José Rebolledo de Palafox y Melzi
| Nombre completo | José Rebolledo de Palafox y Melzi |
|---|---|
| Nombre nativo | José Rebolledo de Palafox y Melzi |
| Descripción | I Duque de Zaragoza, héroe de los sitios de Zaragoza |
| Fecha de nacimiento | 28-10-1775 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 15-02-1847 |
| Nacionalidad | España |
| Ocupaciones | líder militar, político |
| Grupos | Compañía flamenca de Guardias de Corps, Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis |
| Idiomas | español |
| Hermanos | Luis Rebolledo de Palafox y Melzi, Francisco Rebolledo de Palafox y Melzi |
| Esposas | Francisca Soler-Durán y Piedramillera |
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Con origen zaragozano y una trayectoria dedicada a la milicia y la vida pública, José Rebolledo de Palafox y Melzi representa una de las figuras clave de la España liberal durante la Guerra de Independencia y las décadas siguientes. Su acción unió valor en combate, gestión regional y un ascenso social que consolidó su nombre en la historia de Aragón y del conjunto del reino, especialmente por su visión estratégica y su liderazgo.
Con origen zaragozano y una trayectoria dedicada a la milicia y la vida pública, José Rebolledo de Palafox y Melzi representa una de las figuras clave de la España liberal durante la Guerra de Independencia y las décadas siguientes. Su acción unió valor en combate, gestión regional y un ascenso social que consolidó su nombre en la historia de Aragón y del conjunto del reino, especialmente por su visión estratégica y su liderazgo.
Biografía
José Rebolledo de Palafox y Melzi nació en Zaragoza en 1775, tercero de los marqueses de Lazán y Cañizar. Su entorno familiar combinaba la nobleza con una actitud pragmática frente a los cambios históricos, lo que marcó su formación y su posterior inclinación liberal. Recibió educación en las escuelas religiosas locales y tuvo como maestro y guía al sacerdote Basilio Boggiero Spotorno, cuyo consejo moral acompañó sus primeros años de instrucción. A los dieciséis años dio el paso temprano hacia la milicia, integrándose en la compañía flamenca de las Reales Guardias de Corps, un inicio que lo situó en las primeras filas de las operaciones militares de su tiempo.
Durante las primeras décadas del siglo XIX, su carrera se encauzó hacia la participación activa en la contienda contra la invasión napoleónica. Ya con el rango de brigadier, participó en las acciones que llevaron a la defensa de su tierra natal y acompañó a Fernando VII en la calibración de la respuesta política ante la crisis dinástica. Su liderazgo no tardó en hacerse notar: en la primavera de 1808, ante la retirada de las autoridades de la capital aragonesa, emergió como figura capaz de coordinar la resistencia de Aragón frente al ejército francés y de mantener la cohesión de las fuerzas leales al trono.
El asedio de Zaragoza constituiría el capítulo más recordado de su vida. El combate por la ciudad, que se extendió durante semanas y luego meses, mostró la capacidad de Palafox para improvisar defensas con recursos precarios y para convertir la resistencia en una causa ampliamente compartida por los habitantes de Zaragoza. El 25 de mayo de 1808, el apoyo popular a su liderazgo se tradujo en una proclamación que le otorgó el mando civil y militar de Aragón, con la responsabilidad de sostener la ciudad ante la presión del contingente francés y de sus fuerzas aliadas.
En el primer asedio, la ciudad presentó una defensa tenaz, a pesar de la insuficiente munición y de las defensas anticuadas. Tras un mes de asedio y varios asaltos, los franceses forzaron algunas líneas de defensa; sin embargo, el empuje de las tropas y el ánimo de la población lograron contener la caída y mantener viva la haber de sostener la resistencia, con refuerzos que lograron un repliegue estratégico. El hermano de Palafox, Luis, entró en la ciudad con un destacamento de 3000 hombres, lo que fortaleció la defensa y desencadenó una respuesta popular que trasladó la lucha a los barrios y a la periferia del Ebro.
