José de La Mar
| Nombre completo | José de La Mar |
|---|---|
| Descripción | Militar y político peruano |
| Fecha de nacimiento | 12-05-1778 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 11-10-1830 |
| Nacionalidad | Gran Colombia, Perú |
| Ocupaciones | político, oficial militar |
| Idiomas | español |
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José Domingo de la Mar y Cortázar surge como figura central en la transición entre el antiguo orden colonial y la república naciente en la región andina. Nacido en Cuenca y formado entre ciudades portuarias y escenarios bélicos, su biografía se despliega entre campañas militares, alianzas peligrosas y decisiones políticas que influyeron directamente en el rumbo de la independencia peruana y la configuración de una nueva República. Su trayectoria culmina en un exilio doloroso y una muerte marcada por la melancolía, dejando una marca indeleble en la memoria histórica de varios países.
José Domingo de la Mar y Cortázar surge como figura central en la transición entre el antiguo orden colonial y la república naciente en la región andina. Nacido en Cuenca y formado entre ciudades portuarias y escenarios bélicos, su biografía se despliega entre campañas militares, alianzas peligrosas y decisiones políticas que influyeron directamente en el rumbo de la independencia peruana y la configuración de una nueva República. Su trayectoria culmina en un exilio doloroso y una muerte marcada por la melancolía, dejando una marca indeleble en la memoria histórica de varios países.
Primeros años
El nacimiento de la Mar está registrado en la ciudad de Cuenca, capital de la entonces provincia de Quito, en el año 1776. Sus padres, un progenitor vasco llamado Marcos La Mar Migura y una madre guayaquileña llamada Josefa Paula Cortázar y Lavayen, le legaron a la vez raíces comerciales y un temprano contacto con las redes del Virreinato del Perú. Desde muy joven se vinculó a Guayaquil, un enclave estratégico que conectaba la costa con el interior y que en aquel periodo mantenía fuertes lazos económicos con las autoridades virreinales.
Años de aprendizaje y cambio de cielo político -los orígenes familiares y la cercanía con puertos importantes llevaron a la Mar a enfrentar una identidad cambiante, pues su región pasó a depender de la autoridad de la Real Audiencia y, más tarde, a experimentar las tensiones de la independencia. A los dos años, una expedición familiar lo trasladó a España, acompañando a su tío, y fue allí donde inició su educación en el Colegio de Nobles de Madrid. Esa etapa formativa, centrada en la disciplina militar y la cultura clásica, habría de condicionar su filo estratégico en los años venideros.
Carrera militar en España
Inicios y ascenso en el tenebroso tablero de las guerras contra la Francia revolucionaria, la Mar ingresó al ejército español como subteniente del Regimiento Saboya, una unidad de prestigio. En la campaña del Rosellón, combatió bajo las órdenes del conde de la Unión y recibió su primer ascenso a capitán en 1795, señal inequívoca de su capacidad para asumir mando y coordinar operaciones.
Contiendas y herencias de combate siguieron durante las décadas siguientes, cuando el obstáculo de la Francia revolucionaria obligó a lasشت mismas filas a reorganizarse. En la defensa de Zaragoza, el Teniente Coronel La Mar llevó la carga de varias acciones decisivas y resultó gravemente herido; la heroica resistencia le valió ser reconocido como benemérito de la patria en grado heroico y, poco después, recibió el rango de coronel.
En la década de 1810 fue trasladado a Valencia, al mando de una fuerza de granaderos de unos cuatro mil efectivos, conocida popularmente como la “columna La Mar”. El combate dejó nuevamente huellas, y fue capturado por las fuerzas francesas tras ser herido y hospitalizado en Tudela. Su cautiverio terminó en Semur, en la región de Borgoña, donde dedicó tiempo a estudiar los clásicos franceses hasta que logró escapar junto a un colega de armas. Recorrieron suiza y Tirol para regresar finalmente al puerto de Trieste, desde donde emprendieron el viaje de regreso a España.
Al servicio del Virreinato del Perú
Un giro decisivo en su vida se produjo cuando Fernando VII recuperó la monarquía y consolidó un absolutismo férreo en la península. En ese marco, la Mar recibió el ascenso a brigadier en 1815 y fue nombrado caballero de la Orden de San Hermenegildo, reconocimiento a su fidelidad a la Corona. Poco después se trasladó al virreinato del Perú para ocupar el cargo de Subinspector general, con jurisdicción sobre la Fortaleza del Real Felipe y el Callao.
