Francisco Laso
| Nombre completo | Francisco Laso |
|---|---|
| Descripción | Pintor peruano |
| Fecha de nacimiento | 10-05-1823 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 14-05-1869 |
| Nacionalidad | Perú |
| Ocupaciones | político, pintor |
| Géneros | retrato |
| Idiomas | español |
| Hermanos | Juana Manuela Laso de Eléspuru |
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Francisco Laso, cuyo nombre completo es José Francisco Domingo Laso de la Vega y de los Ríos, figura como una figura clave de la pintura peruana del siglo XIX y como un precursor del indigenismo en su país. Su vida narrada a través de viajes, retratos y escenas de la vida cotidiana ha dejado una huella perdurable en la historia del arte nacional. Nacido a principios de mayo de 1823 en el territorio de Aquia, Tacna, su trayectoria se desplegó entre continentes y ciudades que forjaron su visión de lo peruano.
Francisco Laso, cuyo nombre completo es José Francisco Domingo Laso de la Vega y de los Ríos, figura como una figura clave de la pintura peruana del siglo XIX y como un precursor del indigenismo en su país. Su vida narrada a través de viajes, retratos y escenas de la vida cotidiana ha dejado una huella perdurable en la historia del arte nacional. Nacido a principios de mayo de 1823 en el territorio de Aquia, Tacna, su trayectoria se desplegó entre continentes y ciudades que forjaron su visión de lo peruano.
Biografía
Hijo de una estirpe aristocrática, Laso creció en un marco de linajes y títulos que lo rodearon desde la infancia. Sus padres fueron Benito Laso de la Vega y Quijano y Juana Manuela de los Ríos y Tamayo de Mendoza, vinculada a la nobleza de Villahermosa. En 1830 la salud de su madre se apagó en Copacabana, y la familia se trasladó a Arequipa, buscando nuevos aires y un entorno donde las artes pudieran abrirse camino.
La transición familiar continuó cuando el padre contrajo segundas uniones, casándose al año siguiente con Petronila García Calderón, tía del jurista Francisco García Calderón. En Arequipa, Laso vivió la primera infancia como parte de una élite criolla que, aun en medio de transformaciones políticas, conservaba una cierta pompa. Posteriormente, inició estudios en Lima con la idea de ser abogado, pero esa senda no terminó por convencerlo y decidió apostar por la expresión plástica.
Formación y primer impulso artístico En su juventud, se inscribió en la Academia de Dibujo y Pintura dirigida por el pintor ecuatoriano Javier Córtez, lugar en el que conoció a Ignacio Merino, quien lo animó a ampliar sus horizontes en Europa. Este encuentro sería decisivo para su destino: la llamada de un aprendizaje más sólido fuera de las fronteras peruanas lo llevó a cruzar el Atlántico.
Horizontes parisinos y maestros universales En París, en 1843, Laso cultivó oficio en el taller de Charles Gleyre, un maestro que reunió a jóvenes como Monet, Renoir y Sisley. Bajo esa influencia, su técnica consolidó un lenguaje claro y elegante, con una delicada construcción de la forma y un uso cuidadoso del claroscuro. En 1847 se desplazó a Italia, admirando en Venecia a Veronés y acercándose a las corrientes venecianas que luego influirían su paleta y su tratamiento de la luz. También viajó por Florencia y Roma, empapándose de las tradiciones del Renacimiento y del paisaje mediterráneo.
Regreso al Perú y consolidación de su voz En 1849 regresó a Lima y abrió su propio estudio, iniciando un ciclo de trabajos influenciados por la vida cotidiana de la costa y de la sierra peruanas. Un nuevo viaje a Europa en 1851, financiado por José Rufino Echenique, lo llevó a regresar a Gleyre y a ampliar su tema hacia el indigenismo que comenzaba a ganar terreno en la mirada peruana.
