Vida Icónica VIDAICÓNICA

Jeanette MacDonald

Nombre completo Jeanette MacDonald
Nombre nativo Jeanette MacDonald
Descripción Actriz estadounidense
Fecha de nacimiento 18-06-1903
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 14-01-1965
Nacionalidad Estados Unidos
Ocupaciones actor de cine, actor, cantante de ópera, actor de teatro, actor de voz, artista discográfico
Idiomas inglés
EsposasGene Raymond
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Jeanette MacDonald fue una de las figuras más emblemáticas de los musicales del siglo XX, reconocida tanto por su potencia como por su elegancia en escena y en el estudio. Nacida en 1903, dejó una huella profunda al combinar la pureza de su soprano con una presencia escénica formidable. A lo largo de su carrera brilló en cine, ópera y radio, y su estudio y perseverancia la convirtieron en una influencia duradera para generaciones de cantantes. Su legado, especialmente ligado a asociaciones con Maurice Chevalier y Nelson Eddy, permanece en la historia de la cultura popular estadounidense.

Jeanette MacDonald — Imagen principal

Jeanette MacDonald fue una de las figuras más emblemáticas de los musicales del siglo XX, reconocida tanto por su potencia como por su elegancia en escena y en el estudio. Nacida en 1903, dejó una huella profunda al combinar la pureza de su soprano con una presencia escénica formidable. A lo largo de su carrera brilló en cine, ópera y radio, y su estudio y perseverancia la convirtieron en una influencia duradera para generaciones de cantantes. Su legado, especialmente ligado a asociaciones con Maurice Chevalier y Nelson Eddy, permanece en la historia de la cultura popular estadounidense.

Primeros años

Jeanette Anna MacDonald nació en Filadelfia en 1903, como la menor de tres hermanas en una familia que valoraba el arte y la música. Sus comienos estuvieron marcados por el claqué y la ópera que escuchaba en casa, así como por cantar en la iglesia y en eventos escolares. Desde muy joven mostró facilidad para el baile y la voz, iniciando actuaciones menores que la llevaron a viajar en giras infantiles y a hacer de la música un lenguaje cotidiano. Primero aprendería a moverse con cadencia ante la mirada del público y, con el tiempo, ese aprendizaje informal se convertiría en el motor de su improvisación escénica futura.

Broadway

En noviembre de 1919 se trasladó a Nueva York acompañada de su hermana Blossom para integrarse al coro de una producción de Ned Wayburn, The Demi-Tasse Revue, que se presentaba entre funciones cinematográficas en un teatro de Broadway. Sus primeras apariciones en 1920 incluyeron dos musicales, Night Boat y Irene, donde ocupó un segundo papel femenino; a lo largo de 1921 y 1922 se fue ganando la reputación de intérprete capaz y versátil. Con el paso de los años, su presencia en revistas y musicales la llevó a roles cada vez más destacados, destacando su trabajo en The Magic Ring (1923) y en Yes, Yes, Yvette (1927), donde empezó a perfilarse su figura de protagonista. En las temporadas siguientes, sus producciones, como Sunny Days (1928) y Angela (1928), consolidaron su presencia en el circuito de Broadway.

La década de 1929 marcó una transición crucial: mientras protagonizaba Angela, un director de cine la descubrió y abrió paso a su salto a la gran pantalla. Posteriormente, la interpretación de Richard Dix en Nothing but the Truth fue una oportunidad que no se consolidó de inmediato, pues las maniobras contractuales de los Shuberts impidieron su participación. En paralelo, Lubitsch la observó durante pruebas de cámara y le ofreció su primera gran oportunidad en el cine sonoro, The Love Parade, junto a Maurice Chevalier, que marcaría el inicio de una década de consolidación cinematográfica.

