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José de la Riva Agüero

Nombre completo José de la Riva Agüero
Nombre nativo José Mariano de la Riva-Agüero y Sánchez-Boquete
Descripción Militar y político peruano, primer presidente de su país
Fecha de nacimiento 03-05-1783
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 21-05-1858
Nacionalidad Perú
Ocupaciones político, oficial militar, memorialista
Idiomas español
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José Mariano de la Riva-Agüero y Sánchez-Boquete emergió como una figura central en el proceso de independencia del Perú y, con frecuencia, como el primer eslabón de la etapa republicana. Nacido en el vibrante ambiente de Lima a principios de la década de 1780, su vida combinó la militancia, la actividad política y un constante juego entre exilio y retorno. Su papel en la implementación de una primera forma de gobierno peruano dejó huellas que resonaron a lo largo de la historia patria y sirvieron de argumento para entender las complejidades de la naciente república.

José de la Riva Agüero — Imagen principal

José Mariano de la Riva-Agüero y Sánchez-Boquete emergió como una figura central en el proceso de independencia del Perú y, con frecuencia, como el primer eslabón de la etapa republicana. Nacido en el vibrante ambiente de Lima a principios de la década de 1780, su vida combinó la militancia, la actividad política y un constante juego entre exilio y retorno. Su papel en la implementación de una primera forma de gobierno peruano dejó huellas que resonaron a lo largo de la historia patria y sirvieron de argumento para entender las complejidades de la naciente república.

Nacimiento y primeros años

Procedía de una estirpe aristocrática de Lima: su padre, un español de origen italiano, pertenecía a una familia que destacaba por su servicio a la Corona y por la tutela de una importante casa de moneda; su madre, mujer de noble linaje limeño, heredó títulos señoriales heredados de la época colonial. La educación de aquel muchacho se formó entre las influencias del clasicismo europeo y la efervescencia de las ideas ilustradas que circulaban en los ambientes criollos de la capital. Tras su bautismo en la parroquia local, su juventud lo llevó a recorrer varios horizontes: España para completar su formación y, por un tiempo, Francia, donde la curiosidad intelectual coincidía con el impulso de identificar las señales de los cambios que empujaban a América a la vía de la independencia.

Con el estadio de la educación naval como horizonte, obtuvo distinciones y reconocimientos que dejaron constancia de su capacidad para combinar disciplina y ambición. En su paso por la península ibérica, recibió honores que reforzaron su convicción de colaborar con la causa libertadora latinoamericana. A la luz de la invasión napoleónica, la creciente conciencia de la necesidad de emancipación se fue consolidando, y él optó, de manera decidida, por apoyar movimientos que buscaban liquidar la dominación colonial con una estrategia propia y autónoma.

Conspiraciones patriotas en Lima

En los años formativos de la vida peruana, Riva Agüero se integró a círculos y redes que promovían la independencia y que funcionaban a la sombra de estructuras masónicas que cooperaban con la causa emancipadora. Inició labores de gestión y vigilancia en entidades del marco fiscal limense y, desde ese puesto, fortaleció la conexión entre las Juntas de Gobierno instaladas en distintas urbes del Virreinato y las corrientes patriotas de Chile y Buenos Aires. Su casa llegó a convertirse en un centro de reunión para quienes impulsaban la ruptura con el régimen colonial, lo que lo convirtió en un personaje bajo la observación constante de las autoridades.

Durante este periodo, escribió un manifiesto histórico que, de forma anónima, circuló entre las provincias argentinas y chilenas, defendiendo veintiocho causas que justificarían la insurgencia frente al dominio virreinal. Con voz crítica y propositiva, describía argumentos que conectaban las aspiraciones de libertad de América con las realidades políticas de la época, siempre desde la convicción de que la legitimidad de un pueblo se forja con acciones concertadas y una visión estratégica compartida.

Contactos con San Martín

En aquellos años de actividad conspirativa, su vínculo con José de San Martín fue decisivo. Riva Agüero proporcionó información valiosa sobre la situación de las fuerzas realistas y participó en la definición de la táctica que guiaría al Ejército de los Andes cuando cruzara hacia territorio peruano. Este apoyo estuvo centrado en orientar la operación hacia la franja costera central, no limitándose a desembarcos puntuales en el extremo sur del país, sino abriendo horizontes hacia un avance coordinado que facilitara la libertad en más espacios.

La interacción con San Martín marcó un punto de inflexión, ya que la permisividad del líder libertador para gestionar las fuerzas aliadas exigía confianza en la información recibida y en la capacidad de coordinar acciones entre las distintas juntas que ya se habían formado en diferentes regiones. En ese contexto, la figura de Riva Agüero resultó esencial para comprender la dinámica de poder que habría de conducir a la consolidación de la independencia.

Prefecto de Lima bajo el Protectorado

Cuando se instaló el Protectorado de San Martín, Riva Agüero asumió la autoridad de prefecto del departamento de Lima, cargo desde el 3 de agosto de 1821. Su gestión estuvo centrada en asegurar recursos y cohesionar esfuerzos para sostener la lucha contra las fuerzas realistas y sostener las estructuras administrativas que podían sostener la consolidación de la causa libertadora. Sin embargo, las tensiones dentro del movimiento patriota se intensificaron tras la expulsión de Bernardo de Monteagudo, un ministro cuyas posturas monárquicas y la severidad de sus medidas causaron disenso entre los partidarios de la continuidad de la lucha y quienes abogaban por una reorganización más flexible del gobierno.

