Vida Icónica VIDAICÓNICA

Juanito Navarro

Nombre completo Juanito Navarro
Descripción Actor español
Fecha de nacimiento 08-07-1924
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 10-01-2011
Nacionalidad España
Ocupaciones actor
Idiomas español
Sugerencias y correcciones ¿Hay algún error, actualización pendiente o falta alguna biografía?
Ayúdanos a mejorar VidaIcónica escribiéndonos desde la página de contacto.

Juan Navarro Rubinos, conocido artísticamente como Juanito Navarro, nació en la capital de España, Madrid, el 8 de julio de 1924 y partió el 10 de enero de 2011, dejando tras de sí una trayectoria longeva e influyente en el panorama cultural español. Aunque su formación inicial fue en Ingeniería Aeronáutica, la llamada de las tablas lo llevó a transitar un camino artístico que combinaría el humor, la presencia escénica y una versatilidad que abarcó cine, televisión y revistas teatrales.

Juanito Navarro — Imagen principal

Juan Navarro Rubinos, conocido artísticamente como Juanito Navarro, nació en la capital de España, Madrid, el 8 de julio de 1924 y partió el 10 de enero de 2011, dejando tras de sí una trayectoria longeva e influyente en el panorama cultural español. Aunque su formación inicial fue en Ingeniería Aeronáutica, la llamada de las tablas lo llevó a transitar un camino artístico que combinaría el humor, la presencia escénica y una versatilidad que abarcó cine, televisión y revistas teatrales.

Biografía

Arranque joven en los escenarios marcó un giro decisivo para Navarro. A los 21 años, en 1945, inició su incursión teatral con una de las versiones de la zarzuela cómico-musical La blanca doble, obra de Jacinto Guerrero, que le ofreció sus primeros aprendizajes de la escena y del ritmo de la comicidad. Este inicio le abrió un abanico de posibilidades para desarrollar un estilo personal, capaz de sostener la atención del público con soltura y timing impecable.

Décadas de los años cincuenta y su consolidación en la revista: fue parte de la compañía de revistas del Teatro La Latina, una casa teatral donde el género de revista encontraba su mejor escaparate. Allí trabajó junto a figuras como Luis Cuenca, Antonio Garisa y Raquel Daina, lo que le permitió estrechar lazos con un circuito de crítica y público que valoraba la sátira escénica y el humor afilado. Con el tiempo, esa vinculación con La Latina forjó una identidad que acompañaría a Navarro a lo largo de su carrera.

En 1952 ingresó en la compañía de espectáculos del Maestro Cabrera, donde se consolidó como intérprete versátil. En ese periodo protagonizó números cómicos y musicales como Pan, amor y... postre junto a la vedette Carmen Jareño y, más tarde, Lo tomas o … lo dejas con la vedette Amparo de Lerma. Su presencia en estas producciones le permitió pulir un estilo físico y verbal que distendía la escena y conectaba con el público de manera espontánea.

El salto hacia la independencia llegó en 1958, cuando decidió montar su propia compañía de comedias. Con este proyecto renovó y llevó a escena títulos como ¡Clavijo, búscame un hijo!, obra de Francisco G. Loygorri, La mujer compuesta de Luis Tejedor y Alfayete, y montajes como El orgullo de Albacete, de Pierre Veber. Estas producciones le otorgaron una identidad de primer plano dentro del circuito teatral de revistas y consolidaron su papel como una de las figuras más consistentes de ese género.

La década siguiente trajo nuevas oportunidades: en 1959-1960 la compañía de revistas de Ramón Clemente y Muñoz Román volvió a popularizar la antología de maestros como Francisco Alonso y Jacinto Guerrero, Un matraco en Nueva York, un título que llevó la comedia musical por escenarios de todo el país. En ese montaje debutó Lina Morgan, una joven vedette que marcaría una etapa decisiva para Navarro; la función inauguró una trayectoria compartida que se convertiría en una de las memorias más recordadas del teatro español. Navarro llevó esta revista por todo el territorio, mientras Morgan continuaba su recorrido por Madrid en otra versión de la misma propuesta.