Cine

Los años con Paramount

Al inicio del cine sonoro, en 1929-1930, Jeanette MacDonald participó en una serie de títulos para Paramount Pictures. Su debut sonoro, The Love Parade, dirigida por Ernst Lubitsch y coprotagonizada por Maurice Chevalier, supuso un hito en la transición del cine mudo al sonoro y la situó como una de las principales nuevas estrellas de la industria. Sus primeros temas cinematográficos, Dream Lover y March of the Grenadiers, se convirtieron en éxitos de la banda sonora. En The Vagabond King (1930), MacDonald participó en una versión Technicolor de una opereta de Friml, interpretando el papel de la Princesa Katherine junto a Dennis King, lo que reforzó su estatus en el mundillo musical-cinematográfico. En esa etapa también figuró en Monte Carlo y Let's Go Native, entre otros títulos, donde su presencia se convirtió en sinónimo de elegancia y capacidad vocal. En los planos de Paramount, su carrera estuvo acompañada por una creciente popularidad de la voz y de la interpretación escénica, que la llevó a grabar varias canciones de la época y a participar en grandes producciones de estudios, a veces con escenas cortadas o revisadas para adaptarlas a las exigencias del mercado sonoro.

Con el objetivo de controlar su propia producción, MacDonald se trasladó a United Artists para filmar The Lottery Bride (1930), una tentativa de independencia que no obtuvo el éxito esperado. Poco después firmó con 20th Century Fox para realizar tres filmes, entre ellos Oh, for a Man! (1930), donde dio vida a una cantante de ópera que se ve envuelta en una historia de romance y enredos. También debutó en la comedia Don't Bet on Women (1931) y participó en Annabelle's Affairs (1931), siendo elogiada por la crítica por su interpretación. A partir de 1932, su filmografía se enriqueció con Una hora contigo, dirigida por George Cukor y Lubitsch, una producción simultánea en francés que mostró su capacidad para dialogar y cantar en distintos idiomas dentro de un mismo proyecto cinematográfico.

Para la retina de la época, Love Me Tonight (1932), dirigida por Rouben Mamoulian, se convirtió en uno de los trabajos mejor considerados de su periodo en MGM y es aún recordada por el uso innovador del diálogo cantado, con una banda sonora creada por Richard Rodgers y Lorenz Hart. En esa década, MacDonald consolidó su relación con el mundo de los musicales y el cine sonoro, estableciendo alianzas y explotando un repertorio que integraba tanto piezas líricas como números de compañía. Su paso por Paramount dejó una huella de modernidad y una identidad sonora que acompañó toda su carrera.

Los años con MGM y Nelson Eddy

En 1933 MacDonald firmó un contrato con Metro-Goldwyn-Mayer tras encontrarse en Europa, inicio de una etapa decisiva. Su primera película para el estudio fue The Cat and the Fiddle (1933), basada en la obra de Kern, junto a Ramón Novarro. En The Merry Widow (1934), Lubitsch volvió a reunir a Chevalier y a MacDonald en una versión cinematográfica de la célebre opereta, que se convirtió en un gran éxito en las ciudades grandes de Europa y América, gracias a su ambicioso planteamiento y a la escala de la producción. En 1935 llegó Naughty Marietta, el primer título de MacDonald con Nelson Eddy, y la música de Victor Herbert revitalizó un repertorio clásico que incluía piezas como Ah! Sweet Mystery of Life, entre otras. Este filme recibió el Premio a Mejor Sonido y fue nominado a Mejor Película en la categoría correspondiente, consolidando la sinergia entre ambos intérpretes.

En 1936 protagonizó Rose Marie, junto a James Stewart, interpretando a una cantante de ópera, y cantaron juntos el tema Indian Love Call, que se convirtió en un hito de la época. Poco después llegaron San Francisco, verlo como un relato de un terremoto, con Clark Gable y Spencer Tracy. En verano de 1936 comenzó el rodaje de Maytime, con Eddy y Frank Morgan, que se convirtió en el título más taquillero del año y es considerada una de las cimas de los musicales de los años 30. Will You Remember, de Romberg, rindió a MacDonald con otro Disco de Oro.

Sweethearts (1938) marcó un punto de inflexión: fue su primer título de MGM en solitario con su nombre en el cartel y, en este caso, introdujo una versión de la partitura de Victor Herbert en un nuevo formato. El dúo que compartía pantalla con Eddy mostró una vez más su química en escena, y la película recibió reconocimientos, incluido un premio importante para la película del año. Sin embargo, durante la producción se produjo un aborto, lo que tensó la relación entre MacDonald y Mayer, y, en consecuencia, se consideró la posibilidad de un proyecto conjunto distinto, Let Freedom Ring, el cual no llegó a completarse. Eddy trabajó en Broadway Serenade (1939) junto a otros intérpretes, mientras que MacDonald tomó un descanso y negoció su presencia futura en pantalla sujeta a nuevas condiciones contractuales. A raíz de ello, la carrera de ambos adquirió una nueva dinámica, y la pareja profesional se separó temporalmente.

