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Emilio Carrere

Nombre completo Emilio Carrere
Descripción Escritor español
Fecha de nacimiento 18-12-1881
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 30-04-1947
Nacionalidad España
Ocupaciones escritor, periodista, poeta
Géneros poesía
Idiomas español
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Emilio Carrere Moreno nació en Madrid el 18 de diciembre de 1881 y dejó una huella perdurable en la literatura y el periodismo español. Su trayectoria abarcó la poesía, el periodismo y la narrativa, cultivando una sensibilidad que convive entre la estética modernista y un tono decadente propio de su tiempo. Su vida transcurrió en la capital, entre la bohemia de la época y las circunstancias que modelaron su relación con el poder, hasta su fallecimiento el 30 de abril de 1947, también en Madrid.

Emilio Carrere — Imagen principal

Emilio Carrere Moreno nació en Madrid el 18 de diciembre de 1881 y dejó una huella perdurable en la literatura y el periodismo español. Su trayectoria abarcó la poesía, el periodismo y la narrativa, cultivando una sensibilidad que convive entre la estética modernista y un tono decadente propio de su tiempo. Su vida transcurrió en la capital, entre la bohemia de la época y las circunstancias que modelaron su relación con el poder, hasta su fallecimiento el 30 de abril de 1947, también en Madrid.

Biografía

El servicio de la vida familiar lo marcó desde el inicio: una madre joven perdió la vida poco después del parto, y la crianza del recién nacido recayó primero en su abuela. Su padre, abogado con aspiraciones políticas, se mantuvo distante durante los primeros años para después replantear su vínculo cuando la situación familiar lo obligó. Con el tiempo, dejó una herencia bibliográfica y una cuantía de dinero que tendrían un papel decisivo en su formación y en su devenir artístico.

Desde una temprana edad, la disciplina de la pintura fue desplazada por un interés creciente en el teatro, que lo llevó a inscribirse en la escuela de declamación del Centro Instructivo Obrero, institución orientada a la educación de los menos favorecidos. En ese entorno descubrió el atractivo del escenario y, de igual modo, entabló amistad con el compositor de zarzuela Federico Chueca. Un giro provocado por la salud de su abuela obligó al padre a intervenir, facilitando su ingreso como empleado en el Tribunal de Cuentas, un gesto que suavizó las tensiones entre padre e hijo y le brindó una primera estabilidad.

Con los años, sus primeras publicaciones aparecieron en semanarios como La Avispa y La Chispa, y su círculo de tertulias fue nutriéndose de artistas y escritores que alimentaban su visión. Mantuvo una buena relación con el pintor Julio Romero de Torres, cuyo talento compartía el ambiente de aquella Madrid floreciente. En 1902 vio la luz su libro inaugural, Románticas, un poemario que mostraba una impronta de raíz becqueriana. A su vez, la influencia de los poetas franceses de signo decadente, especialmente Verlaine, alimentó una fascinación por la bohemia y una estética de vida austera y al mismo tiempo exuberante.

Una coyuntura sentimental le abrió las puertas de un nuevo capítulo: en una velada conocida como cachupinada conoció a Milagro Sáenz de Miera, con quien contrajo matrimonio en 1906. En ese mismo periodo, su relación con el librero y editor Gregorio Pueyo lo llevó a componer una antología dedicada al modernismo, titulada La corte de los poetas, florilegio de rimas modernas, en la que defendía con vehemencia la renovación estética encabezada por Rubén Darío. La obra le dio una popularidad creciente y consolidó su compromiso con una poesía que abrazaba lo nuevo sin perder la memoria de sus maestros.

Ya en 1908, un poema de resonancia popular, La musa del arroyo, abrió paso a su segunda recopilación poética, El caballero de la muerte, donde cristalizó su visión bohemia y decadente de la existencia. Paralelamente, entre 1907 y 1912, fue publicando relatos cortos que retrataban el inframundo madrileño y las luces y sombras de la ciudad. En esas narraciones emergió su interés por la teosofía, lo que le llevó a tejer una amistad con Mario Roso de Luna y a explorar obras como El destino payaso, El sexto sentido y Un crimen inverosímil, ejemplos de una curiosidad intelectual que atravesaba sus ficciones.