Aunque San Martín optó por designar a otro prefecto para Lima, Riva Agüero continuó desempeñando funciones de relevancia y recibió, en reconocimiento a sus servicios, la distinción de benemérito de la Orden del Sol. En ese periodo, su influencia sobre la disponibilidad de recursos para la guerra quedó grabada como una de las bases sobre las que se apoyó la iniciativa independentista.

Primer presidente del Perú

La campaña de Balconcillo marcó un episodio crucial en la historia republicana peruana: el Congreso, que había asumido funciones ejecutivas tras la llegada de San Martín, terminó enfrentando una crisis que derivó en la búsqueda de un liderazgo unipersonal. La disolución de la Suprema Junta Gubernativa fue el paso decisivo que abrió camino a la intervención de las fuerzas militares y, después de un periodo de inestabilidad, llevó a que el Congreso designara a Riva Agüero como presidente de la república el 28 de febrero de 1823. Poco después, se le concedió la autoridad suprema de manera provisional y, el 4 de marzo, se institucionalizó el uso de la banda presidencial bicolor como símbolo del cargo, estableciendo un rasgo que perduraría en la identidad republicana peruana.

Durante el lapso de su mandato, que estuvo comprendido entre febrero y junio de 1823, su objetivo fue acelerar el proceso de culminación de la independencia por medios propios, consolidando una maquinaria estatal capaz de sostener la lucha y facilitar la etapa de consolidación que siguió a la expulsión de la Corona. En ese marco, trabajó para organizar la defensa y la logística necesarias para mantener el esfuerzo bélico sin depender de apoyos exteriores que dificultaran la soberanía.

Labor gubernamental

La orientación de su gobierno se centró en sentar las bases para que la nación, tras años de conflicto, pudiera avanzar hacia una etapa en la que la independencia no dependiera tanto de fuerzas externas sino de solvencia y organización internas. Se promovió la recolección de recursos y la estructuración de un marco institucional que, aun en condiciones adversas, permitiera sostener la continuada contienda contra las fuerzas realistas y favorecer la creación de una administración más estable y autonómica. El periodo fue breve, pero dejó lecciones sobre la necesidad de equilibrio entre autoridad ejecutiva y representación popular para evitar vacíos de poder.

Pugna con el Congreso y destitución

Aquel interior conflicto entre el Ejecutivo y el Legislativo se intensificó con el avance de las fuerzas realistas y la llegada de represalias que comprometieron la seguridad de Lima. Se ordenó la retirada de las instituciones gubernativas hacia posiciones más protegidas y se convocó a un organismo más cercano a la defensa de la ciudad. En medio de la fractura, se crearon mecanismos de coordinación que involucraron a Sucre y, a la sazón, se solicitó la cooperación de Bolívar para enfrentar la crisis. No obstante, las tensiones institucionales provocaron la removilización de poderes y, tras la presión, el Congreso suspendió al líder de facto y se dio paso a un recambio que, de manera temporal, dejó a otra autoridad al frente del Estado.

Rebeldía en Trujillo

Lejos de acatar la resolución congresal, Riva Agüero se desplazó a Trujillo con parte de las autoridades regionales para sostener su investidura. Él proclamó la disolución del Congreso y organizó un Senado como alternativa a la estructura que había sido desbordada por la crisis. Surgieron nuevas fuerzas militares que buscaban reiterar la necesidad de una centralización del poder, y su esfuerzo por recomponer las fuerzas de la lucha llevó a la creación de una coalición que pretendía contrarrestar la influencia de Bolívar y Sucre. En Lima, el Congreso se reorganizó y nombró a Torre Tagle como presidente provisional, lo que terminó por generar una situación de doble gobierno que evidenciaba la fractura política del país. Ante este estado de desorden, fue necesaria una acción decidida para restablecer la autoridad y encauzar el proceso hacia una reconciliación que permitiera avanzar hacia la consolidación de la república.

En esas circunstancias, Riva Agüero intentó negociar una tregua con las autoridades insurgentes y con las fuerzas españolas para oponerse a la autoridad de Lima, pero la falta de consenso entre los patriotas hizo imprescindible recurrir a la fuerza para lograr la unificación nacional. Bolívar, que ya había desembarcado en el territorio, inició una campaña contra él; sin embargo, la contienda terminó forzando su destierro. En noviembre de 1823, fue capturado por sus propios oficiales y, en lugar de ser ejecutado, fue enviado al destierro en Guayaquil, marcando el fin de su mandato y el inicio de un nuevo capítulo de su trayectoria política.

