Humberto II de Italia
| Nombre completo | Humberto II de Italia |
|---|---|
| Nombre nativo | Umberto Nicola Tommaso Giovanni Maria di Savoia |
| Descripción | Rey de Italia (1946-1946) |
| Fecha de nacimiento | 15-09-1904 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 18-03-1983 |
| Nacionalidad | Reino de Italia |
| Ocupaciones | militar, monarca, político, soberano |
| Idiomas | italiano |
| Hermanos | Juana de Saboya, Mafalda de Saboya, María de Saboya, Yolanda de Saboya |
| Esposas | María José de de Sajonia-Coburgo |
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Humberto II de Italia, cuyo nombre completo en italiano fue Umberto Nicola Tommaso Gennaro Maria di Savoia, nació en Racconigi el 15 de septiembre de 1904 y falleció en Ginebra el 18 de marzo de 1983. Fue el último monarca del Reino de Italia, accediendo al trono tras la abdicación de su padre Víctor Manuel III, y su corto reinado, de apenas 33 días, le hizo pasar a la historia como el “Rey de mayo” por el hecho de haber sido coronado y derrocado en un espacio tan breve. Su vida estuvo marcada por la transición de una monarquía sólida a una República radicalmente nueva para la Italia del siglo XX, y por los dilemas familiares, políticos y morales de una casa real que debió enfrentarse a la modernidad y a la convulsión del siglo. En este relato se recogen, con cuidado y rigor, los hitos que delinearon su trayectoria y el peso de las decisiones que tomaron su destino y el de la nación que gobernó por tan poco tiempo.
Humberto II de Italia, cuyo nombre completo en italiano fue Umberto Nicola Tommaso Gennaro Maria di Savoia, nació en Racconigi el 15 de septiembre de 1904 y falleció en Ginebra el 18 de marzo de 1983. Fue el último monarca del Reino de Italia, accediendo al trono tras la abdicación de su padre Víctor Manuel III, y su corto reinado, de apenas 33 días, le hizo pasar a la historia como el “Rey de mayo” por el hecho de haber sido coronado y derrocado en un espacio tan breve. Su vida estuvo marcada por la transición de una monarquía sólida a una República radicalmente nueva para la Italia del siglo XX, y por los dilemas familiares, políticos y morales de una casa real que debió enfrentarse a la modernidad y a la convulsión del siglo. En este relato se recogen, con cuidado y rigor, los hitos que delinearon su trayectoria y el peso de las decisiones que tomaron su destino y el de la nación que gobernó por tan poco tiempo.
Juventud
Nacido príncipe di Piemonte, Humberto fue el tercer hijo de Víctor Manuel III y Elena de Montenegro, nacida de la dinastía de los reyes de Montenegro. En su genealogía figuran las tradiciones de la Casa de Saboya y las responsabilidades asociadas a ser heredero al trono de un reino que atravesaba cambios históricos profundos. Desde joven recibió la educación de una corte anclada en las costumbres conservadoras, con una fuerte devoción ceremonial y una orientación política que buscaba mantener la continuidad de la monarquía frente a las turbulencias del periodo entre guerras. En ese marco, su título de príncipe heredero abría un camino de representación institucional: viajaba para estrechar vínculos diplomáticos y proyectar la imagen de una Corona comprometida con la estabilidad internacional, incluso cuando en su propio país se gestaban procesos que acabarían reconfigurando el mapa político europeo.
En noviembre de 1923 recibió la distinción más alta de la Orden del Toisón de Oro, concedida por el monarca español de aquella época. Este reconocimiento reforzaba su papel como figura de protocolo y su capacidad para actuar como embajador no sólo de la Corona sino de la narrativa histórica del Reino de Italia. En su calidad de heredero, desarrolló una intensa actividad de visitas oficiales y misiones diplomáticas, que fortalecían la proyección exterior de la monarquía y, a la vez, subrayaban las líneas ideológicas que sostendrían al régimen en su etapa más controvertida. Su itinerario más conspicuo lo llevó a Sudamérica en 1924, un recorrido que abarcó Brasil, Argentina, Uruguay y Chile, y durante el cual fue recibido con aplauso por las comunidades de inmigrantes italianos asentadas en ciudades como São Paulo, Montevideo y Buenos Aires. Tras cruzar la Cordillera, llegó a Santiago, una experiencia que fortaleció su percepción de un mundo exterior al que la Corona debía mirar con atención y prudencia. Este viaje subrayó el papel de la figura real como puente entre la nación y la diáspora italiana, y dejó en su memoria una impresión duradera de la diversidad y complejidad de la emigración italiana en el contexto hemisférico.
