Johann Joachim Becher
| Nombre completo | Johann Joachim Becher |
|---|---|
| Descripción | Físico, alquimista, precursor de la química, erudito y aventurero alemán |
| Fecha de nacimiento | 06-05-1635 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 01-01-1682 |
| Nacionalidad | principado episcopal de Espira |
| Ocupaciones | químico, economista, profesor universitario, médico, alquimista |
| Idiomas | alemán |
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Johann Joachim Becher nació en Espira, en tierras de Alemania, el 6 de mayo de 1635, y culminó su vida en Londres el 21 de octubre de 1682. Este físico y alquimista germano, precursor de la química moderna, combinó una curiosidad insaciable con un temple aventurero que lo llevó a recorrer academias y continentes. Su trayectoria, entre experimentos, escritos y misiones, ilustra la transición entre la alquimia y la ciencia experimental que caracterizó una época de grandes cambios.
Johann Joachim Becher nació en Espira, en tierras de Alemania, el 6 de mayo de 1635, y culminó su vida en Londres el 21 de octubre de 1682. Este físico y alquimista germano, precursor de la química moderna, combinó una curiosidad insaciable con un temple aventurero que lo llevó a recorrer academias y continentes. Su trayectoria, entre experimentos, escritos y misiones, ilustra la transición entre la alquimia y la ciencia experimental que caracterizó una época de grandes cambios.
Biografía
Desde su infancia decorosamente dificultosa, Becher sufrió la pérdida de su padre, un sacerdote luterano, cuando apenas era un muchacho; dejó a su madre viuda y a tres hermanos a su cargo. A los trece años asumió la responsabilidad familiar y, pese a las carencias, se sostuvo con aprendizajes y pequeños oficios que combinó con largas horas de estudio. En su juventud empezó a publicar escritos que revelarían su talento divergente: en 1654, a los diecinueve años, dio a la luz una edición de Salzthal’s Tractatus de lapide trismegisto; poco después llegaron Metallurgia (1660) y el ensayo Character pro notitia linguarum universali (1661), en el que propone una lengua común de unas 10 000 palabras. Sus primeros trabajos syntax entremezclan pensamiento práctico y fantasía intelectual, y ya apuntan a un deseo de sistematizar el saber humano.
En 1663 llegó la publicación de Oedipum Chemicum, junto con un tratado dedicado a la fauna y la flora y a los minerales titulado Thier- Kräuter- und Bergbuch. Con estas entregas, Becher consolidó una identidad de investigador que no temía las fronteras entre disciplinas, uniendo química, botánica y mineralogía en un repertorio interdisciplinario. A partir de ese momento, su reputación se extendió más allá de las aulas y las habitaciones de laboratorio, abriéndole puertas en distintas cortes y academias.
Un viajero erudito
En 1657 alcanzó una importante posición académica al ser nombrado profesor de medicina en la Universidad de Maguncia, además de convertirse en médico personal de un alto dignatario eclesial, el arzobispo electo. Este vínculo con la Iglesia y la academia marcó el inicio de una carrera en la que la práctica clínica y la ciencia experimental se retroalimentaban con una circulación constante entre ciudades.
La década siguiente consolidó su influencia en Viena, donde en 1666 fue designado como comerciante-cónsul de alto rango, conocido como Commerzienrat, y obtuvo el valioso respaldo de Albrecht, conde Zinzendorf, quien ocupaba el cargo de primer ministro y consejero del emperador Leopoldo I. Este respaldo fue decisivo para que Becher pudiera emprender misiones y proyectos a gran escala, muchas veces de carácter internacional, en los que la economía, la diplomacia y la ciencia se entrelazaban.
En una de esas gestiones recibió, por encargo del propio emperador, una misión hacia los Países Bajos. Durante ese viaje, escribió en apenas diez días su Methodus Didactica, un manual que buscaba estructurar métodos de enseñanza y el aprendizaje de las ciencias. Después aparecieron otros textos influyentes, como Regeln der Christlichen Bundesgenossenschaft y el Politischer Discurs von den eigentlichen Ursachen des Auf- und Abnehmens der Städte, Länder und Republiken, obras que muestran su interés por la organización social y política de las comunidades humanas.