Estadía en Europa

El exilio no apagó su ánimo libertario, y llevó su mirada hacia Europa para buscar apoyos que permitieran, en distintos escenarios, enfrentar el poder español. Desde el viejo continente evaluó planes ambiciosos que, en caso de que Bolívar sucumbiera, podrían permitir reorganizar la influencia peruana y debilitar la hegemonía de la metrópoli. En ese marco, analizó también la posibilidad de frenar la expansión republicana de Estados Unidos, manteniendo la independencia hispanoamericana en un marco de interés regional.

En 1826 contrajo matrimonio con Carolina Arnoldina Irene de Looz Corswarem, integrante de una casa noble belga vinculada a la historia de un ducado. La vida en Bruselas estuvo marcada por rumores de expediciones que lo presentarían como jefe de una empresa para coronar a un príncipe o para liderar un movimiento de aventureros. Aunque la expedición anunciada nunca se materializó, su estancia en la capital belga terminó en 1828, cuando decidió retornar a América con un cúmulo de deudas y la necesidad de reinventarse fuera del Viejo Continente. Se estableció entonces en Santiago de Chile durante un periodo.

Retorno al Perú

El gobierno peruano levantó la proscripción que pesaba sobre él en 1831, circunstancia que permitió su regreso a la patria. Desembarcó en el Callao junto a su esposa y recibió muestras de afecto de la población, que recordaba su papel en la lucha por la libertad. Logró que se le exonerara de las responsabilidades derivadas de su conducta pasada, mientras mantenía la expectativa de recuperar una posición de liderazgo. En 1833 fue elegido diputado por Lima para la Convención Nacional, aunque poco después fue señalado como presunto implicado en una conspiración que buscaba desestabilizar al gobierno de Agustín Gamarra y debió marchar al destierro, primero a Guayaquil y luego a otras ciudades.

La realidad política de aquel periodo fue turbulenta: elecciones presidenciales disputadas entre varias figuras destacadas culminaron con Orbegoso asumiendo la presidencia; Riva Agüero, de vuelta al país, se debatía entre la lealtad a la causa libertadora y la necesidad de reconfigurar el poder. Tras regresar, logró readmitirse al ejército y, en 1834, recuperó el rango de Gran Mariscal, integrándose a las campañas contra los descontentos gamarristas. Su presencia influyó en la dinámica de las alianzas militares y políticas, en un contexto de confrontación abierta entre facciones que buscaban el control del rumbo nacional.

Últimos años

El declive definitivo de su influencia pública coincidió con nuevas etapas de exilio y con la consolidación de un orden político que distaba de sus aspiraciones. Partió de nuevo hacia Guayaquil y permaneció allí hasta 1843, cuando regresó a Lima con un perfil más reservado y orientado a la vida privada. En sus años finales se dedicó a la agricultura y a la redacción de memorias, proyectos que luego serían publicados póstumamente. Falleció en 1858 y fue enterrado en un lugar del cuartel de un importante cementerio de la ciudad, para ser posteriormente trasladado al mausoleo familiar y consolidar su legado entre las figuras fundacionales de la nación.

Familia

Ancestros

Su linaje se remonta a cimientos aristocráticos, con vínculos en la nobleza española y la élite limeña de la época colonial. Estos orígenes explican la red de relaciones que acompañó a su trayectoria y que influyeron en las alianzas políticas y militares que forjaron su carrera, intensificando su compromiso con la independencia y el desarrollo de instituciones que sostuvieran una república naciente.

Matrimonio y descendencia

Con Carolina Arnoldina Irene de Looz Corswarem, procedente de la nobleza belga, formó una familia de cinco hijos: José, Carolina, Carlos, Alfonso y Andrés. Los lazos familiares y las condiciones económicas derivadas de la vida pública condicionaron, además, la trayectoria de los herederos, que en general consolidaron su vínculo con Europa, asentándose en Bélgica tras la muerte de su padre. La viuda se retiró en la región de Niel, y los hijos menores adoptaron la nacionalidad belga, cerrando un capítulo que conectó la historia peruana con la historia europea a través de una dinastía que dejó su impronta en el siglo XIX.

Obras y escritos diversos

  • Ligera idea del abandono en que se halla el Tribunal de Cuentas del Perú (1813), folleto breve que recoge denuncias y percepciones sobre la gestión de las haciendas nacionales.
  • Manifestación histórica y política de la revolución de América (Buenos Aires, 1818), un texto que sintetizó las causas de la emancipación, conocido popularmente como el folleto de las veintiocho razones.
  • Origen de que los mandones y tiranos del Perú me consideren enemigo de ellos (1820), un escrito que permaneció inédito por años.
  • Exposición acerca de su conducta pública en el tiempo en que ejerció la presidencia de la República del Perú (Londres, 1824).
  • Suplemento de la Memoria dirigida a la Representación Nacional del Perú por D. José de la Riva-Agüero (Santiago de Chile, 1829).
  • Representación a las Cámaras Representativas del Perú por don José de la Riva-Agüero, Gran Mariscal y expresidente de aquella República (Santiago de Chile, 1830).
  • Memorias y documentos para la historia de la independencia del Perú y causas del mal éxito que ha tenido ésta (París, 1858), obra de dos volúmenes firmada con el seudónimo de P. Pruvonena, coadyuvada por destacados canónigos y publicada después de su fallecimiento.

Imágenes de José de la Riva Agüero