Gregorio de Laferrère
| Nombre completo | Gregorio de Laferrère |
|---|---|
| Nombre nativo | Gregorio de Laferrère |
| Descripción | Político y dramaturgo argentino |
| Fecha de nacimiento | 08-03-1867 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 30-11-1913 |
| Nacionalidad | Argentina |
| Ocupaciones | dramaturgo, periodista, político, escritor |
| Idiomas | español |
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Gregorio de Laferrère, nacido en la ciudad de Buenos Aires el 8 de marzo de 1867 y fallecido el 30 de noviembre de 1913, destaca como una figura clave de la vida política argentina y, a la vez, como dramaturgo de singular influencia. Su trayectoria transcurrió entre la gestión pública y la creación escénica, donde supo combinar una mirada conservadora con una sensibilidad teatral que le permitió observar su propia época con ironía y un ojo crítico agudo. Su biografía entrelaza el dinamismo de las instituciones con la energía de la escena porteña, dejando un legado que atraviesa la política y el teatro de fines del siglo XIX y principios del XX.
Gregorio de Laferrère, nacido en la ciudad de Buenos Aires el 8 de marzo de 1867 y fallecido el 30 de noviembre de 1913, destaca como una figura clave de la vida política argentina y, a la vez, como dramaturgo de singular influencia. Su trayectoria transcurrió entre la gestión pública y la creación escénica, donde supo combinar una mirada conservadora con una sensibilidad teatral que le permitió observar su propia época con ironía y un ojo crítico agudo. Su biografía entrelaza el dinamismo de las instituciones con la energía de la escena porteña, dejando un legado que atraviesa la política y el teatro de fines del siglo XIX y principios del XX.
Primeros años
Su madre, Mercedes Pereda, provenía de una familia argentina de distinción, mientras que su padre, Alfonso de Laferrère, era un hacendado de orígenes franceses que amasó una considerable fortuna. La ascendencia gala se remontaba a Navarrenx y la genealogía de la casa mostraba un linaje nobiliario. Creció rodeado de tres hermanos en un hogar que mantenía vínculos estrechos con las familias más influyentes del país, lo que marcó de inmediato su aproximación a la vida pública. En sus años de formación, cursó estudios secundarios en el Colegio Nacional Buenos Aires, donde, aunque no brilló por su rendimiento académico, mostró un profundo interés por la lectura y las ideas que circulaban en la sociedad de su tiempo.
En 1888 dio sus primeros pasos en el periodismo al fundar, junto a su joven compañero Adolfo Mugica, la publicación satírica El Fígaro. Bajo el seudónimo de , escribió columnas que combinaban agudeza y humor, dejando entrever ya una inclinación por la ironía social que más tarde caracterizaría su obra dramática.
Un año después, emprendió con su familia un viaje a Francia, nación de origen de su padre, para conmemorar la centuria de la Toma de la Bastilla mediante una Exposición Universal en París. Aquel viaje no solo fue de carácter festivo sino también vital para su formación artística: allí presenció representaciones de Molière interpretadas por la Comédie-Française y se acercó al género del vodevil, una línea que influiría decisivamente en su producción posterior, con un tono ligero que conservaba una mirada crítica sobre la realidad social.
Iniciación en la política y el periodismo
Regresó a Buenos Aires en 1890 y se involucró en la escena política de la ciudad, enrolándose en las filas del autonomismo porteño junto a su aliado José María Miró, figura también destacada del momento y autor de la novela La Bolsa bajo el seudónimo de Julián Martel. En ese marco, Laferrère dio el primer paso institucional cuando, en 1891, fue elegido intendente de Morón (entonces llamado Presidente de la Municipalidad), cargo al que accedió residiendo en la localidad, y para el que adoptó una actitud decididamente práctica ante la oposición, incluso recurriendo a un disfraz para atravesar a las fuerzas contrarias y luego firmar el acta de asunción sin obstáculos.
Un año después, se acercó al radicalismo de Hipólito Yrigoyen con la intención de contribuir a depurar un panorama político que él mismo reconocía viciado, sin llegar a afiliarse plenamente al movimiento. En 1893 dio el salto a la Cámara provincial, al ser elegido diputado en la Legislatura de Buenos Aires por un periodo de cinco años. Más tarde, en 1897, impulsó la creación del Partido Nacional Independiente, una escisión del antiguo Partido Nacional. En 1898 consiguió una banca como diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, cargo que renovó en varias ocasiones hasta 1908.