La segunda campaña de defensa quedó grabada en la memoria histórica por la heroica acción de cada vecino, y por gestos como el reconocimiento a Agustina de Aragón, que defendió la puerta del Portillo en circunstancias extremas tras una detonación enemiga que dejó sin protección a la plaza. En esa coyuntura, Palafox promovió la incorporación de artillería y la movilización de mandos jóvenes que se ganaron la confianza de la tropa. Entre las pérdidas destacadas se cuenta la muerte de José de L’Hotellerie de Fallois, quien cayó defendiendo un puente de piedra. Tras un prolongado asedio, Zaragoza cayó en manos del ejército invasor, y la ciudad padeció la devastación de la guerra y un profundo descenso demográfico debido a la fiebre y a las enfermedades de ese periodo.
Tras el asedio de Zaragoza
La retirada de las fuerzas francesas no significó el retorno inmediato de Palafox a una vida tranquila. Fue hecho prisionero y enviado al castillo de Vincennes, donde permaneció hasta la firma del Tratado de Valençay en 1813, que abrió la vía para su regreso a España. Durante su cautiverio, circuló en distintos círculos una estampa del busto del general, publicada en la capital británica, que contribuyó a difundir su figura en el extranjero.
Con la firma del tratado y la reorganización de la monarquía tras las guerras napoleónicas, Palafox recuperó la posibilidad de retornar al ámbito de la vida pública, si bien la escena política española viviría un conjunto de cambios que irían definiendo su papel. Entre septiembre de 1814 y octubre de 1815 ocupó de nuevo la Capitanía General de Aragón, y a continuación volvió a Madrid retirándose de la escena central por un tiempo, mientras su hermano ejercía la jefatura en la región.
La etapa del retorno institucional se abrió con la consolidación de la restauración borbónica en España. Aunque en 1809 había visto a su hermano hacerse cargo de ciertas responsabilidades, el propio Palafox volvió a ingresar en la esfera de influencia militar y política cuando la autoridad real lo llamó a colaborar en puestos de mayor relieve. En aquellos años, su estatus social se incrementó y recibió mencionas por parte de la corte, que le reconoció su papel como prócer del reino.
La década de 1830 marcó un nuevo episodio de su carrera. Tras la crisis dinástica que siguió a la muerte de Fernando VII, el monarca encargó a Palafox las funciones de capitán de alabarderos y, posteriormente, se le designó como jefe militar de palacio. Entre 1823 y 1834 volvió a la vida privada, aunque su figura continuó vinculada a las estructuras de poder y a las distinciones reales. En 1834 recibió el título de duque de Zaragoza, una distinción que selló su prestigio. Poco después fue detenido en relación con La Isabelina, un episodio de conspiración que se resolvió con su absolución en 1835.
La etapa de Mendizábal y la consolidación de Aragón llegó en septiembre de 1835, cuando el nuevo ministro Mendizábal confirió a Palafox la Capitanía General de Aragón por segunda vez. En ese ciclo organizó la Dirección General de Inválidos y la Inspección General de las Milicias Provinciales, al tiempo que mantenía la jefatura de la Guardia Real. En 1838 presentó su dimisión parcial de esos cargos, manteniendo la dirección de la Guardia Real hasta 1841, y asumiendo la gestión del Asilo de Inválidos.
Con el paso de los años, la figura de Palafox quedó anclada a la memoria de la defensa de Zaragoza y a la reconstrucción institucional de la nación tras las guerras civiles. Su vida pública terminó en la capital, Madrid, donde falleció en 1847, dejando un legado de liderazgo militar y compromiso cívico que siguió siendo recordado en las décadas posteriores.
Sepultura
Durante la conmemoración del centenario de los Sitios de Zaragoza, en 1958, sus restos se trasladaron desde el Panteón de Hombres Ilustres y fueron sepultados en la cripta de la basílica del Pilar, en Zaragoza, en reconocimiento a su papel como defensor de la ciudad y figura emblemática del periodo.
Galería
- Héroe de Aragón – protagonista de los Sitios de Zaragoza y símbolo de la resistencia durante la ocupación francesa.
- Retrato público de su época que circuló en el extranjero y fortaleció su reconocimiento internacional.
- Duque de Zaragoza — título que consolidó su liderazgo y su estatus en la corte.