Vida Icónica VIDAICÓNICA

Gaspar Melchor de Jovellanos

Nombre completo Baltasar Melchor Gaspar María de Jovellanos
Nombre nativo Gaspar Melchor de Jovellanos
Descripción Escritor, jurista, político e intelectual ilustrado español (1744–1811)
Fecha de nacimiento 05-01-1744
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 27-11-1811
Nacionalidad España
Ocupaciones político, escritor, filósofo, economista, abogado, jurista
Grupos Real Academia Española
Idiomas español, asturiano
HermanosJosefa de Jovellanos
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El itinerario vital de Gaspar Melchor de Jovellanos, nacido en Gijón y fallecido en Puerto de Vega, representa uno de los capítulos más influyentes de la Ilustración en España. Su trayectoria abarcó la creación literaria, la jurisprudencia y la acción política, siempre orientada a impulsar el desarrollo económico y cultural de la nación. A través de informes, memorias y proyectos, dejó un legado de ideas pragmáticas y audaces que marcó su tiempo y que hoy sigue siendo fuente de estudio y debate.

Gaspar Melchor de Jovellanos — Imagen principal

El itinerario vital de Gaspar Melchor de Jovellanos, nacido en Gijón y fallecido en Puerto de Vega, representa uno de los capítulos más influyentes de la Ilustración en España. Su trayectoria abarcó la creación literaria, la jurisprudencia y la acción política, siempre orientada a impulsar el desarrollo económico y cultural de la nación. A través de informes, memorias y proyectos, dejó un legado de ideas pragmáticas y audaces que marcó su tiempo y que hoy sigue siendo fuente de estudio y debate.

Biografía

Primeros años

Procedente de una familia noble de Gijón y sin grandes fortunas, Jovellanos vivió una infancia marcada por la aspiración y el estudio. Bautizado con el nombre de Melchor Gaspar María, llevó consigo ese conjunto de nombres a lo largo de toda su vida. Sus primeros años los pasó en su ciudad natal, y en 1757 emprendió viaje a Oviedo para estudiar Filosofía; luego, en 1760, se trasladó a Ávila para iniciar una formación eclesiástica, con el mecenazgo de un obispo que facilitó su acceso a círculos reformistas. En ese ambiente surgió la relación con Romualdo Velarde Cienfuegos, un alto clérigo que organizó un seminario particular de ideas ilustradas, donde fueron acogidos jóvenes de la región que acabarían ocupando cargos claves. Jovellanos fue, además, hermano mayor de la poetisa Josefa de Jovellanos, figura que cerraba el círculo cultural de aquel momento.

En 1761 obtuvo la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Santa Catalina de El Burgo de Osma, y, tras completar sus estudios, recibió la licenciatura en la Universidad de Santo Tomás de Ávila en 1763, camino que le abrió las puertas para la etapa siguiente de su formación. Esa trayectoria académica abulense le permitió mantener una relación estrecha con la ciudad castellana a lo largo de toda su vida, nutrida por amistades de aquella etapa y por el contacto con el círculo de la Duquesa de Alba. Más adelante, en 1764, recibió una beca para continuar sus estudios en el Colegio Mayor de San Ildefonso de Alcalá, consolidando su educación y facilitando la posterior entrada en el mundo académico y judicioso de la época.

En aquella fase universitaria conoció a Cadalso y a Campomanes, dos figuras que influirían en su formación intelectual y en su visión de la economía y la política. Tras obtener la licenciatura, Jovellanos asumió en 1767 la plaza de magistrado en la Real Audiencia de Sevilla, una experiencia que le sirvió para entender la maquinaria administrativa y judicial de su tiempo. En 1774 ascendió a oidor, cargo que le permitió consolidar su reputación y ampliar su red de contactos. Dos años después, participó como promotor en la Sociedad Patriótica Sevillana, organismo dedicado a la promoción de artes y oficios, lo que marcó el inicio de su integración en redes cívicas orientadas a la modernización.

Madrid

En 1778 consiguió un traslado a la Sala de Alcaldes de Casa y Corte en Madrid, gracias, en parte, a la influencia del duque de Alba, con quien había entablado relación durante su paso por Sevilla. En la capital entró a la tertulia de Campomanes, quien entonces ejercía como fiscal del Consejo de Castilla, y recibió encargos que atestiguaban su solvencia en asuntos económicos. Su ascenso continuó: en 1780 accedió al Consejo de Órdenes Militares y, en 1782, formó parte de la comisión que dio vida al Banco de San Carlos. Además participó en la junta de comercio de la Sociedad Económica Matritense, que desde diciembre de 1784 pasó a tenerle como director. Fue en este periodo cuando cristalizaron sus estudios sobre la economía de España y de su entorno, con especial relieve para el Informe sobre la Ley Agraria, documento que defendía la liberalización del suelo y la supresión de privilegios como el mayorazgo y la Mesta, configurando un marco de pensamiento liberal que el Consejo de Castilla aguardaba para reformar la agricultura peninsular.