De esa época emergió un grupo de bohemios que acompañó su vida nocturna: Pedro Barrantes, Alejandro Sawa, Ciro Bayo y Pedro Luis de Gálvez, entre otros. En este entramado cultural, Carrere se convirtió en un personaje de la noche madrileña, siempre acompañado por la sensación de que la realidad podía hacerse literatura. Entre 1910 y 1912 colaboró para la publicación Vida Socialista, quizás movido por un sentido de justicia social que, de vez en cuando, canalizaba hacia una mirada crítica sobre la opresión de las clases populares. Posteriormente, entre 1919 y 1922 se recogieron las Obras completas, consolidando su estatus de autor clave de la generación.

En 1922 llegó El sacrificio, una novela ambientada en las guerras de Marruecos que combinaba imágenes históricas con una sensibilidad poética. El hecho de que su padre hubiera muerto hacía poco y que él mismo hubiera adquirido una notoriedad inusual para un escritor de su tiempo le dio un aire de símbolo de una tradición difícil de clasificar. En 1929 falleció el padre, dejando una herencia que, sin embargo, no supo administrar con éxito. Se trasladó a un piso lujoso en la calle Rosales y adquirió un automóvil, signos de un estatus que contrastaba con la fragilidad de sus cuentas.

Con el ascenso del régimen, sus posturas políticas se volvieron más explícitas: adoptó una línea monárquica y, en los años antes de la Guerra Civil, se aproximó a un conservadurismo que se reflejó en su tarea periodística. Entre 1935 y 1936 colaboró en Informaciones, una cabecera de línea conservadora financiada por Juan March, lo que marcó una nueva fase de su trayectoria pública y reveló la necesidad de un lector distinguido ante un país en convulsión.

Superada la Guerra Civil, Carrere trabajó para el diario Madrid, donde publicó versos que evocaban la victoria y que respondían a la lógica de la época. Su prosa y su voz poética adquirieron una tonalidad que, para muchos lectores, evocaba una visión nostálgica de la ciudad y del mundo en transformación. En ese periodo su figura resultó polémica: algunos críticos lo vieron como un artista alineado con el poder, otros destacaron la riqueza de su mundo literario, que no se había perdido por completo entre la tempestad. Murió el 30 de abril de 1947, dejando tras de sí una estela compleja que fue objeto de revisión en años posteriores, especialmente cuando la bohemia y la literatura fantástica recuperaron su interés. Uno de sus grandes logros, la novela La torre de los siete jorobados (1924), y su adaptación cinematográfica de 1944, dirigida por Edgar Neville, se sostienen como hitos de ese imaginario. Finalmente, el reconocimiento institucional llegó en forma de nombramiento cuando, el 11 de noviembre de 1943, fue designado Cronista oficial de la villa de Madrid, título que cerró su ciclo público con un sello de memoria histórica para la ciudad.

Obras

Poesía

  • Románticas (1902)
  • El caballero de la muerte (1909)
  • Del amor, del dolor y del misterio (1915)
  • Dietario sentimental (1916)
  • Nocturnos de otoño (1920)
  • Los ojos de los fantasmas (1920, segunda edición, Buenos Aires, 1924)
  • La canción de las horas (1923)
  • El otoño dorado (1924)
  • Ruta emocional de Madrid (1935)

Prosa

  • La cofradía de la pirueta (1912)
  • Rosas de meretricio (1917)
  • La copa de Verlaine (1918)
  • Aventuras extraordinarias de Garcín de Tudela (1919)
  • La torre de los siete jorobados (1920), llevada al cine en 1944 por Edgar Neville
  • El sacrificio (1922)
  • La Amazona (1923)
  • La cortesana de las cruces (1925)
  • El crimen del sátiro (1925)
  • La calavera de Atahualpa (1934)

Imágenes de Emilio Carrere