El periodo en el Teatro Alcázar entre 1960 y 1961 representa una de las cúspides de su presencia en la ciudad. En ese intervalo, la Teatro Alcázar fue el escenario de una serie de cuatro temporadas en las que Navarro y su compañía mostraron un repertorio variado. En esa era se impulsaron espectáculos junto a la vedette Addy Ventura, con títulos como Doña Mariquita de mi corazón y otras risas que fascinaban al público madrileño. Fue una etapa de gran intensidad para su carrera, que dejó al descubierto la capacidad de Navarro para sostener la taquilla y la atención del público temporada tras temporada.

Entre alianzas y cambios, en 1962 el actor Tony Leblanc anunció la formación de su propia compañía de revistas, y seleccionó a intérpretes de renombre para encabezarla: Navarro figuraba entre ellos, junto a Antonio Casal y otros valores. El estreno en el Teatro Calderón de Madrid presentó ¡Todos contra todos!, una propuesta que consolidó a la troupe en el circuito capitalino. La temporada siguiente, con Leblanc ya fuera por motivos de salud, la dirección pasó a manos de Matías Colsada, quien gestionó la exclusividad de la compañía para La Latina, los teatros Monumental, y el Apolo de Barcelona.

La etapa de 1964 marcó un nuevo hito cuando Colsada dio a conocer la revista Ay qué ladronas, texto de Allén, García y Giménez. Esta versión, que había debutado en Barcelona, llegó a La Latina con Navarro como figura protagonista y con las vedettes Addy Ventura y Lina Morgan, entre otros nombres que reforzaron el dinamismo escénico de la sala. Con esa misma casa, la compañía presentó nuevas propuestas como A medianoche, que continuó hilando un repertorio de gran popularidad entre el público de Madrid y las provincias.

Consolidación de un elenco y la insistencia de Lina Morgan en activar la maquinaria de la compañía llevaron, a finales de 1965, a que Colsada pusiera en marcha una nueva etapa en la que Navarro encabezaría, junto a la vedette Ángela, la comedia musical Quiero un bebé. Esta obra, escrita por Arena y Giménez, contó con la colaboración de destacados intérpretes como Paquito de Osca y la presencia estable de Lina Morgan. A lo largo de 1965, Morgan presionó para que Navarro y su compañía se mantuvieran como referencia en Madrid y fuera de ella, y así se reafirmó la proyección de Navarro como líder del nuevo escenario de revista.

La década de los sesenta trajo consigo una serie de montajes que configuraron un bloque estable de la revista, con nueve espectáculos firmados por Ernesto Arena, Giménez y los maestros Domenico de Laurentis y Pepe Dolz. Entre ellos figuraban títulos como Dos maridos para mí, ...y parecía tonta, La rompeplatos, La chica del barrio y otros que mantuvieron a Navarro en el ojo público hasta la primavera de 1972, cuando se llevó a escena el cierre de esa etapa de esa compañía. En estas producciones, Navarro compartía escenario con Lina Morgan, construyendo una dupla que, si bien era especialmente atractiva para el público, no respondía a una relación sentimental sino a una afinidad profesional que definió una época.

De Tony Leblanc a Colsada

En 1962 Tony Leblanc decidió formar su propia compañía de revistas y sumó a figuras de peso para encabezarla, entre ellas Juanito Navarro y la vedette Addy Ventura. El estreno tuvo lugar en el Teatro Calderón de Madrid con la revista ¡Todos contra todos!, un proyecto que, pese a sus altibajos, dejó patente la potencia de ese elenco. La siguiente temporada, una reorganización afectó a la producción, y fue Matías Colsada quien tomó las riendas para gestionar la exclusiva de la compañía en Madrid y fuera de ella, incluyendo Barcelona. Este giro marcó el inicio de una trayectoria en la que Navarro mantuvo su estatus de protagonista de la revista y continuó desarrollando su labor junto a grandes figuras del momento.

La transición 1964 trajo consigo el estreno de Ay qué ladronas, con Navarro y un reparto que incluía a Addy Ventura y Lina Morgan. La versión para La Latina y provincias reflejaba la dinámica de la compañía: Madrid en primera línea y un segundo ciclo en provincias para ampliar el alcance de la propuesta. En esa temporada también se presentaron otros títulos, y la compañía consolidó un sello propio que combinaría números musicales con piezas de carácter humorístico, manteniendo una presencia constante en la capital y en ciudades vecinas.

