José Gutiérrez Solana
| Nombre completo | José Romano Gutiérrez-Solana y Gutiérrez-Solana |
|---|---|
| Descripción | Pintor y grabador español |
| Fecha de nacimiento | 28-02-1886 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 24-06-1945 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | pintor, grabador, escritor, artista visual, artista gráfico, grabador |
| Idiomas | español |
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José Romano Gutiérrez-Solana y Gutiérrez-Solana nació en la capital durante las fiestas del Carnaval de 1886 y su infancia quedó marcada por circunstancias que farfullaron la sensibilidad de un artista en ciernes. Su linaje reunía raíces cántabras por parte de la madre y un linaje mexicano por parte del padre, lo que aportó una mirada amplia y atravesada por viajes y memorias ajenas. Su trayectoria, atravesada por el expresionismo, le permitió convertir la dureza de la realidad social en una voz plástica y literaria propia.
José Romano Gutiérrez-Solana y Gutiérrez-Solana nació en la capital durante las fiestas del Carnaval de 1886 y su infancia quedó marcada por circunstancias que farfullaron la sensibilidad de un artista en ciernes. Su linaje reunía raíces cántabras por parte de la madre y un linaje mexicano por parte del padre, lo que aportó una mirada amplia y atravesada por viajes y memorias ajenas. Su trayectoria, atravesada por el expresionismo, le permitió convertir la dureza de la realidad social en una voz plástica y literaria propia.
Biografía
Procedente de una genealogía que enlazaba Cantabria y México, Gutiérrez-Solana vio la luz en Madrid en pleno Carnaval de 1886. Su madre, Manuela Josefa Gutiérrez-Solana y Montón de Abril, tenía origen en Arredondo, Cantabria, y su padre, José Tereso Gutiérrez-Solana y Gómez de la Fuente, nació en México y regresó a su solar natal tras una herencia; luego contrajo matrimonio con su prima carnal. Este cruce de culturas marcó una imaginación que, más tarde, acentuó su carácter visionario y la forma de representar las comunidades populares en su obra.
Las sombras de su infancia estuvieron teñidas de experiencias difíciles que le imprimieron un tono sobrio y áspero. A lo largo de su vida, los círculos de la España que dibujaba en sus cuadros le valdrían la etiqueta de “pintor de la España negra”, apelativo que se convirtió en una seña de identidad y en una clave para entender su mirada sobre la sociedad y sus dramas.
Entre sus antepasados figura Antonino Gutiérrez-Solana, una figura empresarial de la época que, según la tradición familiar, dejó un rastro de influencia económica y cultural que se percibe en la forma de relacionarse con el mundo artístico y con los mentores de su tiempo. Este ascendiente glosado en la memoria familiar completaba el mosaico de un linaje que alimentó, sin certezas, una curiosidad por los orígenes y las historias que otros olvidan.
Inició su aprendizaje en el dibujo junto a su tío, José Díez Palma, catedrático de dibujo en la Universidad de Salamanca, y luego se adentró en la formación académica formal. Entre 1900 y 1904 estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, y en 1906 obtuvo una mención honorífica en la Exposición Nacional de Bellas Artes, un indicio temprano de su capacidad para proponer una mirada distinta desde la técnica académica, sin perder el pulso crítico.
Durante la década siguiente, sus padres se trasladaron a Cantabria (1909–1917), y Solana divirtió su residencia entre Santander y Madrid, realizando viajes constantes por Castilla, La Mancha, Aragón y Andalucía. Tomaba apuntes y bocetos de carnavales, cementerios, hospitales y burdeles; apreciaba el ambiente callejero de Madrid en el Rastro y, gracias a la ayuda económica de su padre, tomó lecciones de canto, fue al cine y desarrolló una afición por el toreo, llegando a trabajar como peón de la cuadrilla del torero Bombé, lo que alimentó su sensibilidad hacia lo humano en escenas de conflicto y emoción.
A fines de 1917 se asentó en Madrid y allí se sumergió en una vida de tertulias, visitas a museos y encuentros con figuras clave de la época. Su presencia en el Museo del Prado y en el Museo Arqueológico Nacional se cruzó con la sociabilidad de los cafés y salones, donde convivía con pintores y escritores de vanguardia. En el Nuevo Café Levante entabló relaciones con personalidades como Ramón María del Valle Inclán, Ricardo Baroja, Ignacio Zuloaga, Francisco Iturrino y los hermanos Zubiaurre, entre otros. En el Café Pombo, la presencia de Ramón Gómez de la Serna facilitó encuentros con otros creadores como Francisco Iturrino, los Zubiaurre, Manuel Abril, Anselmo Miguel Nieto, José Bergamín, Tomás Borrás, Salvador Bartolozzi y José Cabrero, fortaleciendo una red de diálogo entre pintura y literatura.
En ese periodo, Solana empezó a forjar un estilo personal y no académico, asomando a las corrientes de las vanguardias sin abandonar una mirada social y realista. Su participación en la tertulia del Café de Pombo, que él retomó con la presencia de Ramón Gómez de la Serna, dio como fruto un intercambio creativo entre el literato y el pintor: la obra que el escritor le dedicó se acompañó de su cuadro Mis amigos (1920), conservado ahora en el Museo Reina Sofía, símbolo de la conversación entre dos artes que se retroalimentan.
La relación con el mundo institucional tardó en hacerse visible, y la primera obra de Solana que ingresó a una colección pública fue Mujeres de la vida, adquirida por el Museo de Bellas Artes de Bilbao en 1919. Este momento significó un umbral: el reconocimiento oficial, que se iría fortaleciendo con el tiempo, se convertiría en una constante en su trayectoria, aún cuando no fuera inmediato.
La década final de los años 20 trajo una experiencia internacional: en 1928 presentó su primera exposición en París, pero el proyecto no obtuvo el respaldo deseado en ese foro crítico. En años siguientes, durante el período de la Guerra Civil, su nombre gozó de mayor notoriedad tanto dentro como fuera de España. Se desplazó primero a Valencia y después a París, donde publicó París (1938). Regresó a Madrid en 1939 y su vida terminaría el 24 de junio de 1945; fue enterrado en el cementerio de la Almudena.
En 1999 el archivo de José Gutiér