La siguiente etapa contempló una reorientación: tras el intento de reconfigurar su vínculo con el estudio, la artista aceptó participar en The New Moon (1940) junto a Eddy, una de las producciones más exitosas de esa timepo, a partir de una historia basada en la obra de Romberg de 1927. Después, Bitter Sweet (1940), versión en Technicolor de la opereta de Noël Coward y The Girl of the Golden West (1940) coronaron una fase de mayor alcance de su filmografía, con números musicales que mantenían la frescura y la teatralidad que la definían. En 1941, Smilin’ Through mostró a MacDonald en un registro de gran dramatismo y color, con un reparto que reforzó su estatus de estrella televisiva y cinematográfica. La última colaboración con Eddy en la gran pantalla se dio con I Married an Angel (1942), una adaptación del musical de Rodgers y Hart, que, pese a su encanto, no logró un éxito rotundo en taquilla. A continuación, Cairo (1942) cerró su ciclo con MGM bailando entre la comedia de espionaje y el ensemble de artistas que la respaldaban. En esa época, el estudio decidió que venía el ocaso de una era, y MacDonald dejó temporalmente Hollywood para explorar otros formatos artísticos.

Carrera posterior

Cuando terminó su contrato con MGM, MacDonald exploró el mundo de la ópera y de los escenarios de concierto, alternando con apariciones puntuales en cine y en radio. Universal Studios la anunció como posible protagonista para futuros proyectos, y durante varios años se dedicó a conciertos y espectáculos en vivo. En esa transición, aparecieron notas de cine independiente y un intento de crear proyectos conjuntos con Eddy que no llegaron a materializarse. Aun así, su presencia mediática siguió siendo notable, con apariciones en festivales de verano y recitales que la posicionaron como una de las voces más queridas del público estadounidense. En esa etapa, su nombre siguió siendo sinónimo de un repertorio que atravesaba desde la ópera hasta el musical ligero, con una presencia particular en escenarios televisivos emergentes.

La vida profesional continuó con una serie de proyectos que, si bien no siempre llegaban a materializarse, atestiguaron su persistencia para mantener vivo el diálogo entre la gran música lírica y las grandes historias del cine musical. Cuando el cine musical necesitaba renovarse, MacDonald seguía exhibiendo su habilidad para fusionar interpretación dramática y canto, manteniendo un perfil público que le permitía mantener su popularidad entre el público general y los fanáticos del género. En este tramo, también se exploraron posibilidades de colaborar con Eddy en distintos formatos, aunque las tentativas no se materializaron con regularidad y su colaboración quedó mayormente en la memoria de la audiencia.

Al final de la década de 1940 y en los años 50, la artista volvió al cine para dos títulos de MGM, Three Daring Daughters (1948) y The Sun Comes Up (1949), que representaron un cierre estilístico de su historia en la gran pantalla. En estos años, MacDonald mantuvo una presencia televisiva y de conciertos, y las ofertas de Broadway continuaron presentándose, aun cuando la salud y la necesidad de cuidados personales obligaron a ajustar la agenda de actuaciones. Su trayectoria, marcada por una mezcla de registro lírico y carisma cinematográfico, dejó claro que ella era una artista capaz de navegar entre distintas formas de interpretación musical con una naturalidad que pocos podían igualar.

En 1962 surgió la posibilidad de trabajar con Eddy en The Thrill of It All, pero la oferta fue rechazada y los papeles recayeron en otros intérpretes. Aun así, el nombre de MacDonald siguió ligado a grandes proyectos de la época y a la posibilidad de regresar a la escena con una presencia renovada. En ese periodo también se barajó su participación para la Madre Superiora en una versión de The Sound of Music, aunque ese proyecto no llegó a materializarse. A lo largo de su carrera, su estatus como estrella de taquilla se mantuvo, y sus películas tendían a figurar entre las más vistas de su tiempo, consolidando una reputación de bastante duradera. En el ámbito de la popularidad internacional, su éxito fue especialmente notable en el Reino Unido entre 1937 y 1942, donde su nombre y su música resonaron con fuerza entre el público y la crítica.

