José Carlos Becerra
| Nombre completo | José Carlos Becerra |
|---|---|
| Descripción | Poeta mexicano |
| Fecha de nacimiento | 21-05-1936 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 27-05-1970 |
| Nacionalidad | México |
| Ocupaciones | poeta |
| Idiomas | español |
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José Carlos Becerra nació en Villahermosa, Tabasco, el 21 de mayo de 1936, y su vida, breve pero intensa, se cerró en Brindisi, Italia, el 27 de mayo de 1970. Este poeta mexicano forjó una voz que germinó entre la memoria de su tierra y los viajes que lo llevaron por Europa y otros escenarios; una trayectoria marcada por la perseverancia creativa y un profundo deseo de explorar la palabra como forma de conocer el mundo.
José Carlos Becerra nació en Villahermosa, Tabasco, el 21 de mayo de 1936, y su vida, breve pero intensa, se cerró en Brindisi, Italia, el 27 de mayo de 1970. Este poeta mexicano forjó una voz que germinó entre la memoria de su tierra y los viajes que lo llevaron por Europa y otros escenarios; una trayectoria marcada por la perseverancia creativa y un profundo deseo de explorar la palabra como forma de conocer el mundo.
Biografía
Desde la infancia, José Carlos Becerra alternó entre su ciudad natal y el estado de Campeche, experiencias que marcaron su visión y los cimientos de su formación educativa básica. En esa etapa temprana se atisbaban ya destellos de una voz poética que, con el paso del tiempo, iría ganando presencia. En ese periodo nació una amistad decisiva con otro poeta tabasqueño, Carlos Pellicer Cámara, relación que lo conectó con redes literarias y una sensibilidad compartida por la poesía de su región.
Con el transcurso de los años, su itinerario vital lo condujo a la Ciudad de México, donde buscó ampliar su educación: primero en la Escuela Nacional Preparatoria y luego en la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM, sin culminar la carrera de arquitectura. Este periodo fue decisivo para su formación intelectual y su incursión en el ámbito de las letras, al tiempo que la metrópoli ofrecía un mosaico de vivencias que alimentaron su escritura y su curiosidad por las múltiples corrientes creadoras de la época.
Entre 1962 y 1966 participó como oyente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y se acercó al taller literario de la revista Mester, bajo la guía de Juan José Arreola. Esa experiencia le permitió nutrirse de un entorno crítico y lúdico a la vez, que insistía en la experimentación y en la exploración de nuevas formas de decir, sin perder la atención por la exactitud del lenguaje y la musicalidad de la frase.
En 1964 ocurrió un hecho que marcó su biografía afectiva y literaria: la desaparición de su madre, un golpe que empujó la labor de escritura hacia la esfera de la memoria y la introspección. En ese mismo marco, inició la redacción de Relación de los hechos, obra que iría ganando cuerpo propio. Paralelamente, continuó publicando poesía en diversas revistas de la capital, fortaleciendo su presencia en la escena cultural mexicana.
Ya en esa década, 1965 vio la aparición de la plaquette Oscura palabra, y junto a Carlos Pellicer difundió una carta en la que denunciaban la intervención estadounidense en Vietnam, acción que le valió unas horas de detención. Este episodio evidencia su compromiso cívico y su voluntad de alzar la voz ante los hechos que configuraban el mundo de su tiempo.
Primeros reconocimientos
En 1966 obtuvo premios estatales de poesía en Aguascalientes y en Tabasco, un reconocimiento que confirmó la consistencia de su terreno poético. Al año siguiente apareció Relación de los hechos, obra que recibió elogios por su claridad emocional y la precisión de su mirada. Al mismo tiempo, reeditó la plaquette Oscura palabra dentro del volumen colectivo Poesía joven de México, que reunió a voces emergentes como Alejandro Aura, Leopoldo Ayala y Raúl Garduño, y obtuvo una beca del Centro Mexicano de Escritores, fortaleciendo así su proyecto literario y sus redes de apoyo institucional.
Durante los convulsos meses de 1968, cuando el país vivía un momento de gran intensidad político-cultural, Becerra trabajó como redactor publicitario y respondió a la masacre de Tlatelolco con una voz que se hizo presente en la escena cultural: publicó el poema El espejo de piedra en el suplemento cultural de la revista Siempre!, aportando una respuesta artística a la violencia y un testimonio de su compromiso con la realidad social que lo rodeaba.
Su residencia en Europa
En 1969 recibió una beca Guggenheim que le permitió ampliar horizontes. Tras una breve escala en Nueva York, emprendió un itinerario por diversos países de Europa. Ya instalado en Londres, escribió Fotografía junto a un tulipán, texto que funcionó como prólogo de una edición dedicada a Andrés Calcáneo Díaz, y continuó con la gestación de tres libros que permanecerían inéditos: La Venta, Fiestas de invierno y Cómo retrasar la aparición de las hormigas.
En marzo de 1970, tras la ruptura con Silvia Molina y acompañando a otra joven, inició un periplo continental que lo llevó a recorrer Alemania, Francia y España. En Madrid se reunió con Vicente Aleixandre, y su plan consistía en llegar a Grecia para luego regresar a Inglaterra, debido a que la Universidad de Essex lo había designado profesor invitado, una oportunidad que consolidaba su vínculo con el mundo académico y la escena literaria internacional.
Su fallecimiento
La mañana del 29 de mayo, un telegrama publicado en la tercera página del diario Excélsior dejó desconcertados a los amigos de Becerra, ya que apareció de forma contundente y, para algunos, confusa. En el despacho se afirmaba la muerte de un arquitecto mexicano, Carlos Becerra Ramos, a causa de un accidente de carretera, cerca de San Vito de los Normandos, y se señalaba una edad de 34 años, lo que llevó a la convicción de que se trataba de otra identidad.
Con el transcurso de la jornada se confirmó que el fallecido era, en efecto, el poeta José Carlos Becerra. También se precisó que la muerte ocurrió el miércoles 27 y no el jueves 28, como indicaba el cable de la agencia ANSA. Si no hubiera existido ese despacho lacónico, el cónsul de México en Nápoles habría sepultado el cadáver en la fosa común de Brindisi y habría subastado sus pertenencias, entre ellas los borradores de sus tres libros inéditos.
La noche del 4 de junio de 1970 llegó su féretro a México, y al día siguiente José Carlos Becerra recibió sepultura en Villahermosa, Tabasco. Falleció a los 34 años y seis días, dejando tras de sí un rastro de versos que seguirían alimentando la memoria de la poesía mexicana.
La totalidad de su obra poética fue reunida y publicada en el volumen El otoño recorre las islas, en 1973, con un prólogo de Octavio Paz, ratificando su estatus dentro de una generación que buscaba nuevas formas de mirar y decir. En 1996, Álvaro Ruiz Abreu publicó La ceiba en llamas, biografía que se convertiría en una referencia para entender su vida y su creación, aunque su lectura exige una mirada atenta a los matices de su trayectoria.
Obras
Antologías póstumas
- El otoño recorre las islas (Obra poética 1961/1970) (1973, editada por José Emilio Pacheco y Gabriel Zaid)
- Las islas y otros poemas: Poesía esencial (2016)