Operaciones y tensiones en el Callao su primer tramo peruano coincidió con una ofensiva patriota procedente de Buenos Aires, que buscaba consolidar avances sobre el Alto Perú y presionaba la defensa virreinal. A medida que ascendía, la Mar se integró en las juntas de guerra que coordinaban la defensa de la región y mantuvo relaciones clave con las autoridades de la época. En 1818, la conspiración contra el régimen fue descubierta y, pese a las dificultades, ejecutó medidas para desarticularla. En 1819, la escuadra de Cochrane amenazó el Callao y forzó un bloqueo que, tras un primer encuentro, dejó al puerto en estado de alerta.
Prisión, fuga y retorno -tras otro episodio de tensión, el mando de Soult trasladó a la Mar a una prisión en Francia, desde donde inició una fuga audaz que lo condujo por Suiza y Tirol hasta recuperar la libertad para regresar a la Península y reengancharse a las rutas de la lucha independentista. Su periplo fue un testimonio de su capacidad para sortear dilemas geopolíticos y personales en un momento en que las colonias disputaban su propio destino.
Al servicio del Virreinato del Perú (continuación)
Regreso y consolidación en el sur -con la restauración borbónica, La Mar volvió a liderar con una visión clara de la defensa del dominio español en el Pacífico. En Lima fue recibido como un oficial de alto rango y se integró al aparato militar que protegía el Callao. Desde julio de 1816, su presencia se convirtió en un factor determinante para la coordinación de la defensa en el litoral y para mantener a raya a las fuerzas realistas que aún operaban en el interior.
Conexiones estratégicas y momentos críticos -a lo largo de su permanencia, La Mar cultivó relaciones de confianza con autoridades como Joaquín de la Pezuela y otros mandos, participando de juntas de guerra que buscaban reorganizar las defensas y planificar operaciones conjuntas en la sierra y el litoral. En 1821, ante la llegada de fuerzas independentistas provenientes de la sierra y de Chile, su papel fue clave para sostener la resistencia en el Callao y para coordinar la retirada de las posiciones que ya no era posible sostener.
Capitulación y giro hacia la independencia -tras un periodo de presión constante, en septiembre de 1821 aceptó la capitulación de los fuertes chalacos ante las tropas patriotas, como reconocimiento de la complejidad operativa de la defensa y de la imposibilidad de sostener la plaza de forma indefinida. Tras este episodio, tomó la decisión de acercarse a las fuerzas que luchaban por la independencia y, el 26 de octubre, ingresó en las filas de los patriotas con el rango de General de División, dejando atrás la lealtad al régimen anterior.
Presidente de la Junta Gubernativa (1822-1823)
La marcha hacia la autodeterminación llevó a La Mar a Guayaquil, donde la Junta local lo nombró comandante general de la provincia a fines de 1821. En ese cargo impulsó gestiones para debilitar a las fuerzas realistas y obtuvo la capitulación de Villegas, así como la entrega de varias unidades navales, que pasaron a manos del gobierno peruano para frustrar intentos de interceptación por parte de potencias extranjeras. En reconocimiento a esos servicios recibió la investidura de Gran Mariscal en 1822, un título que simbolizaba su importancia en la consolidación de la independencia.
Desafíos y sombras políticas -la realidad de Guayaquil, tomada por Bolívar y la anexión eventual de la provincia a la Gran Colombia, dejó al joven proyecto político peruano en una situación de fragilidad. Aunque la región seguía aspirando a integrarse al Perú, el desarrollo de la campaña militar y las tensiones entre caudillos provocaron un giro institucional que debilitaría el liderazgo central. En ese contexto, La Mar fue elegido diputado y participó en la instalación del Primer Congreso Constituyente, presidiendo la Suprema Junta Gubernativa que buscaba articular un poder ejecutivo colectivo, incluso cuando la consolidación de un solo caudillo parecía inminente.
Consecuencias políticas -las tensiones entre distintos culos del propio movimiento independentista, representados por figuras como Gamarra, Santa Cruz y otros, llevaron a que se cuestionara la viabilidad de un gobierno asesorado por un consejo y, finalmente, a la decisión de depurar la autoridad presidencial frente a la interpretación de la configuración de un estado republicano y unitario. En este marco, se desencadenó un episodio conocido por los contemporáneos como un proceso de desbordamiento del poder militar sobre las instituciones civiles.
