Manuel de Sarratea
| Nombre completo | Manuel de Sarratea |
|---|---|
| Nombre nativo | Manuel de Sarratea |
| Descripción | Diplomático, político y militar argentino |
| Fecha de nacimiento | 11-08-1774 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 21-09-1849 |
| Nacionalidad | Argentina |
| Ocupaciones | político, diplomático, militar |
| Idiomas | español |
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Manuel Mariano Hipólito de Sarratea y Altolaguirre nació en la Buenos Aires del siglo XVIII cuando la ciudad formaba parte del Virreinato del Perú. Su trayectoria estuvo marcada por una doble vida de funcionario y soldado, entrelazando tareas diplomáticas y la compleja violencia de los años de la independencia. Su deceso ocurrió en Limoges, Francia, a finales de la primera mitad del siglo XIX, dejando un legado matizado por alianzas, tramas y maniobras políticas que atravesaron varias décadas cruciales para la región.
Manuel Mariano Hipólito de Sarratea y Altolaguirre nació en la Buenos Aires del siglo XVIII cuando la ciudad formaba parte del Virreinato del Perú. Su trayectoria estuvo marcada por una doble vida de funcionario y soldado, entrelazando tareas diplomáticas y la compleja violencia de los años de la independencia. Su deceso ocurrió en Limoges, Francia, a finales de la primera mitad del siglo XIX, dejando un legado matizado por alianzas, tramas y maniobras políticas que atravesaron varias décadas cruciales para la región.
El Primer Triunvirato
El progenitor del joven Manuel fue Martín Simón de Sarratea, originario de Oñate en Guipúzcoa, y la madre, Tomasa de Altolaguirre y Pando Patiño; así nace este personaje en la reseña histórica de la ciudad. Su educación transcurrió en Madrid, una capital que le dio las herramientas para comprender la política y la diplomacia de su tiempo. De regreso al territorio, pasó a participar en una misión que lo exponía a las urgencias de la naciente nación. Se insertó en la Revolución de Mayo de 1810 y, por consejo de Belgrano, aceptó un encargo ante Lord Strangford en Río de Janeiro, experiencia que mostró sus limitaciones iniciales.
Con la disolución de la Primera Junta, formó parte del gobierno que la sucedió, el llamado Primer Triunvirato, y en ese marco se acordó un tratado con el virrey Francisco Javier de Elío para cederle la Banda Oriental. Este acuerdo expuso a la nueva autoridad a enfrentarse con las realidades regionales y marcó la pauta de las tensiones entre proyectos centralistas y autonomistas.
En 1812, tras un cambio de poderes en Montevideo, dicho tratado se deshilachó y se reanudó la guerra contra las fuerzas realistas allí establecidas. La mayor parte de los orientales habían abandonado la frontera, acompañando a Artigas en una retirada que dejó a Sarratea en la conducción del ejército en la Banda Oriental. Su misión, en apariencia pragmática, fue quitarle tropas al caudillo artiguista, pero los resultados no fueron los esperados.
Intentó avanzar por la vía pacífica y luego recurrió al soborno, pero no logró minimizar la influencia de Artigas. Ante esa frustración, declaró traidor a Artigas, decisión que generó un choque frontal con el resto del Triunvirato, que no respaldó la medida de forma unánime. En paralelo, el Triunvirato quedó dominado por su ministro Bernardino Rivadavia hasta su caída en octubre de 1812.
Aun cuando ya no tenía puesto en el gobierno, Sarratea siguió al mando del ejército hasta principios del año siguiente, cuando fue reemplazado por José Rondeau. Solo tras la salida del ex triunviro comenzaron a consolidarse las posiciones de Artigas, y sus hombres se incorporaron al cerco de Montevideo. Su presencia se mantuvo, entretanto, al margen de la vida política formal durante un periodo de inactividad forzada.
El Director Supremo Gervasio Posadas decidió enviarlo en misión diplomática a Madrid y a Londres, y una vez en Europa buscó favorecer un escenario de negociación para las Provincias Unidas del Río de la Plata. En Madrid ofreció al monarca la sumisión de la región con un grado de autonomía, pero fue tratado como representante de un conjunto insurgente y, ante esa realidad, debió huir hacia Inglaterra. En la capital británica entabló amistades con figuras como Vicente Pazos Kanki y Luis López Méndez, y se reencontró con Belgrano y Rivadavia en el marco de negociaciones que soñaban con una solución monárquica.
