Francisco Gil de Taboada
| Nombre completo | Francisco Gil de Taboada |
|---|---|
| Nombre nativo | Francisco Gil de Taboada |
| Descripción | Trigésimo quinto virrey del Virreinato del Perú |
| Fecha de nacimiento | 24-09-1733 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 30-11-1809 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | oficial naval, político |
| Idiomas | español |
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Francisco Gil de Taboada y Lemos nació en la aldea de Soutolongo, cercana a Lalín, en la provincia de Pontevedra, y desde joven dejó entrever un temple que lo guiaría hacia posiciones de gran autoridad tanto en el ámbito naval como político. Su trayectoria estuvo marcada por la conjunción de mando en la mar y responsabilidad administrativa en las estructuras del imperio español, llegando a ser virrey en América y, más tarde, capitán general de la Real Armada Española.
Francisco Gil de Taboada y Lemos nació en la aldea de Soutolongo, cercana a Lalín, en la provincia de Pontevedra, y desde joven dejó entrever un temple que lo guiaría hacia posiciones de gran autoridad tanto en el ámbito naval como político. Su trayectoria estuvo marcada por la conjunción de mando en la mar y responsabilidad administrativa en las estructuras del imperio español, llegando a ser virrey en América y, más tarde, capitán general de la Real Armada Española.
Biografía
Orígenes e infancia
Procedía de una estirpe noble de Galicia cuyo estatus social venía acompañado de una educación centrada en el deber y la lealtad institucional. Sus padres, Diego Felipe Gil de Taboada y Villamarín, señor de Dés, y María Josefa de Lemos y Rois, le proporcionaron una formación que combinaba líneas de tradición aristocrática con una visión práctica de la vida pública. Desde niño, mostró inclinación por las responsabilidades que, con el tiempo, se convertirían en el eje de su carrera.
Inicios en la Orden de Malta y primeros avances navales
Con dieciséis años ingresó como caballero de la Orden de Malta, una orden que le proporcionó un marco de disciplina y servicio. Alcanzó grados destacados dentro de la institución, llegando a la Gran Cruz y desempeñando funciones de bailío y comendador de Puertomarín. Sus primeros pasos en la vida militar los dio en la mar, al incorporarse como guardiamarina en la Compañía del Departamento de Cádiz el 27 de octubre de 1752, iniciando así un recorrido que combinaría navegación, ciencia nautica y gestión de recursos humanos en la Armada. En los años siguientes fue ascendiendo por el escalafón: alférez de fragata en 1754, alférez de navío en 1760, teniente de fragata en 1765 y, finalmente, teniente de navío en 1767, experiencia que lo llevó a cruzar las aguas del Mediterráneo, así como los océanos Atlántico y Pacífico en misiones de vigilancia y protección de rutas comerciales.
De capitán de fragata a gobernadores coloniales
La progresión de su carrera continuó con un significativo ascenso en 1770, cuando obtuvo el rango de capitán de fragata. Ese periodo le abrió la puerta a una misión que conectaba el mando naval con la administración colonial: gobernó las islas Malvinas desde 1774 hasta 1777, cargo que dejó huella en la relación entre las autoridades españolas y el Atlántico austral. Poco después recibió el nombramiento de capitán de navío en 1776 y, de forma paralela, asumió la dirección de laCompañía de Guardiamarinas del Departamento de Ferrol, responsabilidad que fortaleció su influencia en la formación de los jóvenes oficiales y en la estructura educativa de la Marina.
Consolidación y mando en América
En 1781 fue ascendiendo a brigadier y, muy pronto, a jefe de escuadra, posiciones que reforzaron su presencia en la alta jerarquía naval. Impulsado por criterios de política imperial, el ministro de Indias, Antonio Valdés y Fernández Bazán, le confió en 1788-1789 la capitanía de la administración en ultramar: obtuvo la dignidad de virrey, gobernador y capitán general del Nuevo Reino de Granada y presidió la Audiencia de Santa Fé de Bogotá. En 1789 fue elevado a teniente general, con lo que consolidó su estatus dentro de la jerarquía militar y administrativa de la Corona.