Su presencia fue plenamente reconocida en la vida cultural de Madrid: integró la Real Academia de la Historia, la Real Academia de San Fernando y la Real Academia Española, entre otras instituciones, y llevó a cabo labores en la Sociedad Económica de Amigos del País, que funcionaba como(epicentro) de iniciativas políticas y económicas para el progreso regional y nacional. Sin embargo, el estallido de la Revolución Francesa alteró el clima político y moral de la época: la Corona redujo las perspectivas de los ilustrados y apartó de la vida pública a numerosos pensadores progresistas, limitando la curiosidad y la experimentación que habían caracterizado a la etapa anterior.

Asturias

Con la caída de su principal aliado político, Francisco de Cabarrús, Jovellanos se vio obligado a abandonar la Corte y volver a su tierra natal en 1790. Allí inició una etapa de asentamiento y de producción de ideas para el norte de España: redactó un Informe sobre espectáculos para la Real Academia de la Historia y recorrió Asturias, Cantabria y el País Vasco para evaluar minas de carbón y su potencial de consumo, generando informes sobre concejos como Siero y Langreo y anticipando la importancia futura de esa cuenca minera. Sus investigaciones apuntaron a la liberalización de la explotación del carbón y a la necesidad de abrir un mercado que facilitara la producción y la exportación, ideas que culminaron en la liberalización parcial de la explotación en 1793. También concibió la idea de la carretera carbonera que uniría Langreo y Gijón; aunque su realización se demoró varios años, su propuesta mostró la amplitud de su visión para conectar recursos con mercados. A la vez, documentó tradiciones y fiestas locales, aportando una mirada integral sobre la región.

Entre 1790 y 1791 viajó a Salamanca para gestionar la reforma de los Colegios de las Órdenes Militares. Como subdelegado de caminos en Asturias (1792) intentó acelerar la conclusión de la carretera hacia Castilla para acabar con el aislamiento de Gijón, pero la falta de fondos obstaculizó su terminación. En 1794, por iniciativa suya, se creó en Gijón el Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía, un esfuerzo para convertir la enseñanza en una herramienta práctica de ilustración tecnológica y económica. Este centro buscó aplicar principios reformistas en la educación técnica y científica, reflejando su convicción de que la cultura técnica era motor de progreso.

Últimos años

En una fase tensa de alianzas, Godoy intentó incorporar a Jovellanos a la escena diplomática; le ofreció ser embajador en Rusia, oferta que Jovellanos rechazó. Sin embargo, en noviembre de 1797 aceptó el cargo de ministro de Gracia y Justicia, desde el que buscó reformar la justicia y reducir la influencia de la Inquisición; su mandato fue breve y, tras apenas nueve meses, dejó el cargo en agosto de 1798 y regresó a su ciudad natal. En esa época proyectó la creación de una academia asturiana dedicada al estudio de la historia y de la lengua regional, y llevó a cabo la elaboración de 200 fichas léxicas del asturiano, esfuerzo que subrayaba su interés por las particularidades culturales y lingüísticas de su tierra.

La situación política dio un giro cuando Mariano Luis de Urquijo cayó y Godoy recuperó influencia. Jovellanos fue detenido el 13 de marzo de 1801 y desterrado a Mallorca, primero al monasterio de la Real Cartuja de Jesús de Nazaret, donde recibió un trato humano, y luego trasladado a la prisión del Castillo de Bellver. Durante su encierro su estado físico se degradó y su religiosidad se intensificó, pero siguió manteniendo su sueldo y, con ello, accesos a libros y mobiliario. Liberado en abril de 1808 tras el Motín de Aranjuez, se negó a sumarse al gobierno de José Bonaparte y optó por representar a Asturias en la Junta Central, asumiendo la tarea de redactar su reglamento junto a Martín de Garay. Desde esa institución impulsó la convocatoria de la asamblea y dirigió la comisión de las Cortes, pero la entrada de tropas francesas en Andalucía obligó al gobierno a trasladarse a Cádiz. Las calumnias de ciertos aristócratas que se oponían a la reunión provocaron la caída de la Junta Central y el establecimiento de una regencia, cuyo reglamento fue redactado de nuevo por Jovellanos y Garay. Jovellanos, perseguido por el ambiente político hostil, optó por retornar a Asturias; una tempestad desvió su ruta hacia Muros, donde pasó meses. Posteriormente, en Galicia, dejó testimonio político de sus acciones en la Memoria en defensa de la Junta Central, publicada en La Coruña. A la caída de las tropas francesas, regresó a Gijón, pero la situación volvió a complicarse y tuvo que huyen de nuevo hacia el norte. Ya enfermo de pulmonía, culminó su vida en Puerto de Vega, en la costa de Navia, el 27 de noviembre de 1811.