Conciertos

Desde 1931 MacDonald convirtió las giras de conciertos en un componente regular de su agenda artística, complementando sus grabaciones y sus proyectos cinematográficos. Su primer periplo europeo la llevó por Francia e Inglaterra, y su primera gira por Estados Unidos tuvo lugar en 1939, una vez finalizó Broadway Serenade y se había consolidado su matrimonio con Nelson Eddy. En esas actuaciones, su voz acudía a grandes escenarios como el Hollywood Bowl y Carnegie Hall, donde ofrecía recitales y piezas a capella que mostraban su dominio técnico y su sensibilidad interpretativa. En época de guerra, su compromiso fue doble: no solo llevó su música a público amplio, sino que también participó en recaudaciones para obras caritativas y de apoyo a las tropas a través de giras patrocinadas por instituciones oficiales.

Entre 1942 y 1945, MacDonald colaboró con elArmy Emergency Relief para recabar fondos y atender a familias de militares. Su esfuerzo fue reconocido con una condecoración, y su labor benéfica se sumó a su carrera artística como un componente activo de su imagen pública. En el plano institucional, dejó constancia de su cercanía con las potencias políticas de la época al actuar en la Casa Blanca para los presidentes Truman y Eisenhower, sumando así un perfil cívico a su presencia escénica. En ese periodo, su voz siguió acompañándose con producciones y recitales que consolidaron su estatus de intérprete de referencia en el ámbito musical norteamericano.

La actividad de conciertos continuó a lo largo de los años, con presentaciones que reforzaron su reputación como cantante de repertorio amplio y variado, capaz de atravesar desde la lírica operística hasta el estilo popular del musical. Sus apariciones públicas consolidaron una conexión entre el mundo de la música clásica y el cine musical, un puente que pocos lograron mantener con semejante consistencia. En ese marco, los recitales y las galas de beneficencia se convirtieron en una extensión natural de su carrera artística, permitiéndole llevar su voz a una audiencia diversa y mantener su popularidad a través de décadas.

Grabaciones

MacDonald registró más de noventa temas a lo largo de su trayectoria, trabajando de forma exclusiva con RCA Records en Estados Unidos. Su catálogo también incluyó grabaciones para HMV en el ámbito británico y para sellos franceses durante una gira internacional en 1931. En reconocimiento a su labor, obtuvo tres Discos de Oro, uno de los hitos de su reconocimiento comercial, especialmente por una grabación de dúo con Nelson Eddy en 1957. A lo largo de su trayectoria, su labor discográfica consolidó la memoria musical de su voz, convirtiéndola en una referencia para las generaciones siguientes de cantantes de ópera y musicales.

Las grabaciones ofrecieron un repertorio amplio que trascendía fronteras y que quedó como testimonio sonoro de su versatilidad, desde piezas líricas a duos emblemáticos de su época. En particular, su capacidad para interpretar números de ópera y melodías de zarzuela en versiones adaptadas para el gran público le dio un sello propio que todavía se recuerda en retiros y recopilaciones contemporáneas de música de cine y musicales.

Ópera

A diferencia de Nelson Eddy, que hizo la transición de la ópera al cine, MacDonald buscó en la década de 1940 entregar su voz al repertorio lírico en escenarios operísticos. Se preparó con Lotte Lehmann, una de las grandes divas de la época, para afrontar roles de ópera en su fase de exploración vocal. Su debut operístico se produjo en Montreal en 1943, donde dio vida a Julieta en Romeo y Julieta, cargo que repitió en Quebec, Ottawa y Toronto. En Estados Unidos, su estreno tuvo lugar en la Chicago Lyric Opera en 1944, en el mismo papel, y más tarde interpretó Marguerite en Fausto en la misma casa de ópera. En 1945 volvió a presentar Romeo y Julieta en Chicago y Fausto en Cincinnati, y en 1951 cantó Fausto con la Philadelphia Grand Opera. En este tramo, MacDonald demostró una dedicación seria a la ópera y una capacidad notable para adaptar su voz a un repertorio menos ligado al espectáculo cinematográfico que a la pureza de la escena lírica.

Este giro hacia la ópera representó un capítulo importante de su carrera, ya que le permitió ampliar su rango artístico y consolidar su reputación como cantante versátil capaz de transitar entre distintos lenguajes musicales. Aunque su figura fue mayormente asociada al mundo del cine musical, su incursión en la ópera dejó un rastro de admiración entre el público de la lírica y demostró una profundidad artística que trasciende géneros y formatos. En su historial se reserva un lugar significativo a estas producciones líricas, que se suman a su vasta trayectoria en el cine y en los escenarios de concierto.