Una trayectoria que cruza continentes -tras la retirada de la influencia bolivariana en el Perú, La Mar se trasladó primero a Chile y luego a Guayaquil, donde contrajo matrimonio con Josefa Rocafuerte, vinculada a la familia de Vicente Rocafuerte, figura clave para los destinos de Ecuador. Bolivar lo llamó a encabezar la División Peruana del Ejército Unido Libertador y le encargó reorganizar las fuerzas patriotas en Trujillo. Era la misión de consolidar el impulso libertario en la región andina y preparar la ruta hacia la derrota definitiva de los realistas.
Conducción y batalla -Sucesivas operaciones en la sierra y un papel decisivo en la logística de campañas permitieron que la expedición lograra victorias clave en la península y que Sucre reconociera el papel decisivo de las tropas peruanas en la culminación de las campañas en Ayacucho. Aunque no participó directamente en todas las acciones, la contribución de la Legión Peruana quedó registrada por el general y por Sucre en informes de combate, donde se valoró la capacidad de la fuerza para sostener la presión contra fuerzas realistas.
Bajo la dictadura de Bolívar
Reconocimientos y dilemas del poder -el reconocimiento de su labor no fue sin costo; Bolívar le otorgó la hacienda de Ocucaje, la cual La Mar rechazó, devolviéndola al dueño. Sin embargo, aceptó integrarse al Consejo de Gobierno creado por el Libertador para gobernar durante su estancia en el Alto Perú. Mientras Bolívar se ausentaba, La Mar recibió la investidura de presidente del Consejo, cargo que ejerció durante un periodo.
Renuncia y retirada -con el arribo de Bolívar a Lima, La Mar presentó una solicitud de renuncia que fue finalmente aceptada de forma progresiva, gracias a una licencia médica y a la presión política que rodeaba al poder. A partir de entonces, la vida pública le fue cada vez más ajena y terminó por retirarse de la escena en Guayaquil, abandonando la posibilidad de seguir influyendo en la política peruana.
Período de observación y distancia respecto al poder -con el paso del tiempo, su relación con el mandarín venezolano dejó de ser cercana y, en palabras de contemporáneos, se comentó que el propio La Mar se sentía incómodo ante la idea de comandar un estado, reconociento su propio recelo hacia las atribuciones del poder. Aun así, su figura generó debate entre historiadores y contemporáneos, que debatieron si su estilo era más de liderazgo civil que de caudillaje militar.
Presidente Constitucional del Perú (1827-1829)
Convocatoria y elección -la retirada de la influencia bolivariana abrió un nuevo ciclo político en el Perú, y las elecciones del Congreso de 1827 eligieron a La Mar como diputado por Huaylas, pero la coyuntura local y el entusiasmo de Guayaquil hicieron que el liderazgo del país recayera sobre él en calidad de Jefe Político y Militar de la plaza de Guayaquil y, poco después, como Presidente Constitucional de la República. Su nombramiento, respaldado por el Congreso, significó la primera experiencia de un gobierno desligado de tutelas extranjeras.
Llegada a Lima y presión militar -viajó con la intención de llegar a la capital de forma discreta, para evitar desbordamientos en la recepción, y asumió formalmente sus funciones en agosto de 1827. Enseguida, enfrentó una tríada de adversarios: Agustín Gamarra, Antonio Gutiérrez de la Fuente y Andrés de Santa Cruz, quienes nucleados en una suerte de triada conspiraron para desplazarlo.
Conspiraciones y rebeliones -se registraron tres intentos de desbordar su gobierno: el primero en 1827 involucró a figuras como Manuel Lorenzo de Vidaurre y Ignacio Quispe Ninavilca; el segundo, en 1828, fue neutralizado tras el duelo entre el sargento mayor Felipe Santiago Salaverry y el conspirador; y el tercero dispersó a muchos oficiales por guarniciones de provincia. Cada episodio estuvo ligado a las intrigas de Santa Cruz y al complejo mosaico de lealtades que marcó la etapa.
Guerra con la Gran Colombia
La contienda que redefinió fronteras -las relaciones entre el Perú y la Gran Colombia se tensaron por disputas fronterizas y por el fin de la influencia bolivariana. El conflicto se desencadenó como una guerra de voluntad y de reputación, alimentada por cruces de consignas diplomáticas y demostraciones de poder. El Perú asumió la ofensiva, bloqueando la costa pacífica y ocupando Loja, mientras las fuerzas grancolombianas impusieron presión en el sur andino.