Entre las conversaciones, emergió una propuesta audaz: instalar como monarca de la región a un hermano de Fernando VII, Francisco de Paula de Borbón, con la venia de Carlos IV. Las gestiones llegaron a redactar un borrador de constitución; sin embargo, la negativa del príncipe cerró la posibilidad de una coronación. Aun así, el plan dejó constancia de la envergadura de las ideas que circulaban en aquellos años de conflicto y cambio.
Gobernador de Buenos Aires
Regresó al Río de la Plata a mediados de 1816 y asumió, bajo la autoridad del Directorio, como ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores, cargo en el que trabajó junto a Juan Martín de Pueyrredón. La salud le impuso una renuncia, y poco después su figura quedó en la mira de la oposición federal de la ciudad, lo que derivó en su destierro a Montevideo por decisión del propio Directorio.
Después de la batalla de Cepeda, se alió al ejército federal que encauzaba Estanislao López y Francisco Ramírez. Sus caregivers lo enviaron como representante ante el Cabildo de Buenos Aires, y logró convencer a esa corporación de nombrarlo gobernador. Asumió el cargo el 18 de febrero de 1820 y, en esa primera etapa, selló con los federales el Tratado del Pilar, que reconocía a la provincia como una entidad igual a las demás Provincias Unidas.
Entre las cláusulas secretas del acuerdo, Sarratea se comprometía a entregar un cargamento de armamento a los caudillos ganadores. Cuando las fuerzas combatientes descubrieron el compromiso, se alzaron contra él y lo depusieron el 6 de marzo, sustituyéndolo por Juan Ramón Balcarce. Sin embargo, Balcarce apenas sostuvo el poder por una semana, y Ramírez amenazó con atacar la ciudad para forzar la entrega total de lo acordado.
Fue restituido en el gobierno el 11 de marzo y, en esa ocasión, cedió a Ramírez parte de las unidades militares a su mando, dejando que el coronel Lucio Norberto Mansilla asumiera el control de esas fuerzas. A pesar de esos movimientos, no logró dominar la anarquía que se cernía sobre la provincia ni reinstaurar una obediencia estable hacia las autoridades militares, por lo que presentó su renuncia en mayo.
Con Ramírez se integró a la campaña contra Artigas, y la derrota del caudillo oriental se convirtió en tal vez su triunfo más destacado a nivel personal. También participó en la planificación de una campaña contra Buenos Aires promovida por el caudillo entrerriano, que involucró a Santa Fe y Córdoba; el resultado fue desastroso y dejó a la coyuntura provincial en un vaivén de inestabilidad. Durante una temporada, mantuvo una distancia prudente de la vida pública.
El 29 de julio de 1821 se organizó, en la casa de Manuel de Sarratea, un banquete en honor a Belgrano por sus seguidores más cercanos. Se propuso, en ese marco, erigir una calle y un pueblo con el nombre del prócer fallecido un año antes. La idea se hizo realidad años después tras la caída de Rosas y la posterior expropiación de territorios anexos que dieron lugar al barrio de Belgrano en Buenos Aires.
Misiones diplomáticas
El 31 de agosto de 1825, Juan Gregorio de Las Heras designó a Sarratea como Encargado de Negocios de las Provincias Unidas del Río de la Plata ante la soberana corte británica. Esta designación marcó un nuevo capítulo en su actividad internacional y mostró la confianza de la autoridad central en su capacidad de gestión ante potencias extranjeras.
En 1826, el presidente Bernardino Rivadavia lo envió a Inglaterra para desarrollar diversas gestiones diplomáticas. En la capital británica sostuvo una postura que favorecía la separación de la Banda Oriental del resto de las provincias argentinas, un objetivo que se alcanzaría de manera efectiva hacia 1828. La continuidad de su labor fue asegurada por Dorrego y, más adelante, por Rosas, que lo nombró embajador en Río de Janeiro y, posteriormente, en Francia.
Fue a través de estas misiones que la figura de Sarratea dejó entrever su habilidad para navegar entre intereses regionales y las presiones de las grandes potencias. Su paso por Europa terminó con su fallecimiento el 21 de septiembre de 1849 en Limoges, ciudad que lo recibió en sus últimos años. Sus hechos ofrecen una mirada compleja sobre la diplomacia de una etapa de transición para la Argentina naciente.
Uno de sus hermanos, Juan Crisóstomo José de Sarratea, también dejó huella en la historia: fue un comerciante influyente que contribuyó, desde su iniciativa privada, a las campañas del Ejército de los Andes y a los esfuerzos de la nación por consolidarse en tiempos convulsos. La familia Sarratea dejó así una impronta marcada por la participación en las guerras y en las gestiones de un país en gestación.