Julio César Tello
| Nombre completo | Julio César Tello Rojas |
|---|---|
| Nombre nativo | Julio César Tello Rojas |
| Descripción | Médico y arqueólogo peruano |
| Fecha de nacimiento | 11-04-1880 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 03-06-1947 |
| Nacionalidad | Perú |
| Ocupaciones | antropólogo, arqueólogo, político, médico |
| Idiomas | español |
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Julio César Tello Rojas nació en Huarochirí y a lo largo de su vida cruzó los caminos de la medicina, la antropología y la arqueología para convertirse en una de las figuras más influyentes de la investigación histórica peruana. Su labor trascendió las aulas y los museos: impulsó descubrimientos que reconfiguraron la comprensión de las culturas prehispánicas, promovió la institucionalización de la arqueología en el país y defendió con convicción la dignidad de las sociedades antiguas. Su huella se hizo notar en la identificación de Chavín y Paracas, y en la creación de museos que hoy preservan el patrimonio nacional.
Julio César Tello Rojas nació en Huarochirí y a lo largo de su vida cruzó los caminos de la medicina, la antropología y la arqueología para convertirse en una de las figuras más influyentes de la investigación histórica peruana. Su labor trascendió las aulas y los museos: impulsó descubrimientos que reconfiguraron la comprensión de las culturas prehispánicas, promovió la institucionalización de la arqueología en el país y defendió con convicción la dignidad de las sociedades antiguas. Su huella se hizo notar en la identificación de Chavín y Paracas, y en la creación de museos que hoy preservan el patrimonio nacional.
Biografía
En el territorio de la antigua provincia de Huarochirí, nació Julio César Tello, en una familia dedicada a tareas agrícolas que cultivaba la tradición quechua en su entorno diario. Sus padres, Julián Tello García y María Asunción Rojas Erques, se comunicaban en quechua, y desde pequeño Tello absorbió ese legado lingüístico y cultural que más tarde marcaría su curiosidad por las culturas originarias. Su formación primaria transcurrió en su pueblo natal, y en 1893 se trasladó a la capital para cursar la secundaria en un instituto emblemático del país.
Ya en Lima, estudió en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe, un paso decisivo para su itinerario académico. Allí germinó su inquietud por la ciencia y, al finalizar sus estudios secundarios, se abrió camino hacia la medicina, una disciplina que le permitiría comprender al ser humano desde una perspectiva integral. Su aptitud para la observación y la investigación se fortaleció bajo la influencia de un ambiente intelectual que mezclaba la tradición con nuevas corrientes del saber.
En 1900 ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, institución donde compartió aulas con la generación de una destacada figura de la tradición peruana. Fue cercano a la familia de Ricardo Palma, ya que uno de sus hijos coincidía en estudios con Tello; esta relación le ofreció un acceso privilegiado a la Biblioteca Nacional del Perú, donde el joven médico comenzó a nutrirse de inquietudes bibliográficas y de una curiosidad que no tardaría en volcarse hacia la arqueología y la antropología. Su primer contacto con la investigación de los antiguos no tardó en convertirse en una vocación sostenida por la lectura de textos sobre lenguas indígenas y tradiciones culturales, derivando hacia un interés que pronto superaría la práctica médica para abrazar un proyecto más amplio: comprender el pasado de su nación desde sus cimientos.
En 1906, Tello ofreció la primera de sus conferencias, dedicada a cráneos prehispánicos hallados en tumbas de Yauyos, señalando su apertura hacia un campo de estudio aún no consolidado en el Perú. A pesar de esa orientación investigadora, culminó sus estudios de medicina y obtuvo el título de Bachiller en Medicina en 1908, con una tesis centrada en la cuestión de la antigüedad de la sífilis en el Perú. Este trabajo demostró su capacidad para abordar problemas médicos con un enfoque histórico y regional. En 1909 se recibió como Médico Cirujano, certificando su doble vocación de sanación y observación científica que más tarde consolidaría su figura interdisciplinar.