La consolidación de la troupe llevó a que, a finales de 1965, Colsada inaugurara un nuevo ciclo encabezado por Navarro y la vedette Ángela, con la comedia musical Quiero un bebé. Esta obra, escrita por Arena y Giménez, contó con la colaboración de otros intérpretes y dio lugar a una nueva etapa de la compañía que combinaba presentaciones en Madrid y en otras ciudades, fortaleciendo la presencia de Navarro en la escena de revista y asentando su figura como uno de los pilares del género.

El péndulo de la popularidad hizo que, a raíz de la labor de Colsada, Navarro y Morgan protagonizaran una serie de proyectos que se extendieron durante varios años. En 1965-1966 y años posteriores, la compañía ofreció nueve montajes de los citados autores y colaboradores, un corredor de éxitos que convirtió a Navarro en una voz reconocible de la revista española. A partir de esta época, la dinámica entre Navarro y Morgan no buscaba una relación sentimental, sino un registro escénico poderoso que definía la época y que tuvo una proyección más allá del simple escenario.

Las cifras de popularidad también permiten recordar que, en esa coyuntura, Navarro se convirtió en una figura tan central que la necesidad de pagar a artistas por su rendimiento alcanzaba niveles excepcionales. Se decía que, frente a un artista que ganaba 500 pesetas diarias, Navarro y Morgan podían superar el doble de esa estatura salarial, lo que subraya el peso de su presencia en la industria. Con el paso de los años y tras momentos de distanciamiento, la colaboración entre Navarro y Colsada atravesó nuevas fases, hasta su reconciliación y nuevos proyectos en el horizonte de La Latina y otros recintos.

La etapa de Colsada continuó con la apertura de nuevos ciclos de revistas que buscaron mantener la marca y la calidad de la propuesta, y Navarro, por su parte, siguió emergiendo como una figura de primer orden en la escena de la revista, trabajando codo a codo con intérpretes de renombre y con una red de colaboradores que alimentaron su longeva trayectoria. Aunque el dinamismo de la industria llevó a cambios y a reacomodos, la huella de Navarro en esa época dejó una firma única que aún hoy se recuerda como un periodo de gran creatividad y de audacia escénica.

Un periodo de reconciliaciones y reencuentros marcó la relación entre Navarro y Colsada en los años siguientes, y la figura de Lina Morgan continuó vinculando a estas compañías con el público, a la vez que otros nombres iban ganando protagonismo. La historia de Navarro y la revista en Madrid se convirtió en un relato de esfuerzos compartidos, de búsquedas artísticas y de una estética cómica que definió una década para la escena española.

Trabaja nueve temporadas con Lina Morgan

La etapa central de Navarro con Lina Morgan corresponde a una ronda de actuaciones que se sostuvo a lo largo de varios años, con una estructura de compañía que, aunque no era una relación sentimental, sí formaba una dupla de gran impacto en el escenario. En noviembre de 1965 Colsada impulsó una programación que llevó a Madrid y a otras localidades una serie de espectáculos firmados por Arena, Giménez y otros Maestros de la revista, con Navarro y Morgan como ejes de la propuesta. El éxito del dúo fue notable y sirvió para consolidar la Revista como un formato de ocio masivo en la España de aquel entonces.

La trayectoria de los dos intérpretes trascendía lo meramente artístico: la televisión dio cuerpo a su vínculo como dúo cómico, gracias a la emisión de programas que acercaban su humor a un público más amplio y a una cultura televisiva en expansión. A lo largo de esa época, la pareja compartió escenarios, álbumes y presentaciones, generando una memoria compartida que se convertiría en una referencia de la comedia española. Aunque no hubo una relación sentimental explícita en el periodo, su sintonía en escena y en las pantallas les dio una identidad iconoclasta dentro del humor nacional.

Con el paso del tiempo aquella asociación viajó por distintas ciudades, con giras que reforzaron la imagen de Navarro como figura central en la escena de revista y con Morgan como gran aliada en el desarrollo de la propuesta. Su huella persistió en un legendario lapso de la literatura teatral española para revistas, y su trabajo conjunto dejó una huella indeleble en la memoria de los aficionados y de los colegas que vivieron aquella etapa de esplendor.

Otros éxitos con Simón Cabido

A partir de 1972 Matías Colsada impulsó una nueva etapa en La Latina, bajo la dirección de Navarro, con vedettes que iban sustituyendo a Morgan y con un elenco que incluyó a Vicky Lussón, Rafaela Aparicio, Ingrid Garbo, Paloma Hurtado