Vida Icónica VIDAICÓNICA

Francisco de Figueroa

Nombre completo Francisco de Figueroa
Descripción Escritor español
Fecha de nacimiento 30-11-1529
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 30-11-1587
Nacionalidad España
Ocupaciones escritor, dramaturgo, poeta
Géneros poesía
Idiomas español, italiano
Sugerencias y correcciones ¿Hay algún error, actualización pendiente o falta alguna biografía?
Ayúdanos a mejorar VidaIcónica escribiéndonos desde la página de contacto.

Francisco de Figueroa figura, dentro del Renacimiento español, como una voz que supo cruzar fronteras y tradiciones. Nacido hacia 1530 en Alcalá de Henares y fallecido hacia 1588, su vida fue un itinerario de cortes y ciudades europeas, donde la curiosidad por las lenguas y la cultura lo llevó a cultivar una obra bilingüe. Su significación reside en la centralidad de la experiencia transatlántica de su tiempo y en la influencia que dejó en la poesía española de generaciones posteriores.

Francisco de Figueroa — Imagen principal

Francisco de Figueroa figura, dentro del Renacimiento español, como una voz que supo cruzar fronteras y tradiciones. Nacido hacia 1530 en Alcalá de Henares y fallecido hacia 1588, su vida fue un itinerario de cortes y ciudades europeas, donde la curiosidad por las lenguas y la cultura lo llevó a cultivar una obra bilingüe. Su significación reside en la centralidad de la experiencia transatlántica de su tiempo y en la influencia que dejó en la poesía española de generaciones posteriores.

Biografía

La niñez y los primeros años de Alcalá de Henares marcan su inicio, pero pronto la trayectoria literaria y militar lo condujo más allá de la península. En Italia ejerció de soldado y allí descubrió una maestría del toscano que sería decisiva para su oficio, de modo que abrazó la creación poética en dos lenguas y profundizó en estudios universitarios en ese país, enriqueciendo su formación con referencias clásicas y humanistas.

Su vida profesional se desdobló entre la atención a la Corte y las responsabilidades diplomáticas de la Corona. Sirvió a varios emisarios que representaban a España ante cortes extranjeras, entre ellos un embajador destacado en Francia y otros nobles y ministros que ocupaban puestos de alta responsabilidad. En ese marco, trabajó para personalidades como Perrenot de Granvela, y estableció vínculos con figuras de notable rango como Antonio Pimentel de Herrera, sexto conde de Benavente, y Carlos de Aragón y Tagliavia, primer duque de Terranova. Con este último recorrió Flandes en 1579, una experiencia que ampliaba su horizonte político y literario.

La vida del poeta se expandió hacia otros escenarios europeos: estancias en Francia y Alemania, y vínculos con la ciudad de Valencia. Las constancias apuntan a una pertenencia a círculos académicos o de cortesía en ciudades como Nápoles, Roma, Bolonia y Siena, lo que alimentó su visión cosmopolita. A partir de 1561 participó como contino del rey Felipe II, compaginando periodos entre la Corte y su lugar natal en Alcalá, donde se asentó de forma estable junto a su esposa, María de Vargas, con quien contrajo matrimonio en 1575.

La relación personal y literaria con otros creadores de la época fue intensa. Estuvo vinculado a poetas y escritores de prestigio, como y, especialmente, Miguel de Cervantes, con quien compartió lecturas y un mismo ambiente alcalaíno. En 1625, el humanista Luis Tribaldos de Toledo reunió su obra en Lisboa y la dio a conocer, asegurando su supervivencia. Según la tradición relatada por Tribaldos, Figueroa habría mandado imprimir o incluso quemar parte de su producción poco antes de morir, una leyenda que ha alimentado la fascinación por su biografía.

En lo artístico, su evolución fue singular. Si bien bebió de las tradiciones estilnovistas y petrarquistas y se enmarcó en una continuidad garcilasiana, su poesía tejió una voz propia sin adherirse plenamente a Fray Luis de León ni a la etiqueta de la llamada escuela salmantina. El influyente neoplatonismo de León Hebreo dejó en su obra una huella marcada, que se percibe en el tono contemplativo y en la búsqueda de una belleza que trasciende lo meramente tangible.

La relación con Cervantes es uno de los hilos más curiosos de su biografía. En La Galatea, el personaje Tirsi se identifica con Figueroa, y la amada Filis funciona como contrapunto en esa puesta en escena de la poesía y el amor. Elicio, otro personaje de la novela, cita explícitamente tres poemas del poeta alcalaíno en el Libro II, lo que demuestra la influencia y la cercanía entre ambos autores. En el Canto de Calíope, Libro VI, Figueroa figura como ingenio número 100, testimonio de su estatura entre los contemporáneos de Cervantes.

Del arsenal temático de Figueroa destacan la canción, la elegía y la glosa, aunque son los sonetos los que más perduran en la memoria de la crítica. Compuso también un epitafio para Diego de Espinosa, figura principal del Consejo Real y obispo de Sigüenza, y sus epístolas revelan una personalidad curiosa y erudita, inquieta por los problemas del lenguaje. Una de las cartas más comentadas fue la enviada desde Chartres en 1560 al humanista Ambrosio de Morales, en la que se exploraba la manera de hablar y pronunciar correctamente el castellano. En sus versos aparecen ecos clásicos, como Horacio, que se asoman en la canción Cuitada navecilla, recordando que la tradición latina había marcado su oído y su pluma.

Obra

La trayectoria editorial de su poesía ha vivido una interesante trayectoria de hallazgos y depuraciones. Entre 1911 y 1943, cuando Ángel González Palencia propuso una edición renovada, se añadió a su conjunto una cantidad de poemas procedentes de manuscritos conservados en Italia y España; en muchos casos, estos textos se recopilaban por primera vez gracias a la labor de Ramón Menéndez Pidal y su exploración de la Biblioteca de Palacio. Este proceso dotó a la obra de Figueroa de una amplitud que el paso del tiempo había ido ensombreciendo.

Con el paso de las décadas, el estudioso Carlos Maurer llevó a cabo una “cosecha” de textos en 1982 y 1988, eliminando 107 composiciones que, a juicio de la crítica, no quedaban suficientemente justificadas en los manuscritos o imprentas; esa depuración buscó acercar la edición a la fiabilidad de las fuentes. Más tarde, en 1989, la edición preparada por Mercedes López Suárez recuperó varios de esos poemas rechazados, devolviéndoles su lugar en la memoria editorial de Figueroa.

  • Luis Tribaldos de Toledo. Obras de Francisco de Figueroa. Lisboa: Pedro Craesbeeck; 1625.
  • Poesías de Francisco de Figueroa, llamado El Divino. Madrid: Imprenta Real; 1804.

Imágenes de Francisco de Figueroa