Jennifer Jones
| Nombre completo | Phylis Lee Isley |
|---|---|
| Descripción | Actriz estadounidense |
| Fecha de nacimiento | 02-03-1919 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 17-12-2009 |
| Nacionalidad | Estados Unidos |
| Ocupaciones | actor de cine, actor, modelo |
| Idiomas | inglés |
| Esposas | Norton Simon, David O. Selznick, Robert Walker |
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Con una vida marcada por la luz de la meca del cine y por una trayectoria que atravesó más de cinco décadas, Jennifer Jones emergió como una de las figuras más emblemáticas de la época clásica de Hollywood. Nacida con el nombre de Phyllis Lee Isley, su infancia la llevó por ciudades del Medio Oeste y su formación artística la preparó para un ascenso meteórico que culminó en un Óscar a la Mejor Actriz. Su historia combina talento, decisiones audaces y una trayectoria marcada por alianzas estratégicas tanto en lo profesional como en lo humano.
Con una vida marcada por la luz de la meca del cine y por una trayectoria que atravesó más de cinco décadas, Jennifer Jones emergió como una de las figuras más emblemáticas de la época clásica de Hollywood. Nacida con el nombre de Phyllis Lee Isley, su infancia la llevó por ciudades del Medio Oeste y su formación artística la preparó para un ascenso meteórico que culminó en un Óscar a la Mejor Actriz. Su historia combina talento, decisiones audaces y una trayectoria marcada por alianzas estratégicas tanto en lo profesional como en lo humano.
Biografía
1919–1939: Primeros años
Phyllis Lee Isley nació en un entorno profundamente ligado a las artes escénicas. Sus padres, Flora Mae y Phillip Ross Isley, siempre encaminaron su educación hacia el mundo del espectáculo, memorables para su disciplina y dedicación. Criada en una familia católica, la joven fue creciendo acompañada por una compañía de teatro familiar, la Isley Stock Company, que les permitió recorrer gran parte del medio oeste de Estados Unidos. En su infancia, Tulsa y Oklahoma eran más que lugares; eran escenarios de aprendizaje y de contacto con la escena que luego consolidaría su vocación. Años después de la escuela primaria Edgemere Public School de Oklahoma City y del Instituto Monte Cassino en Tulsa, dio un paso decisivo hacia el estudio del arte dramático en la Northwestern University de Illinois, donde formó parte de la fraternidad Kappa Alpha Theta, un ambiente que combinaría rigor académico y respiraciones de talento artístico. En 1937, impulsada por el deseo de perfeccionarse, se trasladó a la Academia de Artes Dramáticas de Nueva York, donde conoció a Robert Walker, con quien iniciaría una relación que culminaría en matrimonio y en la cual se mantendría varias décadas después de iniciar su carrera en la gran pantalla. En ese periodo de juventud, su nombre de nacimiento, Phyllis Isley, empezó a ser eclipsado por una identidad artística que le abriría las puertas del estrellato.
La perseverancia y la disciplina debida a una formación tan rigurosa le permitieron a Jones transitar entre proyectos de radio y de teatro mientras buscaba un hueco en el celuloide, un camino que la llevaría a la primera etapa de su vida profesional. Tras casarse, ella y su esposo se trasladaron brevemente a Tulsa para participar en programas de radio junto a su padre, una experiencia que les permitió afianzar una presencia ante la pantalla que, con el tiempo, se transformaría en una carrera cinematográfica de primer nivel. En sus inicios, trabajó en dos cortometrajes de la productora Republic Pictures, New Frontier y Dick Tracy's G-Men, donde apareció con el nombre de Phylis Isley, intentando abrirse camino en un universo competitivo y exigente.
Las primeras oportunidades fueron secuencias de ensayo que, si bien no le otorgaron el reconocimiento inmediato, sí cimentaron una base sólida para lo que vendría después. Tras dos pruebas de cámara fallidas para grandes firmas como Paramount Pictures, la joven decidió regresar a la ciudad que le dio sus primeros impulsos: Nueva York. Fue allí donde, entre la fatiga de los ensayos y la esperanza de alcanzar una oportunidad real, su historia dio un giro decisivo que la convertiría en una de las protagonistas más recordadas de la década siguiente.