Radio y televisión

La trayectoria radiofónica de MacDonald comenzó a finales de los años treinta y se extendió por varias décadas, con una presencia constante en la radio que incluía versiones condensadas de sus películas para programas como Lux Radio Theater y The Screen Guild Theater, donde a menudo aparecía junto a Nelson Eddy. Su labor en radio no solo reforzó su popularidad, sino que también le permitió adaptar su voz para la transmisión, manteniendo una afinidad entre la música y el relato hablado. colaboró en otros programas con distintos compañeros y formatos, construyendo un archivo sonoro amplio que aún se recuerda entre aficionados y especialistas.

En televisión, MacDonald participó en las primeras incidencias de la pantalla chica, primero como invitada musical y luego como figura central en proyectos que, pese a no ser continuados, mostraron su capacidad para entretener en formatos distintos al cine. Entre sus apariciones tempranas destacan apariciones en programas como This Is Your Life y What’s My Line?, donde su presencia generó interés y llevó su figura a una nueva generación de espectadores. En los años siguientes, su presencia televisiva fue intermitente, pero dejó un legado de interpretaciones en vivo que conectan con su experiencia en el escenario y el cine.

En 1956 se intentó crear una serie propia inspirada en su trayectoria, con un episodio piloto llamado Prima Donna escrito por su marido, pero la propuesta no llegó a emitirse. Aun así, su unión con Eddy reapareció en el Lux Video Theatre Holiday Special de 1956 y en The Big Record de Patti Page en 1957, donde cantaron y presentaron distintas canciones, consolidando su papel como dupla memorable para la memoria televisiva de la época.

Teatro musical

La pareja MacDonald-Raymond llevó su escena a las tablas con una gira de Ferenc Molnár, The Guardsman, que se inició en 1951 en el Erlanger Theater de Buffalo y que recorrió 23 ciudades hasta terminar ese año. En la década de 1950, la artista participó en montajes de verano de Bitter Sweet y El rey y yo, que cruzaron el país y llevaron a MacDonald a los escenarios de Louisville y Kansas City, entre otros. Durante una de esas representaciones sufrió un infarto, lo que la llevó a moderar su ritmo de presentaciones en los años siguientes. Su última actuación en escena fue Bitter Sweet en 1959, cerrando una etapa de su carrera en las tablas que se extendió a través de la década y dejó una impresión de refinamiento y elegancia en el escenario musical teatral.

A la vez, MacDonald ofreció recitales de único o en colaboración en clubes y salas de entretenimiento, como el Sands Hotel y el Sahara Hotel y Casino de Las Vegas, donde llevó su voz a un formato más íntimo; en otras ocasiones actuó en The Ambassador Hotel de Los Ángeles y, en años posteriores, regresó a escenarios de interpretación con una presencia contenida y sobria que contrastaba con su enorme trayectoria en el cine y la ópera.

Vida personal

Durante su vida sentimental MacDonald protagonizó cinco romances documentados. Su primer compromiso fue con Jack Ohmeis, un joven estudiante; la relación, que fue breve y estuvo marcada por el conflicto familiar que impidió la boda en 1926, dejó un recuerdo de un inicio juvenil lleno de promesas. Después, Irving Stone se convirtió en su pareja entre 1926 y 1928; Stone formaba parte del círculo de negocios de Chicago y era sobrino del fundador de The Boston Store, lo que le dio un alcance social y económico significativo en su entorno. En 1928 apareció Robert George Ritchie como mánager y pareja, con quien permaneció hasta 1935; a pesar de que algunos documentos sostienen que llegaron a casarse, MacDonald negó repetidamente esa unión, aunque existen cartas que apuntan a un matrimonio que podría haber sido anulado, presumiblemente en Hawaii. En el año 1933 llegó Nelson Eddy, quien se convertiría en una figura central de su vida profesional y sentimental durante varios años; las tensiones entre sus aspiraciones personales y las presiones de la industria llevaron a una ruptura en junio de 1935, mientras que durante el verano de ese año su camino se cruzó de nuevo con Gene Raymond en una fiesta, lo que llevó a un compromiso y, más tarde, al matrimonio en 1937. La historia de sus relaciones fue compleja y, en algunos casos, objeto de controversia o debate, dada la ambigüedad de ciertos documentos y la interpretación de distintas biografías. Después de su ruptura con Eddy, la artista se casó con Raymond, matrimonio que se mantuvo hasta su muerte, y que, en ciertos relatos, se ha visto como problemático debido a rumores de relaciones extra matrimoniales del cónyuge, que nunca fueron plenamente confirmados. Nelson Eddy, por su parte, intentó reconciliarse en 1938; Mayer, el poderoso productor de la época, se opuso a cualquier acción que pudiera dañar la imagen pública de MacDonald. Eddy contrajo matrimonio con Ann Franklin en Las Vegas en 1939 y su unión duró hasta su fallecimiento.

