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Juan de Herrera

Nombre completo Juan de Herrera de Maliaño
Nombre nativo Juan de Herrera
Descripción Arquitecto español
Fecha de nacimiento 01-01-1530
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 15-01-1597
Nacionalidad España
Ocupaciones arquitecto, matemático
Idiomas español
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Juan de Herrera de Maliaño emergió en el panorama del Renacimiento español como una figura polifacética: arquitecto, matemático, geómetra y también militar. Nació en Roiz, Cantabria, en 1530 y murió en Madrid el 15 de enero de 1597. Su trayectoria consolidó una estética sobria y rigurosa, conocida como herreriano, que marcó de modo decisivo la arquitectura de su tiempo y dejó una impronta duradera en España y en el exterior.

Juan de Herrera — Imagen principal

Juan de Herrera de Maliaño emergió en el panorama del Renacimiento español como una figura polifacética: arquitecto, matemático, geómetra y también militar. Nació en Roiz, Cantabria, en 1530 y murió en Madrid el 15 de enero de 1597. Su trayectoria consolidó una estética sobria y rigurosa, conocida como herreriano, que marcó de modo decisivo la arquitectura de su tiempo y dejó una impronta duradera en España y en el exterior.

Biografía

Procedía de una familia hidalga asentada en el entorno de Movellán, en Roiz, dentro de Valdáliga, en la Cantabria de los siglos XVI. Su linaje estaba bien ubicado socialmente, pues era descendiente de una casa señorial conservada por la familia de Ruy Gutiérrez de Maliaño y Herrera, señor de la casa solariega de Maliaño. Sin embargo, su nacimiento fue fuera del matrimonio, lo que afectó su posicionamiento familiar, incluso cuando el padre contrajo segundas nupcias tras la muerte de la madre. La pérdida temprana de su progenitor marcó la niñez de Herrera y condicionó su trayectoria inicial.

En contraposición con los derroteros universitarios habituales de la época, Herrera no ingresó en una universidad. En 1547 abandonó su hogar y, poco después, se integró al séquito de Felipe II, cuando este todavía era príncipe, iniciando un periplo que lo llevó por Flandes, Alemania e Italia, donde entró en contacto con las corrientes renacentistas que estaban dando forma al nuevo saber. A su regreso en 1551, la vida en la corte no le ofreció un camino inmediato, por lo que debió reinventarse de nuevo.

En 1552 se alistó en las filas del ejército, entrando en la compañía de un capitán profesional y participando a partir de 1553 en campañas en el Piemonte bajo Ferrante I Gonzaga. En esa época ejercía como arquebucero a caballo y se incorporó al tercio que tomaba parte en la campaña de Flandes, junto a las fuerzas de Carlos I. Con el ascenso de Ferrante, Herrera pasó a la guardia personal del emperador y siguió acompaño a este en Bruselas. En 1556 viajó con el emperador a España y, tras el retiro de Carlos I en el Monasterio de Yuste, quedó fuera de la corte de manera temporal.

Tras la muerte de Carlos I en 1558, Herrera entró al servicio de Felipe II, cuyas cortes y proyectos expandirían enormemente su visión profesional. En este periodo, se ocupó de la enseñanza del príncipe Carlos y, en esa labor, copió figuras del Libro del saber de astronomía, tarea que llevó a cabo hasta 1562. En ese mismo año ya era reconocido como delineante capaz y conocedor de distintas máquinas, habilidades que más tarde cristalizarían en su obra constructiva.

El 18 de febrero de 1563 quedó bajo las órdenes de Juan Bautista de Toledo, artífice del proyecto inicial del monasterio de El Escorial. En 1572 Herrera asumió de manera oficial la dirección de las obras, labor que culminó en 1584 con la ejecución de las ideas que había heredado y transformado. Esta fase consolidó su solvencia técnica y le abrió las puertas para proyectos posteriores de gran envergadura.

En 1579 recibió el nombramiento de Inspector de Monumentos de la Corona, cargo que favoreció una expansión notable de su estilo por todo el territorio español, especialmente a través de la monumentalidad de El Escorial. El 25 de diciembre de 1582 se fundó la Academia de Matemáticas y Delineación, conocida oficialmente como Academia Real Mathematica, y Herrera fue su primer director, estableciendo las bases de una institución que sería precursora de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

En 1594, una grave enfermedad obligó a Herrera a abandonar la actividad práctica. Sus restos fueron inicialmente depositados en la iglesia de San Nicolás de los Servitas, en Madrid, y, conforme a su testamento de 1584, fue su voluntad que sus restos fueran trasladados posteriormente a la iglesia de San Juan Bautista, en Maliaño, Cantabria, lugar de origen familiar.

Obra arquitectónica

La trayectoria de Herrera en el terreno de la arquitectura dio inicio formal en 1561 con las obras del Palacio Real de Aranjuez, una intervención que anticipaba su insistencia en la claridad de volúmenes y la economía decorativa. Su colaboración con Juan Bautista de Toledo en la construcción del monasterio de San Lorenzo de El Escorial comenzó en 1563; tras el fallecimiento de Toledo en 1567, Herrera asumió la dirección de las obras, reformulando proyectos, ampliando plantas y modificando rasgos interiores y la fachada para imprimir su sello de sobriedad.

