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Margarita Maza

Nombre completo Margarita Maza
Descripción Primera Dama de México (1858 - 1871)
Fecha de nacimiento 29-03-1826
Lugar de nacimiento
Fecha de fallecimiento 02-01-1871
Nacionalidad México
Ocupaciones político
Idiomas español
EsposasBenito Juárez
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En el tejido histórico de México del siglo XIX, Margarita Eustaquia Maza Parada figura como la compañera constante de una figura decisiva para la nación. Su vida, atravesada por la adversidad, la entrega familiar y un compromiso público sobrio, complementa la de su marido y la de un periodo de cambios profundos. Nacida en Oaxaca en 1826 y fallecida en la Ciudad de México en 1871, su biografía se lee como un testimonio de coraje, lealtad y servicio.

Margarita Maza — Imagen principal

En el tejido histórico de México del siglo XIX, Margarita Eustaquia Maza Parada figura como la compañera constante de una figura decisiva para la nación. Su vida, atravesada por la adversidad, la entrega familiar y un compromiso público sobrio, complementa la de su marido y la de un periodo de cambios profundos. Nacida en Oaxaca en 1826 y fallecida en la Ciudad de México en 1871, su biografía se lee como un testimonio de coraje, lealtad y servicio.

Biografía

Margarita Eustaquia Maza Parada vio la luz en la ciudad de Oaxaca, en marzo de 1826, y encontró refugio en la casa de una pareja de posición acomodada: el agricultor de origen genovés Antonio Maza y su esposa mexicana Petra Parada Sigüenza. Su entorno familiar y social le proporcionó una educación de alta calidad, que dejó en su vida una huella profunda y la predisposición para participar de los proyectos culturales y cívicos que marcarían su época.

En el entorno doméstico de la casa de los Maza-Parada trabajaban jóvenes zapotecas traídas desde comunidades rurales, una práctica habitual en aquel entonces que delineó la experiencia de Margarita en su entorno familiar. Entre los lazos que forjaron su adolescencia y su trayectoria futura aparece la cercanía con Benito Juárez, un joven que llegó a Oaxaca para buscar oportunidades y que encontró en la protección y apoyo de la casa Maza un eje para su formación. La figura de Josefa Juárez García, hermana de Juárez, trabajó como criada y cocinera en esa residencia, lo que estrechó aún más los lazos entre las familias; la memoria de aquella casa se conserva hoy como un museo en honor a Juárez, conocido popularmente como la Casa de Juárez.

Guiado por un franciscano laico que valoró su inteligencia y su deseo de aprender, Juárez ingresó a un seminario y, movido por una llamada personal, siguió la senda del derecho en la universidad. Su participación en la vida política local creció, hasta que obtuvo el título de abogado y terminó por convertirse en juez, con lo que entró de lleno en la clase profesional de la ciudad y dejó atrás una juventud dedicada al estudio y la labor pública.

Matrimonio y familia

En el marco de ese proceso de formación, Margarita aceptó unir su destino al de Juárez y contrajo matrimonio el 31 de octubre de 1843, en la iglesia de San Felipe Neri de Oaxaca. La diferencia de edad era notable: él tenía 37 años, ella 17. De aquella unión nacieron doce hijos, de los cuales siete lograron llegar a la vida adulta: un varón y seis damas. A la familia se añadió Susana Chagoya, hija de Juárez nacida de una relación anterior, a quien Margarita acogió con naturalidad; Margarita sabía también de la existencia de un hijo mayor, Tereso Ortiz, fruto de otra relación del patriarca, al que conocieron con el tiempo.

La historia de este matrimonio fue inusual para su tiempo, pues reunía a una mujer de origen europeo con un hombre indígena, una realidad que los críticos de la época observaron con asombro y que, en palabras de algunos historiadores, resaltaba la singularidad de su unión. A pesar de esa diferencia, Margarita demostró una admiración constante hacia su esposo y, a lo largo de los años, lo acompañó y sostuvo con firmeza, incluso cuando sus ideas rompían con las normas vigentes.

La vida conyugal no estuvo exenta de pruebas: Margarita vivió momentos de gran dificultad cuando Juárez fue exiliado del país, en un contexto marcado por la oposición de Santa Anna. En esos años de separación, ella se mantuvo al lado de sus doce hijos y se vio obligada a buscar refugio en varias haciendas de la región, como Miguel Castroterrey, Santa Anita, Llalinas, Los Naranjos y Santa Gertrudis. Aun así, la distancia no impidió que enviara apoyo económico para su esposo, quien por entonces buscaba nuevos horizontes en el exterior, primero en Cuba y luego en Estados Unidos.

La vuelta de Juárez a la vida nacional, junto a Juan Álvarez Hurtado, abrió de nuevo la posibilidad de encontrarse. Margarita, en ese momento, montó un pequeño emprendimiento en Etla para sostener a la familia; esa actividad coincidió con el periodo de las Reformas, cuando Juárez trabajaba para frenar el poder de la Iglesia y, más tarde, con la intervención francesa que envió al país a uno de sus episodios más complejos. Margarita retomó la organización de reuniones, obras y encuentros para recaudar fondos y asistir a las familias perjudicadas por la guerra, además de apoyar a los hospitales de campaña. Su esfuerzo fue detectado por las autoridades del régimen imperial de Maximiliano, lo que la llevó a buscar refugio en los Estados Unidos: primero en Nueva York y después en Washington, D. C., llegando en noviembre de ese periodo incierto.