Inicialmente sus restos fueron trasladados al cementerio de Gijón y, más tarde, en 1842, se ubicaron en un mausoleo de la iglesia de San Pedro. En 1936, frente a la inminencia de la voladura del templo, Pachín de Melás organizó su reubicación en la Antigua Escuela de Comercio y, con el permiso del alcalde, fue trasladado a otros recintos, para finalmente reposar en la capilla de los Remedios junto a su casa natal. Este tránsito de su memoria demuestra la percepción constante de su figura como referente de la España ilustrada y su conexión con la identidad asturiana.

Obra

Jovellanos cultivó diversos géneros, desde la poesía y el teatro hasta ensayos de economía, política, agricultura, filosofía y costumbres, todo ello enmarcado por un espíritu reformador propio del despotismo ilustrado. Su producción mayor se concentra en ensayos eruditos que abordaron la economía, la administración y la educación, con un sello de claridad pragmática y un afán de mejorar la vida cotidiana de la gente.

Entre sus textos más conocidos está el Informe sobre la Ley Agraria, elaborado en una primera versión en 1784 y enviado a la Sociedad Económica Matritense, que luego pasó al Consejo de Castilla y fue publicado en 1795. En ese trabajo defendió la necesidad de eliminar obstáculos a la iniciativa individual y de estructurar la economía española sobre tres planos: político, moral y físico. Señaló que la raíz de los problemas residía en la existencia de baldíos, la influencia de la Mesta, un régimen fiscal poco eficiente, carencias en educación práctica y deficiencias en infraestructuras de regadío, canales y puertos. Sus propuestas apuntaron a convertir baldíos y montes comunales en bienes privados, disolver la Mesta, cercar fincas, basar arrendamientos en pactos voluntarios y favorecer un marco tributario más razonable. En el mismo marco, abogó por limitar el mayorazgo, reformar impuestos y eliminar la amortización eclesiástica que limitaba la libertad de los agricultores.

Además de su componente económico, abogó por una reforma educativa orientada a la utilidad práctica, que diera mayor énfasis a las ciencias y a los saberes técnicos, y defendió que el Estado financiara obras públicas como motor del desarrollo. En conjunto, estas ideas apuntaban a crear un mercado de tierras dinámico, ampliar la producción y consolidar un mercado nacional único que favoreciera el crecimiento demográfico y, en última instancia, la industrialización de la nación.

Durante su etapa en Sevilla, Jovellanos participó en la tertulia de Pablo de Olavide, lo que incidió en su vertiente poética amorosa y en la redacción de la tragedia Pelayo (o Munuza) y de la comedia El delincuente honrado. Pelayo/ Munuza, concebida en la década de 1760, apareció en distintos momentos y versiones; se estrenó en Madrid mucho después de haber sido escrita, y su enfoque dramático pertenecía a la línea de la comédie larmoyante europea. En paralelo, tradujo el primer libro de El paraíso perdido, de Milton, y promovió mejoras urbanas en su Gijón natal, impulsando la apertura de la ruta Gijón–León para canalizar el comercio marítimo hacia el interior, proceso que culminó años después y dejó un legado de transformaciones logísticas y económicas. Estas actuaciones muestran a un Jovellanos comprometido con la modernización a través de la cultura, la industria y la infraestructura.

Obras literarias

  • Obras teatrales: Pelayo / Munuza, tragedia. Sevilla, 1769; El delincuente honrado, Sevilla, 1774.
  • Composiciones poéticas y romances.
  • Elogio fúnebre del marqués de los Llanos de Alguazas. Lectura en la Sociedad Económica Matritense.
  • Elogio de Ventura Rodríguez. Madrid, 1788. Lectura en la Sociedad Económica Matritense.
  • Elogio de Carlos III. Lectura en la Real Sociedad Económica de Madrid.

Correspondencia

La correspondencia de Jovellanos revela un ser de pensamiento práctico y de vocación pública, capaz de dialogar con distintas corrientes de su tiempo y de indicar rutas de acción política y educativa. Sus cartas, además de reflejar su erudición, evidencian un compromiso constante con las reformas estructurales y con la defensa de un desarrollo sostenible para España y para su región natal, la Asturias, siempre en clave de servicio público y de curiosidad intelectual.

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