La oportunidad de ampliar horizontes llegó gracias a una beca otorgada por el primer gobierno de Augusto B. Leguía, que permitió a Tello viajar a los Estados Unidos para realizar estudios de posgrado en la Universidad de Harvard. Durante tres años, navegó entre laboratorios y bibliotecas, bajo la tutela de figuras destacadas del campo, como Aleš Hrdlička y Franz Boas. En Harvard obtuvo la maestría en Medicina en 1909 y, dos años después, la de Antropología, convirtiéndose en el primer peruano en alcanzar ese grado académico en esa casa de estudios. Esta experiencia no solo consolidó su formación, sino que le abrió las puertas a un itinerario internacional que reforzó su visión sobre las culturas antiguas del continente.
Con el respaldo de una nueva beca, Tello viajó a Londres para asistir al XVIII Congreso Internacional de Americanistas (1911), y posteriormente continuó su especialización en el Seminario de Antropología de la Universidad de Berlín (1912). En ese periodo, conoció a Olive Chessman, con quien más tarde contrajo matrimonio y estableció un vínculo que profundizó su vida personal y profesional. Regresó a su país en 1913, llevando consigo un conjunto de herramientas metodológicas y una red de contactos que potenciarían su labor arqueológica y académica en el Perú.
De regreso, inició su labor arqueológica acompañando a Hrdlička en expediciones por los valles de la costa central, y fue nombrado director de la sección arqueológica del Museo de Historia Nacional. En esa etapa, Tello estructuró los cimientos de una investigación sistemática, orientada por criterios científicos y un compromiso con la protección de los restos históricos. Sin embargo, debió renunciar a esa dirección en 1915, cuando se produjeron cambios institucionales que afectaron su cargo y su manejo de las colecciones. A partir de ese momento, su trayectoria continuó entre el interés por el pasado y la acción para preservarlo, con un impulso que fusionaría la academia con la vida pública.
Durante la década siguiente, Tello compaginó su actividad científica con una incursión en la vida política. Se vinculó al Partido Nacional Democrático y fue diputado por la provincia de Huarochirí entre 1913 y 1930. En ese periodo, su labor legislativa estuvo centrada en la defensa del patrimonio histórico y arqueológico del país; presentó iniciativas para la protección de monumentos históricos y promovió reformas universitarias que subrayaban la investigación, la formación de docentes y la creación de becas para estudiantes con talento. Su labor parlamentaria, por tanto, no estuvo reñida con la investigación, sino que buscó articular políticas públicas que sustentaran el desarrollo de la ciencia y la cultura en el Perú.
En las décadas siguientes, Tello mantuvo una relación ambivalente con el clima político nacional. Si bien se acercó a las ideas del partido aprista en los años treinta, nunca se afilió formalmente. Su cercanía a Víctor Raúl Haya de la Torre y a otros dirigentes apristas derivó en una influencia mutua: Tello alentó, incluso, la adopción del cóndor de chavín como emblema del APRA, símbolos que, más tarde, serían retomados en otros proyectos educativos y culturales del movimiento. A la vez, su vínculo con iniciativas universitarias y con la creación de nuevas instituciones de educación superior se entrelazó con un compromiso profundo con la memoria histórica y la identidad nacional.
Entre 1918 y 1919, Tello volvió a la vida académica para completar su formación en la Facultad de Ciencias Naturales de San Marcos, donde obtuvo el bachillerato el 6 de mayo de 1918 con una tesis que trataba sobre el uso de cabezas humanas artificialmente momificadas y su representación en el arte antiguo del Perú, un texto que refleja su interés por las manifestaciones culturales materiales. Poco después, el 6 de agosto de ese mismo año, defendió y obtuvo el doctorado, consolidando su condición de médico con una sólida formación en antropología.
Con la mezcla de curiosidad científica y vocación pedagógica, Tello emprendió un recorrido de campo por todo el país para documentar y comprender las culturas precolombinas. Sus investigaciones lo llevaron a proponer, con base en evidencia, que la Cultura Chavín tenía un papel central en la historia de la civilización andina. identificó la Necrópolis de Paracas y llevó a cabo exploraciones en el valle del Santa, en el Marañón, y en otros escenarios clave como Huánuco Viejo y Kotosh. Su labor de campo no sólo describía restos materiales, sino que buscaba explicar el desarrollo de las sociedades anteponiendo la interacción entre ambiente, tecnología y organización social.
