Francisco Ascaso Abadía
| Nombre completo | Francisco Ascaso Abadía |
|---|---|
| Descripción | Anarcosindicalista español (1901-1936) |
| Fecha de nacimiento | 01-04-1901 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 20-07-1936 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | panadero, anarcosindicalista, miliciano anarquista |
| Grupos | Confederación Nacional del Trabajo, Los Solidarios |
| Idiomas | español |
| Hermanos | Domingo Ascaso Abadía, Alejandro Ascaso Abadía |
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Francisco Ascaso Abadía emergió como una de las figuras más destacadas del anarcosindicalismo español, con raíces en el mundo rural de Aragón y una vida marcada por la acción, la clandestinidad y el compromiso con la libertad. Nacido en un entorno humilde, su trayectoria estuvo unida a la Confederación Nacional del Trabajo y a agrupaciones de acción radical como Los Solidarios, que forjaron una estela de confrontación y organización en el convulsionado siglo XX. Este perfil propone reconstruir su camino a partir de los hechos que lo configuraron, con una voz propia y sin repetir estructuras ajenas al original.
Francisco Ascaso Abadía emergió como una de las figuras más destacadas del anarcosindicalismo español, con raíces en el mundo rural de Aragón y una vida marcada por la acción, la clandestinidad y el compromiso con la libertad. Nacido en un entorno humilde, su trayectoria estuvo unida a la Confederación Nacional del Trabajo y a agrupaciones de acción radical como Los Solidarios, que forjaron una estela de confrontación y organización en el convulsionado siglo XX. Este perfil propone reconstruir su camino a partir de los hechos que lo configuraron, con una voz propia y sin repetir estructuras ajenas al original.
Biografía
Nació en una familia de campesinos de Aragón, con procedencias en varios pueblos de la cuenca pirenaica como Loscorrales, Nueno, Biscarrués y Tardienta. Entre diez hermanos solo cuatro lograron sobrevivir a la infancia y la juventud, y en esa niñez compartida surgieron vínculos de solidaridad que más tarde marcarían su vida, entre ellos Domingo, Alejandro y el primo Joaquín Ascaso, todos ellos vinculados al mundo del anarquismo. La muerte y el destierro sembraron un peso que acompañaría a la familia durante años: la madre y la hermana María fallecieron en el exilio, mientras el compañero de María, Luis Riera, y su hija Sol perdieron la vida en los campos de concentración franceses.
El otro tramo de su historia lo revelan las recorrido hacia el Sur y el Oeste, donde Alejandro encontró asilo en Costa Rica con documentos falsos, y Domingo fue abatido por fuerzas de la oposición durante los combates que sacudieron Barcelona en mayo de 1937, defendiendo la Telefónica. Estas pérdidas configuraron un aprendizaje brutal sobre el costo humano de la lucha política y el exilio, que acompañaría a Francisco durante años. El peso de la memoria de su familia se volvió un motor para su militancia y su decisión de permanecer activo ante la represión.
En los comienzos de la década de 1920, Ascaso dio el salto a la ciudad de Barcelona como panadero y camarero, oficios que le sirvieron para integrarse en la CNT y participar en un grupo de acción autónomo conocido como Los Justicieros. En esa etapa, el grupo se volvía cada vez más decidido a enfrentar a pistoleros contratados por las patronales y a intervenir en asaltos que, según la coyuntura, buscaban alterar el orden de la época. Más adelante, el núcleo pasó a llamarse Los Solidarios, un refugio estratégico para coordinar acciones, sabotajes y movilizaciones que desbordaban los cauces legales de la época.
Entre 1920 y 1922 se vio obligado a enfrentar la represión en la cárcel de Predicadores de Zaragoza, donde fue procesado por atentados y prácticas terroristas que se le imputaban. En 1923, poco antes de la instauración de la dictadura de Primo de Rivera, Ascaso y sus compañeros se vieron forzados a exiliarse o esconderse tras un atentado contra una figura eclesiástica de alto rango en Zaragoza, el cardenal-arzobispo Juan Soldevila y Romero, un hecho que dejó al chófer herido y abrió una etapa de persecuciones. Se le atribuyó también la participación en el asalto al Banco de España realizado en Gijón, un episodio que prolongó su huida y su fuga de las autoridades.
