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Filippo Juvara

Nombre completo Filippo Juvara
Nombre nativo Filippo Juvarra
Descripción Arquitecto y escenógrafo italiano
Fecha de nacimiento 07-03-1678
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 31-01-1736
Nacionalidad Reino de Sicilia
Ocupaciones arquitecto, diseñador, ingeniero, urbanista, decorador de teatro, escenógrafo
Idiomas italiano
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Filippo Juvara o Juvarra, conocido en español como Felipe Juvara, nació en Mesina el 7 de marzo de 1678 y falleció en Madrid el 31 de enero de 1736. Este arquitecto y escenógrafo de origen italiano desplegó una carrera que abarcó escenarios teatrales, templos y palacios, dejando una huella decisiva en la arquitectura barroca europea. Su formación emergió en una casa dedicada al arte del metal y del grabado, experiencias que forjaron su ojo para la forma y la dramaturgia del espacio.

Filippo Juvara — Imagen principal

Filippo Juvara o Juvarra, conocido en español como Felipe Juvara, nació en Mesina el 7 de marzo de 1678 y falleció en Madrid el 31 de enero de 1736. Este arquitecto y escenógrafo de origen italiano desplegó una carrera que abarcó escenarios teatrales, templos y palacios, dejando una huella decisiva en la arquitectura barroca europea. Su formación emergió en una casa dedicada al arte del metal y del grabado, experiencias que forjaron su ojo para la forma y la dramaturgia del espacio.

Biografía

Juvara nació en Mesina, en el seno de una familia de orfebres y grabadores, donde absorbió desde joven un oficio que cultivó la precisión y la ornamentación. Tras años de aprendizaje en Sicilia, participó como diseñador de decorados para las festividades urbanas de su ciudad, destacando en la escena local con creaciones para ceremonias cívicas y religiosas. En ese periodo temprano ya mostraba una tendencia hacia la teatralidad y la posibilidad de convertir la escena en un mundo de ilusiones visuales.

En 1703 recibió la ordenación sacerdotal y, poco después, emprendió un traslado decisivo a Roma para profundizar su formación. En la capital italiana profundizó en la arquitectura bajo la tutela de maestros reconocidos como Carlo Fontana y su contemporáneo Francesco Fontana, aprendiendo a combinar la disciplina técnica con la imaginación constructiva que caracterizó su posterior obra. Roma fue, para Juvara, el.semillero de una experticia que conjugaba el oficio litúrgico con la capacidad de concebir espacios teatrales de gran programa.

La primera fase de su carrera en la que trabajó de manera independiente estuvo marcada por encargos escenográficos y diseños teatrales que buscaban convertir la escena en un laboratorio de ilusiones. Juvara articuló un nuevo tipo de recinto escénico que desbordaba la rigidez de las perspectivas clásicas para la época, proponiendo una experiencia espacial más dinámica y envolvente. En esa época creó también maquinaria y mecanismos propios del montaje teatral, llevando sus ideas a teatros como el de San Bartolomé en Nápoles y al Capranica en Roma, donde la ingeniería escénica adquirió un papel central en su quehacer.

Su labor como escenógrafo se extendió a espacios privados, destacando proyectos en el Palazzo della Cancelleria para el influyente cardenal Pietro Ottoboni y en otro teatro menor destinado a la reina de Polonia, en el Palazzo Zuccari. Estas realizaciones mostraban su capacidad para adaptar la teatralidad a contextos no públicos, ampliando su repertorio con soluciones visuales de alto impacto. En 1713 un encargo de carácter teatral lo llevó a plantear un proyecto para la ciudad de Génova, consolidando su reputación fuera de Roma.

En 1706 Juvara resultó vencedor en un concurso para la nueva sacristía de la Basílica de San Pedro, una designación que consolidó su pertenencia a la élite de la arquitectura romana. Ese año ingresó en la Academia de San Lucas, institución que reunía a los mejores artistas del momento y que le otorgó una plataforma para sus futuros proyectos. Dos años después, llevó a cabo la Capilla Antamori dentro de la Iglesia de Jerónimo de la Caridad, un ejemplo temprano de su capacidad para fundir función litúrgica y lenguaje plástico.

Además de arquitecto, Juvara ejerció como grabador. Su interés por la heráldica quedó plasmado en un volumen que reunía escudos grabados, publicado en 1711 bajo el título Raccolta di varie targhe fatte da professori primarii di Roma, una obra que testimonia su habilidad para traducir las formas heráldicas en una expresión gráfica de gran plasticidad.

El momento de mayor intensidad creativa comenzó en 1714, cuando, tras una breve estancia en Mesina, se trasladó a la corte de Saboya. Allí Víctor Amadeo II confió en él primero un proyecto escenográfico y, poco después, lo designó como el primer arquitecto de la corte. En Turín, Juvara desarrolló una parte sustancial de su trayectoria: montó un ambicioso programa constructivo que abarcaba iglesias, palacios y edificios de carácter público, dejando un legado de gran impacto en la ciudad.

