Eduardo Marquina
| Nombre completo | Eduardo Marquina |
|---|---|
| Descripción | Periodista, poeta, novelista y dramaturgo español |
| Fecha de nacimiento | 21-01-1879 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 21-11-1946 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | poeta, escritor, dramaturgo |
| Géneros | dramaturgia |
| Grupos | Real Academia Española |
| Idiomas | español, catalán |
| Hermanos | Rafael Marquina |
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Eduardo Marquina Angulo fue una de las grandes figuras de la cultura española de fines del siglo XIX y la primera mitad del XX. Nacido en Barcelona en 1879 y fallecido en Nueva York en 1946, desplegó una trayectoria versátil que abarcó el periodismo, la lírica, la novela y el teatro, sin abandonar nunca la vocación de narrar la historia de su tiempo. Su vida estuvo marcada por complicadas migraciones, alianzas con generaciones anteriores y un compromiso público que lo llevó a desempeñar funciones diplomáticas en escenarios internacionales.
Eduardo Marquina Angulo fue una de las grandes figuras de la cultura española de fines del siglo XIX y la primera mitad del XX. Nacido en Barcelona en 1879 y fallecido en Nueva York en 1946, desplegó una trayectoria versátil que abarcó el periodismo, la lírica, la novela y el teatro, sin abandonar nunca la vocación de narrar la historia de su tiempo. Su vida estuvo marcada por complicadas migraciones, alianzas con generaciones anteriores y un compromiso público que lo llevó a desempeñar funciones diplomáticas en escenarios internacionales.
Biografía
Eduardo surgió en el seno de una familia de arraigo noble y de origen mixto: la influencia leonés de su madre Eduarda Angulo y la raíz aragonesa de su padre, Luis Marquina, se fusionaron en su identidad barcelonesa. Fue el segundo de cinco hermanos y recibió una formación inicial bajo la tutela de los jesuitas, experiencia que dejó una huella de disciplina intelectual. Intentó estudiar derecho y filosofía en la universidad, pero el fallecimiento prematuro de sus progenitores truncó esos planes y lo obligó a relevar a su padre en la empresa familiar, un laboratorio químico donde trabajó como oficinista. Esta coyuntura crucial lo llevó a canalizar su talento hacia una vertiente lírica de marcada sensibilidad modernista y neorromántica, y a desenvolver una dramaturgia histórica de tono poético que, con diferentes matices, sería su sello durante años.
En Barcelona, el joven autor cultivó su voz en un ambiente de renovación estética y social. Participó activamente en la vida literaria de la ciudad, acercándose al modernismo y a la corriente neorromántica, y experimentó con la forma de las loas heroicas que evocaban gestas pasadas para proyectarlas sobre el presente. Su juventud transcurrió entre la producción de poesía y la iniciación a la crítica y al periodismo, con colaboraciones en revistas y periódicos donde pulió su oficio.
En el itinerario de su vida profesional se abrió paso un círculo de amistades que marcarían su desarrollo artístico. En Barcelona frecuentó tertulias y reunió ideas con figuras tan destacadas como Santiago Rusiñol y Pablo Picasso; estas amistades influyeron en su mirada de la realidad y en la búsqueda de un idioma teatral que mezclara la épica histórica con una sensibilidad modernista. En 1903 contrajo matrimonio con Mercedes Pichot y nació su hijo Luis, destinado a la industria cinematográfica. Con ese vínculo, y tras un periodo en Barcelona, la pareja se trasladó a Madrid tres años después, buscando nuevas oportunidades y un ecosistema cultural más amplio.
La biografía intelectual de Marquina se fue configurando a partir de un vaivén entre tendencias de izquierda y posturas conservadoras. Mantuvo correspondencia y encuentros con personalidades decisivas de la época, como Unamuno, Clarín, Pérez Galdós y Lorca, situándose en debates que iban del compromiso social a la reflexión histórica. En Madrid, residió en la calle del Barquillo, dentro del barrio de Chueca, lo que le permitió convivir con una élite de intelectuales y agentes culturales que impulsaron iniciativas colectivas. Fue, junto a Francisco Serrano Anguita, uno de los impulsores de la Sociedad General de Autores, organismo fundamental para la defensa de la creatividad artística en España.
