Jerónimo de Uztáriz
| Nombre completo | Jerónimo de Uztáriz |
|---|---|
| Descripción | Economista español del siglo XVIII |
| Fecha de nacimiento | 16-11-1670 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 31-01-1732 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | economista |
| Idiomas | español, euskera |
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Figura central de la economía española del siglo XVIII, Jerónimo de Uztáriz emergió de Santesteban de Lerín, Navarra, para combinar servicio militar, gestión pública y teoría económica. Su trayectoria trazó un camino que alternó campañas en el extranjero y responsabilidades en ministerios y juntas, siempre buscando convertir principios mercantilistas en normas prácticas que fortalecieran la riqueza y la seguridad del reino. Sus escritos y cargos dinámicos dejaron un legado que anticipó debates económicos posteriores y marcó un hito en la historia de la administración colonial y peninsular.
Figura central de la economía española del siglo XVIII, Jerónimo de Uztáriz emergió de Santesteban de Lerín, Navarra, para combinar servicio militar, gestión pública y teoría económica. Su trayectoria trazó un camino que alternó campañas en el extranjero y responsabilidades en ministerios y juntas, siempre buscando convertir principios mercantilistas en normas prácticas que fortalecieran la riqueza y la seguridad del reino. Sus escritos y cargos dinámicos dejaron un legado que anticipó debates económicos posteriores y marcó un hito en la historia de la administración colonial y peninsular.
Biografía
Jerónimo de Uztáriz nació en Santesteban de Lerín, en la región norteña de Navarra, el 16 de noviembre de 1670; fue bautizado ese mismo día, lo que sugiere un alumbramiento cercano a la fecha. Provenía de una familia numerosa y de estirpe media; era el segundo de siete hermanos, fruto de Juan de Uztáriz y María de Hermiaga.
De acuerdo con la tradición navarra del mayorazgo, al ser heredero menor no le correspondía la porción principal de los bienes familiares, motivo por el cual decidió buscar su camino fuera de la casa. A los quince años ya residía en Madrid, donde inició una labor militar con miras a forjar un porvenir propio y habilitarse para un futuro de servicio al reino.
En 1688 se enroló en la defensa de los Países Bajos españoles, iniciando una trayectoria militar que se prolongaría durante casi una década. Participó en la Guerra de la Liga de Augsburgo, ascendiendo en los tercios de Flandes y alcanzando el rango de maestre de campo. Su constancia lo llevó a tomar parte en ocho campañas, destacando el asedio de Namur y la batalla de Landen de 1693, donde fue hecho prisionero.
En 1696 contrajo matrimonio con María de Azuara y van Sesseguen, una noble flamenca con antecedentes militares vinculados a la monarquía española. Tras un breve regreso a España en 1697, volvió de inmediato a Flandes para continuar sirviendo en el ámbito bélico y administrativo de la frontera norte. Su vida matrimonial y su compromiso con la carrera militar consolidaron su posición dentro de las redes de mando de la época.
Entre 1698 y 1704 ejerció como secretario de Isidro de la Cueva, quien ostentaba el título de Marqués de Bedmar y ocupaba la gobernación y el mando supremo del ejército en Flandes. En ese periodo asistió a la convulsión de la Guerra de Sucesión española, que reformuló el mapa político europeo. En 1704 el marqués fue nombrado virrey de Sicilia y Uztáriz le siguió, desempeñándose como secretario de Estado y Guerra y obteniendo el honor de Caballero de Santiago durante su estancia en la isla. Su labor en Sicilia mostró no solo su capacidad administrativa, sino también su habilidad para gestionar complejas redes de gobernanza en territorios de ultramar.
En 1707 regresó de forma definitiva a la península y dio inicio a una destacada carrera en la administración del estado. Primero estuvo vinculado a las áreas de Guerra y Marina, ocupando la función de secretario de decretos de la primera mesa del despacho. Posteriormente ingresó a la Real Junta de Comercio y Moneda del Consejo de Indias, y asumió responsabilidades en la Sala de Millones y en la Junta de Tabaco. En 1725 llevó a cabo una profunda reorganización de la Junta de Comercio y recibió el cargo de secretario con voto, destacando por su criterio técnico y su capacidad para compaginar economía y administración.
Con la fusión de las juntas de Comercio y de Moneda nació una nueva corporación, de la que Uztáriz pasó a ocupar la dirección como ministro, ejerciendo una influencia decisiva en la política económica de Felipe V. Su intervención en el diseño de medidas financieras y comerciales dejó una marca indeleble en la gestión de ingresos, gastos y estímulos para la economía nacional, aun cuando el marco institucional de la época exigía equilibrios entre presupuesto y defensa.
El 31 de enero de 1732 murió en Madrid, y su sepelio fue enmarcado en la solemne tradición de la ciudad, con su memoria vinculada a la Iglesia de Santa María de la Almudena. Su legado quedó plasmado en los archivos y en la memoria de las reformas que vendrían después, sembrando debates sobre la relación entre libertad económica y capacidad estatal en el siglo siguiente.
