl Hines Solo: catorce composiciones propias grabadas para QRS y OKeh, 1928/29
- Earl Hines Collection: Piano Solos 1928-40 — OKeh/Brunswick/Bluebird, recopilaciones
- That’s a Plenty — recopilación de la era 1928-1947, Membran
- Deep Forest (aprox. 1932-1933): Hep
- Swingin’ Down (1932-1934): Hep
- Harlem Lament (1933-1934, 1937-1938): Columbia
- Earl Hines – South Side Swing 1934-1935: Decca
- The Grand Terrace Band: RCA Victor Vintage Series
Años de transición del swing al bebop. 1939-1945
- The Indispensable Earl Hines: Vols 1, 2 — 1939-1940, Jazz Tribune/BMG
- The Indispensable Earl Hines: Vols 3, 4 — 1939-1942, 1945, Jazz Tribune/BMG
- Earl Hines & The Duke’s Men — (con Ellington side-men) (1ª, 1944)
- Piano man: Earl Hines, his piano and his orchestra — 1939-1942, RCA Bluebird
- The Indispensable Earl Hines — Vols. 5, 6 (1944, 1964, 1966)
- Earl Fatha Hines and His Orchestra — 1945-1951, Limelight
- Classics, 1947-1949 (con Eddie South) Classics
Después de 1948
- Louis Armstrong All Stars: Live in Zurich 18 October 1949 — Montreux Jazz Label
- Louis Armstrong & The All Stars — Decca, 1950-1951
- Earl Hines: Paris One Night Stand — Verve/Emarcy France 1957
- The Real Earl Hines — Rediscovery concert at Little Theatre, NY, 1964
- Earl Hines: The Legendary Little Theatre Concert — Muse, 1964
- Earl Hines: Blues in Thirds — Solo, Black Lion, 1965
- Earl Hines: 65 Solo - The Definitive Black & Blue Sessions — Black & Blue, 1965
- Earl Hines Plays Duke Ellington — New World, 1971-1975 (reeditado 1988)
- Earl Hines Plays Duke Ellington, Volume Two — New World, 1971-1974 (1997)
- Earl Hines: Hines’ Plays Hines — The Australian Sessions — solo, Swaggie, 1972
- Duet! — con Jaki Byard, Verve/MPS, 1972
- Earl Hines: Tour de Force & Tour de Force Encore — solo, Black Lion, 1972
- Earl Hines: Live at the New School — solo, Chiaroscuro, 1973
- Earl Hines: A Monday Date — reeditado en 1928/1929 QRS & OKeh, Milestone 1973
- The Quintessential Recording Session — solo, Chiaroscuro, 1973
- The Quintessential Continued — solo, Chiaroscuro, 1973
- Earl Hines Plays Cole Porter — New World, 1974 (1996)
- West Side Story — Black Lion, 1974
- Hines ’74 — Black & Blue, 1974
- The Dirty Old Men — con Budd Johnson, Black & Blue, 1974
- Earl Hines at Sundown — Black & Blue, 1974
- Earl Hines/Joe Venuti duets: Hot Sonatas — Chiaroscuro, 1975
- Earl ’Fatha’ Hines: The Father of Modern Jazz Piano — cinco LPs box, MF Productions, 1977
- Earl Hines: In New Orleans — solo, Chiarascuro, 1977
- An Evening With Earl Hines — con Tiny Grimes, Hank Young, Bert Dahlander y Marva Josie, Disques Vogue
- Earl ’Fatha’ Hines Plays Hits he Missed — Direct to Disc, M&K RealTime, 1978
Antologías
- The Complete Master Jazz Piano Series — trece piezas en solitario, Mosaic
- Les Musiques de Matisse & Picasso — incluye Louis Armstrong & Earl Hines: West End Blues, Naive
Como sideman
- Con Benny Carter: Swingin’ the ’20s — Contemporary, 1958
- Con Johnny Hodges: 3 Shades of Blue — Flying Dutchman, 1970