El propio Marquina dejó constancia de una evolución sostenida en su visión ideológica: de un initialismo de izquierdas a una perspectiva que, con el paso del tiempo, adoptó tonos más moderados y conservadores. Esta trayectoria le permitió tejer vínculos con la comunidad intelectual de la época y, sobre todo, cultivar una voz propia en el terreno del drama histórico, una de las aportaciones más destacadas de su carrera.
En el terreno teatral, el autor se consolidó como un referente del humor y de la gravedad de las escenas históricas. Sus primeras obras de alcance notable—entre ellas piezas que combinaban el peso del pasado con la dramaturgia de su tiempo—fueron acompañadas por una producción poética de gran densidad. Sus obras iniciales para el escenario, como Las hijas del Cid, marcaron un eje de su trayectoria y se abrieron paso entre el público y la crítica como ejemplos de su habilidad para convertir lo épico en experiencia sensible. Paralelamente, su corpus lírico mostró una preferencia por las imágenes de la naturaleza y la evocación de épocas pasadas, que le ganaron un lugar propio dentro del modernismo español.
En la década de 1910 y posteriores, su prosa poética y narrativa confirmó un interés constante por los conflictos morales y las pasiones humanas que atraviesan las épocas. Aunque la novela no alcanzó la misma resonancia que su poesía o su teatro, produjo títulos que exploraban la condición humana con un lenguaje claro y una mirada crítica sobre la sociedad de su tiempo. En 1930, su trayectoria dio un giro institucional cuando fue elegido académico de la Real Academia Española, asiento G, lo que selló su reconocimiento como una de las voces literarias más influyentes de su generación. Ese mismo año, viajó a Polonia para participar en el XI Congreso de Autores Dramáticos y Musicales, y, por delegación de sus pares europeos, fue designado presidente del siguiente encuentro, reflejo de su stature en la escena internacional. En la misma etapa, asumió la subdirección de un nuevo periódico de orientación conservadora, Más, y ese impulso le abrió nuevas puertas en el periodismo político-cultural; en 1932, además, fue nombrado presidente de la Sociedad de Autores, consolidando su papel como gestor cultural y defensor de la creación artística.
Durante años, Marquina volvió a sus preocupaciones históricas y culturales, manteniendo una curiosidad que atravesaba distintas tradiciones. Su obra dramatúrgica, entre 1930 y 1932, mostró su especialidad en la construcción de retablos históricos, y la figura de Teresa de Jesús ocupó un lugar destacado en su repertorio, junto a otras piezas que contemplaban la relación entre lo sagrado y lo humano. dejó constancia de su hábito de traducir grandes literaturas para acercarlas al público español, traduciendo autores como Dumas, Hugo, Baudelaire y Verlaine, entre otros, una labor que indicó su vocación de puente entre culturas y épocas.
La inesperada irrupción de la Guerra Civil encontró a Marquina en la trayectoria profesional internacional: se hallaba en alta mar, regresando de Argentina tras una invitación de la actriz Lola Membrives para estrenar obras suyas. En lugar de desembarcar en Barcelona, optó por Marsella, decisión que le permitió conservar su autonomía ante la contienda. De regreso a América, se reiteró su apoyo a la causa sublevada y llegó a Buenos Aires para reunirse con su familia. En la radio local, ofreció versos y prosa en un esfuerzo por sostener la memoria de España, consolidando su postura a través de una obra dedicada a los legionarios de la Cruzada. Tras ese episodio, regresó a España y vivió en Burgos y luego en Sevilla, mientras su hijo trabajaba en documentales que mostraban el conflicto desde el frente.
Con la Guerra Civil ya consolidada, el autor pasó por Madrid y participó, en el exilio de la memoria, en trabajos para el cine y en la creación de textos para la prensa. En esa etapa escribió tres sonetos para una figura simbólica de la patria, el conjunto no llegó a cerrarse en su totalidad, y solo uno de ellos se publicó. El ingreso en la Real Academia Española, ocurrido en agosto de 1939 con la lectura de su discurso Lope, fue uno de los hitos que dio modo a su permanencia en la escena intelectual pese a la violencia del periodo. También trabajó en el mundo audiovisual, elaborando un guion para una película sobre Toledo que quedó sin rodaje. Estas experiencias muestran a un Marquina que no cesó de explorar lenguajes diversos para narrar la Historia y las pasiones de su tiempo.