Ya en 1669 publicó Physica subterranea, una obra que refleja su fascinación por la naturaleza oculta de la materia y sus propiedades. En ese mismo año fue incorporado a una expedición de Hanau destinada a la exploración y colonización de una extensa franja de territorio entre el Orinoco y el Amazonas, un proyecto que combinaba ambición geográfica con aspiraciones de expansión económica y tecnológica.
Simultáneamente, Becher ejercía como médico del elector de Baviera, lo que le permitió vincularse con la corte y participar en debates de política y economía. En 1670 regresó a Viena para asesorar sobre la creación de una fábrica de seda y, con visión estratégica, propuso la formación de una gran compañía destinada a comerciar con los Países Bajos. Su idea consistía en abrir una vía comercial que conectara el Rin y el Danubio, aprovechando las redes fluviales y comerciales de la región para impulsar el intercambio de bienes y saberes.
En 1678 emprendió un viaje a Gran Bretaña para inspeccionar minas en Escocia, a petición del príncipe Ruprecht del Rin. El recorrido lo llevó también a Cornualles, donde continuó explorando recursos minerales durante un año. A comienzos de 1680 presentó ante la Royal Society un escrito en el que proponía apartar a Christiaan Huygens del reconocimiento de haber aplicado un péndulo para medir el tiempo, una controversia que revelaba su interés por los avances técnicos y sus derechos de autoría en el campo de la cronometraje.
Ya en 1682 regresó a Londres, donde dejó constancia de su saber en una obra ambiciosa, el Chymischer Glücks-Hafen, Oder Grosse Chymische Concordantz Und Collection, Von funffzehen hundert Chymischen Processen. Este trabajo, aún no redactado en su momento, refleja su afán por reunir un compendio de procesos y experiencias químicas en una sola compilación. El mismo año, Becher falleció en la capital británica, cerrando una trayectoria que entrelazó investigación, viajes y una visión de progreso que trascendía las fronteras del saber.
Teoría del flogisto
Becher es recordado como el fundador de la teoría del flogisto, una convicción que le llevó a concebir la inflamabilidad como un fenómeno sostenido por una sustancia oculta llamada terra pinguis, que se liberaría durante la combustión. Esta idea sirvió de cimiento para que Georg Ernst Stahl, más adelante, desarrollara lo que se conocería como la teoría del flogisto, un marco conceptual que influyó de manera decisiva en la química de su tiempo. El vocablo flogisto procede del griego antiguo y sugiere la noción de “hacer arder” o de aquello que facilita la combustión.
La propuesta de Becher fue parte de un intenso debate sobre la naturaleza de la combustión que dominó la ciencia de la época. Aunque el flogisto a la postre sería revisado y superado, su planteamiento estimuló una serie de investigaciones que impulsaron el progreso experimental y la reformulación de conceptos fundamentales sobre la materia y la energía. En este sentido, Becher no solo dejó una colección de escritos y proyectos, sino también un marco de preguntas que alentaron a la comunidad científica a buscar explicaciones más rigurosas y metódicas.
Obras y legados
- Methodus Didactica
- Regeln der Christlichen Bundesgenossenschaft
- Politischer Discurs von den eigentlichen Ursachen des Auf- und Abnehmens der Städte, Länder und Republiken
- Physica subterranea
- Oedipum Chemicum
- Thier- Kräuter- und Bergbuch
- Chymischer Glücks-Hafen, Oder Grosse Chymische Concordantz Und Collection, Von funffzehen hundert Chymischen Processen
En su conjunto, la vida de Becher se dibuja como una crónica de movilidad intelectual y geográfica: un itinerario que cruzó universidades, ceremonias de corte, expediciones científicas y debates de carácter práctico y teórico. Su insistencia en catalogar y clasificar el saber, así como en buscar aplicaciones concretas para la ciencia, anticipó una mentalidad que sería central para la revolución científica que vendría después. Aunque algunos de sus conceptos no sobrevivieron al test del tiempo, su impulso por conectar la teoría con la experiencia y sus esfuerzos por articular una visión integradora de la naturaleza dejaron una huella indeleble en la historia de la ciencia.