1940–1948: Rápido estrellato en Hollywood
Ya casada con Robert Walker, Jones experimentó la llegada de la maternidad junto a un ascenso que parecía venir de la mano de la suerte y del trabajo constante. Sus dos hijos, Robert Walker Jr. (1940–2019) y Michael Walker (1941–2007), poblaron su vida personal mientras ella incursionaba en la industria bajo una nueva denominación artística. En ese periodo, trabajó como modelo de sombreros para la agencia Powers o colaboró con revistas como Harper's Bazaar, tareas que reforzaron su presencia pública y la preparación para proyectos más ambiciosos. Un episodio crucial ocurrió cuando asistió a una prueba para el papel de Rose Franken en Claudia ante David O. Selznick; la actuación le hizo estallar lágrimas, pero convenció al productor, que no tardaría en convertirla en una estrella. Tras una segunda entrevista, firmó un contrato de siete años que le abrió paso definitivo hacia la cúspide de la industria.
El equipo de producción la recibió con un plan claro: sellar su identidad artística con un nombre que resonara en el cine clásico. Así nació Jennifer Jones, una etiqueta que acompañó cada una de sus nuevas interpretaciones. En ese mismo periodo, el director Henry King le entregó uno de sus papeles fundacionales: Bernadette en The Song of Bernadette, un rol que la colocó de inmediato en la élite de la pantalla. Su actuación le valió, en 1943, el primer Premio Óscar a la Mejor Actriz, convirtiéndola en una de las intérpretes más jóvenes en lograrlo y marcando el inicio de una serie de colaboraciones memorables.
Con el ascenso, surgió una tensión inevitable entre su vida artística y su vínculo con Selznick, llevando a una separación sentimental en 1943 y a un divorcio formal en 1945. A pesar de ello, Since You Went Away (1944) le ofreció una nueva oportunidad de demostrar su talento, obteniendo una nueva nominación al Óscar, esta vez como Mejor Actriz de Reparto. Paralelamente, apareció en otros proyectos que consolidaron su estatus, incluyendo Love Letters (1945), un filme noir en el que compartió escena con Joseph Cotten y que sumó una tercera nominación a la estatuilla.
El éxito fue un coctel explosivo cuando protagonizó Duel in the Sun (1946), una historia de amor prohibido que la emparejó con Gregory Peck, y que amplió la imagen de una mujer de presencia magnética y de una belleza absorbente. En ese mismo año, también dio vida a El pecado de Cluny Brown, una comedia que mostraba su versatilidad para transitar entre drama intenso y humor ligero. En 1947, presentó Jennie (Ballada sobre Jennie) dirigida por Joseph Cotten, y en Portrait of Jennie repitió su colaboración con Cotten, una película que, a pesar de su ambición, no logró resultados comerciales tan contundentes como esperaban. Aun así, el reconocimiento crítico siguió acompañándola, consolidando su estatus de luminaria de la época.
Durante esos años, Jones se convirtió en una figura cuyo rostro parecía combinar una pureza virginal con una fuerza interior que desbordaba en cada actuación. Las opiniones de la crítica enfatizaron su capacidad para encarnar personajes complejos y su adaptabilidad ante directores de distintas corrientes, desde el cine de autor hasta la comedia elegante. Su presencia en la pantalla se convirtió en un sello distintivo, capaz de sostener el interés del público incluso cuando las tramas exigían un registro más sombrío o un giro más audaz.
1949–1965: Matrimonio con Selznick
En altamar, cuando navegaban rumbo a Europa, contrajeron matrimonio David O. Selznick y Jones el 13 de julio de 1949, tras una relación que se había desarrollado a lo largo de varios años. Durante dos décadas, su cine estuvo ligado a la producción de Selznick, y la elección de los papeles pasó a depender de criterios personales y artísticos que buscaban perfilar una figura de gran impacto. Aunque su unión personal y profesional fue objeto de discusión pública, también se reconoció que Selznick facilitó a Jones oportunidades para demostrar su verdadero talento, más allá de la mera belleza o carisma. Un biógrafo afirmó que la actriz no solo poseía una belleza singular, sino también una destreza interpretativa que la distinguía.
