Ernst Toller
| Nombre completo | Ernst Toller |
|---|---|
| Nombre nativo | Ernst Toller |
| Descripción | Escritor y político alemán |
| Fecha de nacimiento | 01-12-1893 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 22-05-1939 |
| Nacionalidad | Alemania nazi, Polonia, Alemania |
| Ocupaciones | dramaturgo, político, escritor, guionista, poeta abogado, poeta |
| Grupos | Red Army (Bavaria) |
| Idiomas | yidis, inglés, alemán |
| Parejas | Lotte Israel |
| Esposas | Christiane Grautoff |
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Ernst Toller fue un escritor y activista alemán de origen judío cuya vida se cruzó con las escenas más convulsas de su siglo: la efervescencia literaria expresionista, la militancia social y una constante confrontación entre el arte y la política. Este biografiado trazó un itinerario singular: poeta y dramaturgo que abrazó la causa de la justicia, participó en proyectos revolucionarios y vivió en varios países, siempre con una mirada crítica hacia las estructuras de poder y una fe en la posibilidad de un cambio real. Su obra y su existencia quedaron entrelazadas por una energía combativa que desbordó las fronteras de la escena para convertirse en un testimonio histórico sobre el siglo XX.
Ernst Toller fue un escritor y activista alemán de origen judío cuya vida se cruzó con las escenas más convulsas de su siglo: la efervescencia literaria expresionista, la militancia social y una constante confrontación entre el arte y la política. Este biografiado trazó un itinerario singular: poeta y dramaturgo que abrazó la causa de la justicia, participó en proyectos revolucionarios y vivió en varios países, siempre con una mirada crítica hacia las estructuras de poder y una fe en la posibilidad de un cambio real. Su obra y su existencia quedaron entrelazadas por una energía combativa que desbordó las fronteras de la escena para convertirse en un testimonio histórico sobre el siglo XX.
Primeros años
El día 1 de diciembre de 1893, en la localidad de Samotschin (conocida también como Szamoscin en polaco), entonces parte de una provincia alemana bajo administración polaca, nació Ernst Toller. Sus progenitores fueron Max Toller e Ida Khon. Se cuenta que su linaje incluía una figura probable de origen español, quien obtuvo del monarca Federico el Grande una autorización para residir en la ciudad. Ese trasfondo familiar contribuyó a un temprano paisaje de identidades cruzadas que marcó su visión del mundo.
En la región de la provincia de Posen convivían comunidades judía, católica y protestante, y esa coexistencia se convirtió en una experiencia formativa para TollER: desde muy joven se dio cuenta de que la fe o la pertenencia religiosa no eran determinantes únicos de la dignidad ni del destino de las personas, incluso cuando las condiciones económicas de las familias de sus amigos variaban notablemente. En ese ambiente germinaron sus primeros versos y pequeñas obras teatrales, que prefiguraron su futura voz crítica.
Completó el bachillerato en el Realgymnasium de Bromberg, entonces capital administrativa de la región, y desde niño ya sufría de problemas cardíacos y nerviosos que influirían en su vida y en su escritura. Su poesía inicial adoptó un pulso ya desafiante, con cuestionamientos sobre las jerarquías, la autoridad y las desigualdades que veía a su alrededor. En una de esas etapas juveniles, envió de forma anónima a un periódico local una carta que denunciaba el maltrato a un trabajador fallecido, señalando la negligencia de las autoridades. El alcalde abrió una investigación contra el autor anónimo, pero el apoyo de su padre, quien ocupaba un cargo público, salvó la situación. Este episodio encendió la chispa de su descontento: entendió que las redes sociales y el estatus podían condicionar las oportunidades personales de los individuos, incluso cuando sus denuncias parecían legítimas.
Primera Guerra Mundial
En 1914, TollER ingresó a la Universidad de Grenoble, una experiencia académica que resultó poco continua: acudía con frecuencia a otras ciudades y no mantuvo una dedicación sostenida. Sus viajes incluyen recorridos por Occitania y el norte de Italia, revelando su curiosidad intelectual más allá de la institución universitaria. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, se alistó como voluntario pese a sus jáleos de salud; logró convencer a un médico de otorgarle la acreditación necesaria para ir al frente, a pesar de las limitaciones provocadas por su condición cardíaca.
En enero de 1915 fue destinado a Estrasburgo, integrado en el Batallón de Reserva del Primer Regimiento de Artillería Pedestre, y en marzo fue enviado al frente. Allí se enfrentó a una experiencia de trincheras que describiría como un entorno sucio, agotador y, sobre todo, desmoralizante debido al antagonismo de ciertos oficiales hacia él. Esta etapa lo empujó a solicitar un cambio de unidad hacia la Infantería, buscando una lucha más directa y, a la vez, una forma de escapar de la hostilidad que encontró en esa oficina militar. En esa fase, TollER empezó a conectar su experiencia bélica con reflexiones sobre la violencia, la obediencia ciega y la responsabilidad colectiva, un tema que permea gran parte de su obra posterior. Posteriormente, buscó incluso la transición hacia la Aviación, pero enfermó tanto del estómago como del corazón, lo que provocó que fuera trasladado a un hospital en Estrasburgo y lo declararan como no apto para el servicio activo.
