Francisco Grande Covián
| Nombre completo | Francisco Grande Covián |
|---|---|
| Descripción | Médico e investigador español |
| Fecha de nacimiento | 28-06-1909 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 28-06-1995 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | médico, científico, profesor universitario, nutricionista |
| Grupos | Colegio Libre de Eméritos, Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas, Químicas y Naturales de Zaragoza |
| Idiomas | español |
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Francisco Grande Covián nació en Colunga, en la región de Asturias, el 28 de junio de 1909, y falleció en Madrid el 28 de junio de 1995. Médico y científico de amplia trayectoria, su labor se centró en la nutrición y la bioquímica, campos en los que dejó huella como creador y primer presidente de la Sociedad Española de Nutrición. Su vida atravesó la etapa convulsa de la Guerra Civil y la posguerra, así como décadas de investigación que lograron reconocimiento internacional.
Francisco Grande Covián nació en Colunga, en la región de Asturias, el 28 de junio de 1909, y falleció en Madrid el 28 de junio de 1995. Médico y científico de amplia trayectoria, su labor se centró en la nutrición y la bioquímica, campos en los que dejó huella como creador y primer presidente de la Sociedad Española de Nutrición. Su vida atravesó la etapa convulsa de la Guerra Civil y la posguerra, así como décadas de investigación que lograron reconocimiento internacional.
Biografía
Entre los orígenes familiares, el progenitor fue el doctor Emilio Grande del Riego, médico de profesión, y su madre respondía al nombre de Esperanza Covián. A los nueve años se trasladó junto a su familia a Oviedo por motivos laborales del padre, y allí continuó su formación básica y escolar. En esa ciudad dio inicio a sus estudios de bachillerato, con la intención de seguir después hacia la capital para estudiar medicina.
La juventud se forjó en el marco de la Residencia de Estudiantes, un centro que entonces concentraba a destacados discípulos y científicos europeos. Fue en esa etapa cuando Grande Covián dio inicio a una trayectoria que combinó la medicina con la investigación, aprovechando las oportunidades que ofrecía Madrid para ampliar su mirada académica. En ese periodo temprano, su curiosidad se orientó hacia el conocimiento de la fisiología y la bioquímica, disciplinas que más tarde definirían su oficio.
La culminación académica llegó en 1931, cuando obtuvo el título médico con un premio extraordinario. Tan solo un año después, defendió su tesis doctoral, titulada “Sobre algunos reflejos producidos en la médula por interferencia de excitaciones de distinta naturaleza”, obteniendo las máximas calificaciones. Su formación se enriqueció con estancias de estudio en Alemania, una experiencia que le permitió ampliar horizontes y adoptar enfoques modernos para la época. En aquel tiempo trabajó junto a Severo Ochoa en el laboratorio de fisiología vinculado al equipo del doctor Juan Negrín, lo que fortaleció sus vínculos con destacados científicos de la época.
El itinerario europeo de la posguerra consolidó su formación; viajó por varias naciones, estableciendo redes con figuras relevantes de la investigación continental. Estas experiencias, más tarde, se traducirían en una visión amplia de la nutrición, la fisiología y la bioquímica, y le permitieron situar a España en el marco de los debates científicos de su tiempo.
Profesión
La Guerra Civil marcó un antes y un después en su vida profesional. En Valencia asumió la responsabilidad de dirigir el Instituto de Alimentación de aquella ciudad, que funcionaba como una pieza clave para enfrentar la crisis alimentaria de la época. En ese centro trabajó como subdirector, promoviendo investigaciones que buscaban comprender los trastornos nutricionales que asolaban a la población durante y después del conflicto. Entre los proyectos más significativos, él y su colega Francisco Jiménez García abordaron el estudio de la pelagra en poblaciones que habían enfrentado carencias alimentarias, recopilando datos sobre miles de casos y buscando respuestas terapéuticas y preventivas.
Una de las aportaciones de mayor resonancia se vinculó al viraje científico ante la pelagra. A finales de los años treinta, cuando Conrad Elvehjem identificó el ácido nicotínico como nutriente protector frente a esa enfermedad, Grande Covián propició la transferencia de esa idea a la práctica española. Con la ayuda de químicos como Ángel del Campo y Gómez Aranda, impulsó la creación de un sistema de producción de nicotina destinada a usos agrícolas, que terminó sirviendo para suministrar tratamiento a miles de pacientes y colaborar en la prevención de deficiencias nutricionales. En total, la iniciativa logró atender a un volumen de casos cercano a las tres decenas de miles.