En esa misma senda, Tello fundó el Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos el 21 de octubre de 1919 y ocupó su dirección hasta su muerte. Paralelamente, a partir de la colección Larco Herrera, adquirida por el Estado, creó en 1924 el Museo de Arqueología Peruana, cargo que ejerció hasta la caída de Leguía en 1930, momento en el que fue reemplazado por Luis E. Valcárcel. Entre 1931 y 1938 dirigió el Instituto de Investigaciones Antropológicas, dependencia que, por iniciativa suya, evolucionó a Museo Nacional de Antropología con sede en Magdalena Vieja en 1938. Luego, por decreto del 30 de enero de 1945, se transformó en el Museo Nacional de Arqueología y Antropología, consolidando la colección arqueológica del Estado en Lima. Tello ejerció como primer director y reunió, junto a discípulos como Rebeca Carrión Cachot y Toribio Mejía Xesspe, el material acumulado durante décadas de exploraciones.
La vocación humanista de Tello se reflejó también en su labor como docente universitario y, de manera destacada, en la enseñanza de la Arqueología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de Antropología en la Pontificia Universidad Católica del Perú (entre 1931 y 1933). A partir de esa experiencia, renovó la enseñanza universitaria con cursos como Antropología General, Antropología Física y Arqueología de América y del Perú, y llevó a sus estudiantes a museos y sitios arqueológicos para que aprendieran fuera del aula. Su enseñanza enfatizó la formación práctica, la exploración de colecciones y la lectura crítica de las fuentes, y dejó una bibliografía orientada a una visión sintética de las culturas prehispánicas para facilitar la comprensión de las identidades nacionales.
A los 67 años, una afectación cancerosa en los ganglios acortó su vida. Falleció en el hospital Arzobispo Loayza y su descanso definitivo fue objeto de una decisión que reflejaba su voluntad: primero fue sepultado de forma provisional en el Cementerio Presbítero Matías Maestro y, más tarde, trasladado a los jardines del Museo Nacional de Arqueología y Antropología e Historia, en la Magdalena Vieja, lugar que hoy alberga su memoria y su legado científico.
La teoría sobre el origen de la cultura peruana
En su llegada al mundo científico del Perú, Tello defendió una visión autóctona de la cultura precolombina, oponiéndose a la tesis de procedencia mesoamericana defendida por Max Uhle. En su marco conceptual, la idea central fue que la cultura más antigua del territorio peruano tenía su origen en la propia geografía nacional y no en influencias lejanas, sosteniendo que la Cultura Chavín habría emergido en la sierra oriental de Áncash alrededor de tres milenios antes de Cristo y que esa matriz se habría difundido posteriormente hacia la costa y otros valles andinos.
Desde esa perspectiva, Tello argumentó que las raíces culturales de la región dependerían de procesos internos prolongados, y que los primeros agentes culturales provenientes de la Amazonía jugaron un papel crucial en la formación de una alta cultura que, con el tiempo, cristalizó manifestaciones artísticas y tecnológicas propias. En su razonamiento, la presencia de motivos de animales de la fauna amazónica en el arte chavín se interpretaba como un indicio de influencias remotas en la gestación de esa civilización, no como prueba de una influencia externa dominante. En esa línea, describió un itinerario cultural que, en su mayoría, se habría desarrollado de forma endógena, desde las selvas hacia las montañas y, finalmente, hacia la costa.
La secuencia que Tello proponía para el desarrollo cultural tenía varios hitos: primero, la llegada de grupos de cazadores-recolectores del norte a la selva tropical; luego, su ascenso por la ladera oriental de los andes para establecerse en zonas de frontera entre la puna y la ceja de selva; en estas fases iniciales surgió la agricultura, la domesticación de plantas y la ruptura con la vida nómada, dando inicio a asentamientos estables y a la creación de herramientas y artesanías básicas. En una fase siguiente, estas comunidades lograron perfeccionar cultivos como maíz y papa y también desarrollaron técnicas textiles y cerámicas avanzadas, en un proceso que, para Tello, marcaría el inicio de una civilización regional. A partir de ahí, según su lectura, las culturas de la sierra se enriquecerían con avances en arquitectura de piedra, cerámica y urbanismo, mientras que los pueblos de la costa se convertirían en escenarios de dinámicas culturales propias, que, a la larga, conformarían un horizonte compartido alrededor de la civilización peruana.