Fin de la guerra, huelga y psiquiátrico
Tras regresar a la vida civil, se inscribió en la Universidad de Múnich y allí consolidó una etapa de formación autodidacta, asistiendo a todo tipo de cursos y afilando su mirada crítica sobre el periodismo cultural y la crítica literaria de la época. En ese período entabló vínculos intelectuales con figuras de prestigio como Rilke y Thomas Mann, el segundo de los cuales se mostró dispuesto a leer sus textos y a ofrecer asesoría para su obra.
Hacia finales de la contienda, desilusionado con la inercia de ciertos sectores de la intelligentsia que parecían acomodados ante la violencia y el desgaste, Toller se volcó en movimientos juveniles que buscaban una vía más dinámica para redefinir el destino de Alemania. Su adhesión a estas corrientes de vanguardia lo enfrentó a la furia de las fuerzas de extrema derecha, que lo acusaron de antipatriotismo y de traicionar a la nación. Sin embargo, estas experiencias fortalecieron su defensa de la idea antibeligerante y su rechazo a las soluciones reacondicionadas por la vieja política.
En esa misma fase estableció contacto con Gustav Landauer, socialdemócrata convertido en figura de la corriente libertaria socialista, y poco después coincidió con Kurt Eisner, con quien forjaría una estrecha camaradería. Toller intensificó su presencia en asambleas obreras y comenzó a difundir, entre las mujeres, fragmentos de su obra titulada La transformación, entendido como denuncia de la guerra a través de imágenes duras y provocadoras. Estas acciones lo llevaron a enfrentarse a la represión y, en un momento, a la detención en una prisión militar de la ciudad. Un médico de la institución logró su intervención y sugiere que, por motivos de salud, no podría permanecer allí, lo que parece abrir un camino hacia la liberación. No obstante, la familia, en particular su madre, se mostró reacia a que su hijo burguesamente acomodado continuara vinculado a la lucha obrera, y lo envió a una clínica psiquiátrica. El verano de 1918 marcó su regreso a la libertad, después de un periodo de controversia y hospitalización.
República de Consejos de Baviera
Con la desconfianza general surgida tras la guerra y la caída de la monarquía, el cerca de noviembre de 1918, la revuelta de Kiel y la abdicación del último rey de Baviera desembocaron en un nuevo poder: Eisner, líder de una fuerza obrera, fue designado primer ministro del Estado Libre de Baviera por el Consejo de Obreros y Soldados. En esas circunstancias, TollER fue designado vicepresidente del Consejo y asumió un rol central en la dirección de las iniciativas autorizadas por ese órgano. Su cercanía a la dirigencia obrera en Berlín lo llevó a cuestionar la idea de abandonar la lucha social para abrazar un parlamentarismo que, a su juicio, no había resuelto sus responsabilidades frente a la guerra ni el financiamiento de acuerdos de crédito permanentes.
En Berna participó junto a Eisner en una reunión de la Segunda Internacional, donde el primer ministro bávaro lanzó un discurso que, al ser antimperialista y denunciar la guerra, encendió pasiones nacionalistas entre ciertos sectores. Poco después, cuando se dirigía al inicio de la sesión del nuevo Parlamento bávaro elegido en 1919, Eisner fue asesinado, hecho que elevó el nivel de tensión en Baviera y alimentó el miedo a un estallido popular de proporciones. La situación llevó a que el Consejo Central de Obreros, Campesinos y Soldados asumiera el poder, aislando al gobierno parlamentario y con Hoffmann a la cabeza escapando de la ciudad hacia Bamberg.
En Múnich, el 7 de abril de 1919, el presidente del Consejo Central dio un paso al costado y dejó su puesto en manos de TollER, quien intentó aplicar políticas de corte libertario desde el inicio. Sin embargo, apenas una semana después, la presión ejercida por el Partido Comunista obligó a una reorganización y a renegociar el control de la situación. Paralelamente, el gobierno Hoffmann movió las fichas con un plan de acción apoyado por Noske para restablecer la autoridad de las socialdemocracias en la región.
Prisión
La responsabilidad de TollER, así como la de otros miembros del Consejo, fue considerada en términos de traición a la patria por parte de las autoridades, y fue condenado a cinco años de prisión. Su encierro tuvo lugar en la prisión de Niederschönenfeld, y durante ese periodo encontró un refugio en la escritura: allí dio forma a piezas que se convertirían en textos centrales de su trayectoria. En ese lapso concluyó la obra teatral que sería su pieza más conocida: Hombre Masa, y también escribió Das Maschinenstürmer (Los destructores de máquinas) y Hinkemann, además de un poemario que pasó a llamarse El libro de las golondrinas.
El 15 de julio de 1924 recibió la libertad, apenas un día antes de cumplir la condena, pero tuvo que abandonar Baviera para dirigirse a la frontera prusiana, ya que se le negó permanecer en suelo bávaro. Esa expulsión marcó un giro crucial en su vida, que le llevó a buscar nuevos horizontes y a enfrentar la precariedad de la vida en el exilio.