Obra
En 1717 escribió el prólogo de la edición española de Comercio de Holanda, obra del erudito francés Pierre Daniel Huet, y, en ese marco, articuló su propia visión de economía aplicada a la realidad peninsular. En esas líneas se dibujaba ya una propuesta que combinaba principios mercantilistas con un diagnóstico de las necesidades colectivas del reino y su proyección internacional.
Su obra cumbre, Teoría y práctica de Comercio y Marina, apareció en 1724 en una tirada muy restringida y dirigida a círculos próximos, lo que provocó que su distribución fuera discreta. Se ha especulado que su edición limitada obedecía a una cautela ante resistencias institucionales, especialmente frente a las grandes sociedades comerciales que dominaban el comercio de la época.
La distribución de la obra de Uztáriz fue ampliándose después de su fallecimiento: su hijo Casimiro de Uztáriz, que ocupó cargos en el Ministerio de Guerra y en el Consejo de Estado, aportó un comentario que facilitó una revisión y edición ampliada en 1742. A partir de entonces, la obra alcanzó una mayor difusión y se convirtió en un referente clásico; fue traducida al inglés, difundida en Londres (1751) y Dublín (1752), al francés (1753) y también se tradujo a holandés e italiano. En España volvió a ver la luz en 1757. Voltaire lo menciona en su Essai sur les mœurs, destacando su condición de “hombre de estado” que escribió para el bien de su país; por su parte, Adam Smith lo cita como uno de los economistas españoles referenciados en La Riqueza de las Naciones, en una edición traducida y difundida en la Península.
Teoría y práctica de Comercio y Marina
En esta obra Uztáriz sitúa la riqueza de una nación en la capacidad de atraer y mantener metales preciosos, pero va más allá al sostener que lo decisivo no es la simple retención de estas enteras, sino lograr una balanza comercial favorable que permita que los beneficios permanezcan en el país. En su diagnóstico, el crecimiento interior depende de la promoción de manufacturas y de una reorganización del comercio, bajo un marco de intervención gubernamental.
Propone que la grandeza de una nación no deriva de una economía aislada, sino de un comercio activo y útil que requiere la presencia de industrias nacionales competentes. Para lograrlo, aboga por conceder estímulos y franquicias a fabricantes y comerciantes, al tiempo que sugiere una reducción de tributos internos y un rediseño de los aranceles para incrementar el consumo y las exportaciones. También advierte sobre el riesgo de desabastecimiento si se restringe la entrada de productos extranjeros sin fomentar, a la vez, la producción local.
A partir de su diagnóstico, subraya que la apertura de canales fluviales, la mejora de infraestructuras y la creación de academias para el comercio y el saber técnico serían pilares del desarrollo. En su criterio, la defensa del comercio requería de una flota capaz de respaldarlo, así como de una red de representantes comerciales en puertos estratégicos extranjeros, para vigilar mercados y abrir nuevas rutas de intercambio. En su esquema, la sobriedad fiscal y la coordinación administrativa resultaban tan cruciales como la inversión en industria y puertos.
Juicio
Uztáriz fue, en su tiempo, «la primera experiencia española» que trató de organizar de manera coherente la economía interna y el comercio internacional con fines mercantilistas. Su enfoque no encaja en la imagen clásica de un Estado que dirige la economía desde la centralidad, sino en una visión del Estado regulador que protege el marco de relaciones libres y fomenta la actividad privada bajo reglas claras, un antecedente del posmercantilismo.
Considerado el máximo economista de la primera mitad del XVIII, su influencia se extendió a tratadistas de su época y de la generación siguiente. En el prólogo a la obra de su contemporáneo, varios estudios resaltan cómo, en esa centuria, la economía dejó de ser solo un asunto de administración para convertirse en un eje central de la acción política y del debate humano. En ese sentido, la trayectoria de Uztáriz se lee como una anticipación a perspectivas que luego enriquecerían a la teoría económica, como señalan estudios modernos que relacionan su propuesta con corrientes de análisis posterior. Entre quienes analizan esa etapa se menciona a autores que destacan la repercusión de sus ideas en la historia del pensamiento económico y su influencia sobre debates subsecuentes.
La impronta de Uztáriz, además, se aprecia en relatos que conectan su figura con la evolución de la economía española y su proyección internacional. Autores de la tradición económica moderna han visto en su obra un paso decisivo hacia la consolidación de una economía nacional que abarcaba intereses generales de la comunidad y que, al mismo tiempo, se abría a influencias europeas. En esa línea, la crítica contemporánea y la historiografía han destacado su capacidad para entrelazar principios teóricos con concreciones administrativas, de modo que su legado no sea sólo teórico sino también práctico y administrativo.