En 1929 sufrió un intento de atentado en Bélgica, atribuido a un activista antifascista italiano, Fernando De Rosa Lenccini. Este episodio evidenció el clima de tensión política que rodeaba a la Italia de aquel entonces, con sombras de resistencia interna frente al régimen. Un año después, contrajo matrimonio con María José de Bélgica, hija del rey Alberto I. El enlace, celebrado en un clima de solemnidad dinástica, no resultó ser una unión armoniosa: la independencia de la pareja y las diferencias políticas emergentes tensionaron la convivencia. María José adoptó posiciones críticas frente al fascismo, mientras Humberto mantenía una fidelidad razonada a su padre y a las tradiciones conservadoras que legitimaban a la casa Saboya en el contexto italiano.
Rey de Italia
Tras la liberación de Roma por las fuerzas aliadas en 1944, Humberto fue nombrado Lugarteniente del Reino, asumiendo funciones de jefe de Estado ante la compleja situación en la que se hallaba la dinastía y el país. Este periodo estuvo marcado por la necesidad de gestionar una transición turbulenta, en la que la autoridad real debía responder a la presión de un régimen que ya no podía sostenerse sin una reforma sustancial. Finalmente, su padre, Víctor Manuel III, decidió abdicar en favor suyo el 9 de mayo de 1946, lo que situó a Humberto en la condición de monarca en un tramo final de la historia de la monarquía. En ese marco, Humberto renunció al título de rey de Albania, un reclamo heredado tras la invasión italiana, y presentó personalmente sus disculpas al rey Zog I por las usurpaciones ocurridas durante el dominio italiano.
La duración de su reinado fue efímera: solo 33 días, comprendidos entre el 2 y el 12 de junio de 1946, tras la celebración de un plebiscito que, según los resultados oficiales, optó por la República como forma de Estado. Sin embargo, desde sectores monárquicos se alzó la sospecha de posibles irregularidades en las urnas. Paralelamente, la Santa Sede mostró recelos y mantuvo una postura de cautela hacia los avatares de la joven República, negándose a recibir a los jefes de Estado italianos durante años, lo que añadió un componente de controversia y desconfianza al proceso. Con la caída de la Corona, Humberto partió al exilio, instalándose en Cascais, Portugal, en la llamada Villa Itálica, antes de trasladarse a Ginebra, Suiza, desde donde solicitó, en múltiples ocasiones, poder regresar a Italia por razones humanitarias. Contó con el apoyo del rey Juan Carlos I de España, nacido en la capital italiana, pero su regreso quedó sujeto a una reforma constitucional que encontró una firme oposición en amplios sectores políticos, entre ellos fuerzas comunistas y otros grupos parlamentarios, lo que impidió su vuelta a casa. En esas circunstancias, Humberto mantuvo un perfil sobrio y reservado, lejos de las tensiones de la arena política, mientras se abría un debate sobre la legitimidad y el futuro de la monarquía en una Italia que buscaba consolidar una República estable y democrática.
Falleció en Suiza el 18 de marzo de 1983 sin haber podido regresar a Italia, y fue enterrado en la Abadía de Hautecombe, en Saboya. En su testamento, dejó el Santo Sudario de Turín al Papa y solicitó ser sepultado con el sello real de la Casa de Saboya, un gesto que algunos interpretaron como una afirmación de que, al morir, la dinastía quedaba definitivamente extinguida frente a la nueva configuración institucional del país. Su vida, así, se convirtió en un hilo conductor entre la tradición y la historia contemporánea de Italia, con un legado que continúa suscitando debate entre historiadores y ciudadanos por igual.