En 1903 fundó la Asociación Popular, con un enigmático lema, “De nadie y para todos”, y convirtió esa agrupación en el instrumento mediante el cual impulsó candidaturas y abrió un canal de intervención política frente a la élite de entonces. Estableció, frente al Círculo de Armas, un espacio de atención diaria a un caudal de solicitantes que llegaban para exponer sus necesidades o pedir gestiones. Según relatos de contemporáneos, muchos de esos encuentros se centraban en peticiones de orden económico y personal, y muestran la cara más práctica de un político que sabía combinar el servicio con la persuasión.
Por otra parte, Laferrère fue explícito en su perfil: poseía una inclinación conservadora que no ignoraba las problemáticas sociales de la época. Su amor por el teatro, al que dedicaba un palco permanente en el viejo Teatro San Martín y frecuente presencia en otros escenarios de la ciudad, revelaba una sensibilidad que se traduciría en su vida pública. Era un hombre de apariencia elegante y de un porte que dejaba una impresión de distinción: su porte era descrito por quienes lo trataban como alguien siempre bien arreglado, con un bigote recogido y un aspecto de mujeriego elegante, según las crónicas de la época.
En 1908, con apoyo de las autoridades, impulsó la creación del Conservatorio Lavardén, un centro orientado a la formación de actores que obtuvo reconocimiento por incorporar un elenco notable que incluía a la destacada actriz Angelina Pagano y, más adelante, a la célebre actriz francesa Marguerite Moreno. Este proyecto convirtió a Laferrère en una figura decisiva en la enseñanza y profesionalización de las artes escénicas en el país, buscando fortalecer una cultura teatral nacional de calidad.
El 4 de mayo de 1911, Laferrère, junto a Pedro Luro y Honorio Luque, impulsó la creación de la localidad de Gregorio de Laferrère, en el partido de La Matanza, a unos 24 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. Este emprendimiento representó una manifestación emblemática de su deseo de consolidar un asentamiento urbano asociado a su nombre, una muestra de su interés por dejar una impronta física en el paisaje metropolitano.
Su dramaturgia
«¡Jettatore!»
Desde su juventud, Laferrère cultivó la literatura, principalmente como novelista; sin embargo, la escena teatral fue revelando su dominio con una obra que sorprendió al círculo aristocrático al que pertenecía. Su estreno teatral fue la comedia en tres actos ¡Jettatore!, escrita casi como un juego y sin intención de ser representada. Fue un amigo quien insistió en enviarla al teatro de la Comedia, ocultando la autoría cuando la presentó, lo que provocó inicialmente un rechazo por considerarla “irrepresentable”. Un segundo envío, realizado por otro amigo, logró finalmente que la obra llegara a la escena, estrenándose el 14 de mayo de 1902 con la compañía de Podestá. En esa ocasión, el estreno adquirió un cariz social excepcional, contando con la presencia del presidente de la Nación, Julio Argentino Roca, y atrayendo a un público que no era habitual en las funciones de compañías nacionales.
La crítica situó la pieza dentro de un vodevil con una temática aparentemente ingenua, pero ejecutada con una mano hábil y un humor satírico que evitaba lo burdo. El eje central era la superstición que ligaba a ciertos personajes con una influencia ominosa, un tema plausible en el Buenos Aires de la época. A la par, la obra introducía una lectura más amplia: la figura de Don Lucas, protagonista inocente, se movía en un entramado de amistades que ocupaban el escenario para tejer episodios que podían oscilar entre la risa y el desconcierto, logrando una atmósfera que marcaba el tono de la comedia.
«Locos de verano»
La comedia Locos de verano se estrenó el 6 de mayo de 1905 en el Teatro Argentino, con la interpretación de Gerónimo Podestá, una presencia que aseguraba un público fiel y atento. En palabras de especialistas, la obra representa una recreación de las costumbres y los hábitos de la sociedad porteña, un retrato ligero que, sin perder su encanto, logró conquistar a la crítica y al público, convirtiéndose en un nuevo clásico del teatro nacional. A diferencia de otras piezas de Laferrère, esta comedia se recibió inicialmente con reservas por parte de críticos, que la veían como un pasatiempo de un dramaturgo aristocrático, pero el texto demostró su valor al sostenerse en el tiempo y el favor popular, contando con una notable cantidad de representaciones que ratificaron su éxito sostenido.