Virreinatos y la administración del Pacífico
En 1790 asumió el cargo de virrey del Perú y asumió también la presidencia de la audiencia de Lima. A su regreso a España, afrontó el escrutinio propio del Juicio de Residencia, un procedimiento meticuloso que evaluaba con rigor cada aspecto de su gestión como virrey, a veces prolongándose durante años para asegurar el cierre de cuentas según las Leyes de Indias. En 1791 instituyó la Real Academia de Náutica, un hito institucional que fortaleció la enseñanza y la investigación en materia de navegación y ciencia marina, nutriente fundamental para la marina de su tiempo. Paralelamente, su papel recibió reconocimiento institucional al ser nombrado consejero del Consejo Supremo de Guerra, sin abandonar otras funciones relevantes dentro del ámbito naval.
Dirección de la Armada y reformas estratégicas
A lo largo de la década siguiente, su experiencia se tradujo en una serie de cargos decisivos para la configuración de la marina española. En 1799 fue designado Director General de la Armada, primero de manera interina y luego de forma definitiva. El 6 de febrero de 1805, ante el nombramiento del general Domingo Grandallana para dirigir la escuadra de Ferrol, asumió interinamente la Secretaría de Estado y el Departamento de Marina, manteniendo así un control central sobre la política naval. El 9 de noviembre de ese mismo año recibió el título de Capitán General de la Real Armada, reconocimiento que subrayó su influencia en un periodo de grandes tensiones militares y políticas. En 1806 se confirmó su cargo como ministro de Marina, y dos años después se creó el cargo de Inspector General de Marina, que vino a sustituir, progresivamente, la dirección única de la Armada y a articular una estructura de supervisión más amplia.
Entre crisis y convulsiones: la década de 1800
La era que le tocó vivir estuvo atravesada por el Motín de Aranjuez y por la inestabilidad que siguió a la abdicación de Carlos IV en favor de Fernando VII. Gil de Taboada, como otros ministros de aquel Consejo, fue ratificado en sus funciones y acompañó la gestión de la Junta Central durante la ausencia temporal del monarca. En el testimonio histórico del conde de Toreno se subraya su disciplina: “Continuó al frente de la marina, un anciano de carácter entero y firme”, frase que capta la esencia de su personalidad ante los avatares de aquella coyuntura.
Resistencia ante la ocupación francesa
Con el estallido de la crisis y la invasión de Francia, el infante don Antonio fue obligado a dirigir su destino hacia Bayona. Frente a esa coyuntura, Gil de Taboada defendió con firmeza la continuidad de la junta y propuso que la autoridad se reorganizara fuera de Madrid para contrarrestar los efectos de la presión invasora. Cuando Murat intentó presidir la reunión en mayo, varios ministros cedieron, pero él resistió. Finalmente, presentó su dimisión y se retiró a su domicilio con la dignidad intacta, consciente de la magnitud de la situación.
Juramento y el cierre de su vida pública
Con la retirada de las tropas francesas de Madrid, juró de nuevo su cargo ante la Junta Central en Aranjuez, que se hizo cargo del poder en la ausencia del rey. Rehusó prestar juramento a José Bonaparte, manteniéndose firme ante una Corona que había caído en manos de un monarca fingido; su negativa no solo fue un gesto de lealtad, sino también una declaración de principios ante las presiones de la época. Su avanzada edad no le permitió huir, y enfrentó las posibles represalias con la dignidad de quien había dedicado toda su vida al servicio público.
Epílogo y memoria histórica
A la hora de su fallecimiento, la guarnición de Madrid le rindió los honores debidos a una figura de talla destacada. Sus descendientes dejaron rastros en el continente americano, entre los que destacan el escritor chileno Antonio Gil Iñiguez y los caudillos Antonino Taboada y Manuel Taboada, vinculados a la