Operaciones combinadas y momentos clave -el mando peruano dispuso movimientos coordinados entre mar y tierra, buscando responder a la avanzada de Sucre y a las maniobras de la Gran Colombia. En el lado peruano, se combinaron esfuerzos de los cuerpos de campaña con la intervención de la artillería que permitiera sostener posiciones en terreno montañoso y accidentado. Por su parte, Sucre aprovechó las circunstancias para aplicar tácticas de artillería y maniobras rápidas que irían marcando la pauta de la evolución del conflicto.
Las batallas y la merma de fuerzas -el desarrollo de la campaña terminó por desgastar las fuerzas peruanas y llevó a decisiones de retirada, que no obstante conservaron ciertos terrenos para la defensa futura. En este marco, la carta de negociación de Girón emergió como salida para evitar un colapso total, aunque dejó a las partes con posturas ambiguas respecto a la soberanía de ciertos territorios, en especial Guayaquil y Loja.
Protestas y desacuerdos con Sucre -el parte de guerra elaborado por Sucre generó tensiones, pues ciertas expresiones resultaron consideradas desinformadas por La Mar y sus oficiales. Este desencuentro llevó a La Mar a sostener que la magnitud de la contienda había sido menor de lo afirmado, y a defender el papel determinante de las fuerzas peruanas en varias contiendas que culminaron con la acción conjunta en Junín y Ayacucho.
Derrocamiento
La caída del liderazgo -cuando parecía que la capacidad de sostener la guerra continuaría, un grupo de oficiales peruanos lo arrestó en Piura. Se alegó la necesidad de su renuncia para allanar el camino a nuevas estructuras de poder, pero La Mar se negó y fue llevado a la goleta Las Mercedes con destino a Costa Rica. Este episodio, conocido como un golpe de Estado militar, contó con el apoyo de figuras como Agustín Gamarra y otros líderes regionales, y marcó el inicio de su exilio.
Destierro y muerte
Vecindad con la derrota y el abandono -el navío que transportó al derrocado mandatario lo dejó en Puntarenas y luego lo condujo a San José, desde donde envió comunicaciones al Congreso peruano para denunciar los abusos de los golpistas. Tras establecerse en Cartago, vivió sus últimos años separado de la vida pública y centrado en una salud cada vez más frágil.
Últimos días y fallecimiento -viudo y sin hijos, La Mar no logró hallar consuelo en la vida doméstica, mientras la melancolía y el deterioro físico se acentuaban. Falleció en Cartago el 11 de octubre de 1830, con 54 años, dejando a su paso una memoria compleja y debatida entre quienes lo vieron como uno de los primeros baluartes de la nación peruana y quienes lo recordaron por las sombras de un periodo convulso.
Repatriación y memoria -años después, los esfuerzos para devolver sus restos a la patria de origen quedaron inconclusos durante varios años; no fue sino hasta la década de 1840 cuando se intentó resolver la situación de forma algo contenciosa, y los restos terminaron vinculados, de algún modo, a ambas naciones que habían visto nacer su fama. En Lima se organizó un homenaje solemne para conmemorar su trayectoria, y el nombre de su época quedó grabado en diversos monumentos y referencias históricas. En la actualidad, el Aeropuerto Internacional Mariscal Lamar de Cuenca recibe su nombre, como recordatorio de su vínculo profundo con la historia de la región.
Legado y memoria
Una figura de múltiples lecturas -La Mar es visto por historiadores como un actor clave en el tránsito del siglo XVIII al XIX, cuyo itinerario refleja la complejidad de las lealtades del periodo: combatió en defensa de la Corona y luego se integró a las fuerzas que buscaban la libertad de las colonias. Su reputación oscila entre la de un líder militar capaz de maniobrar en escenarios difíciles y la de un político que prefirió evitar las estructuras de poder centralizado cuando estas se tornaban opresivas.
Reconocimientos y símbolos -recibió en vida distinciones que atestiguaban su valor en el campo de batalla, y su figura influyó en la configuración de la memoria nacional de varios países andinos. La figura del Gran Mariscal se ha mantenido como un emblema de la capacidad de los oficiales de la época para equilibrar las aspiraciones de independencia con las tensiones entre virreinato y república. El legado material, como el nombre de un aeropuerto, ilustra la convivencia entre historia y homenaje.