Francisco Iturrino
| Nombre completo | Francisco Iturrino |
|---|---|
| Descripción | Artista español |
| Fecha de nacimiento | 09-09-1864 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 20-06-1924 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | pintor |
| Géneros | retrato |
| Idiomas | español |
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Francisco Iturrino González nació en Santander el 9 de septiembre de 1864 y cerró su trayectoria en Cagnes-sur-Mer, Francia, el 20 de junio de 1924. Pintor y grabador español, figura clave del fovismo en su país junto a Juan de Echevarría, su biografía evidencia un itinerario de aprendizajes, cambios de rumbo y viajes que amplió las fronteras de su paleta y su mirada. Su vida fue un aprendizaje continuo, donde la experiencia de horas de estudio y el contacto con grandes maestros consolidaron una voz personal en la pintura española.
Francisco Iturrino González nació en Santander el 9 de septiembre de 1864 y cerró su trayectoria en Cagnes-sur-Mer, Francia, el 20 de junio de 1924. Pintor y grabador español, figura clave del fovismo en su país junto a Juan de Echevarría, su biografía evidencia un itinerario de aprendizajes, cambios de rumbo y viajes que amplió las fronteras de su paleta y su mirada. Su vida fue un aprendizaje continuo, donde la experiencia de horas de estudio y el contacto con grandes maestros consolidaron una voz personal en la pintura española.
Biografía
Procedente de una familia asentada en Bilbao durante su juventud, Iturrino recibió sus primeros contactos con el dibujo en una academia local, alentado por su tío, Elviro González, figura interdisciplinaria que combinaría música, poesía y pintura en su entorno familiar. En 1882 consiguió el título de bachiller en el colegio de los Agustinos de Bilbao, un hito que marcaría el inicio de una trayectoria que pronto buscaría horizontes más amplios. Tras completar sus estudios, tomó una decisión radical para aquel momento: dejó su país para trasladarse a Lieja en 1884, con la intención de estudiar Ingeniería, una ruta que no tardaría en abandonar para dedicarse por completo a la pintura, su verdadera vocación.
Una etapa decisiva le llevó a Bruselas en 1890, donde entabló una amistad estrecha con el pintor Henri Evenepoel, un vínculo que enriquecería su sensibilidad y le abriría puertas al contacto con corrientes modernas. En 1895, cuando Ambroise Vollard organizó la primera exposición de Cézanne, Iturrino dejó Bélgica para instalarse en París, buscando un ambiente artístico fecundo y liberador. Allí ingresó en el atelier de Gustave Moreau, un estudio que resultaría decisivo en su formación; en ese marco conoció a Henri Matisse, con quien mantendría lazos relevantes a lo largo de su carrera.
A partir de 1898 inició una vida nómada que caracterizaría su vida posterior: alternó estancias en París con largas temporadas en varias ciudades españolas como Salamanca, Sevilla, Córdoba, Motrico, Málaga y Madrid. Esta movilidad no sólo fue geográfica, sino también estética, pues le permitió recoger impresiones variadas y volcarlas después en su pintura con un tono singular que combinaba lo popular y lo contemporáneo. En ese periodo realizó contactos significativos y llevó a cabo proyectos que consolidaron su presencia en el circuito artístico europeo.
Sus relaciones con el círculo parisino se fortalecieron cuando, en París, se cruzó con el grupo de Picasso. En 1901 compartió con él dos exposiciones que estrecharon vínculos entre generaciones y corrientes; ese intercambio engrandeció su visión y le permitió experimentar con nuevas lecturas del color y la composición. En 1903 regresó a Motrico y continuó explorando la geografía ibérica, ampliando su repertorio temático y su presencia en el mercado del arte de la época. Sin embargo, la precariedad económica marcó sus años de producción, pues sus obras se vendían a precios modestos y las penurias financieras fueron una constante que coexistió con su intenso quehacer creativo.
En el periodo de la década siguiente, Iturrino volvió a cruzar fronteras y se conectó con otros protagonistas de la modernidad. En 1910 coincidió en Sevilla con Matisse, acompañándolo durante un viaje a Marruecos que tendría lugar durante el invierno de 1911-1912. Este encuentro elevó la calidad de su experiencia visual y consolidó una relación de confianza y mutualidad con uno de los maestros más influyentes de la época. La etapa de madurez también está marcada por viajes y estancias que reforzaron su identidad como pintor versátil y libre, capaz de integrarse en distintas ciudades sin renunciar a una voz propia.
Con la salud en desequilibrio, las notas de su biografía apuntan a dificultades serias a partir de 1920, cuando comenzaron a manifestarse los primeros signos de gangrena. En Madrid fue intervenido quirúrgicamente y, al año siguiente, se llevó a cabo la amputación de una pierna, un golpe duro que afectó de manera decisiva su economía y su rutina de trabajo. A partir de ese momento, su situación se volvió más precaria y dependía prácticamente de apoyos externos para sostener su programa artístico y sus desplazamientos.
Gracias a la intervención de Élie Faure, quien en 1922 organizó una exposición benéfica en la Galerie Rosenberg de París con obras suyas y piezas de otros amigos—posteriores donaciones y una colección de Ambroise Vollard—Iturrino encontró un respiro para continuar. De este modo, se retiró al sur de Francia, estableciendo su residencia en Cagnes-sur-Mer para intentar una vida más tranquila, muy cercana a su última etapa. Falleció allí, en 1924, dejando tras de sí un legado de vitalidad pictórica que resistió las crisis y el paso del tiempo.
Relaciones y memoriales en Francia ocupan un lugar destacado en su historia. Matisse no sólo fue un contacto fortuito, sino un referente que Iturrino acompañó como cicerone en ciertos momentos, por ejemplo en su viaje a Sevilla en 1910. Sus retratos, entre ellos el que André Derain realizó en 1914 y que se conserva en el Centre Georges Pompidou, así como la obra dedicada a Juan de Echevarría, testifican la estima que despertó entre sus colegas y la continuidad de su presencia en la escena internacional. En este periodo también circulan referencias a su intervención en París y su relación con la vida cultural de la capital y sus alrededores.
Otra lectura de su final sitúa su última década en la región mediterránea, donde la salud debilitada aceleró su retirada de los grandes escenarios y le permitió aproximarse a la quietud de un entorno que le ofrecía silencio y refugio. Su historia se cierra con la memoria de un artista que, pese a las adversidades, logró forjar una identidad que dialoga con las vanguardias y con la tradición, manteniendo vivo un modo de ver el mundo que fue, a la vez, realista y audaz.
Selección de obras
- Feria de Ganado Salamanca, 1898
- Mujer con mantilla blanca, 1900-01
- Dos gitanas, 1901-03
- Muchachas iniciando una carrera, 1895-98
- Caballos y galgos, 1902
- Encuentro en Córdoba, 1907
- Lavanderas, 1905-11
- Manolas, 1908-09
- El baño (Sevilla) 1908 - Museo Carmen Thyssen Málaga
- Mujer mora, 1912 - Museo Nacional de Bellas Artes (Argentina)
- Odalisca, 1912
- Jardín de Málaga, 1916-17 - Museo Reina Sofía
- Escena campera, 1912-14