Marian Anderson
| Nombre completo | Marian Anderson |
|---|---|
| Nombre nativo | Marian Anderson |
| Descripción | Contralto estadounidense |
| Fecha de nacimiento | 21-02-1897 |
| Lugar de nacimiento | |
| Fecha de fallecimiento | 08-04-1993 |
| Nacionalidad | Estados Unidos |
| Ocupaciones | cantante de ópera |
| Grupos | Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias |
| Idiomas | inglés |
| Esposas | Orpheus Hodge Fisher |
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Marian Anderson emergió como una de las voces más destacadas del siglo XX, símbolo de la lucha por la igualdad y de la grandeza musical en Estados Unidos. Nacida en Filadelfia y con un talento que floreció pese a las limitaciones sociales, su trayectoria abarcó escenarios prestigiosos y dejó una huella indeleble en la ópera, la música coral y la defensa de los derechos humanos. Su contralto de registro amplio y su dignidad pública la convirtieron en un referente de perseverancia, resiliencia y excelencia artística.
Marian Anderson emergió como una de las voces más destacadas del siglo XX, símbolo de la lucha por la igualdad y de la grandeza musical en Estados Unidos. Nacida en Filadelfia y con un talento que floreció pese a las limitaciones sociales, su trayectoria abarcó escenarios prestigiosos y dejó una huella indeleble en la ópera, la música coral y la defensa de los derechos humanos. Su contralto de registro amplio y su dignidad pública la convirtieron en un referente de perseverancia, resiliencia y excelencia artística.
Inicios
En Filadelfia, el 27 de febrero de 1897 nació Marian Anderson, hija de John Berkley Anderson y Annie Delilah Rucker. Su padre trabajaba en la venta de hielo y carbón en el centro de la ciudad y, ocasionalmente, también comercializaba licor. Por su parte, la madre había pasado por la Virginia Seminary and College y ejerció como maestra en Virginia, aunque una legislación de la época impidió que enseñara en Filadelfia cuando no era blanca. Desde muy pequeña, Marian se dejó seducir por la música y, a los seis años, ya cantaba en un coro escolar. Con el tiempo ahorró tres dólares para adquirir un violín y, a los 11 años, formaba parte de un coro de adultos, asumiendo incluso la parte de bajo cuando era necesario.
Durante su juventud, Stanton Grammar School fue la institución a la que acudió y, en 1912, dio un paso decisivo en su formación. A pesar de las limitaciones económicas que impedían el acceso a lecciones de música y a estudios secundarios, no dejó de actuar y de aprender de cada encuentro. Su actividad musical se fortaleció gracias a la vida religiosa de su comunidad: participó activamente en la música de la iglesia y se integró al coro de adultos. También formó parte de la Unión de Jóvenes Bautistas y de las Camp Fire Girls, aprovechando oportunidades musicales limitadas pero valiosas. Con el apoyo de la comunidad negra de Filadelfia, el respaldo de dirigentes locales y la red de amigos, pudo acceder a lecciones de canto con Mary Saunders Patterson y completar la secundaria en la South Philadelphia High School, egresando en 1921.
Tras la secundaria, Anderson intentó ingresar a la Academia Musical de Filadelfia (hoy parte de la Escuela de Música de la Universidad de las Artes), pero la admisión le fue negada por su color de piel. Lejos de desanimarse, continuó estudiando de forma privada gracias al sostén de la comunidad negra de la ciudad, primero con Agnes Reifsnyder y luego con Giuseppe Boghetti. Su primer encuentro musical con Boghetti fue decisivo: al oírla cantar Deep River, él quedó visiblemente conmovido y supo ver en ella un don.\n
En 1923 grabó dos temas para la discográfica Victor, Deep River y My Way's Cloudy, que marcaron su primer contacto sostén con el público grabado. Poco después, Boghetti organizó un recital de repertorio anglosajón, ruso, italiano y alemán en el ayuntamiento de Nueva York; el evento recibió críticas ásperas y la sala a duras penas se llenó. Aun así, el talento de Marian comenzó a abrirse paso entre audiencias y críticos, pavimentando su camino hacia futuras oportunidades.
El impulso llegó cuando ganó un concurso para presentarse como solista en el Lewisohn Stadium de Nueva York. Aquella victoria le permitió afrontar nuevas facetas de su carrera, incluyendo la interpretación de Lieder alemanes en el ayuntamiento de la ciudad. Más tarde emprendió una etapa de traslados entre Chicago y distintas ciudades europeas. En 1925, tras obtener un reconocimiento en una competición, debutó ante la Orquesta Filarmónica de Nueva York, abonando su avance hacia el reconocimiento internacional.
Triunfos
El reconocimiento de Anderson se consolidó con una gira que la llevó por Inglaterra, Francia y otras naciones europeas, dejando huella en escenarios de renombre y logrando que su voz fuera celebrada en varias capitales. Sus presentaciones en España también dejaron constancia de su impacto: en Madrid, el 29 de abril de 1936, su actuación fue atestiguada por el poeta Federico García Lorca, acompañado por Carlos Morla Lynch, quien testificó su fascinación ante la artista.