La posguerra trajo consigo nuevos desafíos para el científico. Por su relación con el entorno del antiguo régimen y de Juan Negrín, fue objeto de depuración y vigilancia. En 1939, para evitar represalias, se ocultó durante un periodo corto en un cortijo de Úbeda hasta que las circunstancias le permitieron regresar a Madrid. El mismo año fue objeto de una investigación por el Tribunal de Responsabilidades Políticas, que le impuso una prohibición de diez años para opositar a puestos universitarios en España. Durante ese periodo de inactividad institucional, orientó su labor hacia el Instituto Ibys, dedicado a la preparación de vitaminas, y más tarde se integró al Centro de Investigaciones Médicas del Dr. Jiménez Díaz, donde continuó trabajando en temas de nutrición y bioquímica.
Con el paso de los años su producción intelectual fue extensa, destacando numerosos textos sobre metabolismo y nutrición, así como un esfuerzo por analizar las consecuencias de la contienda y la posguerra en el desarrollo de los recursos alimentarios de la población. En este periodo también se inició su incursión en áreas de neuroquímica y fisiología, abarcando estudios sobre el sistema nervioso y distintos procesos que permiten entender mejor la relación entre nutrición y funcionamiento cerebral. Sus trabajos de esa época dejaron patente su capacidad para combinar observación clínica con experimentación rigurosa.
La década de los cuarenta marcó un giro decisivo hacia la investigación de laboratorio. Inició una etapa centrada en la bioquímica del sistema nervioso, que lo llevó a realizar extensas visitas y colaboraciones en Inglaterra. En 1949 obtuvo la Cátedra de Fisiología en la Universidad de Zaragoza, un hito que consolidó su presencia institucional en España. Poco después, en 1952, recibió la invitación de Ancel Keys para trabajar en su laboratorio, y al año siguiente se trasladó a Estados Unidos para desarrollar una actividad que se prolongó hasta 1975, principalmente en la Universidad de Minnesota.
La colaboración con las autoridades militares estadounidenses le permitió investigar el impacto de la restricción calórica en el rendimiento físico, un tema de gran relevancia para la planificación de funciones en contextos de exigencia física. Paralelamente, llevó a cabo estudios en animales para entender la regulación hormonal del metabolismo de las grasas, con especial atención al papel del glucagón y a las interacciones entre tejido adiposo y termorregulación. También exploró técnicas de calorimetría y el efecto de la hambre en el organismo, proporcionando así una panorámica amplia de la regulación metabólica desde una perspectiva experimental.
Entre sus aportes más conocidos figura la formulación de una relación entre la dieta y el riesgo cardiovascular. La creación de una ecuación que conectaba cambios en el perfil de colesterol sanguíneo con la composición de grasas insaturadas en la dieta marcó un avance que trascendió fronteras, estableciendo un marco conceptual que se conoce, en la memoria científica, como la conexión Keys-Anderson-Grande. Este enfoque contribuyó a colocar a la nutrición en el centro de la discusión sobre prevención de enfermedades cardiacas a nivel internacional.
Regreso a España y etapa final de la vida profesional. Tras la transición hacia una España democrática, retornó a Zaragoza, donde ya había obtenido una cátedra de fisiología en la Universidad durante su primera etapa en el país. En su segunda etapa ocupó la cátedra de Bioquímica y Biología molecular en el departamento correspondiente, y, más adelante, pasó a la condición de profesor emérito en la misma facultad, cargo que conservó hasta su fallecimiento en 1995. Su presencia dejó una impronta duradera en la comunidad científica aragonesa y española.
Reconocimientos
Durante su vida, Grande Covián cultivó una extensa producción bibliográfica y una relevante trayectoria docente. Es ampliamente reconocido como uno de los padres de la Dietética moderna, y su iniciativa institucional forjó la base de una sociedad científica dedicada a la nutrición en España. Además de sus cargos académicos, recibió distinciones que destacaron su labor.
- Fundó y presidió por primera vez la Sociedad Española de Nutrición (SEN), dejando una huella institucional que persiste en la actualidad.
- El reconocimiento académico le llegó en forma de un doctorado Honoris Causa otorgado por la Universidad Autónoma de Madrid.
- En 1983 recibió la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio, una distinción que subraya su contribución a la educación y la cultura.
- En homenaje a su labor, se dio nombre al Hospital Grande Covián en Arriondas, y fue declarado hijo predilecto de Colunga, su villa natal, junto a un busto que recuerda su memoria frente a la casa donde nació.
- En Zaragoza, el Instituto de Educación Secundaria Francisco Grande Covián fue creado en su honor, destinado a acompañar a las nuevas generaciones en su formación; más adelante, un Centro Médico de Especialidades de la capital aragonesa recibió también su nombre, C.M.E. Grande Covián, como testimonio de su legado clínico y académico.