En 1950, dio un paso al frente con Éramos desconocidos (We Were Strangers), dirigida por John Huston, en la que compartió protagónico con John Garfield. La forma en que su actuación fue recibida recibió críticas mixtas, con observadores que destacaron la necesidad de una mayor profundidad emocional para la relación que la película presentaba. En Madame Bovary (1949) y Corazón salvaje (Gone to Earth, 1950) continuó explorando una gama de roles que desafiaban los límites de su imagen pública. En Ruby Gentry (1952) interpretó a una femme fatale que se ve envuelta en un crimen, una caracterización que, aunque provocó debates entre la crítica, dejó claro su predisposición a arriesgarse en personajes complejos.
En La colina del adiós (Love Is a Many-Splendored Thing, 1955), dio vida a Han Suyin, un papel por el que obtuvo su quinta nominación al Óscar y recibió elogios por su capacidad para transmitir una mezcla de vulnerabilidad y determinación. Esa misma década la llevó a explorar otros matices, como Good Morning, Miss Dove (1955) junto a Robert Stack, y a colaborar, en distintos momentos, con directores de renombre. Otros títulos de ese periodo reflejan su interés por retratos femeninos complejos: The Barretts of Wimpole Street (1957) le permitió encarnar a Elizabeth Barrett Browning, mientras que A Farewell to Arms (1957) la colocó en la dinámica de una relación que desafía las convenciones sociales. A la par, Tender Is the Night fue otra propuesta que buscaba ampliar las fronteras de su interpretación en un marco literario.
La década de los cincuenta también trajo proyectos que, a pesar de su ambición, enfrentaron respuestas diversas de la crítica y del público. En Beat the Devil (1953), una colaboración con John Huston y Humphrey Bogart, la película fue un fracaso de taquilla y recibió críticas gruesas tras su estreno, lo que llevó incluso a una distancia por parte de Bogart. Sin embargo, con el tiempo algunos analistas la han revisitado. En Portrait of Jennie (1953), Jones encarnó a una musa obsesiva que inspira a un pintor, una propuesta que, aunque no sostuvo una gran recaudación inicial, dejó constancia de su afinidad por historias fantásticas y románticas. Durante este periodo siguió ampliando su relación con Selznick, mientras consolidaba su estatus de estrella de reparto capaz de sostener el peso de producciones de alto perfil.
En el terreno de la crítica, la combinación de su elegancia, su presencia escénica y su capacidad para sostener personajes de alta carga emocional fue objeto de análisis constante. A veces, la recepción señalaba que la relación entre los protagonistas no lograba trazar una conexión tan intensa como la que la audiencia esperaba, pero su interpretación seguía siendo un referente para el cine de época. Su papel en La colina del adiós y sus apariciones posteriores en títulos como Adiós a las armas y otros proyectos de la década de los cincuenta fueron parte de una carrera que, aunque marcada por altibajos, dejó una firma distintiva en la historia del cine.
Papeles finales y actividad fuera de la pantalla
Con la muerte de Selznick en 1965 se fue delineando un nuevo ritmo en la vida de Jennifer Jones, que llevó su carrera hacia una retirada progresiva de la gran pantalla. No obstante, en 1966 volvió a las tablas con una intervención en la obra The Country Girl, junto a Rip Torn, en el escenario del New York City Center. Su vida personal atravesó un episodio de gran impacto cuando, el 9 de noviembre de 1967, intentó un acto extremo tras la muerte de un amigo y la pérdida de un ser querido; aquella noche dejó al descubierto que la pena podía afectar incluso a quienes parecían intocables ante la cámara. Aunque sobrevivió a aquel incidente, los efectos quedaron grabados en su historia personal, marcando un punto de inflexión en su relación con la vida pública.
En 1969, volvió a la pantalla grande con Angel, Angel, Down We Go, un proyecto en el que apareció en un rol que se apartaba de sus anteriores registros y que reflejaba su interés por explorar nuevos universos. Dos años después, contrajo matrimonio por tercera vez, esta vez con Norton Simon, un influyente empresario y coleccionista de arte, en una ceremonia celebrada a bordo de un remolcador frente a la costa inglesa. Este enlace marcó una nueva etapa en su vida personal y, en paralelo, le permitió entrar en un círculo de filantropía y gestión cultural que influiría en su siguiente capítulo.
Hacia finales de los años setenta, Jones y Simon pusieron en marcha una iniciativa llamada la Jennifer Jones Simon Foundation For Mental Health and Education, orientada a combatir el estigma asociado a las enfermedades mentales y a promover la educación en salud mental. Fundada en 1979, la fundación reflejaba una convicción profunda de la actriz de que la sociedad debía entender y acompañar a quienes enfrentan estas condiciones. En ese marco, Jones compartió públicamente que había recibido psicoterapia desde sus veinticuatro años, un testimonio de apertura personal que complementaba su labor como figura pública.
