Jose Mari Murga
Información general
| Nombre completo | José María de Murga y Mugártegui |
|---|---|
| Descripción | Médico y escritor español |
| Fecha de nacimiento | 20-06-1827 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 01-12-1876 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | escritor, militar, explorador, político |
| Idiomas | español |
| Hermanos | Rafael Murga Mugartegi |
José María de Murga y Mugártegui, conocido popularmente como El Moro Vizcaíno, nació en Bilbao el 20 de junio de 1827 y falleció en Cádiz el 1 de diciembre de 1876. Su biografía alterna etapas de servicio militar, viajes de exploración y una labor literaria que buscó registrar culturas lejanas. A continuación se presenta una versión original basada en los hechos históricos, reordenados y expresados con una redacción totalmente nueva.
Biografía
La genealogía de los Murga está vinculada a la propiedad de la Torre de Vidarte, situada en la comarca de Marquina-Jeméin, lo que situó a Murga en un entorno de influencia señorial en Vizcaya. En 1843 inició su formación militar en el Colegio General Militar y, tras tres años de disciplina, obtuvo el grado inicial de alférez de Caballería, dando inicio a una carrera que combinaría levantamientos, campañas y viajes de observación.
- 1843 – Ingreso en el Colegio General Militar, camino de una trayectoria castrense.
- 1846 – Ascenso a alférez de Caballería, inicio de responsabilidades en las unidades montadas.
- 1848 – Participación en operaciones contra focos carlistas situados en Cataluña y el Maestrazgo, enfrentando a fuerzas de Cabrera y Forcadell.
- Tras 1848 – Destino en el Regimiento de Montesa y posteriormente en la Princesa, con residencia en Madrid.
En el periodo que siguió, Murga se convirtió en un agente activo de la jurisprudencia militar de la época, integrándose a operaciones dentro de la Península y manteniendo una presencia constante en la capital de España. Su paso por diferentes regimientos le proporcionó una visión amplia de las dinámicas castrenses y administrativas que caracterizaban la España de mediados del siglo XIX, y le abrió la puerta a experiencias que luego serían base para su posterior itinerario profesional y personal.
Entre 1854 y 1856 formó parte de la Guerra de Crimea, formando parte de una misión militar española que trabajaba en coordinación con el eje francés. En los años siguientes, la posibilidad de participar en la Guerra de África no se materializó para Murga; sin embargo, en abril de 1860 intervino en la represión de una nueva insurrección carlista en el Maestrazgo, bajo la dirección de un grupo encabezado por figuras de la nobleza militar. Este periodo concluyó con su decisión, tomada en 1861, de solicitar la separación definitiva de la profesión armada.
Con la decisión de abandonar el ejército, Murga orientó su curiosidad hacia tierras lejanas y culturas distintas. Entre 1855 y 1859 dedicó tiempo a estudiar árabe en París, y posteriormente, en la Facultad de Medicina de San Carlos de Madrid, adquirió nociones básicas de medicina doméstica y quirúrgica menor, así como destrezas en obstetricia. Estas herramientas le servirían no solo para entender comunidades extranjeras, sino para describirlas con mayor posibilidad de veracidad y detalle.
En 1861 emprendió su gran aventura africana y se instaló en Marruecos, donde, al llegar a Tánger en 1863, asumió un papel de mendigo que le permitía aproximarse a la realidad cotidiana de los habitantes. Adoptó el alias Hach Mohamed el Bagdady y ganó notoriedad como curandero, sacamuelas y vendedor ambulante. Su fama como viajero-practicante le valió el sobrenombre de El Moro Vizcaíno, título que llevaba con humor y naturalidad, reflejo de la fusión entre su origen vasco y su nueva identidad norteafricana.
Durante 1863 y 1864 recorrió gran parte del norte marroquí, iniciando su ruta en Tetuán y continuando hacia Larache, Alcázarquivir, Mequín (Mequinez), Fez, Salé, Rabat y Fedala. En cada una de estas etapas registró usos, estructuras sociales y dinámicas de convivencia que más tarde servirían para su obra literaria y para su comprensión de las poblaciones que topaba. Su presencia en esas ciudades fue, a decir de sus relatos, un encuentro entre la observación académica y la experiencia de vida en la calle.
La muerte de su madre fue un giro personal importante: regresó a España en 1865 para atender la senda familiar. A partir de ese momento, su papel público se hizo más visible en Vizcaya, donde fue nombrado diputado general y, entre 1870 y 1872, presidiría la Diputación de Vizcaya, asumiendo responsabilidades administrativas durante un periodo de cambios políticos y sociales en la región.
En 1873 emprendió una segunda expedición a Marruecos, alentado por el arabista Francisco Guillén Robles. Esta travesía siguió un recorrido que recaló en la costa occidental marroquí, visitando ciudades como Casablanca, Azamor, El Jadida, Marrakech y Esauira. No tardó en verse obligado a regresar a España a causa de fiebres, lo que truncó ese segundo capítulo de sus exploraciones.
En 1874, durante el Sitio de Bilbao, se ofreció como voluntario para defender la ciudad ante las fuerzas sitiadoras, manteniendo su activismo cívico aún en tiempos de conflicto. Dos años después, en Cádiz, falleció a causa de un grave problema hepático, cerrando una trayectoria marcada por el espíritu de aventura y por la dedicación a la vida pública y la documentación de realidades diversas.
Obras
Murga dejó constancia de su visión de Marruecos en una crónica de viaje que cristalizó en un volumen fruto de su experiencia. En esta obra, que aparece con una denominación que alude a su identidad árabe y a su apellido, reunió notas y reflexiones sobre las diferentes comunidades y rasgos culturales que encontró. El texto aborda, de manera amplia, los rasgos de los grupos moriscos, árabes y bereberes, así como las relaciones entre españoles y pueblos del norte africano, y ofrece observaciones sobre variantes étnicas y religiosas que convivían en ese entorno. La obra fue publicada en Bilbao en 1868 por una imprenta local.
El libro no solo describe paisajes y costumbres, sino que también recoge pensamientos y máximas de carácter práctico, así como una reflexión sobre las leyes que rigen las conductas humanas en encuentros entre culturas distintas. En su conjunto, la narración de Murga funciona como una crónica de viaje y una memoria sociológica, que busca comprender las dinámicas entre sociedad hispana y complejas poblaciones del Magreb mediante una voz que, pese a la distancia, intenta ser detallada y honesta.