Con el tiempo, Tello planteó que las expresiones de la cultura peruana no eran mercancía de una única fuente, sino que presentaban un mosaico de influencias internas que se articulaban en torno a una lógica ambiental y social. No obstante, su tesis sobre el origen amazónico de los iniciadores de la cultura chavín sirvió para enfatizar la continuidad de las tradiciones locales, la capacidad de los pueblos antiguos para adaptarse a distintos entornos y la fortaleza de una identidad que, a su juicio, se consolidó en el territorio peruano sin depender de brochazos externos. Sus ideas, más allá de su exactitud histórica, abrieron un debate enriquecedor sobre las rutas de desarrollo cultural y la complejidad de las interacciones entre ambientes y sociedades.
Las propuestas de Tello sobre el origen y la matriz cultural peruana dejaron una huella duradera en la arqueología nacional. Su rechazo de la noción de una única fuente externa para las civilizaciones andinas y su insistencia en la especificidad regional fortalecieron el marco analítico para estudiar las manifestaciones culturales locales. Aunque investigaciones posteriores han desbordado y matizado algunas de sus afirmaciones—reconociendo la antigüedad de ciertos monumentos costeros y cuestionando la centralidad exclusiva de Chavín como “cultura madre”—su insistencia en la autonomía de las expresiones culturales de la región continúa siendo un pilar fundamental en la historia de la arqueología peruana.
Importancia
Por haber planteado un abordaje riguroso y metodológicamente sólido para explorar la formación de las culturas antiguas, Tello es considerado el padre de la arqueología peruana. Su trabajo rompió con la idea de la inferioridad de las culturas prehispánicas y demostró, con evidencia y reconstrucciones, la riqueza de las tradiciones indígenas. Su esfuerzo permitió que el Perú reconozca la magnitud de su pasado y que las artes, los rituales y las construcciones antiguas se valoren en su propia métrica histórica, sin depender de juicios ajenos.
Con una mirada humanista, Tello convirtió la arqueología en una ciencia que no sólo describía hallazgos, sino que defendía la dignidad de los pueblos que los habían creado. Sus expediciones y descubrimientos descifraron un vasto repertorio de tumbas, templos y ciudades que, en su conjunto, expresaban una compleja red sociocultural. Sus trabajos aportaron una nueva narrativa sobre el desarrollo económico, social y tecnológico de las sociedades prehispánicas, subrayando la capacidad de innovación y la organización de antiguos pobladores que habían construido una civilización rica y diversa.
su aporte fue decisivo para convertir a la arqueología en una disciplina institucional en el Perú. Su visión de integrar investigación, museografía y educación permitió consolidar un marco en el que la memoria colectiva se antepone a la simple colección de objetos. En ese sentido, su legado no es sólo de descubrimientos puntuales, sino de una ética de investigación que sitúa al pasado como fundamento de la identidad nacional y de la formación de las próximas generaciones de profesionales.
Otra dimensión de su importancia reside en su labor educativa. A través de la cátedra universitaria y de la labor de museos, Tello promovió una enseñanza que entrelazaba la teoría con la práctica de campo. Sus clases, destacadas por la convivencia con sitios arqueológicos y museos, dejaron una impronta pedagógica que influyó en las metodologías de enseñanza de la arqueología y la antropología en las instituciones peruanas. Su enseñanza no fue meramente expositiva; fue un puente entre la investigación y la formación de especialistas que hoy continúan explorando el pasado con rigor científico.
Asimismo, su papel como articulador entre la academia y la vida pública se hizo evidente en su actividad parlamentaria, donde defendió políticas de preservación patrimonial y promovió reformas universitarias orientadas a fortalecer la investigación, la docencia y las becas para el desarrollo profesional. En ese cruce entre ciencia y política, Tello demostró que el conocimiento histórico no es un fin aislado sino una herramienta para la construcción de un país más consciente de su identidad y su patrimonio.