Con la muerte de Simon en 1993, Jones redujo su presencia mediática y se dedicó más a la gestión cultural. Su labor directiva en el Museo Norton Simon en Pasadena continuó, y en memoria de su legado trabajó junto al arquitecto Frank Gehry y a la diseñadora de exteriores Nancy Goslee Power para renovar el museo y sus jardines, un proceso que se extendió hasta 2003 cuando fue nombrada directora emérita. La sostenida dedicación a la cultura y la salud mental definió su tercer acto, en el que su influencia se extendió más allá de la pantalla y se convirtió en un motor para instituciones y proyectos.
Muerte
Aun cuando la vida la llevó hacia un retiro discreto, Jennifer Jones siguió acompañando a su familia en Malibú durante sus últimos años. Su hijo mayor, Robert Walker Jr., continuó su carrera en la interpretación, mientras Michael Ross Walker fallecía en 2007 a los 66 años. El 17 de diciembre de 2009, a la edad de 90 años, Jones dejó este mundo, cerrando un capítulo de notable influencia en la historia del cine y de la cultura estadounidense. Sus cenizas fueron depositadas en el panteón de los Selznick en Forest Lawn Memorial Park, Glendale, junto a su segundo esposo, en una despedida íntima que reflejó las múltiples capas de su vida. El reconocimiento hacia su figura se extendió más allá de su tiempo al inspirar, además, el nombre del asteroide (6249) Jennifer, un homenaje celeste que perpetúa su memoria en el cosmos.
Premios y distinciones
Filmografía
- The Song of Bernadette (1943) – Bernadette
- Duel in the Sun (1946) – Catalogada como una de sus interpretaciones más polémicas y potentes
- Harper's Bazaar (trabajo de modelaje vinculado al inicio de su trayectoria)
- Cluny Brown (El pecado de Cluny Brown) (1946) – Cluny Brown
- Love Letters (1945) – La protagonista en un romance epistolar
- Since You Went Away (1944) – Marca una de sus colaboraciones con un gran elenco
- Jennie (Portrait of Jennie) (1953) – Jennie
- Madame Bovary (1949) – Emma Bovary
- Carrie (1952) – Carrie
- Ruby Gentry (1952) – Ruby Gentry
- Stazione Termini (1953) – Jones coprotagoniza un drama romántico
- Beat the Devil (1953) – Beatriz
- La burla del diablo (Beat the Devil) (1953) – Bogart, Jones
- La colina del adiós (Love Is a Many-Splendored Thing) (1955) – Han Suyin
- Good Morning, Miss Dove (1955) – Miss Dove
- The Man in the Gray Flannel Suit (1956) – Laura
- The Barretts of Wimpole Street (1957) – Elizabeth Barrett Browning
- A Farewell to Arms (Adiós a las armas) (1957) – Catherine Barkley
- Tender Is the Night (Suave es la noche) – Proyecto
- Angel, Angel, Down We Go (1969) – Protagoniza un drama familiar
- The Towering Inferno (El coloso en llamas) (1974) – Lídere en un reparto coral
Notas y contexto: su carrera mostró la capacidad de combinar elegancia con interpretación de alto calado, a menudo enfrentándose a directrices y expectativas de la industria. Sus colaboraciones con directores como Henry King, Vittorio De Sica y John Huston dejaron una marca indeleble en el lenguaje cinematográfico de su época. A lo largo de su vida, Jones abrazó proyectos que iban desde el romance pasional hasta el drama psicológico, y su legado se mantiene como referente de una actriz que supo articular belleza, fuerza y complejidad en una misma figura.
Relevancia cultural: más allá de su filmografía, su labor filantrópica y su defensa de la salud mental aportaron una mirada humanista a la industria del entretenimiento. Su ejemplo inspiró a generaciones posteriores a abordar con honestidad los temas de salud emocional y a entender que la grandeza artística puede convivir con una responsabilidad social. A través de su vida, Jones mostró que la fama no es sólo un escenario de brillos, sino también un compromiso con la dignidad humana y con la posibilidad de transformar realidades cuando el arte y la empatía se dan la mano.