A su regreso a Estados Unidos, el año 1939 marcó un punto de quiebre: la organización conservadora Daughters of the American Revolution le negó el acceso al Constitution Hall con un recital reservado para intérpretes blancos. Este episodio provocó una respuesta pública de alto impacto: la Primera Dama Eleanor Roosevelt renunció a su pertenencia a la institución y promovió un concierto histórico en la plaza del Lincoln Memorial, ante una multitud de más de 75.000 espectadores. El episodio fue un hito en la lucha por la igualdad y logró que la artista se consolidara como símbolo de dignidad y protesta pacífica.
Además de los gestos cívicos, la década de 1940 confirmó su estatus artístico. Su interpretación en la temporada del Metropolitan Opera (con el debut de 1955) marcó un hito fundamental: su papel de Ulrica en Un ballo in maschera de Verdi convirtió a una solista afroestadounidense en la primera de su raza en integrarse al elenco principal del máximo escenario de la ópera estadounidense. Este logro abrió el paso a generaciones de artistas negros que llegaron a ocupar lugares de liderazgo en la ópera de Estados Unidos, entre ellos Shirley Verrett, Leontyne Price, Grace Bumbry, Martina Arroyo, Kathleen Battle y otros talentosos voces posteriores.
El empeño de su orientación artística fue respaldado por uno de los grandes mánagers del mundo artístico, Sol Hurok, quien la llevó a recorrer escenarios de Europa, Sudamérica, Israel y Oriente. Se calcula que millones de espectadores la vieron en más de 1.500 recitales y auditorios; entre 1964 y 1965 llevó a cabo una gira de despedida que culminó en el Carnegie Hall de Nueva York. Su presencia pública, más allá de la música, se convirtió en una declaración de derechos civiles y de reconocimiento cultural.
Últimos años
Aunque dejó de cantar en 1965, Anderson siguió apareciendo en público con regularidad. En sus presentaciones, solía narrar el Retrato de Lincoln de Aaron Copland, una labor que realizaba bajo la batuta de su sobrino, James DePriest, al frente de la Orquesta de Oregón. A lo largo de su vida recibió una constelación de galardones que atestiguan su influencia y su legado cultural.
Entre los honores destacan distinciones como el Premio al Mérito del Glee Club de la Universidad de Pensilvania (1973); el Premio de la Paz de las Naciones Unidas (1977); la Medalla Handel de la ciudad de Nueva York y la Medalla de Oro del Congreso (ambos en 1977); el reconocimiento como Kennedy Center Honors en 1978 y la Medalla George Peabody en 1981. En 1986 fue honrada con la Medalla Nacional de las Artes y, en 1991, recibió el Premio Grammy a la trayectoria artística. A lo largo de su vida, recibió 24 doctorados honoris causa de diversas instituciones como la Howard University, la Temple University y el Smith College, entre otros. En 1980, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos emitió una medalla conmemorativa de oro en su honor. La protección de su legado continuó con otros reconocimientos y homenajes a lo largo de los años, que consolidaron su figura como defensora de los derechos humanos y las artes.
En 1958 fue designada delegada de Estados Unidos ante las Naciones Unidas y, con el paso de las décadas, recibió numerosos reconocimientos por su brillo artístico y su compromiso cívico. En 1972 se sumó al alumnado de la causa de la paz al obtener un Premio por la Paz, y en 1991 fue distinguida en los Grammy por su trayectoria. Falleció el 8 de abril de 1993, a los 96 años, tras sufrir un infarto; su última etapa estuvo acompañada por su sobrino, James DePriest, director de orquesta, quien cuido de su legado hasta el final.
Premios y honores recibidos
- 1939: Medalla Spingarn otorgada por la NAACP
- 1963: Medalla de la Libertad del Presidente de Estados Unidos
- 1973: Glee Club Award of Merit de la Universidad de Pensilvania
- 1973: National Women's Hall of Fame (EE. UU.)
- 1977: Premio de la Paz de Naciones Unidas
- 1977: Handel Medallion de Nueva York
- 1977: Medalla de Oro del Congreso de los EE. UU.
- 1978: Kennedy Center Honors
- 1980: Medalla de oro conmemorativa del Departamento del Tesoro de EE. UU.
- 1984: Eleanor Roosevelt Human Rights Award de la ciudad de Nueva York
- 1986: Medalla Nacional de las Artes
- 1991: Premio Grammy a la trayectoria artística
- 24 doctorados honoris causa
Premio Marian Anderson
En 1944 ella misma creó un reconocimiento que dedicó a impulsar a jóvenes cantantes; el premio, financiado con una distinción que recibió su ciudad natal en 1943, buscaba fomentar el talento emergente. Aunque sufrla un abandono inicial, en 1990 se reactivó y, desde 1998, se otorga a artistas y humanitarios. Entre los galardonados figuran:
- 1998 - Harry Belafonte
- 1999 - Gregory Peck
- 2000 - Elizabeth Taylor
- 2001 - Quincy Jones
- 2002 - Danny Glover
- 2003 - Oprah Winfrey
- 2005 - Ruby Dee y Ossie Davis
- 2006 - Sidney Poitier
- 2007 - Richard Gere
- 2008 - Maya Angelou y Norman Lear
- 2009 - Bill Cosby
- 2010 - Mia Farrow