En 1937 MacDonald se casó con Gene Raymond en Los Ángeles, y su relación se mantuvo estable a lo largo de años, a pesar de los rumores de infidelidades y dificultades en el entorno de trabajo. Las biografías actuales señalan que Raymond llevó una vida familiar complicada y que podría haber tenido aventuras que afectaron a la pareja. En 1933, antes de ese matrimonio, MacDonald se encontró con Nelson Eddy y contempló la posibilidad de divorciarse para casarse con él, pero Mayer intervino para evitar que la separación dañara su imagen pública. Eddy, por su parte, contrajo matrimonio con Ann Franklin en 1939 y continuó su carrera en solitario hasta su muerte. En ese periodo, MacDonald quedó embarazada durante Rose Marie; Mayer le pidió que abortara, y esa intervención supuso un punto de quiebre en su relación con Eddy.

La muerte de Mayer y la trayectoria personal de la artista se vieron marcadas por estas tensiones, que condicionaron su vida sentimental y profesional. Aun así, su matrimonio con Gene Raymond perduró hasta su muerte y fue una constante en su vida privada, según diversas biografías que analizan detalles de su relación y los retos que enfrentaron. En ese contexto, MacDonald mantuvo una relación estrecha con Eddy, marcada por altibajos que reflejaron la complejidad de las relaciones en la industria del cine de la época. En sus últimos años, se mantuvo junto a su esposo y siguió participando en proyectos de menor escala, conservando su presencia como figura respetada del mundo del espectáculo.

Tratamientos de la salud La cantante y actriz atravesó dolencias cardiacas en sus últimos años. En 1963 sufrió un empeoramiento que requirió un trasplante arterial en Houston; posteriormente desarrolló pleuritis y fue hospitalizada durante meses. Se mudó a Los Ángeles para estar cerca de tratamientos, pero su salud continuó deteriorándose. En 1964 se trasladó de nuevo a Houston para recibir cirugía cardiaca de Michael E. DeBakey, quien había trabajado con figuras de gran renombre. La intervención no prosperó y MacDonald falleció a comienzos de 1965, a los pocos días de la operación. Fue sepultada en Forest Lawn Memorial Park, en Glendale, dejando un legado que aún resuena en la memoria de aficionados y estudiosos del cine musical.

Filmografía

  • The Love Parade (1929)
  • The Vagabond King (1930)
  • Paramount on Parade (1930) (escenas eliminadas, salvo una número en góndola con Nino Martini)
  • Let's Go Native (1930)
  • Monte Carlo (1930)
  • The Lottery Bride (1930)
  • Oh, for a Man (1930)
  • Don't Bet on Women (1931)
  • Annabelle's Affairs (1931)
  • Hollywood on Parade (corta, 1932)
  • Una hora contigo (1932)
  • Love Me Tonight (1932)
  • The Cat and the Fiddle (1934)
  • The Merry Widow (1934)
  • Naughty Marietta (1935)
  • Rose Marie (1936)
  • San Francisco (1936)
  • Maytime (1937)
  • The Firefly (1937)
  • The Girl of the Golden West (1938)
  • Hollywood Goes to Town (corto, 1938)
  • Sweethearts (1938)
  • Broadway Serenade (1939)
  • The New Moon (1940)
  • Bitter Sweet (1940)
  • Smilin' Through (1941)
  • I Married an Angel (1942)
  • Cairo (1942)
  • Follow the Boys (1944)
  • Three Daring Daughters (1948)
  • The Sun Comes Up (1949)

Televisión

  • Prima Donna (1956)
  • Charley's Aunt (1957)

Imágenes de Jeanette MacDonald