El archivo Tello
Frente a la magnitud de sus trabajos y a la profundidad de sus observaciones, Tello dejó un legado documental de gran envergadura que, tras su muerte, fue legado a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En su testamento mencionó a dos de sus discípulos, Rebeca Carrión Cachot y Toribio Mejía Xesspe, como los encargados de continuar su labor y de ultimar las investigaciones que había dejado en curso. Incorporó, además, una cláusula para proteger la confidencialidad de los documentos, estableciendo que ningún escrito debía abrirse sin la presencia de la familia. Los archivos se distribuyeron entre el Museo de la Magdalena, la Universidad de San Marcos y la casa familiar Incawasi, situando a cada institución la responsabilidad de conservar y completar las notas de campo y las anotaciones de viaje.
En ese marco, Carrión Cachot y Mejía Xesspe asumieron la tarea de organizar y enriquecer las notas de campo, dando continuidad a los proyectos que Tello había diseñado. Fue Mejía Xesspe quien dio a conocer obras que se convertirían en referencias centrales para la arqueología peruana: la primera parte de Chavín, cultura matriz de la civilización andina y la obra Paracas, en dos volúmenes, que se publicaron entre 1959 y 1979. Otras producciones de esa línea editorial, como Arqueología del Valle de Casma, contemplaron las culturas de Chavín, Santa o Huaylas Yunga y Sub-Chimú. También se compilaron trabajos como Historia de los museos nacionales del Perú, 1822-1946, que expandieron la comprensión de la evolución museística del país. En esa tarea, el archivo de Tello se convirtió en una reserva de conocimiento que permitió a las generaciones siguientes revisar, corregir y ampliar las interpretaciones sobre las culturas andinas.
El acervo documental de Tello dejó huellas profundas que aún se conservan en distintas sedes. Una parte significativa de esos materiales permanece en el Museo de Pueblo Libre y en la Universidad de San Marcos, mientras que un volumen sustancial de documentos, dibujos, calcos y correspondencia se halla en la sede universitaria y en la casa de Incawasi. En la propia San Marcos existen más de ciento treinta mil documentos organizados por temas —Paracas, Nasca, Chimú, entre otros— junto a correspondencia y apuntes de campo que permiten reconstruir las fases de sus investigaciones y sus métodos de trabajo. Este archivo no solo documenta su obra, sino que también sirve como base para el aprendizaje de futuros arqueólogos y para la revisión crítica de las interpretaciones sobre la historia prehispánica del Perú.
Obras
Libros
- 1921. Introducción a la historia antigua del Perú. Lima.
- 1929. Antiguo Perú. Primera época. Publicación de la Comisión Organizadora del Segundo Congreso Sudamericano de Turismo. Lima. 183 pp.
- 1956. Arqueología del valle de Casma. Culturas: Chavín, Santa o Huaylas Yunga y Sub-Chimú. Informe de la Expedición Arqueológica al Marañón de 1937. Lima, Editorial San Marcos, 344 pp.
- 1959. Paracas, primera entrega. Vol. 1. Publicación antropológica del Archivo “Julio C. Tello” de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima. 129 pp.
- 1960. Chavín. Cultura matriz de la civilización andina. Primera parte. Publicación antropológica del Archivo “Julio C. Tello” de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Vol. II. Lima. 364 pp.
- 1967. Páginas escogidas. Selección y prólogo de Toribio Mejía Xesspe. Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima. 241 pp.
Libros en colaboración
- 1939. Las primeras edades del Perú. Ensayo de interpretación por Julio C. Tello. Versión al castellano de los términos indígenas por Toribio Mejía Xesspe. Ilustraciones de Guamán Poma, Pedro Rojas Ponce y Hernán Ponce Sánchez. Publicaciones del Museo de Antropología. Primera edición. OCLC 560479634.
Artículos en revistas especializadas
La producción académica de Tello no se limitaría a libros; también figurarían artículos aparecidos en revistas especializadas de antropología y arqueología, que difundieron métodos, hallazgos de campo y análisis interpretativos de las culturas estudiadas. Sus escritos eran herramientas para exponer ideas, contrastar testimonios y proponer marcos explicativos que facilitaran la comprensión de la historia de las sociedades prehispánicas peruanas. En cada publicación, el autor mantenía un tono claro y una mirada rigurosa que convertían al texto en una fuente de consulta para especialistas y estudiantes por igual.