La esencia del diseño herreriano reside en la horizontalidad, la uniformidad de la composición y una decoración mesurada que evita lo superfluo. En El Escorial, Herrera llevó a cabo una construcción de gran envergadura: la fachada occidental de la fachada principal, la basílica de planta centralizada y el templete del patio de los Evangelistas se erigieron con una técnica renovada de cubiertas y bóvedas planas que mostraron una precisión casi geográfica en la ejecución. La culminación de la obra se registro con la colocación de la última piedra en 1584, y el complejo de Simancas, Archivo General, respondió a la expansión de sus métodos constructivos en el marco de la administración real.

Además de la obra de El Escorial, Herrera llevó a cabo proyectos dispersos por la geografía de la península: la fachada sur del Alcázar de Toledo, la Lonja de Sevilla y la Casa de la Moneda de Segovia son ejemplos emblemáticos de su versatilidad. Su nombramiento como inspector de monumentos le permitió asumir encargos de alta exigencia, como la catedral de Valladolid, una obra de gran envergadura que quedó inconclusa pero que sirvió de referente para problemas estructurales en catedrales lejanas, incluyendo obras en México y Lima que derivaron de sus principios técnicos y de su visión estructural.

La influencia de Herrera se extiende a la esfera normativa: es probable que participara en la redacción de las Ordenanzas de Felipe II, publicadas en 1576 en El Escorial, cuyo marco regulaba la creación de nuevas ciudades en las Indias Occidentales y marcaba un rumbo para la expansión imperial española a través de la infraestructura urbana y monumental.

Obras principales

  • Palacio Real de Aranjuez (1561).
  • Monasterio de El Escorial (1563).
  • Palacio de El Quexigal (1563), edificio desaparecido en Robledo de Chavela.
  • Fachada sur del Alcázar de Toledo (1571-1585).
  • Casa Consistorial de Toledo (1575).
  • Puente de Segovia de Madrid (1582-1584).
  • Castillo de Villaviciosa de Odón (1583), reconversión en palacio.
  • Lonja de Sevilla (1583).
  • Casa de la Moneda de Segovia (1583).
  • Archivo General de Simancas (finales del siglo XVI).
  • Catedral de Valladolid (1589).
  • Real Aposento de Torrelodones (1589), edificio desaparecido.
  • Iglesia de la Asunción de Valdeolivas (décadas de 1580-1590).

Obra de jardinería

Entre sus realizaciones menos conocidas, pero igual de significativas, figuran intervenciones en jardines y paisajes palaciegos que reflejaron el gusto renacentista por la estética de lo ordenado. En Aranjuez llevó adelante la ampliación del Jardín del Rey, concebido para ser apreciado desde los balcones del palacio, donde una topografía de trazos regulares se encuadraba por parterres de boj y vegetación baja. Se introdujo una fuente central de jaspe verde, obra de Roque Solario, que se integró al conjunto como un punto de articulación visual y simbólica.

La idea de Herrera contemplaba también una gran alameda paralela al río, la cual se ejecutó en el marco del Jardín de la Isla y se convirtió en una referencia de simetría y recorrido paisajístico dentro de la residencia real. En el marco de la política de Aranjuez, se planificó la ordenación de un área conocida como Picotajo, situada entre los ríos Tajo y Jarama antes de su encuentro, un proyecto que buscaba convertir ese paisaje fluvial en un elemento de prestigio y utilidad económica. La transformación de los cursos de los ríos, especialmente la trayectoria del Jarama, condicionó la obra paisajística y la lectura del agua en el conjunto palaciego, reflejando una integración entre ingeniería, jardinería y arquitectura.”

Influencia posterior

La contribución de Herrera terminó por transformar la estética renacentista española, emigrando desde el plateresco hacia una nueva lectura de la geometría y la proporción. Su firma, que en su momento se etiquetó como desornamentada, se convirtió en el sello de un clasicismo que priorizaba la claridad de volúmenes, la pureza de las líneas y la geometría en la definición de los cuerpos arquitectónicos. Este giro dio lugar al llamado herreriano, que sirvió de modelo para generaciones siguientes y encontró seguidores notables como Francisco de Mora, fray Alberto de la Madre de Dios, Juan Gómez de Mora y Juan Gómez de Trasmonte.

La reforma plástica que introdujo Herrera hizo que la materia arquitectónica adquiriera una densidad conceptual nueva: los elementos decorativos pasaron a ser portadores de una lógica estructural y de una lectura de la monumentalidad que respondía a la idea de la grandeza moderada, propia de la España de Felipe II. La arquitectura se convirtió en un lenguaje de volúmenes y sombras que articulaban la construcción de un imperio en el que la geometría, la simetría y la sobriedad se impusieron como valores estéticos y funcionales.

Homenaje y legado en Roiz

A partir del año 2008, la localidad de Roiz rinde homenaje a su hijo insigne mediante la apertura de una plaza dedicada a su memoria. El lugar celebra la figura del maestro con un nuevo espacio público que conecta la plaza central con la fuente desde la que tradicionalmente se extrae el agua, una ruta de paseo adoquinada y pensada para el encuentro de vecinos y visitantes. En el corazón de esa intervención urbana destaca un monumento de concepción similar al Monolito que Herrera habría erigido en El Escorial, un símbolo local de orgullo cívico y memoria histórica.

Imágenes de Juan de Herrera