Exilio
El mundo que encontró al salir de prisión era distinto: el expresionismo había cedido ante la denominada “nueva objetividad”, una sensibilidad que, para TollER, parecía volcarse hacia la fotografía de la realidad más que a su interpretación poética. En ese periodo adoptó un ritmo constante de conferencias y charlas que lo mantuvo activo como figura pública hasta su fallecimiento, recorriendo ciudades y países para difundir su visión de la cultura como esfera política y social.
En 1927 colaboró con Piscator en la obra Hoppla, wir leben! (¡Vaya, vivimos!), estrenada en Berlin ese mismo año y que reunió su compromiso con la actuación en clave crítica. Ese mismo año, su trayectoria dio un giro hacia la internacionalización de su actividad, con la exploración de nuevos formatos teatrales y narrativos que pudieran reflejar la realidad de un mundo en permanente cambio.
La década de 1930 lo llevó a acercarse de manera intensa a la realidad española. En octubre de 1931 emprendió su primera visita al país que atribuyó a la posibilidad de presenciar una renovación social; ese viaje se extendió hasta marzo del año siguiente y dejó una huella profunda en su pensamiento sobre la acción cultural frente a la tiranía. En 1933, tras el incendio del Reichstag, se salvó de la detención al hallarse en Suiza; ese episodio le permitió refugiarse temporalmente en Zúrich, desde donde continuó su labor de defensa de la libertad y la lucha contra la censura.
En 1934 se trasladó a Londres, y allí comenzó a colaborar con secciones del PEN Club Internacional. Su amistad con el escritor Ilyá Ehrenburg lo llevó a participar en el Congreso de Esctritores de la Unión Soviética en Leningrado, donde Ehrenburg dejó constancia de su impresión sobre TollER en su libro Gentes, años, vida. A su regreso al Reino Unido, emprendió una campaña de captación de fondos para ayudar a la esposa de Carl von Ossietzky, prisionero político que debía enfrentar condiciones de silencio y represión en Esterwegen.
En 1935 participó en el Congreso Internacional de Escritores celebrado en París, donde profundizó su postura de defensa de la libertad de expresión y la dignidad humana, abogando por una actuación más beligerante ante los retos de un mundo que parecía encaminarse a la confrontación general. Entre marzo y abril de 1936 regresó a España con su esposa Christiane Grautoff, y a partir de su retorno a Estados Unidos, entre 1936 y 1937, combinó tareas periodísticas y labores como guionista para la empresa cinematográfica Metro Goldwyn Mayer. Su experiencia en el cine fue irregular y generó cierto desencanto, pues solo uno de sus guiones fue aceptado, pero sufrió cambios significativos que lo alejaron de su visión original.
La década final de su vida estuvo marcada por ataques depresivos que afectaron a su vida personal y profesional, y que culminaron en la separación matrimonial en julio de 1938. Inmediatamente, Toller regresó a España, con el fin de observar de cerca la situación en Madrid y Barcelona mientras el país vivía la convulsión de la Guerra Civil. Su interpretación del conflicto inmediato lo llevó a organizar y promocionar un plan de ayuda humanitaria denominado Spanish Relief Plan, orientado a canalizar alimentos y auxilios hacia la población civil de la zona republicana. Intentó obtener apoyo institucional a nivel internacional y se reunió con la exprimera dama Eleanor Roosevelt, pero los gobiernos y las instituciones de mayor peso no respondieron de manera significativa.
La derrota de la República y la salida de cientos de civiles hacia Francia representó un golpe devastador para TollER, que ya atravesaba dificultades económicas y personales debido a su empeño en sostener el plan de ayuda con sus propios recursos. En 1939, la perspectiva de un retorno a la vida cotidiana resultó imposible y la desesperanza se hizo cargo de su ánimo. El 22 de mayo de 1939, Ernst TollER puso fin a su vida en la habitación del hotel Mayflower de Nueva York, a los 45 años de edad. La noticia fue recogida por la prensa nazi con un juego irónico de palabras que se hizo famoso: “Hoppla, wir sterben!” (¡Vaya, morimos!). En su velatorio, colegas como Oskar Maria Graf y Juan Negrín expresaron su dolor y su reconocimiento a una figura que había vivido con coherencia su defensa de los derechos humanos. A la hora de la despedida, Klaus Mann comentó que TollER entendía que no había país, ya fuera nuevo o viejo, al que regresar.
Obras
- Die Wandlung, 1919
- Masse Mensch, 1921
- Die Maschinenstürmer, 1922 (Los destructores de máquinas, traducción y edición posteriores)
- Der entfesselte Wotan, comedia, 1923
- Das Schwalbenbuch, 1923
- Hinkemann, 1923
- Hoppla, wir leben, 1927
- Justiz. Erlebnisse, 1927
- Quer Durch, 1930
- Feuer aus den Kesseln, 1930
- Die blinde Göttin, 1933
- Eine Jugend in Deutschland, 1933
- Briefe aus dem Gefängnis, 1935