«Bajo la garra»
La obra Bajo la garra se estrenó el 23 de mayo de 1906 a cargo de la compañía de Gerónimo Podestá en el Teatro Argentino. Su argumento aborda la maledicencia que circula en ciertos círculos sociales y, sin revelar de inmediato su origen, se difunde entre los concurrentes de un club como un rumor de adulterio de la esposa de un socio. A medida que la intriga va tomando cuerpo, el drama llega a los oídos del afectado y culmina en el tercer acto con un desenlace trágico en la intimidad del hogar. El crítico Ricardo Rojas destacó que, si bien el primer acto presenta las herramientas de una dramaturgia que se apoya en descripciones superficiales, la pieza alcanza una densidad psicológica y una seriedad dramática a medida que la acción se despliega, otorgándole una tercera dimensión que la distingue dentro de su repertorio.
«Las de Barranco»
El 24 de abril de 1908 fue presentada Las de Barranco en el Teatro Moderno (hoy Liceo) por el elenco del Conservatorio Lavardén. Se trata de una comedia tragicómica en la que la comedia oscila con el grotesco, centrada en la viuda de un capitán fallecido y sus tres hijas, que se esfuerzan por sobrevivir con la pensión que el gobierno les concede. La madre no duda en orquestar encuentros favorables para las jóvenes y, a la vez, solicitar presentes para sí, mientras desalienta a pretendientes que carecen de recursos. Cada hija se perfila con rasgos propios: Pepa y Manuela se acomodan a los caprichos de la progenitora, y Carmen, la más hermosa y perspicaz, resiste la manipulación materna. La viuda, finalmente, no logra retener a Carmen en casa cuando la muchacha huye con su amante.
Entre los temas que atraviesan la obra quedan la soledad, la angustia, la desorientación y la hipocresía social. La pieza ofrece un retrato minucioso de las convenciones del alto círculo social y de las premisas morales a veces frágiles que sostienen las apariencias ante los demás. Bajo la dirección de Alfredo Duhau, la obra alcanzó una notable aceptación y logró mantenerse en cartelera durante un período extenso, con un total de ciento cuarenta representaciones consecutivas. En 1921, Las de Barranco fue llevada a Europa, estrenándose en París, lo que atestigua su alcance y su influencia más allá de las fronteras nacionales.
La génesis de la obra se vincula, al parecer, con una pensión de La Plata, donde Laferrère vivió su juventud. En sus inicios, ese material fue concebido casi como un monólogo para Orfilia Rico, una destacada actriz cómica. Ella vio el potencial y propició su ampliación para convertirse en una obra de mayor alcance. El elenco original incluyó a la protagonista y a intérpretes como María Gámez, Lea Conti, Francisco Ducasse, Carola Heredia y un joven debutante de solo quince años, Enrique Serrano. La puesta en escena logró una resonancia notable, con funciones repetidas y una vitalidad que hizo de la obra un referente estable del repertorio escénico de la época.
«Los invisibles»
El 27 de agosto de 1911 se presentó Los invisibles en el Teatro Moderno, con la compañía de Pablo Podestá. Esta comedia aborda el fenómeno del espiritismo de forma ingenua, a través de la credulidad de un personaje, don Ramón, que introduce un supuesto medium en su casa y lo utiliza para manipular a su entorno. La obra revela cómo la supuesta influencia sobrenatural afecta a los negocios y a las relaciones, desencadenando una serie de conflictos que confluyen en un episodio de engaños y tensiones familiares. En el desarrollo, quien figura como asesor de la conducta del grupo, López, interpreta gestos y ruidos que generan un clima de incertidumbre, hasta que desvela las repercusiones de sus creencias y desata una serie de desencuentros que terminan por resolver la intriga en clave cómica, con un desenlace que sorprende a los personajes y al público.
Muerte
La trayectoria de Gregorio de Laferrère culminó en Buenos Aires el 30 de noviembre de 1913, tras atravesar un breve período de enfermedad. Su fallecimiento dejó un vacío en la escena política y teatral del país, pero también consignó una obra que, desde la confluencia de la generación de la comunidad porteña, continúa siendo objeto de estudio y admiración por su mirada aguda sobre la vida social y sus formas de representación.
Sus obras en el cine
Además de su prolongada presencia en los escenarios, tres de sus piezas se llevaron al lenguaje cinematográfico: ¡Jettatore!, Las de Barranco y Locos de verano. La transición de estas piezas a la pantalla sirvió para ampliar su alcance entre las audiencias que no accedían con frecuencia a los teatros de la ciudad, consolidando la imagen de Laferrère como una figura de referencia tanto para el teatro como para el cine naciente de Argentina.
- ¿Jettatore!
- Las de Barranco
- Locos de verano