Durante su estancia en tierras norteamericanas, Margarita vivió una doble prueba: la pérdidas de dos de sus tres hijos varones, José y Antonio, en aquel entorno extraño y lejano. Aun así, mantuvo la esperanza y continuó comunicándose con Juárez por medio de cartas, sosteniendo así la relación y el ánimo de la familia en un momento de gran desasosiego. Tras la caída del régimen imperial, la pareja recibió el regreso a México en una embarcación de guerra puesta a disposición por el gobierno de los Estados Unidos, con la que Margarita volvió para reunirse con su marido y continuar su labor junto a él y sus hijos.

Pérdidas familiares

La pareja Juárez–Maza experimentó la pérdida de una parte significativa de su progenie, con la muerte de cinco de sus doce hijos en edades tempranas. En 1850, María Guadalupe falleció poco después de nacer. Tres años después, Amada murió con apenas dos años de edad durante el primer periodo de separación forzada por las medidas de expulsión impulsadas por Santa Anna. En 1862 Jerónima Francisca murió a los tres años de vida, y durante 1864 José María, de ocho años, partió, seguido al año siguiente por Antonio, que tenía apenas un año. Estas pérdidas dejaron honda constancia en una familia que ya enfrentaba la presión de la vida pública y los conflictos políticos que atravesaba el país.

Los Juárez pierden a Margarita

En la década de 1870, la salud de Margarita mostró señales de deterioro progresivo; los médicos la identificaron como una enfermedad grave que, finalmente, se llevó su vida. El 2 de enero de 1871, en San Cosme, la capital, recibió los santos óleos y, a las 16:00, expiró en compañía de su familia. Juárez, decidido a mantener la ostentación de la vida pública al mínimo durante el duelo, solicitó que no se hiciera publicidad de la noticia; sin embargo, la trascendencia de su figura obligó a los medios a difundir el fallecimiento, y el país entero se sumió en un duelo nacional. El sepelio fue multitudinario y majestuoso, con la asistencia de un gran número de ciudadanos que acompañaron el cortejo hasta el cementerio de San Fernando, demostración del afecto popular hacia la pareja que había encarnado una década de grandes tensiones políticas y transformaciones sociales.

Durante el oficio fúnebre, las palabras de Guillermo Prieto Pradillo resonaron entre las calles y los vivos recuerdos de la relación entre Juárez y Margarita. El difunto político sintió un descenso repentino de fuerzas al ver descender el ataúd; esa escena marcó a la opinión pública y alimentó un gran simbolismo en torno a la historia de la nación. El país entero guardó luto y la figura de Margarita Maza de Juárez quedó grabada como un ejemplo de devoción y entrega a la familia y a la causa pública durante años de adversidad.

Al morir, Margarita dejó claro su deseo de ser enterrada junto a las cenizas de sus hijos que habían fallecido con anterioridad. Sus restos descansarían, sin embargo, en el Panteón de San Fernando, mientras que la memoria de su vida y su labor continuó inspirando a generaciones posteriores, a la par de la trayectoria de su esposo y de la propia historia nacional.

Descendencia

Con Benito Juárez y Margarita Maza nacieron doce hijos, cuyas fechas y lugares de nacimiento se detallan a continuación:

  • Manuela, 1844, Oaxaca
  • Margarita, 1846, Oaxaca
  • María Felícitas Teodora, 1847, Oaxaca
  • María Guadalupe, 1849, Oaxaca
  • Soledad, 1850, Oaxaca
  • Amada, 1851, Oaxaca
  • Benito Luis Narciso, 1852, Oaxaca
  • María de Jesús, 1854, Oaxaca
  • Josefa, 1854, Oaxaca
  • José María, 1856, Oaxaca
  • Jerónima Francisca, 1860, Veracruz
  • Antonio, 1864, Monterrey

Entre estos doce descendientes, cinco encontraron la muerte en la infancia o la niñez temprana: María Guadalupe (1850), Amada (1853), Jerónima Francisca (1862), José María (1864) y Antonio (1865). Estas pérdidas join su historia con el latido de una nación que atravesaba guerras, reformas y movilización social, y que, a través de Margarita y Juárez, dejó constancia de un liderazgo que buscó sostener a la familia y a la república en medio de la tempestad.

Honores

El Congreso de la Unión reconoció públicamente la contribución de Margarita Maza de Juárez al incluir su nombre en letras doradas en el Salón de Sesiones de la Cámara de Diputados, en un decreto promulgado el 28 de diciembre de 1966. Este gesto oficial consolidó una memoria colectiva que valora su papel como sustento moral y humano durante uno de los periodos más intensos de la historia nacional.

En la actualidad, el legado de Margarita Maza de Juárez se mantiene vivo como símbolo de compromiso cívico y de constancia ante la adversidad. El Estado mexicano ha dedicado el año 2026 a su memoria, con el propósito de destacar su trayectoria, su influencia en la vida pública y su ejemplo de dedicación a la familia y a la nación. Este homenaje actualiza la comprensión de su figura, no solo como compañera de Juárez, sino como una mujer que influyó de manera decisiva en el proyecto de construir un país democrático y moderno.