Entre las obras toscas de Turín destaca la Basílica de Superga, erigida entre 1717 y 1731, en lo alto de una colina que domina la ciudad. Este conjunto responde a una planta rectangular con una centralidad que se mantiene en el ritmo de la cúpula y el tambor de la misma altura, sostenido por una enigmática rotonda que organiza el espacio interior desde una perspectiva teatral. La historia de Superga es, por tanto, una muestra de la capacidad de Juvara para traducir el lenguaje barroco en una arquitectura de monumentalidad serena y controlada.

En el mismo periodo, para la familia real saboyana diseñó el Polígono de caza conocido como Palazzina di Stupinigi (1729–1731), un complejo palaciego que se articula alrededor de una sala elíptica y que se integra en una idea de residencia real sobria y grandiosa a la vez. Este conjunto ejemplifica la afinidad de Juvara con la vida cortesana y con un tipo de institución palaciega que buscaba armonizar la función de representación con la vida cotidiana de la corte.

Explorando la síntesis de tradiciones italianas y francesas, Juvara también participó en la creación de la fachada y la escalera de entrada del Palacio Madama, en Turín, trabajadas entre 1718 y 1721. Este edificio, que conectaba funciones cívicas y residencia ducal, recibió una lectura escenográfica que favorecía la experiencia de llegada y recepción, reforzando su poderosa presencia urbana.

Dentro de Turín realizó, además, varias obras de alcance significativo. Entre ellas se encuentran la fachada de la iglesia de Santa Cristina (1715–1718) y la Basílica de la Natividad. A la vez, impulsó una tercera expansión de la ciudad hacia el oeste, basada en un esquema ortogonal que fue desarrollado por Ascanio Vitozzi y Carlo di Castellamonte; el proyecto incluyó la construcción del palacio Martini di Cigala (1716) y la zona de Quartieri Militari (1716–1728), así como la iglesia del Carmine (1732–1736), donde la sala central recibe la luz como un recurso escénico de gran impacto emocional.

La fama de Juvara fuera de Italia creció con el paso de los años, y su prestigio llegó a las cortes europeas. En 1719 recibió un encargo en Portugal para el Palacio Nacional de Mafra, proyectado para Juan V y ejecutado entre 1719 y 1720. Tras este encargo, el arquitecto viajó a ciudades como Londres y París, donde continuó intercambiando ideas con otros maestros de la época y ampliando su influencia a través de intercambios intelectuales y proyectos de gran envergadura.

La relación profesional entre Juvara y la tradición alemana del momento se fortaleció gracias al intercambio de grabados entre Juvara y Johann Bernhard Fischer von Erlach, cada uno influyendo al otro a partir de imágenes y diagramas que ofrecían una visión compartida de la arquitectura de espectáculo y de las grandes escalas palaciegas. En ese contexto, Juvara se convirtió en un referente para la arquitectura de corte europeo, capaz de unir lo teatral con lo constructivo en un marco de ambición plástica y programática.

En 1735 recibió una invitación del monarca Felipe V para proyectar la fachada de la Granja de San Ildefonso, el nuevo Palacio Real de Madrid y el Palacio Real de Aranjuez. Aunque el encargo llevó a la postre una ejecución incompleta y modificada por otros arquitectos tras la muerte del maestro, las ideas originales de Juvara apuntaban a una majestuosidad que habría superado los estándares de la época. Posteriormente, Giovanni Battista Sacchetti y otros discípulos llevaron a cabo las adaptaciones necesarias para la materialización de estas obras.

Entre los contemporáneos de Juvara que recibieron influencia de su obra destaca Bernardo Vittone, quien abrazó muchas de sus soluciones de composición y de articulación de los volúmenes. En Madrid, Juvara dejó también otros proyectos menores, como la idea de un nuevo Coliseo de la Cruz, que denota su interés por ampliar su repertorio en la capital española y por proyectar un lenguaje barroco de amplia resonancia.

La muerte de Juvara ocurrió en Madrid en 1736, en circunstancias que muchos describen como extrañas y sorpresivas. Fue sepultado en la iglesia de San Juan Bautista, situada en la Plaza de Ramales, una ubicación que desapareció tras la demolición de 1810. En la ciudad se conserva una placa que recuerda su desaparición y su contribución a la historia de la arquitectura española y europea.

La obra de Juvara, emblema de la arquitectura barroca, cayó en desuso con la llegada del neoclasicismo, que prefirió lenguajes más sobrios y lineales. A partir de la década de los noventa del siglo XX, sin embargo, se organizó una recuperación crítica de su producción: exposiciones de gran magnitud se realizaron en Genoa y en Madrid para recuperar el valor histórico y estético de sus proyectos y de su visión espacial.

Galería

Imágenes de Filippo Juvara