Hacia el final de su vida, el poeta y dramaturgo se convirtió en un viajero constante; recorrió varias naciones europeas y americanas, alimentándose de culturas distintas y buscándole sentidos nuevos a su oficio. Su muerte, provocada por un infarto, ocurrió en Nueva York, donde ejercía como diplomático de España, el 21 de noviembre de 1946. Sus restos fueron trasladados a la ciudad de La Coruña y, desde el 7 de diciembre de ese año, descansan en el panteón de Hombres Ilustres de la Sacramental de San Justo, en Madrid. Años después, en 1964, se publicó una recopilación de memorias que ofreció una visión amplia de su vida y de las rutas que recorrió para construir su obra.
La huella de Marquina se mantiene en la memoria de varias generaciones por su papel decisivo en la escena teatral histórica y por su perfil de poeta que enlazó el modernismo catalán con un sentido nacional claro. Su legado como novelista no logró superar la fuerza de su lírica y su drama, pero su obra en conjunto ofrece un mapa de un siglo de transformaciones culturales y políticas que influyeron en la España de su tiempo.
Letra de su himno y otras prácticas culturales quedaron grabadas en la memoria colectiva, testimonios de una vida que supo entrelazar la creación con la responsabilidad social y la diplomacia. La figura de Marquina representa, en última instancia, un puente entre tradiciones y una respuesta a la complejidad de una España que atravesaba conflictos, cambios y un esfuerzo constante por explicar su historia al mundo.
Obras
- Obras Completas, Madrid: Editorial Aguilar, 1944-1951, 8 volúmenes.
Teatro
- Jesús y el Diablo (1898), poema dramático.
- Emporium (1906), drama lírico en catalán.
- Las hijas del Cid (1908)
- Doña María la Brava (1909)
- En Flandes se ha puesto el sol (1910)
- La alcaldesa de Pastrana (1911)
- El rey trovador (1911)
- El retablo de Agrellano (1913)
- Cuando florezcan los rosales (1913), comedia en prosa
- Las flores de Aragón (1915)
- Gran Capitán (1916)
- Don Luis Mejía (1924)
- El pobrecito carpintero (1924), cuento de pueblo en cuatro actos y en verso
- La ermita, la fuente y el río (1927), drama rural
- La vida es más (1928), comedia en tres actos en verso
- Salvadora (1929), drama rural
- El monje blanco (1930), retablos de leyenda primitiva
- Fuente Escondida (1931), drama rural
- Teresa de Jesús (1932)
- Era una vez en Bagdad... Láminas de Las mil y una noches (1932)
- Pasos y trabajos de Santa Teresa de Jesús (1943)
- La Santa Hermandad (1939)
- El estudiante endiablado (1942)
- María la Viuda (1943)
- El galeón y el milagro (1947)
Lírica
- Odas (1900)
- Las vendimias (1901)
- Églogas (1902)
- Elegías (1905)
- Vendimión (1909)
- Canciones del momento (1910)
- Tierras de España (1914)
- Mi huerto en la ladera (1936)
- El petuche (1945)
Narrativa
- Adán y Eva en el Dancing
- El destino cruel
- Un caballero desconocido
- La misa azul
- Almas anónimas
- La caravana
- Maternidad
- El beso en la herida
- Las dos vidas
- Beso de oro (colección de relatos).
Cine
- Un solo corazón o Los muertos viven (1914) (argumento)
- Rosa de Francia (1935) (argumento)
- Su hermano y él (1941) (argumento)
- El clavo (1944) (diálogos)
- Espronceda (1945) (argumento)
- El monje blanco (1945) (adaptación de su obra teatral)
- Tierra sedienta (1945) (guion)
- Serenata española (1947) (argumento)
- Doña María la Brava (1948) (adaptación de su obra teatral)
- Deseada (1951) (adaptación de La ermita, la fuente y el río).
Otras obras
- Días de infancia y adolescencia. Memorias del último tercio del siglo XIX, Barcelona, Editorial Juventud, 1964.
Letra del himno
Soberana claridad que ilumina la enseña de oro, y la patria en su destino se revela con un brillo constante.
Viejos colores de púrpura y metal relucen; tu símbolo transmite la fusión entre el cuerpo y el alma, entre la voluntad y la acción.
Bandera de un mañana inmortal, que en tus tonos se condensan los anhelos más hondos de un pueblo que sueña con vivir plenamente.
Así se afirma la unión entre lo humano y lo inquebrantable, y, con cada pliegue, late la historia de la nación que inspira a generaciones.