Vínculos con Arequipa y compromisos religiosos En 1855 volvió al país y, al año siguiente, se instaló de manera eventual en Arequipa. A pedido del obispo José Sebastián de Goyeneche y Barreda, realizó obras de carácter religioso y, paralelamente, desarrolló su oficio de retratista, combinando encargo público y miradas íntimas sobre la sociedad peruana.
Vida personal y nuevos crucigramas europeos Contrajo matrimonio con Manuela Enríquez y, en 1863, emprendió un tercer viaje a Europa que reforzó su vínculo con la pintura por varios años más. Esta etapa estuvo marcada por una constante renovación de temas y técnicas, que cristalizaría en una obra que amalgama tradición académica y una sensibilidad propia hacia las comunidades andinas.
Impulso cívico y crisis de la década del 60 Al regresar a su país en 1866 participó en la vida pública: tomó parte en el Combate del 2 de mayo y, poco después, fue elegido miembro del Congreso Constituyente de 1867 por la provincia de Lima, en el marco del gobierno de Mariano Ignacio Prado. La década terminó para él en medio de un episodio de censuras y controversias sobre una pensión que financió su formación europea; para desactivar las críticas, obsequiaron al Estado tres lienzos de su autoría: Santa Rosa de Lima, La Justicia y El Cantollano.
Últimos años y legado En medio de una fuerte epidemia de fiebre amarilla que azotó Lima en 1868, Laso cooperó con la Cruz Roja y participó en labores de ayuda sanitaria. Su deterioro físico fue constante y, tras ser trasladado a la sierra para su recuperación, falleció en San Mateo a los 46 años. Fue enterrado en el Cementerio Presbítero Maestro, dejando una memoria intacta en la historia de la pintura peruana.
Obras
En su época se destacó principalmente como retratista, una labor que refleja su dominio de la observación y la psicología de sus modelos. Sin embargo, su itinerario artístico lo llevó a explorar temas indígenas, que germinó durante sus estancias europeas y que luego consolidó como una de las líneas más significativas de su producción. Su estilo, de trazos sobrios y una ejecución clara, muestra un manejo notable del claroscuro y una paleta inspirada en tonalidades naturales.
La voz indígena en su pintura Sus lienzos de temática autóctona capturan escenas de la vida rural y de la puna, destacando la dignidad de las personas y los oficios tradicionales. Entre sus piezas de este repertorio se encuentran obras como La Pascana, Indio alfarero, La lavandera y El entierro del mal cura, también conocido como El Manchaypuito. Cada una de ellas revela un interés sostenido por las costumbres y la realidad cotidiana de las comunidades andinas.
Retratos que delinean una época En el terreno de los retratos sobresalen representaciones de su propia familia, como el retrato de Manuela Enríquez de Laso, y otros retratos de figuras notables o anónimas que dan cuenta de un Perú multiforme. Entre los conocidos se cuentan un caballero español, Santa Rosa de Lima y figuras destacadas como Felipe Pardo y Aliaga, Bartolomé Herrera y Juan Norberto Eléspuru, además de imágenes de un desconocido que enriquecen la memoria visual de la época.
Interés crítico y aportes literarios Además de la pintura, Laso incursionó en la escritura: dejó constancia de su mirada en textos como Aguinaldo para las señoras del Perú y en ensayos que complementan su legado artístico con reflexiones sobre la sociedad y la cultura de su tiempo.
Galería
La memoria visual de Laso se conserva en colecciones y archivos que recogen su obra para la historia del arte peruano. Una sección de archivo fotográfico y digital destaca su trayectoria, permitiendo revisar versiones de sus lienzos y estudios, así como referencias a su proceso creativo y a las temáticas que lo ocupaban.
- La hilandera (1849). Colección destacada en el registro histórico de su pintura.
- La lavandera (cerca de 1858). Representación típica de su interés por la vida cotidiana.
- Indio alfarero (1855/1855). Lienzo emblemático de su repertorio indígena.