Títulos y tratamientos
Títulos, honores y nombramientos
Condecoraciones italianas
- Gran maestre de la Orden de los Santos Mauricio y Lázaro (Reino de Italia)
- Gran maestre de la Suprema Orden de la Santa Castidad (Reino de Italia)
- Gran maestre de la Orden de la Corona de Italia (Reino de Italia)
Condecoraciones extranjeras
- Caballero de la Suprema Orden de Cristo (Santa Sede)
- Caballero gran cruz de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén (Santa Sede)
- Gran cruz honorífica de la Orden de Malta (Orden de Malta)
- Collar de la Orden de Cristo (Portugal)
- Gran cruz de la Orden de San Olav (Noruega)
- Caballero de la Orden de los Serafines (Suecia)
- Caballero de la Orden del Águila Negra (Reino de Prusia)
- Gran collar de la Orden del Águila de Georgia (Dinastía Bagrationi, Georgia)
- Caballero de la Orden del Toisón de Oro (España, 1923)
- Caballero del Collar de la Orden de Carlos III (España)
- Caballero gran cruz de la Orden de Cristo (Portugal)
- Gran cruz de la Orden de San Olaf (Noruega)
- Caballero de la Orden de los Serafines (Suecia)
Matrimonio e hijos
Se casó en Roma el 8 de enero de 1930 con la princesa María José de Bélgica (1906–2001). Su unión dio lugar a una descendencia que continuó la línea saboyana pese a las tensiones de la época y a las transformaciones políticas que sacudían Europa. En cuanto a la vida familiar, la pareja tuvo varios hijos que proseguirían la geografía de alianzas dinásticas y las complejas relaciones con otras casas reales de la cristiandad europea.
Humberto y María José fueron padres de los siguientes vástagos:
- María Pía (1934-), casada en 1955 con el príncipe Alejandro Karađorđević (1924-2016); la unión terminó en divorcio en 1967, y en 2003 la infanta contrajo segundas nupcias con el príncipe Miguel de Borbón-Parma (1926-2018).
- Víctor Manuel (1937-2024), príncipe de Nápoles y duque de Saboya; contrajo matrimonio en 1970 con Marina Ricolfi-Doria (n. 1935).
- María Gabriela (n. 1940), esposa en 1969 de Roberto Zellinger de Balkany (1931-2015); la pareja se separó en 1976 y divorció en 1990.
- María Beatriz (n. 1943), casada en 1970 con Luis Rafael Reyna Corvalán y Dillon (1939-1999); la relación terminó en separación.
Presunta homosexualidad
Durante la década de 1920, el régimen de Mussolini habría reunido un expediente privado sobre la vida sentimental de Humberto con fines de chantaje. En el periodo de posguerra, ciertos diarios difundieron rumores sobre su orientación, con el objetivo de influir en la decisión de los italianos en torno al futuro de la monarquía. Estas afirmaciones no encuentran una certeza concluyente sobre su veracidad y durante años se debate qué tan fundamentadas estaban. Lo que sí resulta evidente es que Humberto mantenía un patrón de exclusión entre su vida pública y su vida íntima, lo que ha alimentado especulaciones persistentes entre historiadores y cronistas.
Entre los datos que han alimentado estas conjeturas figura el hecho de que solía obsequiar a jóvenes funcionarios de su entorno con flores de lis talladas en piedras preciosas, detalle que algunos analistas interpretan como indicio de preferencias afectivas fuera de las normas de la época. En determinadas crónicas se mencionó, además, la existencia de un posible vínculo con el actor francés Jean Marais, aunque estas afirmaciones no han recibido una confirmación inequívoca y permanecen en el terreno de la conjectura. Un exteniente del ejército describió, por su parte, episodios románticos que habrían involucrado al príncipe, lo que contribuyó a un aura de misterio que ha persistido en la memoria histórica. A pesar de estas narrativas, es importante subrayar que, apartándose de los rumores, Humberto mantuvo de forma consistente su vida privada separada de las responsabilidades públicas y de las ceremonias oficiales que caracterizaron su papel en la Corona.
En cualquier caso, los biógrafos coinciden en que Humberto, en su juventud, era visto como una figura ambivalente: de un lado, un aristócrata que buscaba el reconocimiento de su estatus dentro de la estructura militar y real; de otro, un hombre que lidiaba con conflictos entre su fe católica y sus impulsos personales, lo que le llevó a buscar consuelo en la oración y a veces a experimentar un fuerte sentimiento de culpa por aquello que iba contraviniendo las enseñanzas religiosas de la época.
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