La ruta de la clandestinidad llevó a Ascaso y Durruti a viajar a América, donde participaron en un nuevo robo a un banco junto a compañeros argentinos, un episodio que mostró la continuidad de su postura confrontacional frente a las estructuras del poder. Tras un breve periodo de regreso a Europa, ambos fueron detenidos en París el 25 de junio de 1926, bajo acusaciones de planear un atentado contra el rey Alfonso XIII durante su visita a la capital francesa. Ante la carencia de pruebas concluyentes, fueron expulsados y se les prohibió residir en Francia, Bélgica, Alemania, Suiza y otros países, lo que los condujo a nuevos destinos y nuevas tramas.
La vida de clandestinidad de Ascaso continuó en Francia hasta 1931, cuando, apenas iniciada la II República, regresó a España y dio forma al grupo de acción Nosotros, de corte más radical que la FAI. Participó de lleno en las insurrecciones de los primeros años de la nueva etapa republicana, y su presencia activa en la cuenca del Bajo Llobregat desencadenó su destierro y su alejamiento temporal del país. Fue detenido en 1932 y deportado a Guinea Ecuatorial, a la colonia española de Fernando Poo, y posteriormente al penal de Puerto de Santa María; en 1933 reapareció en Sevilla, donde quedó detenido de nuevo. A comienzos de 1934 asumió el cargo de secretario general del Comité Regional de la CNT en Cataluña, una posición que le otorgó liderazgo organizativo en un periodo de reconfiguración de las fuerzas obreras.
Con el estallido de la Guerra Civil, Ascaso se encontraba en Barcelona, donde al mando de la CNT participó en la defensa de la ciudad hasta la caída de las primeras horas del levantamiento militar, el 20 de julio de 1936, cuando recibió un balazo en la frente durante la acción de asalto a las Atarazanas Reales de Barcelona. Su muerte marcó un hito en la resistencia anarquista y dejó una huella que perduró en la memoria de quienes lo conocieron y de las generaciones siguientes que estudiaron su trayectoria.
La valoración de su carácter ofrece un mosaico de descripciones que buscan capturar su esencia. Federica Montseny, quien lo conoció en 1931 en una reunión familiar, lo describió como una persona reservada, con una mente aguda y un rostro sereno que traía una sonrisa irónica; sus gestos eran mesurados, y su energía parecía inagotable bajo una compostura contenida. Pio Baroja, en su obra novelada, lo presenta como un hombre vivo, ágil y astuto, con mirada perspicaz y una actitud desafiante ante la autoridad. También Léo Campion, figura franco-belga y franco-mason, lo recordó como un compañero simpático, irónico y discreto, cuyo modo de conversar revelaba una firme convicción: nadie tiene derecho a gobernar a otros. Estas semblanzas no pretenden agotar su figura, sino ofrecer un retrato que conjuga delicadeza y determinación, curiosidad y paciencia, juventud y experiencia en la lucha social.
La Columna Ascaso fue una de las primeras formaciones de la vanguardia anarcosindicalista que se sumó a la campaña militar para liberar Aragón. Se trató de la tercera columna organizada en Barcelona, que partió hacia el frente en la fecha clave del 25 de julio, mejor armada que sus predecesoras y con un equipo de ametralladoras y transportes blindados reutilizados para la misión. En el ámbito regional, el impacto de estas agrupaciones fue notable, ya que su presencia impactó en la dinámica de la contienda y en la percepción pública de la lucha obrera durante esa etapa tan convulsa.
La población de San Juan de Alicante vivió una controversia singular en torno a la memoria de Ascaso. En el periodo de la guerra, se llegó a proponer que ese municipio adoptara el nombre Villa Ascaso, aunque la oficialidad no respaldó la idea y, ante la presión de las circunstancias, el alcalde optó por mantener la denominación original hasta que las circunstancias cambiaran. En su lucha simbólica, el nombre Villa Rusia fue propuesto por el ayuntamiento en sesión, mientras que la población respondió con pintadas que reivindicaban el homenaje a Ascaso. La disputa, sin embargo, se resolvió por la vía municipal y la identificación histórica quedó de forma ambigua, reflejando la compleja recepción de la memoria de la guerra y de los líderes anarquistas.
La reflexión final sobre su trayectoria llega desde voces que, en la distancia, recuerdan la brevedad de su paso y la intensidad con la que vivió cada momento. Felipe Alaíz, en su homenaje póstumo, subrayó que nadie logra vivir un siglo en medio de medio siglo de lucha, enfatizando la paradoja de un hombre que, a pesar de su corta vida, dejó una impronta que trascendió su época y perdura en la memoria histórica. La figura de Ascaso continúa siendo objeto de estudio para comprender los derroteros del movimiento obrero español y el peso de la resistencia ante la disciplinaria rigidez de las estructuras de poder.